Capítulo 14

Dos noches después, comenzaron con el plan.

Faramir le había hablado a Asfahn el día anterior sobre el 'viaje' del rey a Rivendel.

"Solo tú sabrás esto, así que no hables de ello –le había dicho Faramir al otro hombre-. No queremos que los Haradrim se enteren. Fallaron en el primer ataque, pero podrían conseguir matar al rey en otro intento. Oh, por cierto, el rey quiere que te quedes a cargo de la Ciudad Blanca en su ausencia."

Faramir había tenido que contenerse para no darle un puñetazo en la cara al ver la sonrisa victoriosa en el rostro de Asfahn. En su lugar, el príncipe de Ithilien se había marchado de la casa del hombre con la esperanza de que Asfahn cayera en la trampa.

En las habitaciones reales, Arwen y Aragorn miraban cómo Legolas se vestía con el gran manto del rey y se cubría la cabeza dorada con la capucha. La reina se apartó de su esposo y se acercó a su amigo. Entonces le tocó la mejilla.

"Legolas, será mejor que no te mueras, ¡o te mataré yo misma!"

El príncipe se echó a reír.

"Ponte a la cola, Arwen. ¡Mi padre, Nara y Lord Glorfindel están en fila preparados para perseguirme si lo hago!"

El príncipe le besó la cabeza con delicadeza y se acercó a la cama.

"Te prometo que venceremos, hermano" –dijo, mirando a Aragorn con cariño mientras se estrechaban las manos.

Aragorn tenía un nudo en la garganta, pero consiguió responder.

"Solo vuelve con nosotros, Legolas. Eso es todo lo que pido."

Legolas asintió.

"Tampoco te fallaré en eso."

Los gemelos eligieron ese momento para entrar a la habitación, con Faramir tras ellos.

"Lord Imrahil está en posición. Es hora de movernos" –anunció el hombre.

"¿Todo listo?" –preguntó Elladan, contemplando el atuendo de Legolas.

"Todo listo para irnos" –dijo Legolas, tocando la espada Anduril que llevaba a la cintura y que Aragorn le había prestado.

"Ah... creo que falta una cosa" –interrumpió Arwen.

"¿El qué?" –preguntaron todos a la vez.

"Yo" –respondió, sonriendo con recato.

La habitación se quedó un momento en silencio antes de que todos estallaran en ruidosas protestas.

"¡No, no vas a ir con ellos, mi amor!"

"¡No vas a venir con nosotros!"

"¡Es demasiado peligroso!"

"Deja que nosotros manejemos esto. Tú quédate aquí, que es más seguro."

"¡Voy a quedarme aquí, tontos! –estalló Arwen-. Solo cállense y escuchen lo que tengo que decir –cuando finalmente tuvo su atención, Arwen continuó-: Alguien tiene que disfrazarse de mí para que todo resulte convincente, ¿no creen?"

Los demás se miraron tras sus palabras.

"Tiene razón. No había pensado en eso" –dijo Legolas, encogiéndose de hombros.

"¿Entonces a quién deberíamos elegir para que se haga pasar por ella? –preguntó Elrohir-. No vamos a elegir a ninguna sirvienta."

Elladan y Elrohir iban a ser los protectores de la pareja durante el viaje, así que eso solo dejaba a Faramir. Todos giraron las cabezas hacia el príncipe de Ithilien, que se removió, nervioso.

"¿Qué? ¿Yo? –Faramir los miró, boquiabierto-. No. ¡De ninguna manera! ¡No voy a llevar un vestido! ¡Ni siquiera por ti, mi rey!

La última frase fue dirigida hacia Aragorn, que se reía a carcajadas.

"¡Hombre tonto! ¡Claro que no vas a llevar un vestido! –exclamó Arwen mientras iba al otro lado de la habitación para luego volver con su capa púrpura en brazos-. Toma. Lleva esto. Con eso bastará."

Faramir miró la prenda femenina como si estuviera a punto de morderle.

"¿Estás segura de esto, mi señora?"

"Claro que lo estoy. Si no, no lo hubiera sugerido. Ahora póntela."

A pesar de su obvia reticencia, Faramir cogió la capa y se la puso sobre los hombros. Como Legolas, también se cubrió la cabeza con la capucha.

"Espero que Éowyn no se entere de esto o no lo olvidará en la vida."

"Deja de preocuparte, dulzura. Todo irá bien –dijo Legolas, juguetón, enganchando su brazo con el de Faramir-. Ayúdame a llegar a la puerta, amor. Me siento muy débil."

"Como quieras... cariño" –gruñó Faramir, haciendo que todos se echaran a reír.

Y entonces salieron.

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El carruaje real entró en el bosque durante la noche. No tuvieron problemas para salir por la gran puerta de Minas Tirith, pues Faramir ya había informado al capitán del plan secreto. Elladan y Elrohir, al igual que un grupo de guerreros de Imrahil, cabalgaban al lado del carruaje, creando una barrera protectora a su alrededor.

Faramir y Legolas estaban sentados dentro con comodidad, esperando el ataque. Si Asfahn había picado el anzuelo era de esperar que ocurriera cuando llegaran al camino situado entre dos colinas cercanas, un lugar perfecto para una emboscada.

Y no tuvieron que esperar mucho tiempo. Elladan tocó dos veces en la puerta del carruaje, avisándoles a los príncipes de que acababa de ver al enemigo.

"Prepárense. Están aquí" –susurró.

Legolas miró a Faramir y luego ambos asintieron.

"Allá vamos" –dijo el elfo.

"Por Gondor" –respondió Faramir, sujetando la espada que ocultaba entre los pliegues de la capa de Arwen.

"Por Estel" –añadió Legolas, desenvainando a Anduril con fluidez.

Poco después, se escuchó el sonido de las flechas golpeando el carruaje.

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Lors, señor del clan de Turbin, observó con satisfacción cómo sus hombres disparaban sin pausas hacia la comitiva real de Gondor. Ya habían conseguido golpear a algunos de los guerreros montados a caballo, pero los dos elfos y muchos de los hombres resistían, arreglándoselas para bloquear la lluvia de flechas con los escudos.

Otros Haradrim disparaban también frenéticamente desde el otro lado del camino. Su intención era debilitar la defensa del rey para acercarse a la pareja real que viajaba dentro del carruaje.

Lors esperó hasta que se les acabaran las flechas antes de desenvainar su espada y gritar:

"¡Adelante!"

Todos a la vez, cientos de Haradrim corrieron por las colinas en dirección a su presa, clamando gritos de batalla.

¡Y comienza la batalla contra los Haradrim! ¿Tendrán éxito o alguien saldrá herido?

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