Niyūnana
La espalda de su esposa lucía de cierta forma solitaria. Habían pasado años desde la última vez que la vio tan contrariada. Él no era específicamente amoroso, más bien resultaba lo contrario; no obstante, la situación lo impulsó a llevar una flor silvestre en sus manos hasta colocarla entre los cabellos y oreja femeninos—. Debe ser muy difícil para tí. Pero tampoco culpes al muchacho, él no sabe nada después de todo.
Nodoka sintió la palma de su marido a través de su hombro, encontrando consuelo en ella—. Jamás culparía a Ranma. Sabes de sobra que no tiene nada que ver con él.
—Lo sé. Pero lo haces parecer como si estuviera equivocado. El chico simplemente se enamoró.
La mujer suspiró llena de impotencia, porque ella fue quien lo envió a ser un postulante para empezar. Al principio había querido obtener una venganza, pero ahora los resultados le indicaban que ni siquiera valió la pena. Había apostado todo y perdido cuanto logró construir a cambio de su rencor.
Sin embargo era un pesar demasiado doloroso para ser borrado de forma simple. Había pasado toda su vida nutriendo ese odio hacia Naoko que no encontraba ninguna forma de transformar ese sentimiento en algo menos dañino. Incluso cuando la otra mujer había muerto y sintió un pedazo de su alma desgarrarse por ello, todavía la dominaban sus sentimientos negativos.
Se lo merece. Pensó en aquel entonces.
Pero muy en el fondo todavía atesoraba la época de camaradería con ella. Recordaba muchas de las promesas que hicieron juntas. Por ejemplo, la madre de Ranma prometió que vería crecer a las hijas de la princesa Naoko y viceversa, que si sus retoños crecían juntos harían un compromiso para ellos, que la seguiría hasta el fin del mundo para llevar paz a este país. Desafortunadamente, ninguna de las palabras acordadas se cumplió antes de que todo se destruyera.
A veces se preguntaba ¿Estoy hablando de la misma persona?
Quien solía ser una hermana para ella, la traicionó y miró con desprecio, como si ella fuera la culpable de... De todo. Y ahora que su hijo atravesó exactamente el mismo dolor e incluso fue exiliado, ella no tenía una pizca de amabilidad hacia esa familia. Después de todo Naoko debió contarle todo a sus hijas ¿Cierto?
Apretó la jadeíta entre sus dedos.
Genma envolvió uno de sus brazos alrededor de su esposa, intentando darle confort. Su barbilla se posó el la sien de la mujer, pronunciando—. Tú entiendes a esa chica mejor que cualquiera de nosotros. Se ve desesperada.
—Que la entienda no quiere decir que planee ayudarla —sentenció— ¿Alguna vez se lo agradecerá siquiera? Las castas imperiales son lo suficientemente egoístas como para ignorar cualquier cosa cuando se encuentran en peligro.
Mientras la situación no parecía favorable para Sayuri, Akane finalmente recibió la noticia de su muerte. Estaba sentada en el estudio de Shampoo cuando la misiva fue entregada por Sasuke; al leerla, tuvo que sujetarse del escritorio para no perder su equilibrio.
—¿Sucede algo? —quiso saber la señora del oeste. Habían estado delimitando estrategias de defensa de forma seria y ahora tenía el rostro completamente livido.
Akane sintió sus retinas picar, el indicio del llanto se asomaba vertiginoso; intentando ocultar su malestar, se puso de pie para huir hasta los dormitorios que fueron asignados para ella—. Continuemos esto más tarde, tomemos un descanso por ahora —si más palabras abandonó la estancia.
Shampoo la siguió con la mirada notando sus pasos ligeramente errantes y se preguntó de forma genuina si recibió malas noticias con esa carta. Apesar de que al segundo siguiente ya no le importaba.
La emperatriz cerró las puertas de sus aposentos, deslizándose sobre la madera hasta sentarse en el piso con el semblante blanco; las lágrimas descendieron por su rostro sin detenerse aunque no lo notara, abrió de nuevo la pequeña nota intentando encontrar un contenido diferente al que leyó hacía un par de minutos. Por desgracia, los kanji decían exactamente lo mismo.
Sayuri fue atacada la noche de ayer. No lo consiguió.
El recuerdo de su odalisca llenó su mente, trayendole el último avistamiento que tuvo sobre ella. Se encogió como un infante hasta formar una pelota con su cuerpo mientras el dolor de su pecho se multiplicaba, sus hombros temblaron producto de los sollozos que intentaba reprimir mordiendo la esquina de su manga. No podía ser verdad.
Ella la abandonó en ese lugar sabiendo que era peligroso. Ella debió traerla consigo para protegerla ¿Por qué no previó un escenario como ese? Una de las personas más importantes en su vida había sido injusta víctima de las trampas alrededor de ella, hundiendo su estado de ánimo en el abismo.
Perdóname Sayuri. Perdóname por no ser lo suficientemente fuerte para cuidar de tí.
La noche nuevamente envolvió todo con su oscuridad, la ausencia de la luna permitió a la miríada de estrellas resplandecer su reflejo en el oleaje de la costa. Akane se encontraba sentada frente al mar, contemplando la lejanía del vasto horizonte. Sus orbes ya no lloraban pero el vacío seguía ahí.
Apretó los párpados recordándose a si misma que no era momento de ser débil, iba a desenterrar la verdad sobre la muerte de su madre y Sayuri, iba a castigar a quienes les hubieran hecho daño tomando aquellas vidas para honrar sus memorias. Elevó un suspiro haciendo las plegarias para su escolta antes de reingresar al carruaje donde Sasuke aguardaba—. Haz llegar mis órdenes. Otorga un estipendio de por vida a la familia de Sayuri, cuando lleguemos a la capital personalmente iré a dar mis condolencias.
La misma joven ahora estaba refugiada en la cabaña de Rouge. Luego de llevarla ahí, la chica se encargó de cuidar las heridas de su cuerpo maltratado, la alimentó permitiéndole dormir en sus tatamis cerca del fogón para calentarse.
Fue agradecida por todo ello pero su ánimo no se encontraba mejor en absoluto impidiéndole pensar en dormir. Seguía sin poder digerir que la madre de Ranma Saotome se negó a ayudarlos. Aunque era comprensible después de cómo terminaron las cosas para esta familia después del juicio.
La desesperación se reflejó en sus manos hechas puño, sin saber a quién más acudir. Sin pruebas, acusar a Safron era imprudente; la situación podría morderlos de regreso antes de que acabaran con él tampoco tenía una sola idea de cuantos enemigos filtrados en el país existían además de Kiema.
Esa mujer provenía de una poderosa familia dentro de la capital, sus antecedentes eran perfectos; la misma razón permitió su participación como doncella en el torneo. El mejor curso de acción sería encontrar las raíces de la red enemiga y cortar los medios con los que podría contraatacar. También fue prioridad frenar la ingesta de venenos de la emperatriz.
Quizá Gosunkugi había sido demasiado ingenuo depositando sus esperanzas en el muchacho de la trenza.
Tras una noche sin dormir, Sayuri llegó a la conclusión de no permanecer sentada en este lugar, encontraría alguien para «secuestrar» a su Majestad si era necesario, pero no la dejaría morir en manos de los rebeldes.
Al día siguiente, cuando Rouge volvió de su caza matutina, se postró delante suyo haciendo una dogeza—. Te agradezco, por toda tu hospitalidad y cuidado. Si logro vencer en esta batalla prometo que remuneraré tu amabilidad con creces. Al menos por ahora, acepta este arconxomo signo de mi gratitud —entonó. Lo único que la acompañaba era un viejo tantō que pudo conseguir antes de adentrarse en el bosque. Lo necesitaba para su supervivencia así que no lo ofreció.
—¿Vas a salvar a tu emperatriz? — preguntó Rouge poniéndose a su altura.
—Es mi deber. Mi lealtad está con su Majestad sin importar mis circunstancias.
Escuchando su tono lleno de fuerza, la otra sintió empatía por ella. Una vez conoció lo que era amar a alguien al grado de la devoción, si su yo de antaño hubiera sabido que su maestro se encontraba en una situación de vida o muerte, le habría entregado su corazón sin pensarlo dos veces—. No tienes que entregarme nada a cambio. Si quieres salvar a tu emperatriz, no podrás hacerlo sola. Iré contigo.
La afirmación de Rouge descolocó por completo a Sayuri ¿Oyó bien?
—Dijiste que ese emperador quiere destruir este lugar. Bueno, no quiero estar aquí cuando eso pase, así que me voy contigo. Quien sabe, tal vez tu emperatriz me ayude con algo que necesito si la salvamos.
Las lágrimas de la odalisca nublaron sus ojos sin poder creer que existiera alguien tan amable como ella. Estuvo a punto de lanzarse de nuevo al piso cuando una voz se alzó desde la puerta.
—Yo iré con ustedes también —Ranma ya se encontraba cargando una barjuleta con la mirada llena de determinación.
Continuará...
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