Juu Roku
Alrededor de setecientos nombres fueron sacados de los libros de censo. Una vez terminaron el listado, Rio lo dobló guardando la carta en sus ropas —Esta noche, cuando venga el informante devolveremos los libros. Puede que nos tome bastantes años rastrear a cada persona, sin embargo no pierdan la paciencia— dijo sonriendo a ambos muchachos. Sabía de antemano que ellos eran los más interesados en el asunto. Se despidió saliendo de la cabaña volviéndose a su propia residencia dejando al resto para conversar.
Nodoka estaba emocionada, a pesar de que podrían tardar, la idea de que su familia se podría deshacer de la maldición fué muy grata —Rouge ¿Por qué no te quedas a comer?— invitó con una sonrisa. Si no la hubieran conocido, quizá nunca sabrían de una forma para revertir el hechizo. Tras haberse quedado toda la mañana con ellos, no había podido conseguir nada para almorzar, aunque no fuera mucho lo que poseyeran aquí, todavía tenía forma de ser agradecida con ella.
La joven miró el rostro de la mujer mayor por largos segundos antes de rascarse la cabeza —No hace falta señora. Todavía es de día, así que puedo cazar algo en el bosque— minimizó poniendose de pie dispuesta a irse.
Nodoka la detuvo por el brazo sin dejarla marchar, le ofreció una sonrisa amigable persuadiendo otra vez —Vamos, sé que no es gran cosa, pero desearía que no despreciaras nuestras buenas intenciones ¿Verdad Ranma?
El aludido seguía sentado en su sitio cuando dijo —Por favor Rouge. Quédate a comer.
Ella arrugó las cejas aún vacilando, no estaba acostumbrada a este ambiente lleno de amabilidad, después de algunas sonrisas más, Nodoka la convenció pidiéndole un poco de paciencia hasta terminar su estofado. La joven se sentó en la estera desgastada de la cabaña jugando con una roca en sus manos.
Ranma fijó su vista en la piedra, que poseía una superficie lisa como si hubiese sido pulida hasta ese punto —¿Has tallado la roca tu misma?— preguntó con curiosidad.
Rouge dejó de mover el objeto para también mirarlo, sus manos eran pequeñas pero llenas de cicatrices, sostuvo la roca con tres de sus dedos girandola delante de su rostro para ver todos sus ángulos —Si, sólo que la eché a perder— respondió arrojando el objeto en dirección de Ranma. El muchacho la atrapó al vuelo mirando con detalle hasta encontrar una fisura.
—¿Por qué dices que la echaste a perder?— cuestionó con inseguridad, además de la pequeña fisura, no de veía mal.
Entonces la joven jugueteó con la bolsa de tela que siempre traía consigo, era un morral de correa desgastado, que se había vuelto café opaco por el tiempo —No sirve más, era para una flecha— mientras decía eso, mostró al chico otras tres rocas pulidas en forma de punta, perfectamente afiladas que incluso su brillo parecía mortal —Estaba haciéndola anoche, pero me distraje un poco y terminó así
Ranma esta vez tomó una de las puntas de flecha terminadas, las analizó con bastante atención encontrando esto realmente inesperado. No creía que Rouge fuera tan hábil para tallar una roca —Vaya— se maravilló tocando con cuidado la punta afilada —Eres muy buena. No sabía esto de tí— elogió catando el resto —¿Dónde aprendiste?
Ella se encogió de hombros sin darle verdadera importancia, eso lo sabía hacer desde que tenía diez. Aunque felíz por recibir la aprobación de sus armas, después de todo, incluso su instructor no había dicho que su trabajo fuera bueno nunca —Mi hermano mayor me enseñó— respondió por inercia, luego quiso morderse la lengua por decir "hermano mayor" —¿Quieres que te enseñe?— preguntó seguidamente para cambiar de tema.
De forma exitosa, Ranma no preguntó por ese hermano mayor a favor de la propuesta —¿De verdad puedes enseñarme?— preguntó levantando los ojos, emocionado. En este lugar, además de ayudarle a sus padres, no tenía mucho que hacer y se encontraba tan aburrido como para querer mejorar su escritura, cosa que incluso en la capital le resultaba tediosa.
—Por supuesto— dijo ella. No era gran cosa después de todo.
—Ahora entiendo por qué siempre traes flechas contigo— sonrió el azabache devolviéndole las rocas.
Rouge también se rio —Después de todo, los exiliados no tienen derecho a las armas. Yo también fabriqué mi propio arco— presumió poniendo el objeto en la mesa —Lo más importante para hacer uno, es escoger un soporte flexible— mostró la tenacidad del mango mientras tensaba la cuerda.
Al tiempo que hacía su demostración, Genma ingresó con un montón de leños a diversos tamaños —Hola chicos— saludó dejando su carga a lado del fogón —Vaya ¿Tú hiciste esta punta de flecha Rouge?— preguntó el mayor acercándose a ellos. La aludida asintió suavemente —Son estupendos, siempre sentí curiosidad por el origen de tus flechas— sonrió comprobando el filo de una punta —Un excelente trabajo.
—¿Usted sabe hacer flechas?— cuestionó ella.
Genma se frotó por debajo de la nariz diciendo —Bueno, después de todo, en la guerra el que sobrevive es el más tenaz, por supuesto que sé. También sé tallarlas en hueso y...— de esa forma, los habitantes de la cabaña comenzaron una discusión sobre las armas. De forma inesperada, encontraron su ritmo de vida para aminorar la sombra del exilio. Aunque eso no pudo durar demasiado.
-
—Su Majestad— cuando Sasuke habló, era casi la hora del anochecer. Akane bajó su pincel dejándolo ingresar al estudio imperial.
—¿Cómo fué?— cuestionó a toda prisa.
—Estos son los registros que pude conseguir por el momento— respondió dejando los historiales sobre el escritorio. A pesar de que como emperatriz, Akane podía ordenar traer todos los registros, eso levantaría sospechas. Los movimientos fuera de la norma serían fácilmente detectados por algún espía.
Tras haber perdido todos esos suministros tuvo que ser mucho más cautelosa con sus propios pasos —Bien, vigila la puerta, que nadie entre sin autorización— solicitó comenzando a hacer espacio para poder abrir los libros. El primer ejemplar decía "Odaliscas y guardias"
Aspiró hondo antes de levantar la tapa, no sabía si estaba más asustada o ansiosa por la respuesta, si llegaba a encontrar algo, por más mínimo que fuera, su percepción del mundo iba a dar un cambio radical. Se dió valor para iniciar abriendo el volumen por fin, una gran cantidad de información saltó desde la primera página, nombres, orígenes, edades, familiares, cargos, fechas de ingreso, fechas de ascenso, incluso fechas de fallecimientos además de los salarios, se describían minuciosamente en la hoja. Había al menos veinte nombres ahí con detalles implícitos de sus tareas.
La primera persona de la lista fué su primer guardia personal, Sasuke Sarugakure, después el relevo de este cuando se le fué asignado como guardia personal de Akane: Shiro Hatsumoto. Ella había conocido al hombre en cuestión y fue el primero de muchos en ser parte de la vivisepultura que escoltó a su madre en el más allá.
Naoko los dejó marcados con un punto de sangre sobre la hoja, esa voluntad se decidía después de gobernar cinco años y decidir a sus acompañantes en el inframundo, los más cercanos naturalmente formaron el compendio, aunque no todos habían podido cumplir la tarea, pues otros murieron a causas diversas. La edad, enfermedades, enfrentamientos en la guerra. Continuó leyendo cada nombre evitando perderse una sola palabra, sin darse cuenta que el tiempo se escurriró como un parpadeo hasta que la llamaron para cenar.
—Su Majestad, el emperador la busca— anunció el guardia de forma sistemática. Al oírlo, Akane pegó un respingo involuntario, con rapidez cerró los libros echandolos al cajón del escritorio antes de reemplazarlos con sus pergaminos y su pincel, se pidió calma a pesar de su corazón acelerado tratando de guardar la compostura.
Aclaró su garganta un par de veces diciendo —Que pase— a estas alturas, ya tenía un semblante más serio.
Safron entró al estudio con lentitud, saludandola con una sonrisa brillante —Su Majestad, no debería perderse la hora de la cena. Podría afectar nuestras expectativas— dijo con voz pausada, como si su embarazo fuera un hecho listo para celebrar.
—No es para tanto, apenas me he pasado un poco— respondió ella ocultando la incomodidad que repentinamente la invadió —Vamos a cenar en mis aposentos— instruyó a la odalisca de turno cuando ambos salieron del estudio.
La cena se sirvió rápidamente, dejándolos a ambos disfrutar en privado, Akane intentó no ser víctima de su paranoia actuando lo más normal que pudo, comiendo los vegetales con lentitud, intentando encontrar un sabor distinto al de siempre, aunque sin éxito.
Cuando terminaron, como era de esperarse, Safron ofreció la infusión caliente para la emperatriz, mientras ella ocultaba el recelo en sus ojos. Por lo que entendía, un veneno de acción lenta debía ser administrado durante algún tiempo en intervalos frecuentes. Y lo que más había ingerido con regularidad desde su ascenso al trono, era el té preparado por Safron.
Un miedo sin forma comenzó a formarse en su estómago cuando olfateó la fragancia, Sayuri aún no volvía con los resultados del pañuelo empapado, dejándola indefensa contra esa simple taza de té. Si ella se negaba a beberlo y Safron era un espía, complicaría todos sus planes. Así que acallando sus dudas, ingirió la bebida con lentitud. Poco después el recipiente fué repuesto con más líquido —Por favor, Su Majestad— instó el hombre.
Él había dicho que era por el bien de un posible embarazo. Pero no podía evitar en pensar sobre escenarios desagradables. Pronto, otra realización llegó a ella como un balde de agua fría, casi obligándola a soltar la taza.
Si ella resultaba embarazada y Safron fuera un enemigo ¿Qué iba a hacer?
Continuará...
Glosario:
Vivisepultura: Consistía en enterrar viva a una persona. La forma concreta de llevarla a cabo podía variar: enterrándola directamente y echando tierra sobre su cuerpo, introduciéndola viva en un ataúd y procediendo a un “entierro en vida” dentro de los mausoleos, encerrándola en una habitación o espacio en la pared, etc. La muerte devenía por la falta de oxígeno o por hambre y sed.
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