Capitulo dos ~Final~
~Last Kiss~
Se culpa por ser una tonta acomedida, ya que por eso fue que cayeron de las escaleras. El peor golpe se lo llevo el chico. Aunque eso no evito que ambos llegaran al primer piso. El profesor Herbz fue el primero en llegar a ayudar, cuando de pronto los vio desaparecer repentinamente.
Y así de repentino fue como la pólvora volvió a extenderse. La constante luz que encendía su único amigo se apagó cuando él tuvo que guardar reposo en cama. Los días se hicieron monótonos y grises, irónico teniendo en cuenta que quien traía la luz a ellos era un ente sarcástico y envuelto en una oscura aura realista. Los zumbidos que antes le molestaban en los oídos como una colmena de abejas viviera en su cabello se detuvo, y ella se convirtió en una sorda selecctiva.
Cloe y Jazz se acercaron a ella después de todas esas semanas en las que parecieron desaparecer del radar de la joven. A estas alturas del partido, la chica ya no podía darse el lujo de confiar en nadie de manera tan repentina –aun cuando Oz había sido una grata excepción a la regla–. Y menos en ellas, que eran tan cercanas a Jade, ¿Quién le podía asegurar que ellas no eran como ella? ¿Cómo creerles? Si cuando la miraban sus ojos lucían extraños ¿Qué había en ellos? Comprensión, tristeza, tal vez; algo de lastima mal disimulada. Ellas volvieron a hablarle, de manera más cauta, pero lo hicieron.
Con Oz en casa por reposo, la chica no tuvo más opción que volver a su rutina. Tratando de quedarse más tiempo en la escuela, no le gustaba regresar a casa y tener que responder a las preguntas de su pesado día a sus padres.
De camino a casa se pierde en los recuerdos de las últimas semanas. Como en una que otra ocasión mientras salía del edificio para llegar a casa, creía escuchar algunos gemidos en algún pasillo lejano, a veces le toco ver ropa interior de chico o chica perdida al final de las aulas o paquetes de condones mal escondidos en los botes de basura. Alguien de verdad se estaba divirtiendo en sus horas de estudio.
Y no hay día que no se llegue, ni plazo que no se cumple; llego el día en que al fin le dio nombre a ese alguien que se divertía. No se tenía que ser muy listo para saber a qué se dirigía Jade mientras empujaba a un tipo moreno a un aula vacía.
Una fuente de sentimientos encontrados se desbordo en la chica. Sobre Ralph, que era la pareja oficial de Jade, sobre su comportamiento que era obviamente contrario al reglamento, sobre lo que pensarían los demás si esto se llegara a saber. Vio desde kilómetros lo que Jade habría hecho con información como esta, era canela en rama convertida en chisme. El problema es que ella no era Jade ¿Quién era ella para divulgarlo? Bueno, por karma tenía el derecho. Y volvía a recordarse, ella no era así.
Fue cuando algo en ella se llenó de esperanza al tener pruebas fehacientes de la verdadera personalidad de Jade. Y con esa nueva confianza ganada, todos los días siguió intentando ponerse en contacto con Oz. Los mensajes a su celular no fueron contestados, y las decenas de correos electrónicos fueron dejados en visto.
"Bueno siquiera los veía"—pensó.
No es que fuera una acosadora o conformista, pero ella se sentiría mejor si hubiera respondido cuando llamo o contestado alguno de los mensajes, con un:
Que tal, no te odio—Eso habría estado bien.
O&O
Había pasado cerca de un mes, y Oz seguía sin regresar a las clases. Dos semanas fuera eran las que habían sido recetadas y luego regresaría como nuevo, pero es no ocurrió y sus razones o condición seguían sin estar claras. La situación desespero tanto a la castaña que consiguió su dirección y con ello se le encomendó la tarea de llevar la lista de deberes a casa de su lesionado compañero.
Tuvo que pasar casi una hora para que se diera el valor de tocar la puerta y saludar a la joven mujer que la recibió. La suave piel pálida y los profundos ojos negros le hicieron recordar a Oz y se guardó una sonrisa cuando vio en la mamá una versión femenina de su amigo.
La señora West se mostró muy amable con ella, y la sorpresa de descubrir que era amiga de su pequeño Ozzy le alegro. Con una mueca que contiene una sonrisa guarda en secreto el cariñoso apodo y se da el permiso de usarlo en su fuero interno. Ella recibe los deberes de su hijo que se encuentra dormido por el medicamento que tiene que tomar y es la decepción que siente por no poder verlo la que tiene que ocultar con una sonrisa amable.
Los días después de ese no cambien, no ve ni escucha ningún ruido del chico al que ha estaba buscando y su mamá no hace más que disculpase por él. Ella le die que no se preocupe, que ya otro día será y que si no es molestia le de sus saludos.
O&O
Las cosas parecieron mejorar cuando todo el teatro de Jade se rompió dos días antes de la excursión de fin del semestre.
Como iba a saber Jade que el casi inutilizable salón del ala norte seria pedido improvisadamente por el Profesor Couller para dar una clase especial de historia, aprovechando los materiales de esa aula. Como sabría que si no hubieran tenido juegos previos ellos nunca habrían sido descubiertos, pero no fue así.
Allí, entre las rodillas de un rubio se encontraba Jade dando un trabajo oral antes de que iniciara la clase. Y no solo fue vista por un profesor, sino también por otros quince alumnos, entre los cuales más ni menos estaba Ralph...y un castaño al que Jade también había ayudado después de clases. Ralph corrió como alma que lleva el diablo cuando cayó en cuenta de todo, preguntándose si podría tener herpes o algo parecido.
De pronto toda la promiscua que era un secreto a voces se hizo patente en Jade y pareció multiplicarse a niveles insospechados por el común denominador de los chismes.
Un día después del susto que paso Ralph, trato de seguir como siempre. La castaña se dio cuenta que su antiguo amor platónico no conocía el descaro: primero esparcía los rumores sobre la supuesta vida de cascos ligeros de Maygan; pero en cuanto los rumores de su ahora exnovia se empezaron a divulgar, por su boca se zanjaron pronto, y luego el golpe final; tuvo el descaro de pedirle a la joven castaña si podían intentar ser algo.
—Sabía que tú eras mejor que ella—Le sonrió a la joven mientras bloqueaba el paso para que ella pudiera caminar lejos de su casillero, sosteniendo la puerta de este. La castaña juraba que si le hubiera sonreído así hace algunos meses ella habría caído sin que él hiciera nada más.
—Así ¿En qué?—Contesto con sorna, pero no se quedó a esperar respuestas. Tomo la puerta de su locker, y tampoco espero que los dedos de chico estuvieran ilesos.
O&O
Sentada en su asiento junto a la ventana en el autobús que los llevaría a la costa, pensó en todo la que había esperado por este viaje y que a estas alturas ya no sentía que valía tanto la pena como en un principio. Menos cuando recordaba las bromas sobre el viaje que había hecho con Oz. Su estómago se revolvió un poco más cuando las agitadas mariposas le hicieron recordar cuanto había fantaseado con este viaje y cuanto quería compartir esto con el pálido.
Por los reflejos de la ventana alcanzaba a ver a algunos de sus compañeros. Entre ellos capto la delgada silueta de sus amigas pasajeras, uno que otro engañado por Jade, escucho la voz de Ralph al fondo del autobús, y varias pláticas de bocas que murmuran rumores.
El autobús se detuvo después de casi una hora de viaje, deteniéndose en los muelles y encaminándose a iniciar su paseo por la costa, para allí encontrar las pozas marinas que estudiarían.
La castaña fue la última en bajar y allí en la puerta el profesor Herbz la detuvo:
—Hay alguien que quiere verte...—La cara de la joven se tornó confusa, así que el profesor apunto a unos metros más allá del estacionamiento para que supiera a que se refería. La delgaducha y algo difusa figura que estaba al principio del muelle la tomó por sorpresa.
"No—pensó—no puede ser él.
Pero el yeso negro que se camuflajeaba con el uniforme, y las banditas en su cara le aseguraron que sí.
—¿Oz...?—entre la bruma pudo ver los blancos dientes de algo que parecía una sonrisa. Empezó a correr—¡Oz! Oz...—corrió más rápido—Ozturk—sin pensarlo mucho, su cuerpo colisiono contra el maltrecho pecho del joven. Sin fuerza y con un yeso en el brazo encontró la manera de sostener a la joven, que no dejaba de reacomodarse en sus brazos, casi caen.
—Qué bueno que no te arrojaras de la azotea y si decidieras venir—los ojos de la chica se abrieron como platos...por Dios, el si había leído sus mensajes. Hasta ese que parecía carta de suicidio, y le dijo que cada día se le hacía más atractivo ir a estar sola a la azotea de la escuela.
Estaba desesperada, su mente iba y venía en todas direcciones y su boca se negaba a cooperar. Quería decirle tantas cosas. Gritarle por no contestar los mensajes, apretujarlo contra ella con más fuerza por lo feliz que estaba, besarlo hasta que él sintiera lo aliviada que se encontraba y sus manos picaban por las ganas contenidas de darle una bofetada.
Con su brazo bueno despejo la cara de la chica de donde la había escondido y clavo sus ojos en los de ella, escaneándola como era su costumbre. Prácticamente leyendo su mente.
—Luego—y la estrecho aún más, aunque ya no pudiera—Pero ahora tenemos que seguir al grupo—recordándole el detalle casi sin importancia de que estaban dando una escena al grupo de excursión al cual estaban retrasando.
Entrelazaron las manos mientras iban caminando. Mientras trataban de alcanzar al grupo no dijeron nada, porque ya no había necesidad de decir más.
...
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