ⅠⅠ

Me levanté y salí a correr un rato antes de que Charly se despertara, aunque después de todo lo que había tomado sabía que se demoraría en hacerlo. Al regresar me duché, me alisté y preparé una gran taza de café caliente para él.

—Desayunito en la cama, qué rico —gimió mientras yo acariciaba su hombro para despertarlo, tomando la bebida—. Buenos días, princesa.

—Buenos días, ¿qué tal tu guayabo?

—Horrible —se frotó lentamente la cabeza—. ¿Te molesté mucho anoche?

—Mm... Un poquito.

Una sonrisa traviesa asomó a sus labios.

—Tendré que compensarlo, ¿sí o qué?

—Sí, pero más tarde. Ahora tenés que volver a casa a cambiarte para hablar con la prensa.

—¿Tan pronto me echás?

—¿Qué? ¿Preferís caerles con esa facha de borracho? —pregunté con la ceja enarcada.

—Les diré que andaba tomando porque la mujer que me encanta —alargó la última palabra— no deja de huir de mí.

—A la mujer que te encanta no le gusta cuidar de hombres tomados como si fuera la mamá, ¿sí sabés?

—Okey, ya me dijo Carolina —apreté la mandíbula al oír su nombre— juicioso por Vane y... por vos.

Me fui a Excélsior en cuanto eché a Charly, y él no tardó en llegar con una de esas camisas coloridas que tan bien le sentaban al malparido. Carolina también estaba ahí, y a las diez ya habíamos salido para hablar con los periodistas. Pronto había veinte personas frente a nosotros hablando al mismo tiempo.

—Hey, hey, no a la vez —dijo Charly con una sonrisa relajada que poco dejaba adivinar lo mucho que había bebido anoche.

—¿Nos puede hablar de la foto que salió hace un día?

—Esa foto, que fue una invasión a mi intimidad, solo prueba que soy un hombre divorciado y libre, ya.

Charly miró a Carolina como si anduviera buscando su aprobación, y ella asintió imperceptiblemente.

—¿Gema Granados se divorció de usted por su vida promiscua?

—En primer lugar, vendo una vida de galán como parte de la imagen de Charly Flow, pero eso no me convierte en promiscuo. Y en seguro lugar... Mi matrimonio con Gema hace tiempo que no andaba bien. Sí, cometí muchos errores, pero esto fue una decisión mutua y por ello ya firmamos un acuerdo de divorcio fuera de los juzgados.

—¿Es cierto que Gema es la actual presidenta de Excélsior?

—Sí —Charly sonrió demasiado forzado—. Gema siempre fue parte de este proyecto, sin ella nada hubiera sido posible, y por eso estuve de acuerdo en darle la mayoría de las acciones —rodé los ojos cuando vi a la gente mirarle con admiración e incluso aplaudirle—. Al final yo ya tengo una carrera como cantante, a ella le queda mejor el rol de empresaria.

—Antes dijo que no era promiscuo, ¿eso significa que la mujer de la foto es su nueva pareja?

Ambos miramos a Carolina, que parecía preocupada ante la pregunta.

—Esto... Sí, sí, es mi pareja —respondió, jugando con los anillos de sus dedos.

—¿Por qué no parece convencido?

—Nada, solo me tomó por sorpresa, no pretendíamos hacerlo público hoy.

—¿Y por qué lo intentan llevar en secreto? ¿Es una mujer casada?

Charly se echó a reír y negó con la cabeza.

—Claro que no, acá el único hombre en su vida soy yo. Pero recién me separé, no queríamos que todos pensaran que rompí mi matrimonio por una mujer. Lo nuestro comenzó mucho después.

—¿Dice eso solo para limpiar su imagen?

—¿Me estás llamando mentiroso pues? —preguntó Charly con el ceño fruncido y expresión molesta.

—No, pero seguro que muchos de nuestros espectadores verán muy conveniente que se le aparezca una novia secreta justo ahorita. ¿O es que acaso tiene nombre?

—Claro que lo tiene. Se llama Tamy Andrade —respondió Charly.

Tardé varios segundos en procesar sus palabras, pero en cuanto lo hice le dediqué una mirada sorprendida, asustada y sobre todo asesina. No, ese carechimba no podía haber hecho eso.

Estaba viviendo el sueño de cualquier mujer. Que Charly declarara sin miedo ante todos que me quería, envolviéndome con aquellos ojos dulces y profundos como el mar. Mi mirada bajó a sus labios delicados, que en otras circunstancias me estaría muriendo por besar. Pero no podía, porque estaba cagada del susto por las consecuencias de abrir esa caja de Pandora.

Qué diferentes serían las cosas si no tuvieras el alma tan negra.

Charly ya me lo había quitado todo en el pasado, y aquellas palabras estaban a punto de arrebatarme lo poco que había recuperado. La historia se repetía, pero esta vez no podía darme el lujo de caer en su red como casi había ocurrido la noche anterior.

Solo había algo peor que estar entre los brazos de Charly.

Disfrutarlo.

Él sonrió con confianza y agarró mi muñeca para atraerme hacia sí.

—Sí, es ella —añadió, dejando un suave beso en mis labios mientras yo seguía inmóvil del shock.

De pronto todos los periodistas me apuntaban con sus micrófonos mientras me hacían miles de preguntas, pero Charly dijo que no haríamos más declaraciones y continuó tomándome de la mano para guiarme de regreso al edificio. Apenas la puerta principal se cerró tras nosotros, conseguí reaccionar apartándome bruscamente de él.

—¿Qué mierda fue eso? —grité furiosa.

—Lo siento, no sé por qué lo dije —se lamió los labios, pareciendo más nervioso aún que en la entrevista—. Fue un impulso.

—Creo que mejor les dejo solos —interrumpió Carolina antes de marcharse.

—¿No quedamos en que no éramos nada y vos nos boleteás en público? —continué sin medir mis palabras.

—Quedamos en que no era una relación, no en que esto no fuera nada —replicó, señalándonos con una mirada molesta.

—Ah, ¿te mandás esa cagada y vos querés tener ahorita una discusión de lo que somos?

—Sí, lo dije, ¿y qué? Vos fuiste la que andaba obsesionada conmigo desde el principio, ¿o te recuerdo lo de las foticos de tu casa? Vos fuiste la que quería esperar a que me separara de Gema, y mirá, ahora ya soy un hombre libre. ¿Qué pasó? ¿Por qué te avergonzás de esto pues? —gritó.

Odiaba aquella mentalidad de Charly de creerse la última Coca Cola en el desierto, como si yo fuera una loca desesperada que moría por él mientras que él había hecho un gran sacrificio "sentando la cabeza" conmigo. Me recordé a mí misma mi misión, que tenía que seguir haciéndole confiar en mí para poder llevar a cabo mi venganza. Era difícil no gritarle todo lo que sentía, pero inspiré hondo para calmarme.

—Ahora todos piensan que la rubia encuerada de esa foto soy yo, ¿sabés cómo puede quedar mi carrera? ¿Viste lo que le pasó a Zulma?

—No seás dramática, sólo se veía su espalda, y lo de Zulma fue por meterse con un hombre casado.

—¿Y? A la sociedad eso no le importa ni mierda.

—¿Y a vos te importaría? Si nos hubiéramos comido hace dos días no habríamos hecho nada malo.

—¿Te recuerdo que esa no fue la primera vez que nos comimos?

Él se mordió el labio inferior con una sonrisa, como si aquel recuerdo hubiera borrado toda su tensión.

—Llámame infiel pues, carechimba, lo que querás, pero no me arrepiento nada de lo que pasó esa noche.

Sentí un escalofrío al recordar el que había sido uno de los peores días de mi vida.

—De eso ya se dará cuenta Gema pues, no es tan boba como pa' creer que esto empezó detrás de la separación.

—¿Y qué te importa lo que piense esa loca? Ni que fueran amigas ustedes dos, ¿o vas a ser tan hipócrita de decir que te preocupabas por ella mientras te comías al marido?

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no contarle la verdad.

—¿Y Vanesa? Amo a esa pelada, y cuando lo sepa va a pensar que soy una traidora que separó a sus papás. ¿Pensaste en cómo reaccionaría ella, o Juancho, o...?

Su ojos relampagueaban con furia al oír aquel nombre.

—¿Y qué pitos toca el malparido de Juancho acá? —permanecí en silencio, sin saber qué responder, hasta que la cara de Charly cambió a la rabia total—. Tenés algo con él, ¿cierto?

—¿De qué hablás?

—Claro, por eso querías que lleváramos el cuentico en secreto, pa' que a tu noviecito no le llegara el chisme. Y por eso nunca estábamos juntos, ¿cierto? Porque ya quedabas bien satisfecha después de revolcarte con ese carechimba —gritó.

Lo abofeteé instintivamente, sintiendo mis ojos llenarse de lágrimas de rabia.

—Juancho es mi amigo, está casado, y él no es una porquería infiel como vos. Pero ojalá lo fuera, ¿sabés? Porque sé que me haría mucho más feliz que vos —estallé al fin.

Me giré sin darle tiempo a responder y corrí rumbo a mi carro. Mi celular sonó, y mi corazón se rompió al ver que era Juan quien llamaba. Mi pez, el que me había mirado con tanta decepción cuando descubrió que me había acostado con Charly. No me sentía capaz de volver a enfrentarlo, y cuando al fin llegué al carro tenía diez llamadas perdidas suyas y los ojos llenos de lágrimas.

Mi celular volvió a sonar, pero esta vez era Gema. Me sequé rápidamente los ojos antes de responder.

—Gema...

—Vos sí sos mucha traidora.

—No es lo que pensás, te lo juro.

—¿Ah, no? Vos me ayudaste con lo del divorcio, y yo como una imbécil creyendo que al fin tenía una amiga cuando solo querías quitarme del medio para robarte a mi marido.

—Eso no es cierto, Gema, hay muchas cosas que no sabés.

—¿Y qué más hay por saber? —la escuché reírse irónicamente—. ¿Todo lo que hiciste por Vanesa fue también una estrategia para acercarte a él, o...?

—¿Creés que si no estuviera de tu parte te habría ayudado a sacarle toda la plata? —interrumpí, y al fin noté silencio al otro lado—. Regresate a la casa, quiero hablar con vos.

—¿Sobre qué?

—Vos solo espérame allá, y si no me creés te juro que no volveré a molestarte. Pero, por favor, dame esa oportunidad.

Di unas cuantas vueltas con el carro para relajarme antes de manejar hasta la casa. Llamé a la puerta, y cuando ella abrió y vi sus ojos enrojecidos me di cuenta de que había llorado más que yo. Tal vez se sentía conmigo como yo con Juancho, lastimada por aquel vínculo que no se encontraba en cualquier amigo.

Pasé y me senté en el sofá.

—No estoy saliendo con Charly.

Ella me miró con una mezcla de escepticismo y confusión.

—Jurame que no pasó nada entre ustedes.

Aparté la mirada, y ella soltó una carcajada.

—Así que no estaban en una relación. ¿Qué? ¿Te conformabas con ser su arrocito en bajo pues?

—Claro que no. Yo nunca quise estar con Charly, fue solo... Un mal necesario.

—Ah, ¿solo te acostaste con él para conseguir el camello mientras me mentías a la cara? Todo un consuelo, a lo bien.

—Dejame acabar, por favor. Yo lo único que quería era hundirle la vida a Charly, mandarle a la cana donde debió pasar todos estos años —espeté apretando los dientes.

Gema me miró sin entender.

—Me preguntaste por qué te ayude a dejarle en la calle, ¿no? —continué—. Ahí tenés la respuesta pues. Me acerqué a él para ganarme su confianza, y funcionó. Y créeme que no pienso parar hasta dejarle sin un solo peso.

—¿Qué... Qué pensás hacer ahora? —preguntó ella con una mezcla de sorpresa y preocupación.

—Pensé algo viniendo acá, pero necesito que me colaborés.

—¿Cómo?

—Quiero casarme con Charly.

Ella soltó una carcajada.

—¿Ahora querés que te ayude a casarte con mi marido? Vos sos muy descarada a lo bien.

—Podría hacer un acuerdo prenupcial, que si él me es infiel me tenga que dar toda su plata, las acciones de la compañía y los derechos de sus canciones —puse los ojos en blanco—. Es Charly, en un mes acabaría entre cartones —ella me miró con sospecha—. Entiendo que no me creás, pero si querés podría hacer un contrato con vos diciendo que todo lo que le saque a Charly irá para vos o para Vanesa.

—No pues... Eso estaría bien, princess —respondió, haciendo un gesto de sorpresa al darse cuenta de lo que había dicho—, pero vos delirás mucho si pensás que puedo convencer a Charly de que se case con vos.

—No tenés que decírselo, solo poner una demanda por la custodia de Vanesa estableciendo que sólo podría verla si se casara y formara un hogar estable. Seguro que él me propondría que nos casáramos por un tiempo, y lo mejor es que pensaría que la idea fue totalmente suya y que yo soy a la que tiene que rogar.

—Y vos aprovecharías ese tiempo para conseguir pruebas de su infidelidad.

Asentí rápidamente, y estaba a punto de hablar cuando escuchamos el ruido de llaves abriendo la puerta. Vanesa entró a la sala unos segundos después, pero se paralizó al verme ahí.

—¿Ella qué hace acá? ¿Por qué la dejaste entrar?

Sentí la boca seca y aparté la vista, incapaz de sostener aquella mirada llena de odio.

—Muñeca...

—¿Cuál muñeca? —dijo, tomando mi brazo para intentar sacarme de la casa.

—Vane, cálmate, por favor —interrumpio Gema.

—¿Qué? ¿Esta mujer te robó a mi papá y me pedís que me calme pues?

—Mi niña, las cosas no son lo que parecen —supliqué, haciendo que ella me soltara y se cruzara de brazos.

—¿Ah, sí? ¿Y cómo son?

Miré de nuevo al piso, lamiéndome los labios con duda. No quería decirle la verdad e involucrarla en el engaño, por doloroso que fuera saber que esa peladita me odiaba.

—Lo que pasó entre tu papá y yo fue orgánico... Simplemente nos enamoramos.

—No, qué chimba de historia, se enamoraron —se volteó hacia Gema—. ¿Y solo por eso le vas a perdonar que hiciera que mi papá te montara los cachos?

—Las cosas no son así, el matrimonio de tus papás estaba dañado de antes y vos lo sabés.

—Ah, cierto, y vos solo esperaste a que se pelearan pa' poder meterte en el medio, ¿no pues? ¿Por eso te acercarse a mí también? ¿Para ganar puntos con mi papá?

—¡Claro que no! Yo a vos te amo, lo sabés perfecto.

—Ah, ¿entonces primero fuiste a por el esposo y luego a por la hija? —preguntó señalando a Gema—. Ni pensés que podés reemplazarla tan fácil.

—Yo no quiero reemplazar a nadie, solo... Ahora formo parte de la vida de tu papá. Y quiero formar parte de la tuya también, si me lo permitís.

—No seás descarada, vos no sos mi mamá y nunca lo serás —gritó ella corriendo a su habitación.

Me dejé caer en el sofá; y, antes de que pudiera evitarlo, las lágrimas estaban fluyendo desde mis ojos. No entendía por qué me afectaba tanto aquello, pero lo hacía. Gema se sentó a mi lado y me abrazó en silencio.

—Yo nunca intenté lastimarlas, te lo juro —dije conteniendo un sollozo.

—Lo sé, y ella también lo hará, estoy segura.

Me separé mientras me limpiaba los ojos.

—¿Eso es que me ayudarás?

Gema me miró en silencio durante unos segundos, pero acabó por asentir.

—Solo tengo una condición.

—¿Cuál?

—Vanesa no puede salir lastimada de esto. Quiero que la cuidés como si fuera tu hija.

Una sonrisa inconsciente asomó en mis labios. Lo hubiera dado todo para que esa frase fuera real.

—Lo haré, te lo juro. Vos sabés que a esa niña la quiero con el alma.

—Y no puede saber nada del plan.

Negué enérgicamente con la cabeza.

—Yo jamás la metería en esto.

—¿Aunque ella te odie por lo que crees que hiciste?

Me encogí de hombros, sonriendo con tristeza.

—Todos los niños odian a sus madrastras pues, si no no existirían tantos cuentos con esa historia.

Ambos reímos al mismo tiempo.

—Quiero saber otra cosa —añadió Gema.

—Lo que sea.

—¿Por qué odiás tanto a Charly?

Permanecí en silencio unos segundos, y me sequé los restos de lágrimas antes de volver a hablar.

—Porque él me lastimó hace mucho tiempo, y yo le pienso devolver hasta el último de los años que perdí por su culpa.

Gema me observó con el ceño fruncido.

—¿Cómo? ¿Qué fue lo que te hizo?

—Él me lo quitó todo. Mi familia, mi libertad, mis composiciones... —respiré hondo—. ¿A lo bien no me reconocés, Gema?

Un silencio mucho más pesado que el anterior nos separó. Ella me miró confundida y casi asustada, como si de pronto tuviera miedo de la respuesta.

—¿Quién sos? —preguntó lentamente.

Cerré los ojos, tomé aire y volví a contemplar a la mujer que había frente a mí.

—Soy yo, Yeimy Montoya.

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Holis, segundo capítulo por aquí... cómo verán las actualizaciones serán los lunes y jueves, disfruten cada parte porque no será muy larga... 🤭

Esta segunda parte fue escrita por yeimesca ¿Qué les va pareciendo? ¿Qué les gustaría que pase? 👀

Nos leemos la próxima semana, 

Sofi 

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