CAPITULO 14
CLARENCE
Debo admitirlo.
Me arrepentí después de que mis labios expulsaran la palabra "vete" de lo más profundo de mi. No quería aceptarlo, pero toda esta semana había sido ¡Un verdadero infierno!
El domingo, después de haber corrido del apartamento a Sam, una presión en el pecho profunda, no me dejaba descansar. Sentía la necesidad de llamarla y decirle que en realidad sentía lo que le había dicho. Me hormigueaban las manos cada vez que veía mi teléfono celular, pero claro, mi orgullo no volvería hacerla de rogón... otra vez. Y mucho menos, al saber que se había ido con Will, gracias a que Lucas me lo confirmó. Eso sin mencionar la rabia que me daba que hubiese aceptado la jodida invitación de Brad a su propia casa. Sabía de sobra que Brad lo hacía para molestar. Sin embargo, una molestia seguía presente. Y pensé que se iría por completo después de haber llamado a Samantha para pasarla un rato, pero desafortunadamente no fue así.
Era lunes, y al llegar al instituto con el director Lawrence, busqué con la mirada durante todo el día a Samadhi, pero no había ni rastro de ella. «¿Estaría en su casa con William?» Me preguntaba a cada momento. «¿O con Brad?»
¡Mierda! Pensamientos traicioneros.
No solía tener éste tipo de pensamientos hacia las chicas con las que salía. Y eso que con Samadhi, yo no salía. Hoy, miércoles por la tarde, no había un rastro de Samadhi en los últimos dos días, ¿Estará escapando de mí?
En ocasiones he querido perseguir a Sony por todo el campus del instituto para preguntarle donde diablos se encontraba Sam. Pero me limité a no hacerlo. Querré decir, tomé todo mi autocontrol para no caer en esas chorradas. Aceptaba que me atraía Sam, claro, como al resto del instituto y uno que otro maldito universitario, pero solo era eso ¿No? Atracción a la Perfección.
¿Es que acaso no se daba cuenta de lo adorable y apetecible que era? Bien, tal vez no.
Me encontraba recogiendo el material que quedaba en el casillero, la última semana estaba por finalizar y tenía que desocuparlo por completo.
Escuché unos pasos de zapatos altos atrás de mí. No volteé. Claro, yo no soy de los que volteo hasta no tener a la presa de frente, para después encontrarme con mi querida fiera de ojos color miel...
— Hola — le dije en apenas un susurro.
— Esfúmate Clar — que buena respuesta.
Por alguna razón me dio gracia, pero después desapareció cuando vi a William en la entrada.
¡Ese hijo de perra!
— Tenemos que hablar — le dije, tomándola del codo derecho para detenerla antes de que se fuera. ¡Wow! Le di una repasada de abajo hacia arriba. No había visto lo perfecta que se veía con esos zapatos altos de colores blancos y atigrados. Tampoco había visto lo divina que se veía con ese maldito pantalón ajustado y mi cazadora... ¡Que mierda, mi cazadora!
— Lo siento, tú y yo no tenemos nada de qué hablar. Ahora si me disculpas, mi cita me espera.
— Y una mierda, ¡tú con él no te vas! — le espeté en el oído sin soltarla. La estaba salvando de irse con ese imbécil, claro.
— ¿Qué te hizo William para no querer que me acerque a él? — preguntó algo que nunca en la vida le iba a responder. Algo con lo que aún vivía y tenía pesadillas después de lo ocurrido —. Dime, y no me voy con él.
Dijo ésto último mirándome a los ojos, los suyos completamente sinceros y hermosos. La miré de igual manera, pero no podía. ¿Qué le diría? ¿La verdad de algo que no quiero recordar?
La solté despacio, dejándola libre para irse con William. Di un suspiro, sabía lo que estaba dejando ir por un maldito pasado que no quería recordar, y mucho menos recordarlo con él. No quería que Samadhi formara parte de él.
— Lo sabía. Eres difícil Clarence y con eso no hay problema. Pero si queremos algo juntos, la confianza y la comunicación es lo primordial.
¿Dijo juntos? ¿Acaso lo estaba considerando?
Cerró el casillero tan fuerte, que di un ligero salto. La vi irse y salir por la puerta con William, quien por supuesto la mirada que me lanzaba era una de satisfacción.
Escuché sonar mi teléfono celular, el cual al tomarlo divisé la llamada entrante de Rachel.
— Rachel — respondí, con mi mal humor saliéndome de los poros.
— Clarence, hijo, que bueno que me respondes — dice —, estoy preparando la cena, tu favorita claro...
— Al grano Rachel, ¿Qué ocurre? — Sabia que querría algo, no por nada estaba preparando uno de mis platillos favoritos. Lasaña.
— Bien, me has pillado, tu padre ya está en casa, gracias al cielo bien — da un suspiro —. Y quiere que estemos todos juntos en una cena familiar y...
— Rachel, gracias. Pero no pienso ir a casa...
— Por favor hijo, no lo hagas por él, hazlo por mí. Solo esta vez, si se pone de impertinente te vas y listo, pero en realidad quiere hablar contigo y con Brad.
Lo pensé por lo menos un minuto. Claro, Rachel siempre ha sido buena con nosotros, así que accedí a su invitación.
— Bien, iré sólo con esa condición y sin querer detenerme como en otras ocasiones — le hice saber.
— ¡Perfecto! Aquí te esperamos hijo.
Colgué sin más preámbulos, dirigiéndome a la salida del instituto. Llegué al estacionamiento del mismo y me subí a la motocicleta para dirigirme a casa de mi padre.
— Sabes, no te creo ni una sola palabra — escuché la voz de Sony antes de arrancar el motor de la motocicleta.
— ¿Qué quieres Sony? — le pregunto, antes de ponerme el casco.
— Sabes, Sam es mi amiga y no quiero que la lastimes — Vaya amiga. Suelto un bufido, claramente burlándome de sus palabras hipócritas y venenosas —. Brad y yo sabemos que ustedes no tienen ninguna relación, y eso lo dedujimos sin preguntarle — dice orgullosa.
— Vamos Sony, ambos sabemos que no te interesa la amistad de Sam en lo más mínimo — le confirmo —. Y mucho menos te interesa con quien tenga o no una relación.
— ¡Claro que me interesa! Me interesa su bienestar, por eso es que sé que tú, querido amigo no eres de fiar. Sam se merece algo mejor.
Le sonrío. Ésta estúpida conversación me quita tiempo.
— Claro Sony, Sam se merece algo mejor, y... ¿Adivina qué? — Sony enarcó una ceja — Lo mejor soy yo.
Arranco el motor de la motocicleta, para no verle más la cara de arpía venenosa. Por supuesto que yo soy mucho mejor...
Me gusta la adrenalina que siento cuando voy en la motocicleta, me recuerda tanto a Hanna, que a veces pienso que solo siento la adrenalina por ella...
Decido ir al lugar donde todo sucedió, donde estuvimos juntos por última vez, el lugar donde los recuerdos y pesadillas comenzaron hace casi dos años...
(***)
Y me encuentro aquí, en medio de la carretera cerca a la playa, que después de lo sucedido no es transitada. Los recuerdos aparecen como flashes, y las lágrimas no desisten, no se detienen. Nunca había llorado tanto por la partida de alguien importante en mi vida. A veces me gustaría volver el tiempo y estar en la misma situación para detenerla como fuera posible, pero no lo es, el tiempo es primordial para todo, y ese tiempo ya se fue...
Decido irme. Pues los recuerdos que tengo al estar aquí, son dolorosos.
Después de un rato, por fin me encuentro en la casa de mi padre. Entro como de costumbre. Aún guardo el pequeño control con el que se abre el portón. Estaciono la Ducati frente a la entrada, y después de quitarme el casco, me adentro a la casa. Me dirijo precisamente al comedor, pues son las siete en punto, la hora de la cena, típica costumbre de Rachel.
— ¡Clarence! Has venido — dice Rachel entusiasmada.
— Si, bueno, ya estoy aquí — respondo, mientras la veo dirigirse a la cocina.
La mesa está repleta de diferentes platillos, de los cuales no presto la más mínima atención. La mesa es grande y de mármol color grisáceo, de por lo menos para diez personas, de las cuales solo ocuparemos cuatro lugares, Rachel, Brad, mi padre y yo.
Mi padre, está sentado en la silla principal de la mesa entretenido con el teléfono celular, que ni siquiera me presta la más mínima atención. Su rostro se ve un poco pálido, a como yo lo recuerdo de hace casi dos años, una ligera barba de por lo menos tres días sale de su mentón, y unas bolsas moradas yacen por debajo de sus ojos, los cuales son parecidos a los míos, azules, pero con un tono más claro y no tan oscuros.
Carraspeo, y éste voltea hacia mí.
— Hijo — dice, con la voz tenue, lo cual es algo extraño ya que suele ser más gruesa de lo normal.
— Padre — es lo único que sale de mis labios. Trago saliva solo para humedecer un poco mi garganta, pues comienzo a sentirla seca —. ¿Cómo te encuentras? — Decido preguntarle.
¿Donde mierda están todos? Se supone que la cena es a las siete.
Cuando está por responder, entra Rachel con la lasaña, lo cual agradezco que se haya aparecido antes de entablar una conversación incomoda con mi padre.
— Brad se ha atrasado cariño, pero ya viene en camino — confirma Rachel.
— Está bien Rachel — le responde mi padre —. Me encuentro bien, hijo.
Asiento.
Me siento en la esquina superior derecha, quedando justo a su lado. Y frente a mí se encuentra Rachel. Escucho llegar un auto, lo que supongo es la Jeep de Brad.
— Siento llegar tarde — musita Brad, quien viene acompañado de Sony.
— ¡Bien! La mesa está repleta de comida, así que tomen lo que quieran — responde Rachel.
— Muchas gracias Señora, usted siempre cocinando tan delicioso — le dice la arpía venenosa. ¡Claro Sony! Como siempre queriendo quedar bien, pero nadie te conoce mejor que Brad y yo.
Suelto un bufido, luego de que Sony termina de hablar sobre estupideces de Instituto.
Terminamos de cenar, y Sony acompaña a Rachel directo a la cocina para ir por el postre, dejándonos a los tres solos. El ambiente se torna incómodo cuando mi padre comienza a preguntarnos acerca de cómo nos va en la universidad. Claro, mi padre solamente paga mi educación, y gracias a mis pequeños trabajos como arquitecto, es que he podido ahorrar algo de dinero. Proyectos como los que tengo y tendré con el director del Instituto, Lawrence. Ésto último se lo hago saber a mi padre, el cual me da su opinión. Ya que Lawrence es uno de sus amigos cercanos.
— Me siento orgulloso hijo — responde interesado en lo que hago —. ya estás listo para tener un buen puesto en la constructora Johnson — comenta. Suelto un bufido, la verdad es que prefiero seguir ganándome mi propio dinero y no a costa de mi padre, del cual sé algún día me lo echara en cara.
— Claro padre, pero mis expectativas son otras — digo —. Quiero formar mi propia compañía, y si estas interesado en una asociación, soy todo oídos para...
— No, tal vez no me estoy explicando Clarence, quiero que Brad y tú se hagan cargo algún día de la compañía, tenemos buenos trabajos para la construcción y remodelación de algunos hoteles fuera del país. Tal vez ahorita no requiera del todo su ayuda, pero pueden ir acoplándose.
¡Claro, el señor ha hablado!
Miro a Brad, quien no se encuentra entusiasmado con la idea, pues claramente su padre es abogado, y él va directo a lo mismo, así que dudo mucho se quede en la constructora.
— Clark, yo estoy interesado, siempre y cuando los fines de estar en la compañía sean como abogado. Como sabrás, es lo que yo estoy estudiando y a lo que me quiero dedicar — le responde Brad. Claro, mi padre no pondrá peros ante Brad, ya que no es su hijo legitimo.
— Perfecto hijo, entonces cuando quieras pasarte a la compañía, solo llama para que te asesoren — éste solo asintió —. ¿Y tú Clarence? — me preguntó.
— Yo solo estoy interesado si quieres formar parte de mi futura compañía — le respondí. Claro no solo era yo, si no también Lucas de por medio. Mi padre soltó un bufido, claramente de burla hacia mí.
— Hijo, ¿Que puede tener tu jodida compañía que apenas va iniciando a la mía? — golpe bajo, como siempre.
— Tal vez no mucho, pero es mía. — le respondo serio.
— Tienes una compañía que puede ser para ti solamente, y ¿Decides ser mi competencia? — pero ¡¿Que mierda?! Yo jamás lo había visto de esa manera.
— No seré tu competencia, tampoco te quitaría clientes, Lucas y yo tenemos los nuestros, nos han costado y le hemos invertido...
— A costa de mi dinero Clar — responde mi padre. Sabía que lo diría, pero para todo tengo una puta respuesta. Me levanto de la silla, dirigiéndome hacia él.
— En eso si te equivocas padre, lo que estamos formando es gracias a mi puto esfuerzo, no a costa de tu dinero — respondo tajante, pero serio —. Tú solo me estas pagando la universidad, lo cual agradezco y un día te devolveré el favor.
— ¿Cuándo? ¿Cuándo tu "compañía" dé frutos? — dice, haciendo énfasis en compañía — No te quieras parecer a...
— ¡Cállate! — grito. No quería ni siquiera tocar ese tema, el cual estuve evitando todo el rato en ésta ridícula cena — No digas su nombre...
— ¿Por qué Clarence? ¿Tienes miedo de lo que te voy a decir? ¿Tienes miedo que te diga y te confirme que fue tú culpa y la de William? ¿Eso quieres, por eso estos últimos dos años has estado ausente?
Tomé la copa vacía que yacía sobre la mesa, un horrible impulso hizo que la arrojara a la pared de enfrente. La adrenalina se apoderó de mí, yo no quería discutir, pero con él era inevitable no hacerlo. Sentí toda la sangre caliente recorrer por mis venas, los latidos de mi corazón parecían martillazos para romperlo en mil pedazos. No tenía el derecho de recordarme lo que ya sabía, no tenía el derecho de culparme por algo que ella quería.
Salí como alma que lleva el diablo de ahí.
— Clar... — apareció Rachel.
— ¡No Rachel, quedamos en algo! — respondí tajante. Pues en eso habíamos quedado.
Rachel asintió, y yo me fui de ahí. Saque las llaves de mi bolsillo, dirigiéndome a la salida.
— Clar, no puedes irte manejando así — Brad, quien viene detrás de mí, trata de detenerme. ¿Por qué ahora le importa tanto mi puta seguridad? —. Déjame llevarte a donde sea que vayas.
— ¿Ahora te importa Brad? No te importó ese día que todo pasó, ¿Y ahora vienes preocupado por mí?
Me burlé de sus palabras. Me subí a la motocicleta, puse el casco para después encenderla y dirigirme a la carretera...
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