La séptima luna

*

La primera vez que despertó la luna estaba posada encima de su cabeza. Emitía una luz tan brillante que la segó por un momento.

Trato de moverse pero sus manos estaban atadas a su espalda. Dolía sólo pensar en cambiar su posición. Trato de gritar pero su boca estaba amordazada. Volteó su mirada todo lo que pudo y vio el lugar donde estaba. Cuatro paredes la rodeaban, lo que debía ser el techo se encontraba esparcido en el suelo.

Fue entonces que lo vio. A un lado de la cama en la que estaba acostada. Una persona se sentaba en una silla a verla. No se movía, no hacía ruido alguno. Solo estaba ahí, observándola.

Después de lo que parecieron horas y cuando la luna se retiraba, la persona se acercó. Colocó algo sobre su nariz y ella durmió.

**

Despertó con la luz de la luna. La segunda que veía desde que estaba ahí. Se preguntaba si alguna persona estaría buscándola.

La presencia de alguien en la habitación la sobresaltó. El aire que corrió por el hueco del techo guió la atención a su cuerpo. Un vestido blanco la cubría. Hermosamente construido la hacía ver como una muñeca. Resaltaba la palidez de su piel y el rojo de su cabello.

La persona seguía ahí. Solo viéndola. Oculta por las sombras, no podía distinguir si era hombre o mujer. El miedo corría por su cuerpo. Cerca del amanecer un olor dulce lleno sus sentidos y la obscuridad la cubrió de nuevo.

***

Su tercera luna la despertó. Al abrir los ojos pudo ver la casi perfecta redondez de la luna. Ruidos atrajeron su atención a un lado del cuarto. La sombra que proporcionaba las paredes de la casa le dejo ver un par de ojos intensos. Brillaban con un toque de locura.

Esta vez se acercó en cuanto se percató que ella estaba despierta. Pudo saber en ese momento que era un hombre. Él vestía de negro y sus rasgos quedaban velados por la oscuridad.

Vendo los ojos de la chica. Comenzó a acariciarla. Si no fuera porque ella estaba atada y el que él la hubo secuestrado, ella diría que las caricias eran de amor y cariño.

Paso mucho tiempo, ella se durmió debido al cansancio y hambre.

****

La noche número cuatro la luna estaba cubierta de nubes. La lluvia azotaba su cuerpo, empapándolo por completo. Frío entumeció cada extremidad. Sus manos ahora se encontraban atadas a los doseles de la cama. Sus piernas atadas por los tobillos.

Él no estaba a la vista. Su boca se sentía irritada por la mordaza. La lluvia creció en intensidad, golpeando aún más su ahora delicado cuerpo. Aprovechando la ausencia de él, intento soltarse. En vano fueron sus intentos y solo consiguió lastimarse.

Agotada se quedó inmóvil, un calambre sacudió su estómago. El hambre la estaba haciendo sufrir, la lluvia se calmó tiempo después.

*****

La quinta noche llegó antes de lo esperado. Ella sentía mucho frío, su piel ardía. Él se enojó, grito. Al parecer la buscaban con mucho ahínco. Estaban cerca de encontrarlos.

Se acercó a la cama. Un golpe la desconcertó. A este le siguieron más, no podía gritar ni moverse, así que sólo se quedó ahí quieta y sintiendo cada golpe en su cuerpo.

Sintió sus costillas romperse, sus brazos y piernas ardían. Sus músculos protestaban. Más dolor invadió su cuerpo cuando él rompió su pierna. El dolor fue tanto que se desmayó.

******

Cuando despertó por sexta vez era de día, él hablaba en voz baja mientras limpiaba sus heridas. Decía que cada día estaban más cerca. Que si sino paraban ella tendría que irse antes. Con cuidado lavó cada golpe. Su vestido estaba manchado de sangre.

Ella lloraba, se sentía enferma y sabía que moriría su familia jamás dejarían de buscarla. Rezo para que la encontrarán antes de que fuera tarde.

Él tomó un cuchillo e hizo pequeños cortes en las muñecas y tobillos. El dolor aumento en su cuerpo. La noche llegó lentamente. Él había salido a investigar. La alimento un poco, algo de agua y un pan un poco duro.

Ella durmió irregularmente durante la noche y el día siguiente. Solo esperando a que él llegará con su sentencia.

*******

El cumplió con su palabra, el dolor de los cortes envolvía su cuerpo. Levantó la vista al cielo. Una hermosa luna brillaba en lo alto. Tan blanca y pura. Como una vez había estado el vestido que traía puesto.

El cuchillo entraba y salía de su cuerpo. La luz en sus ojos se iba apagando a cada momento.

Poco a poco la vida se escapaba de ella sin poder evitarlo. Antes de abandonar el mundo admiro la luna. La ultima que verían sus ojos...

Él la vio, acostada en la cama, con su vestido teñido de rojo. Resaltando completamente su cabello y piel de porcelana.

Ella había cumplido su función. Ya no la necesitaba. Había otra chica que estaba esperando su turno.

Vio cuando el brillo en sus ojos se apagó completamente. Ella ahora estaba con las demás.

Bien es fue todo. Anexo la canción que escuche al escribir la historia.
Espero les guste.

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