X. Distinto

—Sonic —le llamó con entusiasmo, pero éste no le prestó atención— Sonic, Sonic —le continuó llamando, corriendo detrás de él, logrando tocar su brazo.

—Amy, ¿Qué quieres? —se volteó con irritación ante su constante terquedad.

Ella no pudo evitar mantenerse paralizada ante la brusquedad empleada por su mejor amigo. Retrocedió un paso y frunció el ceño.

—¿Por qué me ignoras? Hace semanas que no me hablas —contestó con amargura, apretando los labios— Creí que querías tu espacio, pero, ya ha pasado mucho...

El cobalto chasqueó la lengua exasperado, volteándose completamente frente a ella.

—Escucha, Amy. Estoy feliz de que seamos amigos —inició, notando como sus palabras poco a poco iban afectando de manera negativa a la expresión de la eriza— Pero... considero que hay que abrir nuestros horizontes, yo tengo-

—¿Tienes novia? —interrumpió apresurada, detestaba cuando Sonic se enrollaba mucho en el tema.

—No, claro que no —negó rotundamente, apartando su mirada de sus ojos intentando esconder la verdadera razón de su aislamiento.

—¿Entonces? —imploró su sinceridad la eriza infatil, quien no entendía qué era lo que estaba pasando. El cobalto frente suyo suspiró y la observó afligido, frotando su brazo.

—Bueno, Amy... resulta que, hemos estado todos estos años juntos, solos tú y yo —Comenzó a decir, y si tuviese que admitirlo, la eriza rosa no podía ignorar esa pequeña punzada en el corazón que daba paso a lo que creía el erizo diría— y, bueno... 

—¡Sonic! —llamó una chillona voz, causando la atención de ambos erizos— ¿Vienes a jugar con nosotros o no? ¡te estamos esperando! —regañó, para volver al patio de juegos.

Nervioso, el mencionado se volteó hacia la eriza para verla cómo acumulaba lágrimas en sus cuencas.

—¿Tienes más amigos? —le preguntó, con una amarga sonrisa queriendo no verse patética

—Lo siento, Amy... —contestó, retrocediendo unos pasos— Fue bueno mientras duró... en serio, Perdón —Fue lo último que dijo, para voltear rápidamente y correr hacia un gran grupo de niños que lo esperaba.

Triste era que él bien sabía que ella no era buena haciendo amigos, y que ella sólo lo tenía a él. No pudo evitar derramar sus lágrimas cuando entendió que él en realidad no quería seguir siendo su amigo, ya no la quería incluir en su vida.

*

De todas las entretenciones que me podría permitir, estar sentado a mitad del pasillo siendo fulminado de forma amenazante por dos figuras femeninas definitivamente no es una de las mejores, pero qué puedo decir, era divertido.

—¿De qué te ríes? —Habló amenazante la eriza rosa, yo sólo agrandé mi sonrisa— ¿Me ves cara de payaso que te ríes tanto?

—Voy a ir a ver qué diablos le pasa al profesor que no llega —se interpuso Rouge, observando seriamente a Amy, quizás diciéndole "no vale la pena matarlo, tendrás problemas tú". De ahí, se marchó desapareciendo del pasillo.

Sólo estaba sentado en una de las butacas del pasillo frente a la eriza quien mantenía sus brazos cruzados, sin quitarme su mirada fulminante de encima. No me moví, ni tampoco emití palabra, sólo me quedé observándola fijamente admirando la hermosa chica en la que se había transformado a lo largo de los años.

Aquello que Amy siempre me sacaba en cara que le hice y que le causó daño, tal vez haya sido mi culpa, pero en realidad, era sólo un niño. ¿Debería sentirme culpable de lo que hice siendo un niño?

—¿Por qué me miras tanto? —rompió el silencio Amy, quien aún se mantenía plantada frente a mí.

—Porque estás en frente de mí —respondí burlón, bufó molesta y vi sus intenciones de moverse hacia quien sabe donde, y en cuanto movió sus piernas hacia mi lado derecho, le tomé de la muñeca reteniéndola— ¿No me dirás gracias? —Dije con descaro, esbozando una sonrisa.

—¿Gracias? ¿Qué se supone que tengo que agradecer? —me enfrentó, acercándose frente mío mientras aún la mantenía sujeta de la muñeca. Admito que temí por mi vida un momento— ¿A caso escuchas lo que está sucediendo dentro del salón? ¡Me humillaste frente a todos! —exclamó, y tal y como ella lo había planteado, podía escuchar como aún existía un griterío fantástico dentro del salón

—¡Te defendí! —contraargumenté

—¿A costa de qué?

—No quería que se volviera a dirigir a ti como un gusto raro —murmuré, desviando mi mirada avergonzado— porque tú no eres un gusto raro. Que me gustes no te hace el hazmerreír de los demás, yo no soy como ellos, Ames. —completé, atreviéndome a observarla otra vez.

Noté como sus facciones se suavizaron al escucharme, y su tenue sonrojo se hizo presente al fin. Con suavidad, con aún su muñeca apresada por mi mano, la jalé hacia mí obligándola a acercárceme de forma lenta. Cuando estuvo frente a mí, le abracé la cintura con mis ambas extremidades, imposibilitándole el escapar. Ella sólo posó sus manos sobre mi pecho y me desvió la mirada consumida por la vergüenza.

—¿Por qué sigues siendo tan jodidamente insistente? —Me cuestionó sonrojada, sin mirarme aún. Sonreí ante su notorio nerviosismo, y ladeé mi cabeza lo suficiente como para buscarle el rostro.

—Porque te gusta que lo sea —susurré, y noté como un escalofrío le recorría la espalda. Sonreí triunfante al darme cuenta que ella estaba desmoronando esa barrera que tenía puesta hace bastante.

Bufó y me observó con un mohín irritado, no le estaba haciendo gracia que la atrapase de esa manera a mitad del pasillo y que además, no parase de coquetearle ¿Pero qué puedo decir? Era divertido, y además, debo aprovechar que no me está golpeando.

—¿Sólo porque dices que me gusta? —inquirió manteniendo sus orbes esmeraldas sedientos de curiosidad posados sobre mí, su ceño levemente fruncido daba la señal de que no estaba bromeando, pero el notar cómo deslizaba sus manos de mi pecho a mis hombros sólo lograba distraerme de una forma no muy conveniente.

—No, no es sólo por eso —Corregí, acercándome a su rostro al punto en que nuestras narices rozaron— Es porque cometí una estupidez fuera de mi consciencia en el pasado, y quiero remediarlo —contesté, y noté como ella se sorprendía al respecto.

—¿Qué estás diciendo? —cuestionó notoriamente confundida, yo froté mi nariz con la suya

—Que te amo, Amy Rose —confesé, manteniendo firme mi mirada sobre ella. Deseaba transmitirle el hecho de que yo no estaba bromeando, en absoluto. Ella sólo se mantuvo con su boca medio abierta, observándome sorprendida, estática sobre su sitio en lo que intentaba analizar lo que le había dicho... supongo.— Por ti, soy capaz de hacer cualquier-

—Cállate —me interrumpió, pero sorprendentemente no me lo dijo en un tono brusco, u ofuscado. Más me sorprendió en que de forma inesperada, sus labios aprisionaron los míos y me llevaron al completo paraíso.

Tantos años esperando un beso así y por fin ocurría. Su tacto eran tan cálido y suave, mucho mejor de lo que imaginé. La abracé más firme de la cintura correspondiendo su beso y sentí cómo ella me abrazaba de forma completa el cuello, como si temiera volver a separarse de mí.

Nuestros labios encajaban tan perfectamente, era un rompecabezas que fue creado a unirse a la perfección por más que ladeásemos a lados contrarios nuestras cabezas.

Podía sentir como la sangre comenzaba a fluir por mis mejillas y no era por temor o vergüenza, era por el simple hecho de que sus besos eran fantásticos y me encantaban.

Se empezaron a escuchar pasos resonantes por el pasillo, y ante el primer indicio nos separamos inmediatamente (o, más bien, Amy con un empujón se separó de mí). Ella estaba allí dándome la espalda, seguro luego de éste episodio no se atrevería a verme a los ojos, tal vez porque si lo hiciera me besaría otra vez, o al menos, yo no dudaría en hacerlo.

Entonces aparecieron Rouge y el profesor, quien nos cuestionó qué era lo que había pasado para finalmente decir que su clase no se va a realizar.

Que gran aporte de profesor es.

*

Durante el transcurso del día, Amy no había vuelto a mirarme a la cara. Siempre enrojecía y volteaba el rostro con vergüenza como si yo fuese alguna clase de deformidad a la que no podría ni observar.

Ante sus reacciones comenzaba a cuestionarme si el hecho de que me haya besado habría sido un avance o un retroceso, donde esperaba que lo último fuese el de cero coma cero cero cero cero cero cero cero probabilidades de suceder.

Quizás está enloquecida por mi forma tan extraordinaria de besar, debe de sentirse humillada.

Estuvo dos clases completas sin intercambiar interacciones conmigo, incluso y después del almuerzo. Cuando la campana de fin del receso por fin sonó, no desaproveché la arriesgada idea de llevar a cabo mi plan de ir con Amy y hablar con ella.

Digo, ¡No puede simplemente besarme y dejar de hablarme! ¡Eso es jugar con mis sentimientos de forma muy cruel!

La multitud de estudiantes reunidos en un sólo pasillo para dirigirse al salón me daba una ventaja para pasar desapercibido en mi pronta conversación con la rosita, y en cuanto estuve detrás de ella, carraspeé.

—¿Y bien? ¿Ahora jugamos a que ya no nos conocemos? —comenté al aire, haciendo notar mi burla hacia su comportamiento.

Podía observar como ella me volteó a observar enrojecida, casi envuelta en sus propios nervios. Volvió la mirada hacia adelante simulando tranquilidad y contestó:

—Estaría bien que nos volviéramos unos desconocidos por hoy —dijo de vuelta, auch, realmente sentí un gran dolor en mi corazón.

En su despiste la agarré de los hombros obligándola a romper la caminata hacia nuestro salón, y aunque intentaba quejarse sin querer llamar la atención su fuerza contra la mía tenía una diferencia muy enorme.

La arrastré hasta detrás de la pared que rodeaba la cafetería, por donde estaban los armarios del conserje y todo lo demás que no es muy concurrido. Apenas la acorralé contra la pared, ella golpeó mis brazos alejándome.

—¿Qué mierda crees que haces? —me recriminó en un susurro, observándome con despecho.

—Tú no besas a alguien para después hacerte la desconocida —le recriminé, acercándome peligrosamente hacia ella, haciendo que volviese a apegarse a la pared, podía ver cómo se daba cuenta que no tenía escapatoria— mucho menos a mí...

—Yo... —Sus palabras se atascaron en su boca, presa del nerviosismo— Yo no quise... —su rostro enrojeció, sumida en la vergüenza, no podía sostenerme la mirada.

—¿Qué? ¿No quisiste besarme? —le interrogué, posicionando mis dos brazos a sus costados de la cabeza.

Sus ojos me observaban curiosa de mi siguiente movimiento, el calor que desprendía por su vergüenza no me colocaba las cosas más fáciles. Preso de la tentación me acerqué peligrosamente a su rostro, luchando ante el impulso de volver a besarla. Ella también lo sentía, observaba mis labios en cortos segundos, ella también lo quería.

Los movimientos nerviosos de sus labios intentando articular algo en su defensa sólo la delataban aún más. No fue bajo presión, estoy seguro que lo hizo por cuenta propia.

—¿Y bien? —volví a interrogar, ella apretó los labios— Si dices que fue obligado, vas a ser una grandísima mentirosa.

—No fue obligado —soltó entonces, más enrojecida que nunca— Sólo que me da vergüenza verte después de besarte, fue algo demasiado osado de mi parte.

—Pero Amy... —susurré, buscando con mi mano tomar su mentón, haciendo que dirija su mirada nuevamente a mí— Ese beso fue lo mejor que pudiste darme en todos estos años.

—¿Que mi amistad no te bastó? —Cuestionó con un rostro de incredulidad a mis palabras, ay no, la cagué de nuevo.

—No, no. Hablo de que después de... de todos estos años enamorado de ti- que me hayas besado es... —Su rostro expectante a las palabras que salían de mi boca me hacían colocarme más nervioso de lo normal. En una situación así, lo peor que puede hacer es hacerme esos cuestionamientos. Finalmente quien duda todo soy yo.

Amy se movía inquieta, notando cómo me observaba insistentemente, y para la situación en la que estábamos, quedarnos en silencio no era lo más cómodo.

Ella sólo me sonrió avergonzada, con sus mejillas decoradas por el tono rojo que hacía notar su vergüenza.

Ante la situación en la que estábamos, si ibamos a perder clases y nos iban a regañar al encontrarnos prefería hacer que el riesgo valiese la pena.

Me acerqué a ella tomando su rostro entre mis manos, y aún observando su expresión confundida, la besé sin pudor ni desespero.

Esperaba que me separara o que me golpeara por haberme acercado sin su consentimiento, pero en vez de eso sólo recibí su aceptación. Ella correspondía mis sentimientos tanto como yo las de ella.

Sentir sus labios junto a los míos fue una sensación igual de mágica y cálida como la primera vez. Sentí mi interior revoloteando sin control y el simple hecho de saber que estaba allí, con ella, ya me hacía perder la cabeza.

Supongo que es definitivo que a partir de ahora, las cosas serán bastante distintas.

¡hey lectores!

Al fin otro capítulo luego de meses sin actualizar este libro, lamento muchísimo la demora.

La verdad es que el rumbo del mismo ha estado un poco en duda en mi cabeza, me había quedado sin inspiración pero ahora les traigo el siguiente capitulo si que sí.

Como recompensa les traje un poquitín de romance Sonamy, ¿les gustó? (?)

En fin, espero que continúen pendientes al libro, nos vemos en el próximo capítulo.

Bye, bye. 🍒♡

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top