❇ Parte única ❇
JunMyeon acarició sus cabellos con nula rudeza, el cansancio de nueve horas continuas en el trabajo aún pesan en sus hombros y la planta de sus pies. Teme constantemente mirarse al espejo y encontrarse con que un día de estos uno de sus cabellos creció blanquecino a la edad de veintisiete años, y todo por la ineptitud de sus compañeros de planta que no pueden hacer el trabajo que les corresponde por cuenta propia, esto sumado al estrés de una jefa que parece acecharlo con decenas de invitaciones que a JunMyeon ya no se le ocurre cómo rechazar amablemente. La señora, casada y con dos hijos, pareció escuchar que se trataba de Kim JunMyeon, hijo de su ex compañero universitario con el que tuvo una aventura que terminó mal, y ahora que tenía el chance de acercarse con quizá qué intención, lo haría usando el camino más fácil.
Y es que sólo a él podría ocurrírsele estudiar economía como al maldito casanova de su padre.
—Él es el que te mencioné, ¿me estás escuchando? —JunMyeon volteó el rostro hacia MinHo, que le dio un par de golpecitos en el hombro y le escrutaba con el ceño ligeramente fruncido.
—Sí, te escucho —mintió—, ¿quién es ella? —señaló a la chica más próxima, intentando seguir el hilo de la conversación, su amigo bufó.
—¿Ella? No tengo idea —JunMyeon abrió su boca formando una pequeña «o» a la par que asentía, intentando disipar su pequeño error, MinHo volteó los ojos—. Si tanto te preocupa que la jefa te moleste ¿por qué no cambias de trabajo? Tu padre puede darte un buen puesto en otro lugar.
—¿Insinuas que me aproveche de mi posición?
—Sí —JunMyeon apretó la mandíbula, acelerando sus pasos como si el monosílabo recién oído fuera el peor insulto jamás inventado en la historia del mundo, pero bastó con que MinHo estirara uno de sus largos brazos para alcanzarlo—, no te pongas grave, no serías el primero ni el último en hacerlo.
—No, MinHo. Tengo mi orgullo y no quiero perderlo trabajando para mi padre.
MinHo se alzó de hombros, no insistiría con un tema que parecía arder tanto a su amigo, además, si él se iba entonces no tendría a quién molestar en el trabajo y eso sería algo triste, los días se volverían más lentos... JunMyeon era algo así como el alma de la oficina aunque no se diera cuenta.
Sin perder más el tiempo, MinHo tomó de un brazo a JunMyeon y lo guió donde una muchedumbre se formaba alrededor de un joven subido a una especie de escenario que arman de vez en cuando en lugares públicos como aquel. Era la primera vez, sin embargo, para el más bajo parándose a ver algo así de todas formas, asique sólo arrugó el entrecejo y formó un puchero casi imperceptible, curioso por lo que sea que fuera a presentarse allí.
Sin tardar mucho a los llamados que vitoreaban un tal «Oh Se Hun», un joven se presenta sobre el escenario, su vestimenta completamente negra, yendo desde una camisa arremangada a la altura de sus antebrazos, un pantalón ajustado a sus piernas y zapatos que terminaban en punta acentuaron la expectativa en JunMyeon. No parecía un cantante, aunque podría ser bailarín la ropa no era la adecuada y mucho menos el lugar, sabiendo que era un escenario improvisado cuyo soporte parecía apenas estable.
Entonces comenzó. El joven movió sus manos de forma confusa, sacando artilugios de sus mangas para luego hacerlos desaparecer de forma similar. A partir de entonces, JunMyeon no supo escuchar ni pensar en otra cosa que no fuese el joven de prendas sobrias cuyo nombre ya comenzaba a retumbar en su cabeza intermitentemente. Oh SeHun.
❇❇❇
—Kim-ssi, ¿aceptará cenar conmigo esta noche? —JunMyeon alzó la vista de sus asuntos para ver a su jefa sonriéndole con cordialidad mientras esperaba una respuesta por su parte. El chico sonrió apenas, hasta el momento no se le había ocurrido ninguna excusa y ya habían pasado cerca de quince segundos en silencio.
—¿Cenar? ¿Irá alguien más? —fingió inocencia, la misma que su jefa no creyó. —JunMyeon-ssi, lo recogeré al final de su turno. Buenas tardes.
La mujer se retiró haciendo eco con sus pasos firmes y tacones de diseñador. JunMyeon sólo soltó un suspiro con decepción, al parecer, aquella tarde no podría ver el espectáculo de SeHun como se le había hecho costumbre las últimas semanas. No sabía por qué, pero era casi la única rutina que le gustaba desde que había salido del vientre de su madre.
Y ahora no podría verlo. No le interesaba si sonaba gay, extraño o lo que fuese, JunMyeon no creía en la magia, pero las ilusiones eran bonitas mientras sólo fuesen parte de un espectáculo. El sólo hecho de que denominaran «magia» a un par de trucos ópticos era una perfecta ilusión.
Bajó su mirada hasta sus manos, algunas yemas de sus dedos manchadas con tinta azul, y bajo ellas un par de páginas llenas de gráficos y cifras. Todo era tan real, tan tangible, tan seguro que recibir aquella invitación de una ex amante de su padre era como trizar su vida, pero si seguía posponiendo el asunto entonces podría empeorar como todo empeora en los libros, las películas y las series. Y su vida no podía ser un cliché que siguiese algún tópico, no, sólo algo normal y fácil de sobrellevar. Para JunMyeon, la diferencia es bastante grande.
❇❇❇
Era lo suficientemente extraño ir a cenar en el mismo vehículo que su jefa, sin embargo, la mayor parecía esforzarse en hacerlo cada vez más y más incómodo, pues en vez de ir a un restaurante como lo haría cualquier persona, condujo su auto a una casa gigantesca que presumía su buena posición social. JunMyeon no tenía que ser un genio para adivinar que se trataba de la morada de la mujer, y por todas las divinidades existentes, rogaba que esa mujer no tuviera otras intenciones con él porque no sabría cómo jodidos librarse cuando prácticamente estaba entrando a la boca del lobo.
Al entrar, la mujer ordenó un par de cosas a su empleada y luego se dirigió a su oficina, dejando a JunMyeon en la libertad de sentarse, pedir un aperitivo, ir al baño o dejar donde quisiera su terno en eso que ella volvía de hacer una llamada.
JunMyeon se sorprendió cuando la mujer volvió con el cabello amarrado en una descuidada coleta, sus prendas formales se habían transformado en un vestido holgado y sus usuales facciones severas parecían mucho más relajadas. Era una mujer completamente diferente. Más hermosa, más humana, más cálida y accesible.
—Espero que no te ofenda mi apariencia, pero es mi casa y creo que prefiero estar más cómoda —JunMyeon se atrevió a sonreír por primera vez desde que salió de la oficina. Sin preocuparse más, simplemente la siguió hacia el comedor.
—Lamento preguntar esto, pero no entiendo por qué... —no sabía continuar su cuestión, a decir verdad, quería la razón de muchas cosas y le costaba elegir la primera pregunta. La mujer sonrió, entendiendo de inmediato.
—En la universidad salí con tu padre, ya lo sabes, JunMyeon-ssi —el joven asintió, intentando rehuir de la mirada de la mujer que a ratos volvía a endurecerse como un glaciar—. Bueno, en esa época también era muy amiga de tu madre, supongo que no sabías eso.
—No tenía idea.
—Me llevó mucho tiempo perdonar el que tu padre me abandonara por ella, ahora, viendo que mi mejor empleado es la mezcla perfecta de ambos, sólo puedo sentirme feliz por tu familia. Debe ser incómodo para ti, lo siento, pero no quería llevar este tema en la oficina. Son cosas diferentes —JunMyeon asintió, quizás más calmado o más curioso— ¿Podrías darme el número de tu madre? Quiero volver a hablar con ella, la extraño y ya estoy vieja para seguir con dramas tontos —ella rió, llevando un mechón que se había soltado de su cabello detrás de su oreja. Parecía avergonzada, pero a JunMyeon sólo le bastó eso para que su corazón se ablandara.
Entonces asintió un par de veces, prometiéndole a la mayor que apenas terminaran de cenar, tendría el número de su vieja amiga.
En ese momento, la puerta se abrió, llamando la atención de ambos en su dirección. Ella se levantó para saludar al joven de ropas oscuras y mangas arremangadas por sus antebrazos, JunMyeon lo miró con un vuelco en el estómago que no pensó que sentiría jamás por nadie.
—JunMyeon-ssi, éste es mi hijo, Oh SeHun. Es dos años más joven que tú, acaba de salir de la universidad —ella vio el rostro confuso de su empleado, sonriendo de inmediato—. Yo mantuve mi apellido de soltera, por mi trabajo.
Pero eso a él no le importaba. Tenía a SeHun frente a sí y no haciendo un espectáculo de magia.
—Asique estabas acá, por eso no me fuiste a ver —JunMyeon pestañeó un par de veces, no esperaba que las primeras palabras que SeHun le decía fueran tales. La señora alternó su mirada entre ambos chicos, pero en cuanto abrió la boca para decir algo, la sirvienta apareció indicando que comenzaría a servir los platos.
La conversación sobre la mesa se mantuvo desviada de cualquier show de magia o futuro reencuentro. JunMyeon se preguntaba si sentirse bien de ser reconocido por el chico o simplemente seguir desconcertado. Aún así, se las arregló para mantenerse pendiente de la conversación y terminar con su dignidad intacta la comida.
Eso hasta que SeHun se ofreció a llevarlo.
Ese fue el comienzo de lo que no quería que pasara.
❇❇❇
SeHun:
Pasaré por ti a las cinco.
Salgo a las seis.
SeHun:
Dije cinco. [1]
—Su hijo me está estresando más que el trabajo —le mostró la pantalla a su jefa, quien no tardó en leer y sonreír.
—Nunca se interesa por nada, has llamado su atención y yo no seré la que rompa su ilusión... Si no quieres verlo sólo díselo, no te despediré por caprichos de él.
—Salgo a las seis —repitió como si ella perdiera el norte del real problema allí, entonces la mujer volvió a sus papeles.
—Bueno, siempre terminas antes. Es cosa de ustedes.
JunMyeon rodó los ojos y se fue a su oficina. Hablar con SeHun no era problema, el problema era su existencia de por sí.
Era un chico sin interés ni ambición, con suerte terminó su carrera universitaria sólo para tener algo que lo respalde. La magia e ilusiones fueron lo único que estimularon su monótona infancia y, ahora que podía, había tomado un año de libertinaje para poder mostrar sus trucos antes de entrar al mundo laboral. Le gustaba la magia, le gustaba que otros lo vieran hacerla y también le gustaba la cara que JunMyeon ponía cada vez que lo veía, como intentando desarmarlo, descifrar cada uno de sus trucos sin preguntar cómo. Le gustaba que JunMyeon se interesara tanto por la magia a pesar de que no era de la misma forma que él.
Sin darse cuenta, trabajó sin descanso hasta que dieron las cinco. Su trabajo terminado, y él mirando la pantalla de su celular como si esperara algo... claro que lo esperaba.
SeHun:
Estoy afuera.
¿Y?
SeHun:
Ven. Quiero verte. [1]
Sin más, tomó su chaqueta y cerró su oficina para salir. Podía negárselo a todo el mundo, pero no podía engañarse a sí mismo. Tras tres meses en contacto con SeHun, había descubierto que no importaba cuánto lo hiciera enfadar, Oh era un muchacho divertido, con dejes infantiles, una risa contagiosa y comentarios con una acidez que a veces odiaba tanto como adoraba. Y era loco cómo ponía todo de cabeza, lo confundía. Un día parecía ser tan tranquilo mientras que otros era espontáneo, a veces se asociaba al negro, otras al blanco. Y JunMyeon siempre era el mismo, él no cambiaba ni tenía nada que enseñar. Siempre era el espectador... y le gustaba no tener que participar en esa ilusión.
—Son las cinco ocho, ¿te demoras ocho minutos en el ascensor?
—Lamento no saber teletransportarme.
—Tampoco sabes volar ni has entrenado una súper velocidad, pero supongo que puedo perdonarte.
—¿Qué quieres? —SeHun enseñó el auto en donde estaba apoyado, abrió la puerta e hizo un ademán que le dejó más que claro sus intenciones.
Y aunque JunMyeon rodó los ojos y lo maldijo lo suficientemente alto como para que entendiera que no siempre saldría temprano del trabajo por él, entró al vehículo siendo coreado por las risillas del menor que le sacaba al menos unos diez centímetros. Y ahí estaba de nuevo, la incomodidad, la expectación, el no saber con qué locura saldría esta vez el menor y qué haría él para evadirlo porque no, no quería seguir siendo parte de su vida. No quería creer que esa ilusión ya estaba consumiéndolo, estaba arrastrándolo, confundiéndolo. JunMyeon tenía miedo de un día darse cuenta que ya no sabía dónde estaba su cordura, ni en qué mundo estaba.
—Vamos a la playa —y ahí estaba de nuevo, desvariando.
—No, no vamos a ir.
SeHun rió y sin decir nada, sólo condujo hasta un estacionamiento bastante cerca del río Han, era el mirador más improvisado de la historia, pero JunMyeon no se quejaría cuando el atardecer ya los envolvía y las luces comenzaron a tintinear frente a sus ojos.
—JunMyeo-hyung, iré a trabajar a Canadá. La próxima semana —El aludido se volteó sin perderse ningún gesto en el menor, quería descifrar qué tan real eran sus palabras, desafortunadamente, era demasiado honesto.
—¿Tan de repente?
—Ya se cumplió mi año de flojera, aún así, no quiero trabajar acá... Iré allá y quizás siga viajando si tengo oportunidad en un futuro.
—Bueno, felicidades.
JunMyeon salió del auto y dio un portazo a la puerta de copiloto. No necesitaba decir nada, porque sabía que ese idiota le gustaba demasiado y aún así, quería rehuir de su existencia. Se había jurado que no caería, pero esa simple noticia le hizo abrir los ojos de la forma más cruel, entonces supo que todos en ese asqueroso mundo eran tan grises y normales en comparación a SeHun. Eran aburridos, sin brillo ni color.
SeHun era el único.
Él era el único que le hacía creer que perder en las cadenas que lo amarraban a su bien cimentada vida sería algo bueno. Era el único que le hacía pensar que querer a otro hombre de esa forma estaba bien.
—JunMyeon-hyung —ignoró por tercera vez su llamado, se había alejado lo suficiente del auto pero ese chico lo seguía persiguiendo y no le dejaba ahogarse en sus pensamientos.
Entonces vio la figura de Oh correr a su lado y pararse apenas un paso frente a él, JunMyeon no supo reaccionar a tiempo para detenerse evitando así el choque con el torso ajeno. SeHun lo aferró a su cuerpo, y no importó si Kim hizo fuerza o lograba alejarse porque de inmediato el menor volvía a apretujarlo entre sus largos brazos. JunMyeon gruñó, dándole uno que otro golpe para que lo suelte, y sin pena por las quejas que soltaba SeHun, seguía luchando por su espacio, por recuperar el aire... por volver a la realidad.
Alzó la mirada para amenazar y maldecir con cualquier veneno a SeHun, pero en cambio, sólo vio sus labios acercarse peligrosamente a los propios.
Y pudo separarse, pudo alejarlo o incluso darle un cabezazo en su nariz y romperla porque harta falta le hacía... pero prefirió cerrar sus ojos gradualmente aceptando el tacto.
La calidez, la humedad de sus labios entrelazándose con los de SeHun. Ese tacto desesperado por acercarse más a él, por que sus manos se amarraran por siempre a la cintura de SeHun y los brazos de éste no dejaran de sostener su espalda, de acariciar su mentón como lo hacía y de delinear con sus dedos parte de su mandíbula.
Se sentía bien incluso hasta cuando se separaron y sus ojos volvieron a encontrarse, encontrando el reflejo de las luces de la ciudad en sus pupilas. JunMyeon entendió que ninguno tenía que decir nada más luego de que el truco había acabado.
No tenía que decir nada luego de que la ilusión se rompió.
❇❇❇
—JunMyeon-ah, te llegó una encomienda —el aludido alzó su mirada cuando la secretaria irrumpió en su oficina. Había pasado cerca de un mes desde que no veía a SeHun y todo parecía tan falso. Como un sueño ridículo.
—Gracias, déjalo acá —ofreció su escritorio en donde la chica dejó el sobre y se marchó con una sonrisa. La curiosidad era grande, pero lo terminó por consumir cuando vio el sello de correo internacional.
Sin más, dejó atrás lo que hacía y abrió el sobre, encontrándose con una carta que con suerte albergaba unas palabras en su primera página que profesaba un vago «¿Has visitado Canadá antes? Creo que gano más que tú y quiero verte sin perder mi trabajo». Anexado, un pasaje para esa misma noche a Canadá. Si quería llegar a tiempo al aeropuerto...
debía salir a las cinco.
¿Quién sabía? Quizás SeHun sí era mágico. Para hacer calzar la realidad a sus malditos caprichos, no había otra explicación.
♡♡♡
Nada que decir aparte de que lo Shawol me salió del alma y tenía que meter a MinHo aquí. kjlgdkj
Espero que les guste a pesar de que sufrí escribiendo SeHo ;;
Disfruten del resto de los retos. Besos.
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