un: edén.


tw: safe, vainilla, mommy kink.

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El interior de Chaeyoung es cálido.

El dedo índice de Sana entró apenas y la castaña ya estaba suspirando mientras sentía su falange aventurarse en el interior de la rubia, moviéndose lento, acariciando las paredes húmedas y suaves de su amor.

La cadera de la rubia se meneó un poco, pero la mano venosa de Sana la detuvo un poco, acariciando el muslo con una pequeña cicatriz de Chaeyoung, y relamió sus labios al mismo tiempo que aventuraba otro dedo dentro. Lo acomodó un poco, antes de meter el dedo medio, Sana juntó sus dedos y tentó la entrada con el que apenas iba a meter, haciendo a la otra gemir bajo, pero también aliviada, mientras sus pequeñas manos apretaban entre ellas la sábana blanca.

Sus dedos apretaron la tela, sus ojos se cerraron, y soltó un pequeño gemido.

Un gemido tan dulce y suave como la vainilla, haciendo a la más alta alzar sus cejas y fruncir el ceño un poco, relamiendo de nuevo sus labios, jurando que en ese momento estaban increíblemente hinchados. Ahora su vista se apresuró a apreciar cómo tenía a la dulce rubia, sobre sus rodillas, inclinada a ella, y la vista hermosa de su espalda desnuda atravesó sus ojos, por lo que Sana se tentó.

Sacó un poco sus dedos para llevarlos al hinchado clítoris de la menor, para ella, llevar sus labios a la espalda lechosa y suave de su amor, donde besó, lamió, y después de jugar con sus dientes, mordió un poco, bajando, subiendo, besando. Los dulces infiernos que dejaron sus labios fueron suficientes para que Chaeyoung, junto a las caricias en su nervio, fuera un sinsentido en cuerpo y palabras.

Comenzó a balbucear mientras sentía los dedos suaves de su amor ir en un ritmo medio, acariciando de arriba a abajo y de vez en cuando llevaba el pulgar para apretarlo entre dedos. Como también ella misma se puso en sus rodillas, llevando su otra mano primero a sus pechos, donde acarició el pezón con sus propios dedos, acariciando la areola y después apretándola entre ellos, sacando otro gemido.

Después su mano bajó a su abdomen, acarició, pero después llegó a su entrepierna, donde de nuevo, acarició.

Las caricias son tiernas, las caricias tienen que ser una caricia al alma y al corazón, como son el propio significado de cuidado, amor y cariño, y Chaeyoung lo siente. Lleva su cadera para atrás, topando con el cuerpo de Sana, como también se remueve un poco al sentir que la mayor llevó sus dos manos a su clítoris, donde jaló un poco arriba, y un dedo fue a su entrada donde se empapó de fluidos para subir y acariciar el nervio.

En pocas palabras, dejó expuesto su nervio a su merced, y la castaña comenzó a tentar con cuidado con su dedo medio, donde, después de empaparlo en fluidos que ya chorreaban sus piernas, lo llevó de nuevo ahí, donde cuidó, amó, y demostró cariño.

Cuando hace eso, procura no hacerlo rudo ya que no quiere hacerle daño, no quiere ser brusca, por eso lo hace con un dedo empapado.

A lo mejor por eso, Sana ahora empapó su dedo índice, pero fue para otra cosa.

Después de llevar su boca a la oreja de Chaeyoung para morderla y acariciarla con su lengua, suspirar en ella para generar escalofríos en la menor, pero que no sienta que de nuevo ha metido sus dedos en ella y la mano que jalaba, ahora es la que acaricia con cuidado el clítoris.

Y, oh sí, eso hace aún más débil a una sumisa rubia que aprieta más entre sus manos las sábanas blancas y retrocede un poco su cadera, después de soltar un "Oh, Dios" entre gemidos, los saca cada vez más fuertes.

El sonido de la humedad, de los falanges entrando y saliendo de ella, del mismo modo que los sentía moverse dentro para sentir fuego en sí misma, en sentir las gotas de sudor caer de su frente a la cama y donde cerró sus ojos.

Sí, ahí iba.

Chaeyoung cerró sus ojos, alzó sus cejas y pegó aún más su cuerpo al de la castaña que jadeaba, acercándose al cuerpo de la otra para escuchar mejor sus gemidos, asintiendo, manteniendo esa velocidad al mismo tiempo que sentía que la coreana hacía la misma acción.

Asentir, aprobar.

Aprobación. Una gota recorrió toda la frente de Sana para caer en el omóplato de Chaeyoung que sintió su mundo del revés, volverse a acomodar, y de nuevo, revés.

Torció sus ojos mientras retrocedía más, gemía, los ahogaba, y apretaba más la sábana entre sus dedos.

La sensación en su estómago era más, en su cabeza mil veces más. Su boca abierta, sus labios hinchados de tanto morderlos, rojitos.

Sentir el cuidado de Sana en ella, sentir los cuidados en su zona baja, pero no parar, como sintió sus piernas débiles y temblar. La rubia se quedó así un minuto, todavía aguantando la respiración para después soltarla.

La espalda de la rubia estaba arqueada, sus hombros en su posición, y sentía su vientre tocar y rozar las sábanas puras. Chaeyoung volteó, alzando su vista por sus hombros, con sus ojitos cansados, su nariz, mejillas y orejas sonrojadas, junto a sus labios hinchados, haciendo a Sana suspirar y sonreír.

La mayor relamió sus labios, sonriendo, alzando sus cejas al notar que la menor bajó su mirada a sus pantalones y notó una mirada.

Rió. La ceja alzada de Chaeyoung preguntó, y la mirada culpable de ana fue la que asintió.

Sus pantalones con una pequeña mancha húmeda en ellos, la castaña había llegado sólo viéndola y haberla sentido por dentro. La rubia se acostó sobre su espalda, subiendo su cabeza, abriendo un poco sus piernas, viendo que Sana apreciaba su cuerpo desnudo todavía, su cuerpo desnudo, lechoso, con la piel tan suave, tentadora.

En realidad lo que hizo la japonesa después fue estar entre sus piernas para abrazarla, suspirando cansada.

Chaeyoung lo hizo también, riendo, relamiendo sus labios tentadores a la vista de la castaña.

Porque sí.

El dulce, tierno, pero al mismo ardiente cuerpo de Chaeyoung se sentía como un dulce paraíso.

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