15


El arrancar de un coche y voces de gente, fue lo que la despertó. Tardó un poco en desperezarse y acordarse de que Bendelin se marchaba de viaje. Salió corriendo a la ventana y vio como Helen y Pedro hablaban con él. Las maletas se encontraban en el suelo al lado del coche... Subiría a despedirse o tal vez, el beso de la noche fue su despedida.

No sabía que hacer, si bajar y despedirse o quedarse allí viendo como se marchaba. A lo mejor se enfadaba si la veía levantada de la cama, por que tan solo eran las siete de la mañana. Pero es que le gustaría mucho hablar un momento con él, antes de que desapareciera durante casi un mes.

Pedro cogió las maletas y las introdujo en el coche, para acercarse después a Bendelin y estrecharle la mano. En cambio Helen lo abrazo mientras le decía algunas cosas... Parecían sus padres, pero era normal ya que lo cuidaban desde que era apenas un bebé. El matrimonio acabó de despedirse y entraron en la casa cuando Bendelin abría la puerta del coche, pero antes de entrar éste se detuvo un momento y miró hacia la ventana de su habitación pillándola por sorpresa y haciendo que diera un salto hacia atrás alejándose de la ventana para que no la viera allí. Pero sabía que había sido demasiado tarde por que él la había visto ya que había aparecido una sonrisa en sus labios. Volvió acercarse con un poco de temor y se lo encontró allí de pie mirando hacia ella con seriedad. Sus ojos se encontraron. Luego él levantó la mano como saludo y entró en el coche alejándose de allí.

Una vez más, había parecido una niña tonta al apartarse de la ventana como si hubiera hecho algo malo. Le había gustado despertarse y ver como se marchaba. Por su mirada quería pensar que Bendelin no había subido ha despedirse, para no molestarla tan temprano.

Lo iba ha echar de menos al quedarse sola en la gran casa. Al menos como distracción tenía su trabajo y los escritos de E. K., que tenía que entregar para los meses siguientes. Solo esperaba que Bendelin no les hubiera dado órdenes estrictas a Helen y Pedro y que no la dejaran salir de la casa, sino iba a tener un mes muy aburrido.

Decidió arreglarse para bajar a desayunar y trabajar un poco en el despacho, antes de que viniera Laura a visitarla.

Bendelin aparcaba el coche en el aparcamiento de aeropuerto con una gran sonrisa en los labios. A las seis de la mañana había entrado sin hacer ruido, en la habitación de Leslie. La joven se encontraba durmiendo abrazada a la almohada con una sonrisa en los labios... Estaba preciosa. Y después antes de entrar en el coche, algo le había hecho mirar arriba y se había llevado una sorpresa grata al encontrársela allí mirándolo ha hurtadillas. Había sentido un gran vacío al tener que dejarla allí sola...

Se encontraba leyendo el periódico en la sala de espera, mientras esperaba a que llamaran los pasajeros del vuelo dirección a España, cuando una mujer se sentó a su lado y se abrazó a su brazo dándole un pequeño susto.

¡Mierda! Qué hacía allí Verónica. Aquello le indicaba que si iba también a España iba a tener una estancia un poco agobiante. Seguro que su padre había comentado alguna cosa de aquel viaje y ella al saber que él iba, decidió ir para acompañar a su padre. Esperaba que no le trajera ningún problema ...

-¡Bendelin cariño qué haces aquí! -dijo mientras se acercaba más a él, aplastando sus senos contra su brazo y agarrándole la cara con sus manos llenas de pulseras de oro y las uñas largas y pintadas de color rojo, le plantó un beso en los labios. Consiguiendo que le entraran ganas de levantarse y dejarla allí plantada antes de decirle un par de cosillas, pero tenía que aguantarse y ir aquella reunión.

-Tú sabes perfectamente que es lo que hago aquí -soltó en un gruñido.

-¿Te ocurre alguna cosa? -preguntó al ver en la forma en que le contestó.

-No, qué me iba ha ocurrir -le contestó en un tono desdeñoso-. -¿Y tu padre?

-Ahora viene -contestó mientras se arrimaba más a él y lo ahogaba con el olor del fuerte perfume que llevaba-. Ha ido un momento al servicio. ¿Te vas alojar en el hotel, en donde se efectuará la conferencia?

-Que remedio -respondió cada vez con un tono más mal humorado, al pensar que tendría que estar soportándola durante las tres semanas siguientes-. Tu padre quiso hacer la reserva por mí...

-Que bien, por que es uno de los mejores hoteles y estaremos juntos -sonrió 'maliciosamente, mientras con un dedo le recorría el brazo desde el hombro a la muñeca produciéndole un escalofrío en la columna vertebral-. Podremos cenar juntos y...

-Ahí viene tu padre, y creo que serla adecuado que tu comportamiento fuera el de una dama -la cogió por las muñecas y se la apartó en un gesto brusco-. Así que quítate de encima de mí que...

-Entiendo cariño -sonrió nuevamente- Hay que guardar las apariencias delante de que...

-No, Verónica -empezó ha decir pero llegó Adam interrumpiéndolo.

-Buenos días Bendelin -le estrechó la mano, para sentarse luego a su lado izquierdo-.preparado para un largo viaje en el avión.

-Se hará lo que se pueda. Adam -contestó en tono irónico sacándole una sonrisa al hombre mayor.

-Vaya, veo que no tienes muchas ganas de viajar -sugirió en sonrisa torcida.

-No me lo creo -intervino la mujer-, a Bendelin siempre le ha encantado viajar en viajes de negocios por que son su vida, bueno no quiero decir que no viva por nada más ... -dijo las últimas palabras en tono de niña tonta y mimada, algo que Bendelin no podía soportar.

-¿Quién sabe, pueda que tenga ha alguien en tierra que no quiera abandonar? -sugirió Adam.

-Qué Bendelin tiene ha alguien -Dijo un tanto molesta la joven-. Es algo que no creo, pues Bendelin es un hombre al que le gusta mucho su soltería.

-Bueno, ahora que sacas el tema Adam -empezó a decir un poco perezoso y mirando a la mujer, por que sabría que aquello sería un gran alivio para él pero una molestia para ella por que no paraba de presumir con sus familiares y amigas de que algún día se iba a casar con él-. Tengo una gran sorpresa que todavía no te he contado y que no sabe mucha gente...

-Dime, dime... -inquirió el hombre mayor muy interesado y Verónica, la cual escuchaba con una sonrisa en sus labios pensándose que Bendelin iba a decir las palabras que tanto había deseado escuchar.

-Pues que tienes razón, tengo a una persona en tierra a la que no quiero abandonar -los ojos de la joven empezaron a ensombrecerse de rabia-. Verás, resulta que me casé no hará mucho y ahora mismo mi mujer y yo estamos esperando un bebé.

-¡Qué estás casado! -gritaron Adam y Verónica a la vez, sin acabar de creerse lo que Bendelin les acababa de decir.

-Sí -respondió muy orgulloso.

-Pues mi enhorabuena hijo -sonrió el hombre y le estrechó la mano-. Pero una cosa así se dice para poder celebrarlo -le riñó cariñosamente,

-Es que quedamos que todo fuera más tranquilo e intimo. -Entiendo -sonrió-. ¿Y quién es tu querida y misteriosa esposa? -Pues es la hija de Henry Mckendricks...

-Te has casado con Leslie Mckendricks... -Adam no acababa de creérselo- Pues te has llevado ha un trozo de pan, según me cuenta su padre por que yo no la conozco.

-Has dado en el clavo.

-Verónica hija, no te he escuchado felicitar a Bendelin por su matrimonio.

-Y no pienso hacerlo, por que creo que ha sido todo un error -se levantó enfadada-. Creo que dentro de muy poco, verás cómo ha sido un error y que echaras de menos tu vida de soltero, por que si mal no recuerdo Bendelin eres un hombre mujeriego...

-Ya estás retirando lo que has dicho, Verónica -dijo Adam en tono serio sin levantar para nada la voz.

-No padre -le contradijo con orgullo-. Y si me permitís, voy un momento al servicio.

-Perdónala Ben -pidió el hombre muy avergonzado-. No sé que es lo que voy hacer con ésta hija mía.

-Tranquilo no ocurre nada -dijo sinceramente.

-Y sé que no eres ningún mujeriego -lo miró un momento a los ojos-. No te preocupes si tu mujer te quiere, no hará ningún caso a lo que se dice en las revistas del corazón de ti.

-Lo sé -mintió. Leslie creía todo lo que las revistas decían de él, sin no por que le llamaba playboy... Esperaba volver pronto antes del viaje y arreglar todo con ella. Soltó un gran suspiro por todas sus preocupaciones...

Acababa de entregarle a Pedro un sobre para que lo echara al correo con dos escritos de E. K... Estaba aburrida. El matrimonio no la dejaba salir de la casa para nada, eran órdenes de Bendelin tal como les había dicho él. Suspiró. Pues volvería a leer un poco más, por que no tenía nada que hacer hasta dentro de un rato que sería la hora de comer.

Cerca de las dos de la tarde llamaron a la puerta. Como se encontraba cerca de ésta, le gritó a Helen que se encontraba en la cocina de que ya iba ella abrir. Soltó una gran exclamación de alegría al hallarse en la puerta su amiga Laura con un perro de peluche bien grande. Se lanzó a ella abrazándola y dándole besos en las mejillas por el tiempo que hacía que no la veía, más o menos desde el día que estuvo en su casa la madre de Bendelin.

Le dijo a Helen que se quedaría su amiga a comer con ella y bien contentas corrieron las dos al dormitorio hablar. Y como no, el tema principal eran ella y Bendelin.

-¿Y bien cómo te encuentras? -la miró a la cara, mientras se sentaba con ella en la cama y abrazaba el cojín contra su pecho.

-Ya me encuentro mucho mejor -le respondió, recostándose contra el cabecero y abrazando el peluche enorme que le había regalado.

-¿Pero qué fue lo que ocurrió para que salieras con aquel tiempo?

-Que fui una tonta, Laura -agachó la mirada y acarició el lazo que tenía el peluche atado al cuello.

-Eso ya lo sé yo desde que te conozco -bromeó para intentar que sonriera y lo consiguió.

-Muy graciosa -dijo entre risas y sacándole la lengua-. Es solo que ocurrió algo que no debía de haber ocurrido... Y ahora, al encontrarme viviendo aquí él ha llegado a darse cuenta de mis sentimientos hacia él. Lo sabe todo, Laura -dijo en un sollozo.

-¿Segura?

-Sí, estoy segura que sabe que lo amo... No tenía que haberlo besado de aquella manera, ni acariciar su pecho...

-Para un poco, guapa -la interrumpió su amiga-. Una cosa es que me expliques lo que ocurrió, pero que tampoco lo hagas con pelos y señales por favor que una no tiene pareja y...

-No me hagas reír quieres -dijo contenta ante los comentarios de su amiga-. ¿Qué hago Laura?

-Lo quieres verdad -afirmó su amiga. -Sí, pero él no.

-Pues yo no sé que decirte la verdad, por que para mí que sí que te quiere saibó que ~c sabe como decírtelo por que como no lo tratas nada bien...

-Oye, no es que se pueda decir que él me hubiese tratado como una rosa delicada -se quejó.

-Vamos Leslie, que tampoco es para quejarse... -unos golpes en la puerta pararon a conversación. Era Helen que les avisaba de que la comida ya estaba lista, y que podían comer cuando quisieran.

Se encontraban a mitad de las escaleras cuando Laura se paró un momento y miró a su alrededor.

-Oye, por que no me enseñas en un momento la habitación del bebé que ha arreglado María y las otras habitaciones que se han retocado. Por que supongo que al no haber aquí olor de pintura, es que no se ha tocado nada...

Aquello hizo que Leslie se quedara clavada en mitad de las escaleras. ¡Pero cómo había podido ser tan idiota de no acordarse en ir a ver la habitación del bebé! Y la verdad, de lo poco que se había movido en la casa no había visto que hubiera alguna cosa que señalara que había habido obras durante el tiempo que Bendelin había estado en su casa. Y tendrían que verse rastros, por que no habían sido muchos los días... A lo mejor, Los habían retirado mientras ella estaba encerrada en el dormitorio durmiendo. Aquello era muy extraño.

-Vale, por que si te digo la verdad todavía no la he visto -dijo sonriendo y volviendo a subir las escaleras con Laura detrás de ella.

Bueno por donde empezaban a mirar, soltó un suspiro. En aquella casa había muchas habitaciones, y la verdad todavía no había entrado en todas. Se encontraban paradas en mitad del pasillo, pudiendo escoger ir hacia la derecha o a la izquierda. Decidió empezar por la izquierda, que era en donde había más dormitorios y en donde estaba el principal de todos el de Bendelin. En el fondo del pasillo se encontraban dos puertas al lado del dormitorio de él. Soltaron una exclamación al encontrarse en el cuarto montones de juguetes para niños hasta los diez años aproximadamente. Todos eran nuevos.

-Vaya -silbó Laura-, Veo que tu suegra tiene muchas ganas de tener un nieto...

Leslie no dijo nada. Entró en la habitación y empezó a mirar todos los juguetes, viendo que muchos de ellos no eran nuevos... Aquello significaba que eran de Bendelin. Notó una punzada extraña en el estómago. Era una cosa preciosa el que hubieran hecho aquello, pero sonrió al pensar que por lo visto la madre de Bendelin quería tener más de un nieto por la gran cantidad de juguetes nuevos que había. Miró a su alrededor y pudo ver que habían empapelado las paredes en un tono amarillo pastel con sane fas de osos. Estaba todo muy precioso...

-Tiene un gusto realmente admirable -reconoció en voz alta.

-No te contradigo para nada -contestó Laura-, Vamos, tengo muchas ganas de saber si todas las habitaciones estarán así de preciosas.

En la habitación que había enfrente a Leslie se le cayó el alma a los pies. Era el cuarto del bebé. Con las paredes habían hecho lo mismo que en el cuarto de jugar, por que como todavía no sabían qué iba a ser y el amarillo era para los dos sexos. Pero no solo era el hecho de las paredes, era toda la habitación al completo. Aquel cuarto no era para un bebé, sino para un niño de siete u ocho años, por lo menos. Tenía un gran armario, que iba a conjunto con la gran cama y el escritorio. En el techo habían colocado móviles de aviones, ositos... También había dos estanterías grandes repletas de libros hasta los trece años. ¿Pero qué era aquello? Y en un lado, tapados con un plástico se encontraban la cuna y la bañerita para el bebé. No sabía si lo tenían ahí por que iban hacer un cuarto para el bebé, o es que lo pondrían todo en el cuarto en donde ella iba a dormir. Ya lo sabría, pero lo importante es que todo aquello era muy bonito y se notaba que lo habían hecho con mucho cariño.

-Dios mío, todo esto es precioso -dijo Laura bien asombrada.

-No sé que decir, la verdad... -Cómo se lo podía agradecer a María.

-Pues yo sí -dijo muy convencida su amiga-. El día que me case quiero tener a una suegra como la tuya -Leslie sonrió-. Vamos haber más habitaciones, aunque ya sé que no tienes muchas ganas de salir ahora de estos dos cuartos por que te encantaría quedarte horas y horas inspeccionando todos los detalles.

Entraron en tres habitaciones más de aquella parte del pasillo. Las tres eran dormitorios para invitados, pero se notaba que no habían cambiado nada por que no había ni olor a pintura ni los muebles se veían nuevos. La cuarta puerta era un cuarto de baño para los dormitorios. Era igual que el que había en el cuarto de Bendelin, solo que en éste no había ninguna bañera ni rastros de su hombre.

Se dirigieron a la parte derecha de la casa en donde había seis puertas. Decidieron empezar nuevamente por las del fondo. En la primera estaba el despacho en donde Helen la había llevado para que pudiera trabajar en sus cosas. Allí tampoco se notaba ningún cambio, pero no le hacía ninguna falta por que era todo muy elegante y moderno, era una habitación que a Leslie le había gustado nada más entrar, por que se había encontrado muy a gusto en ella. Tal vez por que allí era el único lugar en donde la dejarían más tranquila... En la habitación de enfrente se encontraron otro despacho pero mucho más grande y serio. Se notaba que aquel era el despacho de su marido. Tampoco lo habían cambiado, pero ella lo haría encantada por que aquella habitación solo reflejaba frialdad. Que era lo que Bendelin hacía creer a mucha gente en el mundo de los negocios, consiguiendo que muchos le temieran. Pero ella sabía que no era así. En él había encontrado un hombre lleno de pasión y cariño para sus seres queridos. Era sorprendente, pero era la verdad. Solo que no podía disfrutar de la segunda parte, como esposa de él solo tenía acceso a la primera y de una forma un tanto... Mejor que dejara de pensar en ello si no quería coger dolor de cabeza. Salieron de allí y entraron en la que estaba al fondo de todo, allí se encontraron una habitación tan grande como un salón para treinta personas por lo menos que representaba una sala de reuniones. Era una habitación seria y formal, no le

Hizo mucha gracia por que aquello significaba que se traía muchas veces a la gente a su casa para trabajar.

Las tres siguientes puertas eran dos habitaciones más como las otras y un cuarto de aseo, que suponía que era para la gente que viniera a las reuniones. Nada de aquella parte estaba reformado... Todo era muy raro. Por que tuvo que trasladarse Bendelin a su casa diciendo que toda la suya estaba en reformas. Bien que la hubieran llevado a otro cuarto, por que el de él estaba en reformas pero no era así como había podido comprobar... Allí había gato enjaulado y tenía que averiguarlo, fuera con su queridísimo marido o suegra. Pero tenía que saber qué era lo que ocurría

Un poco enfurruñada y sin comentarle nada a Laura, bajaron a comer la exquisita comida que Helen les había preparado. Después de que se tomaran el té y estuvieran toda la comida hablando sobre muchos temas diferentes, pero sin volver ha tocar el de Bendelin por que Leslie gruñía cada vez que el nombre de éste era mencionado, Laura se tuvo que marchar por que tenía trabajo esperándole en la oficina.

Como no tenía nada que hacer, decidió que se iría ha echar un poco. Era raro, por que solo lo hacía desde que estaba en estado. Por lo visto, su cuerpo le pedía constantemente un rato de relax.

Eran las siete y trece minutos de la tarde, según marcaba su reloj de pulsera. Se encontraba en la habitación del hotel tumbado en la cama mirando la televisión. Bueno, se podía decir que más bien miraba el reloj y de tanto en tanto la televisión. Hacía media hora que había llamado a su casa para hablar con Leslie, pero le dijeron que se había echado un rato y que como no les respondía, era que todavía seguía acostada. Helen le informó de que había ido una amiga suya a comer, y Bendelin supuso que era Laura. También le dijo que se había pasado casi toda la mañana encerrada en el despacho pequeño trabajando. Pero lo que no le hizo mucha gracia, fue cuando le comentó que había estado mirando toda la planta de arriba. En aquel momento fue cuando soltó una maldición por dentro Esperaba que Leslie no le hubiera echado mucha atención a los muebles y a las paredes pudiendo comprobar que no se había renovado toda la casa como él le había comentado. Sabía que había sido un gran error el hacer aquel viaje de negocios y cada segundo que miraba el reloj, se lamentaba de ello.

Las siete y cuarto de la tarde, esperaba que Leslie se hubiera levantado ya para poder hablar con ella por teléfono y preguntarle cómo se encontraba. Ya lo sabía pero necesitaba escuchar su voz

Después de esperar ha que sonaran tres tonos, escuchó al otro lado la voz de Helen. Le preguntó si Leslie se había despertado ya y tuvo suerte, estaba despierta pero se encontraba en el baño duchándose. Vaya por dios, no daba ni una. Pero Helen le comentado que él había llamado y que lo volvería hacer en breve, pero su respuesta había sido que no tenía ganas de saber nada de él. Helen estaba un poco preocupada al respecto, diciéndole que lo mejor sería que él volviera cuanto antes y aclara con ella las cosas, por que estaba así de mal humor desde que había entrado a mirar todos los dormitorios... Colgó mal humorado. Porqué le tenía que salir siempre todo tan mal. Se levantó de la cama y se empezó arreglar para bajar ha cenar con los demás comensales.

Estaba indignada, por lo visto Bendelin se creía que era una tonta al pensar que no se iba a dar cuenta de que no había habido tales obras. Pero otra parte de si no lo permitía, al haber visto el cuarto del niño. Era todo tan bonito... Se metió otra cucharada de puré de zanahoria en la boca, al menos aquello era como una especie de tranquilizante para ella. Podía comer todo lo que quería, solo esperaba que no se quedara más tarde como una vaca.

¿Para qué la habría llamado? Seguramente quería vigilarla o darle ordenes por teléfono... ¿Pero y si...?. No, no creía que Bendelin la echase de menos. Bueno, lo mejor era olvidarlo por entero y concentrarse en la exquisita cena que Helen le había preparado. Después se iría a mirar un poco la televisión antes de meterse en la cama.

Se estaba aburriendo mucho Tenía a Verónica sentada a su lado en la cena de la empresa. Le había sorprendido mucho el que la joven le siguiera hablando después de comunicar que se había casado, y menos que le sonriera. Dios, dentro de un rato tendría que subir al escenario para dar una pequeña charla sobre las próximas reuniones que se iban a celebrar a lo largo de las semanas en el hotel. Pero en verdad lo que deseaba era levantarse de aquella mesa y salir de allí, para refugiarse en su habitación y poder pensar tranquilamente en sus cosas. Pero entonces arruinaría todo el trabajo de su vida... Todo por lo que había luchado. Todo era muy cruel.

-Bendelin cariño -susurró la pesada de Verónica, que solo hacía que engancharse a su brazo y no soltarlo para nada-. Por que no me sacas a bailar antes de que salgas a charlar.

-Lo siento mucho, Verónica -la joven lo miró sorprendida-. Pero no me encuentro muy bien y me gustaría guardar las fuerzas para subir allí arriba.

-Déjalo tranquilo quieres hija -salió en su defensa Adam, al ver que su hija se enfadaba por su negativa-. Si quieres doy la charla por ti y subes a descansar.

-No hace falta, por diez minutos más aguanto -le sonrió agradecidamente-. Pero gracias por tu ofrecimiento.

-De nada -sonrió.

No le gustó para nada la mirada que le hecho la joven. Seguramente al día siguiente le vendría con pataletas y tonterías exigiéndole que la llevara alguna parte a pasear por que se aburría y se lo debía por no haberla sacado a bailar, dios que cruz... Soltó un suspiro. Cómo podía haber en el mundo mujeres tan tontas como esas.

Pero no llegó ni al día siguiente. Nada más entrar en su habitación después de despedirse de toda la gente allí reunida, alguien llamó a la puerta y como no, tenía que ser ella.

-¿Qué quieres Verónica? - preguntó lacónico.

-Nada importante -dijo en tono molesto, entrando en la habitación de él-. Acaso no puedo venir ha estar un rato contigo y que nos contemos lo ocurrido de éste último año, que hemos estado sin vernos a causa de mi viaje a Francia.

Cerró la puerta con un golpe seco, demostrándole así a la mujer que no le era nada agradable aquella visita. Luego sin mirarla se dirigió al mueble bar en donde se sirvió un wisqui, sin siquiera ser educado con ella y ofrecerle alguna cosa para beber.

Se apoyó en el mueble y se la quedó mirando, en espera de que ésta dijera algo. -Así qué te has casado -dijo al fin.

Dejó el vaso de un golpe seco, produciendo que algunas gotas del líquido cayeran sobre la madera y manga de la camisa del hombre. Se quedó por un momento mirando el vacío, para soltar con cierta impaciencia un profundo suspiro.

-Mira, Verónica -se giró y la miró con cierto aire frío-. No me encuentro nada bien, para empezar a responder preguntas tontas... ¡Me he casado y no hay nada más de que hablar!

-¡Cómo qué no hay nada de que hablar! -dio un paso hacia él, bastante enfadada por la respuesta a su pregunta-. Ahora qué voy ha decir yo... -sus ojos se empañaron de lágrimas llenas de odio.

-¡Tú no tienes que decir nada! -exclamó, mientras ponía los brazos en jarra-. No es mi culpa, de que tú fueras divagando a los cuatro vientos de que entre tú y yo existía una relación... -se pasó una mano por el cabello, en un gesto nervioso.

-Bendelin... -intentó acercarse a él.

-¡No! -la frenó-. Verónica por el amor de dios, cuando vas a entender que lo que yo siento por ti es más bien cariño de un hermano, no ves que hemos estado juntos desde muy pequeños...

-¡Calla! -saltó furiosa.

-Así es como están las cosas -dijo bajando la guardia un poco-. Entiendo tu aprecio conmigo, pero eres como una hermana más para mí...

-Pero hemos ido siempre a muchos sitios juntos como si fuéramos una pareja... -dijo con la cabeza gacha y casi en un murmuro,

-Siento que llegaras a creer que había algo más entre los dos -dijo sinceramente-. Pero pensaba que lo sabías, por que nunca he salido contigo sino con otras mujeres...

-Pensé que eran como una especie de entretenimiento, antes de abandonar tu soltería por mí -seguía sollozando.

-No eran ningún entretenimiento y lo sabías muy bien -si ninguna de aquellas dos mujeres no me hubieran abandonado, no hubiese estado soltero por tanto tiempo.

Reinó el silencio por unos instantes. En donde Bendelin miraba a la mujer, que se encontraba de pie en medio de la habitación luchando consigo misma.

-¡Te odio! -lo miró con furia-. Y no pienso perdonarte el daño que me has hecho. -Verónica, lo que tú sientes por mí no es amor si no una pequeña confusión... -¡No digas eso! -gritó exasperada.

-Es la verdad -dio un paso hacia ella, pero se detuvo creyendo que no era muy buena idea-. Es solo cariño como el hermano mayor que no has tenido nunca.

-¡No!

Sí -le espetó en un gruñido-. Puede que de jovencita sintieras un pequeño capricho hacia mí, pero eso era todo... Y como no te hice caso respecto a ello...

-¡Me voy! No quiero seguir escuchando tonterías -se acercó con grandes zancadas a la puerta.

-Verónica, por favor -la miró con compasión-, Piénsatelo bien...

-No, piensa tú el daño que me has hecho por que no te perdonaré jamás -abrió la puerta y salió de allí, como alma que lleva el viento.

Agobiado y cansado, por todo lo que le estaba ocurriendo se acercó con paso pausado a la puerta y la cerró de un simple manotazo. Se frotó los ojos con vigor, y luego se quedó mirando fijamente el teléfono de encima el escritorio. No, mejor que no llamase a Leslie por que era muy tarde. Además, estaba cansado para mantener otra tonta discusión. Así que se dirigió a la cama y se dejó caer en ella, soltando un suspiro profundo al pensar que solo hablan transcurrido dos días.

Cuatro días. Se encontraba sentada en el escritorio del pequeño despacho, pensando en Bendelin. Solo hacía cuatro días que estaba fuera y le parecían semanas. No podía parar de pensar en él y el por qué no la había llamado el día anterior. Puede que al decidiera ponerse a una de sus llamadas... Seguro que era por aquello por lo que no tenía noticias.

Sacudió la cabeza riñéndose por tener siempre pájaros en ella, por que eso es lo que hacía cuando pensaba en su marido. Llenársela de pájaros al imaginar que todo lo ocurrido entre ellos dos se iba ha arreglar fácilmente. Pero las cosas nunca eran tan sencillas como parecían ha simple vista. Bueno, inspiró profundamente y volvió ha concentrarse en los planos que tenía delante suyo.

Llevaba más de dos horas sumida en aquellos planos que no se dio cuenta de que Helen llamó a la puerta y entró en el despacho.

-Señorita... -Leslie se llevó una mano al pecho, al llevarse un susto de muerte cuando la mujer habló.

-Helen -sonrió-. No me había dado cuenta de que habías entrado...

-Lo siento señorita -se disculpó con una sonrisa-. He venido ha informarle de que tiene una llamada al teléfono -al momento su expresión se endureció un poco, al pensar que era Bendelin-. No, no es de Bendelin. Aunque no estaría tampoco mal en que cogiera; sus llamadas...

-Helen...

-No me replique, por que ni Pedro ni yo entendemos qué es lo que les ocurre pero de seguro que es una tontería...

-No lo creo, Helen -dijo levantándose del sillón-. Las cosas son más complicadas de lo que parecen.

-Pero los dos se aman -dijo-. ¿Qué problema hay entonces? -Muchos -salieron las dos del despacho.

-Es su padre quien está al aparato -dijo antes de dirigirse a la cocina nuevamente, y comprendiendo que no había nada más para hablar por que los dos eran igual de reservados respecto a sus sentimientos.

Por unos segundos Leslie se quedó mirando a la vieja mujer con gran cariño. Se encontraba preocupada por ellos y quería ayudarlos, pero no podía. Cogió ánimos y entró en el dormitorio ha coger el teléfono desde allí.

-¿Dime papá, qué es lo que quieres? -dijo quedamente.

-Nada, solo quería hablar contigo para saber cómo te encontrabas -dijo un tanto extrañado por su humor-. ¿Te ocurre alguna cosa?

-Por que me preguntas una cosa así -dijo en tono irónico-, me encuentro encerrada en mi futura casa sin poder salir, cuando mi supuesto marido se encuentra a quilómetros de aquí.

-Cálmate quieres -dijo con ternura-. Se ha marchado a la reunión de Madrid, verdad. -¿Sí, tu también estas enterado de ella? -preguntó un tanto molesta. -Sí, teníamos que ir Rosanna y yo pero decidimos quedarnos aquí... -Vaya, alguien que tiene un poco de cabeza...

-No te quejes -dijo en broma-. Por una vez que consigues quitarte a tu marido de encima de ti, estás renegando por que se halla a quilómetros de tu lado.

-Qué has llamado por mi bienestar o para incordiarme -dijo un tanto sardónica. -Perdóname hija, pero resulta un tanto cómico éste asunto.

-Es igual déjalo quieres, no estoy para bromas precisamente. ¿Qué vendréis hacerme una visita tú y Rosanna?

-Sí, iremos mañana por la mañana y puede que nos quedemos ha comer -aquello ánimo mucho más a la joven-. Laura me ha dicho que el cuarto del niño es toda una belleza.

-Sí, es cierto.

-No me extraña -sonrió animadamente-. Sabias que la madre de Bendelin de joven trabajó como decoradora de interiores, pero lo dejó al casarse y quedarse embarazada.

-Pues no lo sabía -respondió-. Bueno papá te dejo que tengo trabajo que hacer. -Muy bien, pero ya sabes que no debes cansarte tanto en tu estado -le aconsejó.

-Que si que no tenéis que preocuparos por mí, que se cuidarme muy bien -dijo soltando un suspiro enorme, por el tener que estar escuchando siempre aquella frase.

-Dale recuerdos a Rosanna y a Laura, hasta luego papá te quiero mucho...

-Y yo a ti hija -se escuchó al otro lado de la línea antes de que ella cortara la comunicación al dejar el aparato en su sitio.

María era decoradora como ella. No lo sabía, pero era increíblemente brillante el estilo que tenía. Le encantaría hablar con ella, sobre muchas cosas...

Se recostó por un momento en la cama volviendo a pensar en Bendelin. No tenían ninguna relación y la prueba la tenía en que no sabía apenas nada de la familia de él. Pero le echaba tanto de menos, que le era igual el que no le hablara apenas nada cada vez que se veían por que aquello para ella ya era suficiente...

Que tonta que llegaba ha ser, por dios. Aquello no le era suficiente y lo sabía perfectamente. Pero que se le iba hacer, era lo que su marido le ofrecía. Una maravillosa casa, una familia que la quería mucho y un lecho cálido siempre que ella estuviera dispuesta. Y todo eso por estar esperando un hijo suyo, que curiosa que llegaba a ser la vida. Sonrió un tanto irónica. Le ofrecía muchas cosas, pero la que más quería no estaba en oferta ... Le vino a la mente los viejos tiempos de cuando estaba estudiando en Nueva York, y cada vez que escuchaba el nombre de él le faltaba poco para que le saliesen chispas de los ojos. Susi, una compañera de apartamento era la que más enamoradita entre comillas se podía decir que estaba de él. Cada vez que salía una foto de él en una revista, se pasaba horas suspirando entre ellas y soñando de que tal vez algún día lo llegaría ha conocer y que de seguro que se enamoraba de ella... Era posible, por que Susi era una joven muy bella y lista. Ella sabía que su padre lo conocía de hacer algunos negocios con él. Pero no de que le tuviera tanto cariño... Siempre lo había odiado, pensando que era un hombre presumido y arrogante, que solo hacía que aprovecharse de las jóvenes para llevárselas a la cama por una noche, y que equivocada que estaba... Era un nombre listo, agradable, cariñoso... Que iba a decir era todo un príncipe, pero con ella no. La quería, pero no era el cariño que ella buscaba en una relación...

Se levantó de la cama y fue acabar de darle los últimos retoques a los planos que la estaban esperando en la mesa del pequeño despacho. Era la única manera que tenía de no estar pensando constantemente en él.

Judith, la joven que trabajaba en correos entró en la oficina de Matt casi al medio día. El hombre se encontraba de pie contra la ventana, mientras se tomaba un café tranquilamente.

-Buenos días Matt -sonrió acercándose al escritorio para apoyar sobre él su bolsa grande y buscar en ella un sobre marrón-. Ya veo que trabajas mucho.

-Solo me estoy tomando un pequeño descanso, como seguramente también haces tú -sonrió mientras se acercaba al escritorio y dejaba el café en él, para sentarse en el cómodo sillón.

-Sí, pero no tanto rato como tú -volvió a sonreír-. Aquí tienes, un sobre para mi queridísimo Ben. ¿Por cierto, en dónde se encuentra ese viejo renegón?

Bien lejos de aquí en una reunión de trabajo -cogió el sobre-, Y seguro que no lo llamarías así delante de él -bromeó.

-Sabes perfectamente que soy muy capaz, ya que lo he hecho más de una vez -se volvió a colgar la bolsa al hombro-. Bueno, nos vemos mañana.

-No quieres tomarte un café -sugirió amablemente.

-Muchas gracias, pero también trabajo tanto como tú -respondió burlonamente-. Tal vez te lo acepte mañana, en fin no te canses.

-Lo mismo digo -se despidió de la joven muchacha y luego miró el remitente del sobre frunciendo el ceño, ante lo que sus ojos estaban viendo.

Consultó el reloj, y comprobó que probablemente aquella hora Bendelin no estaría dando ninguna conferencia todavía. Mientras esperaba habría el sobre y miraba el contenido, extrañándose todavía más al encontrarse con dos escritos del columnista E.K. Aquello era muy raro, por que no entendía el porqué venía aquello de la casa de Bendelin. Al cuarto tono, su llamada fue cogida por un Bendelin un tanto renegón.

-¿Sí, quién es? -se escuchó su dominante voz, pero Matt lo conocía bien como para sentirse dominado por ella.

-Bendelin...

-¿Matt? -su voz sonó preocupada-. ¿Ocurre algo?

-No, no ocurre nada malo -lo tranquilizó-. Es solo que llamaba por que acabo de recibir un sobre con dirección de tu casa, en donde vienen dos escritos de E.K. ¿No te parece un tanto extraño?

-Sí -pensó un momento-. Eso significa que ese tío ha estado en casa con mi mujer. -Un momento, no creo que Leslie...

-No, hombre me refiero que ha estado con ella en mi casa y yo di ordenes de que solo podían verlas personas conocidas por mi -dijo un tanto nervioso-. Y él precisamente no estaba incluido en mi lista.

-Eso parece más bien, que tienes recluida ha tu esposa -dijo un tanto espantado.

-Me es igual lo que parezca -gruñó-. Pero la conozco, y sé que si no la vigilaba no tendría cuidado en su salud.

-Eres un poco anticuado -lo acusó burlonamente.

-Muy gracioso -sonrió irónicamente-. ¿Va todo bien por ahí?

-Ningún problema -respondió confiadamente-. ¿Y por ahí?

-Mal -confesó con voz de amargado-. Tengo por compañía a Verónica...

-Qué... -exclamó sorprendido-. Qué hace esa víbora ahí.

-Molestarme, que crees tú sino.

-Si quieres voy yo para allí, y me quedo en tu puesto -se ofreció voluntariamente.

-Es igual, por que me parece que voy a poder marcharme incluso antes de tiempo por que estamos muy avanzados con el tema -dijo un poco más animado.

-Pues espero que sí, aunque creo que los trabajadores están muy tranquilos por aquí desde que tu estas fuera -volvió a bromear.

-Matt, Matt... Tu salud corre peligro créeme -contestó en tono de amenaza, siguiéndole la broma a su amigo-. Dale recuerdos a mi madre y hermana.

-Hasta pronto.

Colgó el teléfono y se puso a revisar los dos escritos que le habían sido enviados. Luego según como estuvieran los llevaría a redacción o llamaría a Leslie para formalizar los retoques que se tuvieran que realizar. Aunque bien sabía que no haría falta ningún retoque, por que éste hombre era genial.

Se quedó durante un buen rato pensativo. Era extraño que Helen hubiese dejado entrar a una persona en la casa si no estaba en la lista. A lo mejor era que en vez de abrir la puerta ella, fuese Leslie por que se hallaba más cerca que la mujer mayor y al ver quien era lo entrase sin hacer caso a las protestas de la mujer Más tarde llamaría por si acaso para informarse un poco, además tenía que hacerlo por que llevaba dos días sin hacerlo.

Dejó el teléfono en la chaqueta nuevamente y siguió con los papeles que estaba mirando antes de que lo interrumpiera Matt. Por que cuanto más antes acabase todo aquello, más pronto podría volver a casa y arreglar las cosas con Leslie.

Leslie bajó a recibir a su padre y Rosanna, que acababan de llegar para comer con ella. Los dos se veían muy bien juntos y se alegraba mucho por ellos dos, deseándoles que tuvieran un matrimonio feliz, y no tan loco como el que tenia ella.

Pasaron un día muy agradable, tomando el café al lado de la chimenea y hablando sobre todo de la boda de ellos dos. Rosanna estaba muy contenta y tenía muchas ganas de ¡r a comprarse el vestido para la boda, pero todavía era muy pronto ya que aún faltaba bastante tiempo para el feliz día. Ninguno de los dos nombró a Bendelin y Leslie lo agradeció mucho, por que no tenía ganas de volver a escuchar siempre los mismos consejos sobre su marido y matrimonio.

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