14
Solo hacía que escuchar murmuras a su alrededor. Eran muchas las veces que intentaba abrir los ojos, per le era imposible por que un gran cansancio pesaba sobre ellos. Y casi siempre, estaba sumida en un profundo sueño.
Notó como alguien descorría las cortinas para que entrara claridad. Consiguiendo por fin despertarla, y que pusiera valor para intentar salir de aquella oscuridad.
Se sentía confusa y desorientada. Aquella no era su casa, sino la de Bendelin. ¿Qué estaba haciendo allí? ... Volvió a cerrar por unos momentos los ojos, para poder concentrarse y lograr recordar.
"Escapó de Bendelin, saliendo a pasear a los perros con mal tiempo. Y por casualidad, acabó delante de la casa de él. Y solo recordaba que se encontraba muy cansada. Había sido una estúpida."
Respiró profundamente y volvió abrir los ojos. Se sentía cansada todavía, y tenía la garganta seca. No sabía bien, bien cuanto tiempo llevaba tumbada en aquella cama. Pero tenía que ser bastante, por que en el exterior brillaba el débil sol de invierno en Londres.
Escuchó como alguien caminaba por la habitación. Sus pasos eran sigilosos, pero con gran intranquilidad ya que no paraba quieto. Inclinó la cabeza hacia su derecha, y se encontró a Bendelin enfrente de la puerta del lavabo. Cogió aire en sus pulmones, por la sorpresa. Estaba vestido con la misma ropa que llevaba en su casa, cuando se marchó dejándolo solo. Lo único diferente que tenía, era que se le notaba barba y el cabello un poco revuelto... Pero estaba increíblemente atractivo. No supo qué, pero algo dentro de sí hizo que lo llamara...
-Bendelin...
No sabía que hacer. En cuanto hubo salido del baño y se encontró completamente solo en la casa, supo que algo no iba bien. El tiempo pasaba y ella no aparecía. Salía afuera de la casa y miraba por los alrededores, pero ni rastro. Y por si faltaba poco, amenazaba con un buen diluvio, y sabía que Leslie los temía.
Casi dos horas y media después, escuchó como su móvil sonaba. Aquello hizo que su alma se le cayera a los pies, por que sabía que era algo sobre Leslie, su corazón no solía equivocarse cuando tenía un mal presentimiento.
Era Helen, quien desde la otra línea trataba de hablar con él sin dejarse dominar por los nervios. Se extrañó mucho. No entendía por que le llamaba Helen. Pero en cuanto le mencionó que Leslie había aparecido en la casa, completamente calada y que se había desmayado, salió corriendo por la puerta.
Cuando llegó a la casa. Pedro salió a su encuentro informándole de que Helen se encontraba en aquel momento en su dormitorio con el doctor, que estaba haciéndole un chequeo a Leslie.
Subió corriendo al piso de arriba y entró sin llamar en el dormitorio. No se le olvidaría la cara de sorpresa que pusieron los dos, en cuanto les informó que Leslie era su esposa... Helen, se pensaba que vendría algún familiar con un bebé durante una temperad, al haber una habitación renovada para un bebé, pero nunca se hubiera esperado una cosa como aquella. Por suerte el informe de su médico, era que Leslie se encontraba muy agotada y que posiblemente había agarrado un buen resfriado. De manera, que tendría que hacer mucho reposo durante un buen tiempo al estar esperando un bebé.
Ya habían pasado diecisiete horas. Diecisiete horas, que se había pasado junto a ella en su habitación. A ratos, la miraba y hablaba. Cuando no, se quedaba dormido a su lado para transmitirle calor.
Eran cerca de las once de la mañana, y afuera ya no llovía. Así que decidió levantar las persianas, para que hubiera más luz en el dormitorio. Caminó un poco por la habitación, cuando le pareció escuchar su voz. A lo primero se quedó un peo parado, sin creer que había sido de verdad y no un producto de su imaginación. Pero cuando levantó la cabeza y miró a la cama, se encontró con la mirada cansada de su esposa. Rápidamente acudió a su lado.
-¡Leslie! ... -sonreía mientras le cogía la mano con cariño-. ¿Cómo te encuentras, pequeña tonta? -bromeó. Pero Leslie vio preocupación en sus ojos.
-Bien -logró contestar-. Me noto muy cansada y la garganta seca... -se sonrojó. Su comportamiento había sido como el de una cría, y había puesto la salud de su hijo en peligro-. ¿El bebé? ...
-Está bien -la tranquilizó-. Pero tienes que descansar, por que llevas encima un buen resfriado...
-Ya me lo noto -Se atrevió a mirarlo a los ojos.
-Has sido muy tonta -la riñó-. Cuando te encuentres mucho mejor, hablaremos. Ahora, trata de descansar mientras voy a decirle a Helen que te vaya preparando el caldo.
Antes de salir de la habitación, le acercó un vaso con agua para refrescarle la seca garganta que no paraba de darle pinchazos. A pesar de estar muy enfadado con ella, la trataba con gran delicadeza... Miró como se cerraba la puerta tras él, dejándola sola en la habitación. Quería mantenerse despierta para cuando volviera nuevamente, pero el cansancio podía mucho con ella volviéndola a sumergir en el mundo de los sueños.
Helen la despertó con una sonrisa en la mirada. Ésta llevaba en las manos una bandeja con un plato con caldo y zumo. Se sintió mal de repente, por que seguramente la mujer tendría que estar en su casa tranquilamente y no que ahora la estaba haciendo trabajar.
-¿Cómo se encuentra señorita Leslie? -preguntó con voz dulce.
-Bien Helen -le contestó mientras se incorporaba en la cama para poder comer-. Siento mucho todo esto, yo...
-No se preocupe mujer -sonrió, mientras le acercaba la mesa para las camas y le dejaba la bandeja-. Lo que importa, es que usted se recupere con calma. Que hay que cuidarse bien, cuando una se halla en cinta...
-Lo sabe -afirmó, sin rodeos.
-Sí -se inclinó sobre ella, para ajustarle mejor la almohada-. Bendelin nos lo explicó todo y no debe avergonzarse por ello. Hoy en día, es normal que una mujer cuide de su bebé... ¿Usted lo quiere verdad? -sabía que no se refería al bebé.
-Sí, Helen -confesó al fin. Parecía mentira, pero el hecho de haberle confesado ha alguien sus sentimientos hizo que se le quitara un poco el peso de la espalda-. Pero no creo a je él sienta lo mismo por mí...
-Tonterías -la riñó con sonrisa tierna-. Conozco a ese hombre desde que usaba ranales. Y si yo digo que la quiere, es que la quiere...
-¿Usted cree? -sabia en lo más profundo de su interior, que aquello no era cierto
-Sí. Bueno, será mejor que la deje comer tranquila -sugirió-. En la bandeja tiene una de sopa y un poco de pollo con verduras, todo está muy rico. Así que ale, ha comérselo enterito.
- tranquila que así será.
-Bien, yo me voy a vigilar que Bendelin también coma alguna cosa. Por que éste ?re no ha querido comer nada, hasta que usted despertara.
-¿Bendelin? ¿Se encuentra aquí en la casa, no se ha marchado? -la invadió la curiosidad.
-Marcharse... ¡Que va! Pero si ha estado toda la noche y mañana aquí, encerrado con usted.
-¿En serio? ... -preguntó incrédula.
-Ya le he dicho, que Bendelin la quiere -dijo-. Después de que despertara, fue ha ¡¡amar por teléfono para informar de su situación a su padre, que seguramente vendrá más tarde ha visitarte -abrió la puerta-. Ahora ha comer, que falta os hace a ti y al bebé.
Volvió a quedarse sola. Todo el mundo le decía que Bendelin la quería. ¿Quién estaba ciego? Ellos o ella... No lo sabía, pero esperaba de todo corazón ser ella quien se equivocase.
Bendelin había pasado toda la noche junto a ella. Tal vez tenía miedo de que si le pasaba algo a ella o al bebé, su familia se le tiraría encima. Oh podía coger la otra opción, que Bendelin se había quedado toda la noche junto a ella por temor a dejarla sola y que le ocurriera algo, sin poder soportarlo por que la amaba...
Tenía una sonrisa en la boca, por aquel pensamiento cuando dieron dos golpes en la puerta y apareció tras ella Bendelin. Consiguió que abriera la boca por la sorpresa. Dios, que guapo que era... Cuanto lo quería... Éste se acercó con una sonrisa torcida en los labios y una bandeja llena de comida en las manos.
-¡No! -dijo ella sin más, haciendo que Bendelin perdiera la sonrisa y se parara de golpe en medio de la habitación.
-¿No? -inquirió confuso.
-No quiero nada más para comer, ya tengo todo un banquete aquí -refunfuñó.
-¡Ahí -volvió aparecer aquella atractiva sonrisa, que hacía que se le saltase el corazón-. Pero es que éste banquete es para mí.
-Lo siento... -se avergonzó-. Es que pensaba, que ibais ha estar ahora todos encima mío para que comiera algo.
-Tranquila, Helen me ha preparado esto para mí. Y en vez de comer solo en el comedor, había pensado hacerte compañía si tú quieres claro está.
-Oh sí, claro. A mí no me molestas...
-¿De verdad? -sugirió, mientras se sentaba en un lado de la cama y dejaba la Bandeja junto a la de ella-. Pues mira que pensaba que era todo lo contrario, al desaparecer de aquella manera.
Vaya, pensó Leslie. No se andaba en rodeos para echarle en cara la tontería que habla hecho. La verdad, si venía a discutir entonces si prefería comer sola.
-Te pido disculpas, yo...
-Gracias, pero mejor que lo dejemos para otro momento. ¿No crees? No tengo ganas de amargarnos la comida -sonrió.
-De acuerdo -aceptó sin ningún otro remedio, devolviéndole la sonrisa con un poco de miedo por cuando llegara aquel momento-. Pues entonces, buen provecho.
-Igualmente -dijo sin dejar de mirarla a los ojos, mientras cogía su vaso de agua y le daba un trago.
El rato que Bendelin estuvo con ella, fue un rato muy tenso. Apenas hablaron, solo comían y de tanto en tanto él le comentaba alguna cosa de su trabajo. Fue un gran alivio cuando acabaron de comer, por que éste se levantó de la cama con las dos bandejas informándole de que se iba a encerrar en el estudio, por que tenía cosas que hacer. Intentó convencerle de que no había ningún problema en que se marchara al trabajo, pero éste no le hizo caso comentándole que no había ningún problema si se quedaba en el estudio de su casa, por que tenía todo lo que le hacía falta.
-Bueno, quieres que te deje algún libro para que no te aburras -sugirió antes de salir del dormitorio.
-Bien como tú quieras, si no es ninguna molestia.
-Tonterías, por que me iba a ser una molestia el traerte un libro -dijo con cierta ironía-, A la tarde seguramente vienen Henry y Rosanna, ha visitarte -le comunicó antes de cerrar la puerta.
-Gracias por todo Bendelin.
-Tonta... -logró escuchar, antes de que se cerrara la puerta.
No fue Bendelin quien le subió el libro, sino Helen. Ésta le dijo, que cuando Bendelin iba a subir recibió una llamada de un cliente. Aquello fue un alivio por el momento para Leslie, por que no tenía ganas de volver a sentir la incomodidad que había sentido a la hora de comer. Estaba segura que Bendelin se había contenido de saltar encima de ella y gritarle a cuatro voces, lo estúpida que había sido.
Colgaba el teléfono después de llevar casi una hora hablando con un cliente sobre una próxima reunión en España. Había intentado persuadirlo de que aplazara la convocatoria para otro mes, pero no podía ser. Dentro de tres días, tendría que coger un avión en dirección a Madrid. No le hacía ninguna gracia el dejar sola durante esos días a Leslie. No es que fuera ha estar mal atendida, pero es que quería estar a su lado mientras se recuperaba. Cuanto le gustaría dejar todo arreglado con ella antes de salir de viaje, pero lo veía muy mal...
¡Dios! Cuanto deseaba dejar lo que estaba haciendo, para subir las escaleras al piso de arriba y reunirse con ella. Lo que daría por poder estirarse a su lado y tenerla entre sus brazos, mientras miraban alguna película. Había sido tan fuerte el deseo de abrazarla y besarla, en cuanto ella había despertado y lo había llamado. Pero se había contenido, por que aquello es lo que había hecho que ella hiciera aquella estupidez.
El teléfono volvió a sonar, sacándolo de sus pensamientos y haciendo que se volviera a centrar en el trabajo.
Eran cerca de las seis de la tarde, cuando Bendelin volvía a llamar a la puerta del dormitorio. Pero esta vez no aparecía solo, con él venían Rosanna y su padre. Quienes se acercaron a la cama rápido, para darle un abrazo. Pero como no, su padre también tenía que echarle bronca y no se contuvo como Bendelin había hecho por el momento. Pero gracias a dios, que Rosanna estaba allí por que rápidamente lo hizo callar...
Después de un buen rato, Bendelin y su padre bajaron al estudio para tomar una copa y hablar de negocios, dejándola con la agradable compañía de Rosanna.
-¿Bueno pequeña, qué fue lo que ocurrió? –Preguntó soltando un profundo suspiro.
-Algo que llevaba tiempo deseando, pero que no tenía que haber ocurrido –Dijo con voz apagada.
-Entiendo -le cogió la mano con delicadeza-. Leslie hasta cuanto tiempo os vais ha estar castigando...
-¿Castigando? -frunció el entrecejo.
-Sí - la miró con pesadez-. Me refiero que cuando os vais ha decidir de acabar de una vez por todas, con ésta tontería.
-Las cosas no son tan fáciles como parecen desde fuera, Rosanna -aseguró con un poco de severidad en la voz.
-Lo sé -agachó la mirada-. Pero es que sufro tanto por ti. Por que no te decides de una vez hablarle de tus sentimientos...
-Rosanna...
-Leslie, tú dices que él no te ama -la miró a la cara-. Pues entonces acláralo de una vez. Sé que será doloroso para ti por que lo amas, pero ya sabrás a que atenerte. De ésta manera él no podrá jugar más contigo...
-Y si me miente... -dijo sin ningún ánimo en la voz.
-No lo creo -aseguró confiada-. Bendelin es un hombre que no miente sobre ese tema, y créeme por que lo conozco muy bien.
-Lo haría Rosanna, pero es que no puedo por que me hace falta valor -contestó enfadada consigo misma, por que de aquella manera nunca pondría la solución a su sufrimiento.
-Pero es que no te das cuenta, de que así lo único que haces es hacerte más daño mi niña -dijo preocupada.
-Lo sé, pero así es la vida -reprochó con ironía.
-No y tú lo sabes...
-Sabes, me gustaría que todo fuera tan fácil como lo tuyo con mi padre...
-Pues yo luché por ello, Leslie. Sabía que es lo que quería, así que me lancé a por ello...
-Pero es que yo tengo miedo -sollozó-. Miedo a que se pueda reír de mí. Miedo a quedarme sola, por que almenes ahora lo tengo a mi lado...
-Pero no como tu querrías -le dijo con sinceridad.
-Cierto. Pero es que cuando lo veo cada día, mi corazón da saltos de alegría...
-Pero no es bueno vivir con un engaño, cariño -le aseguró con preocupación.
-Lo sé, Rosanna -la miró con los ojos llenos de lágrimas-. ¿Por qué tiene que ser el amor tan complicado?
-Mi niña... -se acercó a ella y la rodeó con los brazos para consolarla.
-Tienes razón, no puedo seguir así -se secó las lágrimas de los ojos-. Tengo que poner punto y final... -dijo muy convencida.
-Leslie, yo...
-No te preocupes -la miró sonriendo-. Tengo que aclararlo todo, por que no es bueno vivir en una mentira.
-Sí, es verdad -sonrió. Por fin todo se aclararía, bueno eso esperaba. Por que esos dos eran muy testarudos. No sabían ver que se querían el uno al otro... Suerte que conocía a Bendelin y sabía que la amaba-. Bueno, será mejor que vaya a buscar a tu padre.
-¿Ya os marcháis? -preguntó con tristeza.
-Cariño, tienes que descansar. El médico dice que no es bueno agotarte mucho...
-Pero es que me aburro un poco.
-Pues entretente con alguna cosa -le sugirió.
-Bendelin me ha traído un libro, pero no me voy a pasar toda la tarde leyendo -reprochó.
-Bueno, pues si quieres le puedo sugerir que te suba un televisor a la habitación.
-No, déjalo -la contradijo rápidamente-. No quiero que lo molestes con eso, estoy segura que tiene mucho trabajo que hacer.
-Tonterías, así es como quieres arreglarlo todo -dijo soltando un profundo suspiro. -¡Que has venido a visitarme o ha reñirme constantemente! -bromeó un poco.
-Que graciosa que llegas a ser algunas veces, niña -sonrió, mientras se dirigía a la puerta-. Bueno, quedamos en que le digo a Bendelin que te suba el televisor, verdad.
-Como tú quieras, por que eso es lo que vas hacer...
-Hay que ver, dios mío -miró hacia el techo-. Bueno, que te recuperes. Seguramente que mañana viene Laura a hacerte una visita.
-Perfecto, alguien que seguramente no me estará riñendo a todo momento -sugirió en broma.
-Bueno hasta mañana, y no hagas ningún esfuerzo -le lanzó un beso en el aire y cerró la puerta con suavidad.
Eran cerca de las ocho de la tarde, cuando Bendelin apareció por fin en la habitación. Se le veía cara de agobiado, y no quería pensar que la causa era ella.
-Rosanna me ha informado que te gustaría que te subiera un televisor -le dijo sin parecer molesto por ello.
-Bueno, si no te es ninguna molestia -dijo completamente ruborizada. -¿Tenias miedo a preguntármelo? -preguntó con una sonrisa. -No, es solo que no quería molestarte...
-¿Seguro? -inquirió muy sonriente-. Oh tenias miedo de que me enfadase todavía más -sugirió mientras se acercaba a la cama seductoramente, haciendo que Leslie arrimara su espalda contra el respaldo de la cama.
-Qué, no... Ya te lo he dicho, pensaba que tendrías mucho trabajo y no estarías para atender mis tontos caprichos -contestó muy nerviosa por su proximidad.
-Y es ese el único capricho tonto que vas a tener en toda la noche... -dijo seductoramente, mientras se sentaba en la cama junto a ella y le cogía la barbilla delicadamente para mirarla a los ojos fijamente.
No sabía que hacer respecto aquello. Porqué tenía que comportarse ahora de aquella manera, lo único que iba ha conseguir era atormentarle más la cabeza de lo que ya la tenía. Esperaba que Rosanna no le hubiera comentado nada de lo que habían hablado, ya que él había tardado mucho rato en subir después de que se fueran ellos dos.
Dios, no podía apartar la vista de sus seductores labios y sus profundos ojos, que la hipnotizaban.
-¿Y bien, qué me respondes princesa? -susurró con voz seductora, y acercando sus labios a los de ella.
¡Princesa!. La había vuelto a llamar con aquel nombre, y siempre que lo utilizaba es que estaba jugando con ella. Sin duda, el hombre se estaba riendo un poco de ella por encontrarse encerrada en su dormitorio y estar aburrida.
-Te estás riendo de mí... -lo acusó seriamente, y quitándose su mano de un fuerte manotazo-. Eres imperdonable, lo sabías.
-Perdóname -se levantó sonriendo a carcajadas de la cama y mirándola fijamente-Es que me hace gracia, el que haya una mujer encerrada en mi dormitorio durante todo el día y bien calentita en mi cama y que encima se esté aburriendo.
-Pues por mí que no sea -dijo con enfado-. Por que no vas a buscarte a una jovencita veinteañera y te la traes a la cama. Por mi no te preocupes, que siempre puedo ir a instalarme a un cuarto de invitados... -espetó con cierta ironía en la voz, consiguiendo que Bendelin se riera más-. Como en ésta casa hay bastantes.
-Pero que tonta que eres mi niña -se volvió acercar a la cama, pero en vista de la cara de alerta que puso la mujer desistió rápidamente en ello-. Lo decía para ver cómo te enfadabas...
-¿Y porqué iba a tener que enfadarme? -preguntó tontamente y cayendo en la trampa.
-No sé -sonrió cálidamente-. Tal vez por celos...
-¡Celos! ¡Yo! ... -su enfado se avivó por momentos-. Tú me has visto con cara de tonta...
-No -afirmó -. Te veo con cara de veinteañera... Y como tú me has sugerido, creo que ya he encontrado a una veinteañera de mi gusto y sin tener que salir de la casa. Fíjate que suerte la mía -la miró divertido ante su cara.
-Y que mala suerte la mía...
-¡No lo creo? -puso las manos en los bolsillos del pantalón-. Por que estás mala y tienes que hacer reposo, si no te ayudaría a rectificar esa respuesta tuya y pronto verías lo mucho que te equivocas.
-Pareces un pavo real cuando hablas de esa manera -se mofó de él, para no mostrar los nervios que tenía a flor de piel.
-De la que te estas librando, cariño - le advirtió con sonrisa burlona-. Bueno ahora te subiré la televisión, y ya mismo aparece Helen con la cena.
-Gracias portado...
-¿Por todo? -seguía jugando-. ¿Quieres que te haga compañía para cenar?
-Como tú quieras -trató de sonar indiferente. Bendelin se la quedó mirando por unos momentos en silencio, para luego salir del dormitorio. Fue entonces, cuando Leslie respiró de alivio. Había estado todo el rato nerviosa, esperando el momento en que Bendelin se le iba a tirar encima... Y como una tonta, por que negarlo había deseado que ocurriera.
Como Bendelin dijo, Helen subió a la media hora con la cena. Comunicándole que Bendelin subiría en cinco minutos, por que se encontraba en el salón buscando un cable del televisor que faltaba. Aquello la hizo sentirse un poco mal, por lo visto había estado todo aquel rato ocupado con el maldito televisor que ella había pedido, por que resulta que por culpa de su estupidez ahora se estaba aburriendo en la habitación. Dios, pero mira que llegaba a ser idiota.
Helen le había acercado la mesa, y ya tenía todo dispuesto para cenar. Pero se sentía mal por lo de Bendelin. De manera que cuando éste apareció en la habitación con el televisor se la encontró sumida en sus pensamientos y sin probar ningún bocado de la cena exquisita que Helen había preparado con mucho cariño para ella.
-¡Lo siento mucho, pero aunque me digas que no tienes hambre me es igual por que te lo vas a comer todo! -dijo con cierto enfado en la voz-. Primero por que te hace falta y te recuerdo que ahora debes comer por dos y además, por que Helen lo ha preparado con mucho cariño para ti.
Dio un pequeño respingo en la cama por las fuertes voces del hombre, ya que no le había escuchado entrar en el dormitorio.
-Así, que tendrás que comértelo todo -dejó el televisor en el suelo y se acercó a la cama con cara de pocos amigos-. Que intentas, ponerte más enferma de lo que ya estas.
-No seas tonto -le recriminó-, si no he tocado todavía la comida es por que me sentía mal por hacerte pasar toda la tarde buscando un maldito televisor...
-La que llega ha ser tanta eres tú -volvió aparecer el buen humor-. Por qué me iba ha molestar, el buscarte un televisor y subirlo al dormitorio. Además, si tarde o temprano quería poner uno aquí.
-¿De verdad?
-Sí -sonrió-. Y discúlpame por los gritos que he lanzado contra tú...
-Tranquilo -lo miró tímidamente, antes de pronunciar las siguientes palabras-, ¿Vas hacerme compañía ésta noche?
Bendelin se rió tras escuchar las palabras de la joven. Y Leslie, se avergonzó tras darse cuenta de lo que había dicho.
-Perdona, yo quería decir... -intentó arreglarlo.
-Como quieras cariño, a mi me es igual el lado de la cama...
-¡Bendelin por favor? -lo intentó callar, pero le fue imposible al ver que el hombre se reía, consiguiendo que a ella también se le escapara.
-Lo siento mucho, princesa -se disculpó sinceramente-. Pero estoy esperando una importante llamada de negocios en breves minutos y no sé cuánto tiempo me va ha llevar.
-Entiendo...
-Sí quieres me traigo los papeles aquí y el teléfono inalámbrico -sugirió al ver por unos momentos la desilusión en el rostro de la joven.
-No, no hace falta que llegues a tanto... -miró un momento la cena que le había preparado Helen-. Con la magnífica cena y alguna película que den en la televisión, estoy que me sobra la diversión para que vengas un viejo como tú, a intentar divertirme.
-Con eso hieres profundamente mi orgullo -la miró sonriente-, pero sé perfectamente que mi compañía no te es desapercibida como intentas demostrar...
Dicho esto, se levantó y se fue a instalar el televisor encima del mueble, para después darle el mando y salir del dormitorio con una disculpa. Pero qué... No entendía ha qué demonios venia aquello que le había dicho, pero sabía que tenía que estar detrás de todo aquello su padre o Rosanna, pero lo creía imposible. Ellos sabían que jamás les perdonaría de que se hubieran puesto en medio comentándole sus sentimientos, además ellos mismos le habían prometido que no le dirían nada de las charlas que había mantenido con cada uno de ellos.
Eran las once de la noche, cuando apagaba el televisor cansada. Pero antes de dormir, tenía que ir un momento al baño. Cuando se encontraba a mitad del camino, la puerta se abrió dando paso a Bendelin quien acudió rápidamente a su lado.
-Bendelin solo voy al lavabo, cualquiera que te viera pensaría que vengo de la guerra... -protestó un poco mal humorada, por que éste no hubiera compartido con ella la cena. Vale que la comida había sido muy tensa, pero quien decía que iba a ocurrir lo mismo durante la cena.
-Pero te encuentras todavía un poco débil, como para estar andando por la casa -le recriminó también él.
-Hombres... -soltó un suspiro y entró en el baño cerrándole la puerta en los morros.
La tentación de mirarse en el espejo para ver que aspecto tenia fue muy tentadora, y cuando lo hizo se tapó la boca por el horrible aspecto que presentaba con el cabello todo alborotado y el rostro pálido. Ahora entendía, el por que decían que todavía estaba muy débil,.. Pero ella ya se encontraba reconfortada como para el día siguiente estar fuera de aquella habitación, y caminar un poco por la casa. Aunque era mejor que no le dijera nada de aquella idea al hombre que se encontraba al otro lado de la puerta, por que sabía que entonces iba a poner ha alguien en la puerta para que montara guardia en caso de que él tuviera que marcharse.
Abrió la puerta y se encontró que Bendelin estaba poniendo bien la ropa de la cama Mejor era no decir nada ante aquel gesto. Pero si iba ha estar siempre encima de ella, sería mejor tener mucha paciencia.
Éste la escuchó y se hizo a un lado para que ella pudiera pasar por su lado y entrar nuevamente en el calor de la cama. Sabía en todo momento que Bendelin la estaba mirando de arriba a abajo, por que la camiseta que llevaba de él era muy grande pero igualmente dejaba al descubierto buena parte de sus piernas. Pasó junto a él intentando no rozarlo, pero fue imposible, Estaba segura de que aquello le parecería divertido... Pero para ella no lo fue, ya que el simple roce le produjo corrientes eléctricas por todo su cuerpo.
Pero no todo acabó ahí, por que el hombre tuvo la desfachatez de que cuando introdujo las piernas debajo de las sábanas y se reclinó en el colchón, éste se volvió acercar a ella y se inclinó sobre la cama arropándola con la colcha y mirándola directamente a los ojos. Se quedó durante un momento así, mirándola y con los brazos a cada lado de su cuerpo.
Estaba atrapada, ya que tenía los brazos debajo de todo y no podía sacarlos por que Bendelin tenía bien sujeta la colcha. Lo miró un momento y vio una suave sonrisa en su boca y mirada divertida, para ser cambiada por una llena de deseo. En aquel momento ya le entró miedo, por que sabía perfectamente que es lo que iba hacer el hombre. Y así fue, se inclinó del todo sobre ella y acercó sus labios con suavidad a su frente depositando un beso de cariño... Se quedó parada y por que no, también desilusionada. Pero él seguía sonriendo y mirándola con expresión divertida...
-Veo que no te ha hecho mucha gracia ese beso -dijo sin dejar de mirarla fijamente y haciendo que ella no pudiera apartar la vista de sus hipnotizadores ojos-. A mí también me ha ocurrido lo mismo, pero no hay que preocuparse por que eso tiene fácil solución -Y acto seguido plantó sus labios sobre los de ella. Aquel si que no fue un beso fraternal, no. Allí Bendelin la sedujo sin ningún tipo de vergüenza, llevándola ha altas alturas de deseo haciendo que se volviera loca por sacar los brazos de debajo de tanta ropa y poder acariciar su sube cabello y hombros anchos.
Llevaban rato así. Ella acariciándole el desnudo pecho de su amado y él besándole con gran ardor los pechos más llenos de la mujer, gracias a la vida que estaba creciendo en su interior. No quería parar, ya le era igual lo que ocurriera si seguían así pero como caído del cielo el móvil que había dejado Bendelin encima de la mesita de noche empezó a sonar sacándolos de su dulce letargo.
Mientras él hablaba por el dichoso aparato, no quitaba el ojo de Leslie quien se encontraba completamente acalorada por el pequeño encuentro y un poco nerviosa por no saber qué hacer...
-Lo siento mucho cariño -estaba muy serio, algo malo le tenían que haber dicho por teléfono por que había escuchado como no paraba de replicar y intentar convencer de que hicieran un cambio-. Pero mañana por la mañana cogeré un avión dirección a España para ir a unas obras y reuniones -soltó un suspiro-. No me hace mucha gracia, pero...
-No tranquilo -se sintió muy apenada y no sabía cómo disimularlo-.No tienes por que preocuparte por mí, puedo marcharme a mi casa y allí...
-Ni hablar, te quedarás aquí al cuidado de Helen y Pedro -la amenazó-. No quiero enterarme de que te has marchado, por que sino...
-Está bien... -aceptó un tanto resignada.
-Bien -la miró de forma rara-. Estaré fuera aproximadamente unas dos o tres semanas. Cuando vuelva del viaje tenemos que hablar seriamente... -se calló unos segundos-. La cosa no puede seguir así, Leslie.
-Yo... -estaba muy confundida.
-Buenas noches, princesa -se acercó y volvió a depositar un suave beso en sus labios, para después volver a desaparecer como había estado haciendo siempre.
No sabía cómo había ocurrido, pero si sabía que Bendelin sabía perfectamente cuáles eran sus sentimientos hacia él. Pero es que todo había ocurrido tan rápido ... Soltó un profundo suspiro, mientras se volvía arreglar por segunda vez en aquella noche el cabello.
En los pies de la cama, todavía se encontraba el jersey de él. Sus mejillas cogieron color al recordar en la forma que había acariciado y mordido el pecho de su marido. Pero no lograba recordar en si había sido ella, quien le había quitado el jersey... Seguramente que sí.
Era solo, que no sabía si aquel encuentro había afectado tanto a Bendelin como lo había hecho en ella. Por que no había tardado ni un minuto en separarse de ella y contestar al teléfono. Para comentarle seguidamente que se tenía que marchar a España durante dos semanas aproximadamente en viaje de negocios. Y que cuando volviera, tenían que hablar... ¿Hablar de qué? Aquello no le hacía mucha gracia. Quien no le decía que a lo mejor había cambiado de parecer a lo de mudarse ella a su casa... Además, había desaparecido muy pronto de allí, dejándose la ropa y a ella sola llena de frustrada pasión.
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