11


Decidió tomarse un descanso. Por hoy había hecho mucho trabajo, así que decidió tomarse el resto del día libre y mirarse un par de tiendas en el nuevo centro comercial que habían abierto no hacía mucho.

Después de llevar tres horas dando vueltas, sus pies le reclamaban un alto para recuperar fuerzas al igual que su bebé, que ya volvía a tener hambre. Decidió entrar en un pequeño restaurante que había en la cuarta planta, que tenía aspecto de ser de lo más tranquilo. Cuando el camarero la conducía a una mesa, alguien la llamó...

-¿Leslie?... -ésta se giró y descubrió a María acompañada de una mujer joven, que tenía cierto parecido con ella.

-¡María! ... -se acercó a ella y le dio dos besos-. ¿No me había dado cuenta de que se encontraba aquí.

-He venido con mi hija a mirar un par de cosas y hemos decidido hacer un alto para comer alguna cosa. ¿Qué vienes con alguien?

-No, vengo sola...

-Perfecto -se giró al camarero y le comunicó que pusieran otro cubierto en su mesa-. Comerás con nosotras, y así conocerás a tu cuñada.

Leslie pudo observar que era una joven muy guapa, al igual que María y que Bendelin. Ésta debía tener aproximadamente su misma edad. La joven se levantó con una sonrisa en su rostro y se acercó a saludarla.

-Encantada de conocerte Leslie -le dio dos besos en la mejilla-. No puedes imaginarte las ganas que tenía de conocerte... Así que tú eres la que trae loco de cabeza a mi hermano...

-¡Susana! -intervino su madre un poco escandalizada.

-Qué -protestó la joven-. No he dicho nada malo, Ya era hora de que una mujer le pusiera los pies en el suelo a mi queridísimo hermano. ¿Perdona si te he molestado con mi

-Oh, no tranquila -sonrió Leslie-. Tú conoces mejor a tu hermano que yo...

-Sí, eso es verdad -sonrió al ver que la joven estaba de su parte-. ¿Bueno, que tendré sobrino o sobrina?

-Pues de momento no lo sé -dijo poniéndose una mano en el vientre-. Pero a mí me gustaría que fuera niña...

-Igual que yo -intervino Susana.

-Tonterías -protestó María-, que más da que sea niño que niña. De todas las maneras será el nieto más adorable de Londres...

-María... -sonrió Leslie.

-Pero si es verdad -seguía en su testarudez-. El padre es uno de los hombres más atractivos de Londres y la madre, también es una mujer muy bella... -consiguió que la joven mujer se sonrojara.

-¿Y cuando te mudas a la casa de mi hermano? -Pues no lo sé.

-Supongo que ya te avisará mi hermano. Y bueno, dejando a mi hermano de lado, por que creo que no tiene que ser el tema principal... ¿Qué es lo que te has comprado?

Mucho más tarde Leslie llegaba a su casa agotada, pero contenta. Después de que hubieran comido, María se había tenido que marchar. De manera que se habla quedado con Susana, aprovechando para hablar abiertamente de muchas cosas. Habían descubierto que las dos tenían los mismos gustos en muchos aspectos. Como no, hablan hablado de Bendelin y de sus sentimientos hacia él... Había confiado en Susana de que no le comentaría nada a su hermano, de todo lo que habían hablado. Bueno se podía decir que tenía una amiga más... Dejó la compra en el sofá y se dirigió a la cocina a prepararle la cena a su queridísimo Tor, el pobre la había añorado mucho al no verla en todo el día.

Cuando se fue a sentar en el sofá vio que en el contestador automático, la lucecita roja parpadeaba avisándole de que tenía mensajes. Pulsó el botón y se escuchó la voz preocupada de su padre, preguntándole que por que no se habla pasado por casa ni por la oficina para visitarlo... Tenía razón para estar preocupado. Al día siguiente se pasaría y le pediría disculpas invitándolo a comer y contándole los planes que tenía con Bendelin.

Era raro que Bendelin no la hubiera llamado para decirle cualquier cosa, después de haberle cerrado la puerta en los morros. Estaba loca por haber hecho una cosa como aquella, a saberse como lo interpretaba éste ahora...

Acababa de poner el canal de las noticias de las nueve y media de la noche, cuando el timbre de la puerta sonó. Se extrañó bastante, por que si era su padre o Laura la habrían llamado antes de pasarse de manera que no sabía quién podía ser.

Con los pies descalzos y seguida por Tor, se dirigió abrir la puerta. {Sorpresa! Quien sino podía ser a aquellas horas, que su queridísimo marido... No entendía que es lo que hacía llamando a su casa por la noche y con varias maletas de viaje a sus pies.

-Hola cariño -sonriendo se acercó a ella y pillándola desprevenida le dio un beso en la mejilla, para coger seguidamente las maletas y entrar en la casa como si llevara viviendo en ella toda la vida. Aún sujetaba la puerta como una tonta, mientras que Bendelin ya se encontraba sentado en el sofá en compañía de Tor... ¡Aquello era demasiado! Con cara de pocos amigos, cerró la puerta de un golpe en seco y se dirigió al comedor para plantarse enfrente de Bendelin, que miraba las noticias de un accidente aéreo mientras le acariciaba tras las orejas a Tor-. Quieres apartarte a un lado cariño, no me dejas ver las noticias -intentó decir con seriedad, pero se le escapaba la mirada burlona.

-¿Qué crees qué estas haciendo? -le preguntó con los brazos cruzados y cara de pocos amigos.

-¿Ver las noticias? -dijo con sonrisa torcida, mientras se reclinaba en el cómodo sofá.

Leslie se agachó un momento para coger el mando de encima de la mesilla y así apagar el televisor con él.

-Vaya, ya veo que no te gustan ver las noticias que... -seguía con su broma. -¡Bendelin! -exclamó con furia.

-Está bien, princesa -a Leslie ya no le gustó que mencionara aquella palabra, por que aquello significaba que algo tramaba-. Verás resulta que mi madre al enterarse de que te vienes a vivir a mi casa a empezado arreglarlo todo, y ahora están pintando toda la casa y haciendo obras... De manera que como no hay sitio para mí en ella, he decidido venir a vivir a tu casa hasta que acaben las obras en la mía... Solo serán un par de semanas o menos

-¿Estás de broma, verdad? -preguntó con la tensión en un puño.

-No, por que iba a estarlo -dijo con tranquilidad.

-Pero si no hacen falta obras en tu casa -empezó a decir un tanto histérica.

-Eso ya se lo dije yo, pero empezó a decirme que no había ni un toque femenino en la casa de manera que no pude negarme... Supongo que ya conoces como es mi madre.

-No puedes quedarte aquí -empezó a pasear de un lado a otro-. La ciudad está llena de hoteles.

-No me gustan, son muy fríos -la cortó rápidamente-. Leslie, míralo como si fuera un entrenamiento para cuando vengas a mi casa.

- ¡No! -exclamó nerviosa-. Ésta es mi casa y yo no sé, bueno...

-No te preocupes apenas notaras que estoy viviendo aquí... -dijo levantándose del sofá y poniéndole las manos en los hombros.

Que no iba a notar que estaba en su casa... ¡Ha! Pensó Leslie. Aquello era una jugarreta de Bendelin, para devolverle lo que le había hecho el otro día... Pues muy bien, si quería jugar pues iban a jugar. Sonrió para sí misma al pensar lo mal que lo iba a pasar Bendelin durante aquellas dos semanas...

-De acuerdo -aceptó de pronto, pillando por sorpresa al hombre-. Pero quiero que te comportes debidamente en mi casa, aquí no hay niñeras para que vayan detrás de ti...

-Leslie que soy mayorcito... -sonrió atractivamente, consiguiendo que Leslie se lo pensara nuevamente por un momento si había hecho bien-. ¿Bueno en donde voy a dormir?

-Aquí en el sofá -sonrió triunfante-. Verás es que el cuarto que tenía de invitados ya no existe, desde que me regalaron una cuna y varias cosas para la niña. Pero de momento lo utilizo como despacho

-No pretenderás que duermas aquí en el sofá -preguntó en un gruñido.

-¿Porqué no? Pero si es muy cómodo...

-Venga Leslie -empezó a decir-, pero si de sobras sabes que es imposible de que duerma en él. No ves que las piernas enteras me sobran...

-Que problema tengo yo, de que tú seas una persona muy alta... -dijo sonriendo-. ¿No pretenderás que te haga un lugar en mi cama, verdad? -al ver que Bendelin sonreía ante la sugerencia que hizo, se puso blanca como el papel-. Ah no, tu estas loco si de verdad piensas que permitiré una locura como esa.

-No va a ocurrir nada malo -sonrió-. Somos marido y mujer y es normal que como tal...

-Lo único que vamos a ser nosotros es padres de aquí a unos meses y nada más -dijo con voz firme.

-Te prometo que no te haré nada -prometió con voz seductora. -¡Ha! Y eso quien se lo cree... -inquirió con los brazos en jarra.

-Mira haremos una prueba y así sabremos si podemos dormir tranquilamente -empezó a decir, mientras se acercaba a ella.

-¿Una prueba? Eso me huele a cosa del Bendelin playboy...

-Pero hay que ver cómo eres mujer -sonrió abiertamente mientras la rodeaba por la cintura.

-¿Pero qué te crees que estas haciendo? -preguntó mientras intentaba soltarse de sus brazos.

-Tranquila no tengas miedo -intentó tranquilizarla con un susurro-. Solo quiero que probemos a besarnos y si alguno de los dos no coopera, eso significa que podemos dormir tranquilamente por que sabremos que el otro no le saltará encima, por que no siente nada hacia el otro.

-Eso no hace falta -dijo muy alterada-. Ya tienes la respuesta sin tener que hacer la prueba, yo no siento nada por ti...

-Sí claro, por eso te encuentras en ese estado verdad -dijo sonriendo.

-Aquello fue la pasión del momento o la borrachera... -seguía intentando sin ningún éxito el librarse de los brazos de Bendelin.

-Según lo que me confesaste aquella noche en nuestro nido de amor, yo no diría que fuese a causa de la borrachera lo que hicimos... -en cuanto aquellas palabras salieron de su boca, Leslie se puso colorada de la rabia y empezó a darle inútilmente golpes en el pecho mientras lo insultaba.

-Canalla, cerdo arrogante... - ante aquella reacción Bendelin solo hizo que reírse a carcajadas durante unos segundos, para luego silenciarla a su manera.

-Calla y deja que comprobemos quien tiene razón -interrumpió brutalmente al cogerla por las muñecas y ponerle los brazos detrás de su espalda para inmovilizarla. Durante una milésima de segundo los ojos de Leslie demostraban desagrado, para ser sustituidos fugazmente por el brillo de la pasión cuando Bendelin capturó sus labios con fuerte deseo.


Tal vez era la rabia lo que hizo que Leslie se agarrara al cuello de Bendelin y se dejara llevar efusivamente en aquel beso. O tal vez era el amor que sentía hacia aquel hombre, lo que hizo que olvidara todos los problemas que tenían y se dejara llevar por su corazón, aún sabiendo que más tarde se arrepentiría.

Sintió como una mano de Bendelin descendía con suma delicadeza por su espalda hasta llegar a la base de ésta, para levantar su jersey y deslizar su mano hasta alcanzar un seno. No supo de quien fue el gemido, solo sabía que se estaba perdiendo en aquel mar de sensaciones. Sus pezones se irguieron por el fuerte deseo que se estaba despertando en su cuerpo y Bendelin lo notó, capturando uno con sus labios. La fuerte punzada de gozo que sintió ante aquel contacto tan íntimo, hizo que Leslie le clavara las uñas en la espalda a Bendelin mientras se inclinaba hacia atrás para que éste tuviera fácil acceso.

No supo como habían llegado pero al cabo de un rato, Leslie se encontró tumbada en el sofá con Bendelin inclinado encima suyo intentándole abrir los botones del pantalón... Aquello hizo que el chip de alerta se encendiera en su cerebro, alertándola de lo que estaba a punto de ocurrir. Ella también deseaba aquello, pero no de aquella forma cuando aún no se habían relacionado como matrimonio. No quería volver a tener solo una noche de sexo con Bendelin, por que aquello seria tirar sus planes por la ventana...

Al parecer Bendelin debió de notar el cambio brusco que sufrió su cuerpo, por que se detuvo y la miró por un momento a los ojos como buscándole una respuesta a lo ocurrido, mientras los dos recuperaban el aire perdido por la pasión del encuentro. En silencio se levantó del sofá y la ayudó a incorporarse...

-Lo siento Leslie -se disculpó sinceramente-, no quería que ocurriera esto... -mientras se ponía la camisa bien, estuvo con la mirada muy pensativa-. ¡Pero que estoy diciendo! Claro que quería que ocurriese... Tú lo sabes, te deseo desde el mismo día en que te conocí.

-Será mejor que no digas nada más -lo interrumpió Leslie a tiempo.

No quería que dijera nada, por que estaba más que segura de que lo decía inducido por el encuentro que acababan de tener o solo por el bien del bebé y de los que habían en su entorno. Era imposible que Bendelin estuviera enamorado... Él era un hombre de tener un gran harén.

-Entiendo -se pasó una mano por el cabello en gesto desesperado-. Cuando veas que el momento adecuado para hablar de ello ha llegado, me avisas no vaya a ser que...

-Por favor... -lo miró un poco apenada-, no quiero tener una fuerte discusión en éste momento.

-Está bien, puedes estar tranquila.

-Gracias -empezó a encaminarse a la cocina-. Por que no te acomodas, mientras voy a preparar algo de cenar - Bendelin se sorprendió mucho al escuchar aquellas palabras de Leslie.

-¿Me estas diciendo qué me voy a quedar aquí?

-Sí -lo miró un momento-. Es lo más normal que puedo hacer por el padre de mi hijo. Y por que sé, que si te hago prometer que te estarás quietecito tu lo cumplirás como buen...

-Gracias, entonces no te importaría que me diera una ducha de agua fría para calmarme un poco y así poder cumplir esa parte de trato -dijo con sonrisa torcida, haciendo que Leslie no pudiera evitar el sonrojarse tras pensar en tener a Bendelin desnudo en su ducha... - Pero si sigues pensando en eso, te aseguro que me será tremendamente imposible el cumplirla - sugirió con voz seductora y mirada traviesa.


-Sí claro -carraspeó un poco y lo acompañó al cuarto de baño-. Aquí tienes las toallas -abrió un pequeño armario de madera color cerezo-. Las maletas las puedes dejar en mi habitación, que más tarde miraré de hacerte sitio en el armario para tu ropa. Bueno... Puedes cambiarte en el dormitorio, y si necesitas algo no dudes en llamarme...

-En cierto modo sí, por que hay cierto punto en la espalda al que no llego demasiado bien... Si quieres te llamo y vienes a frotarme -dijo en broma, consiguiendo que Leslie saliera de allí con el ceño fruncido.

Nada más entrar en la cocina, se apoyó un momento en el fregadero para coger aire y tomar cuenta de lo que acababa de hacer. Meterse en un buen problema.

El que Bendelin se quedara a vivir durante un par de semanas no era lo mismo que cuando ella se fuera a vivir indefinidamente a su mansión.

Su casa era mucho más pequeña que la de él, por lo tanto aquello significaba que la intimidad quedaba nula. Por que la única habitación que iba a tener como respiro de su presencia era el cuarto del niño, que de momento utilizaba como despacho. Pero claro, siempre cabía la posibilidad de que Bendelin también lo quisiera utilizar en el mismo momento que ella. Por lo tanto, ya no tenía un espacio libre de presencia.

Y luego estaba el tema del dormitorio. No entendía como había podido ser tan estúpida en aquello. En la casa de Bendelin tendría su propio dormitorio con cuarto de baño. En cambio aquí en su casa, solo había un dormitorio y un cuarto de baño. De acuerdo que la cama de matrimonio era muy grande, como para que durmieran tres personas cómodamente... Pero siendo Bendelin, quien dormiría con ella se le hacía demasiado pequeña para ello. Estaba completamente segura de que sus días de sueño profundo, habían llegado a su fin.

Con la cabeza hecha un lío, abrió la nevera y sacó cuatro huevos para preparar una tortilla francesa, acompañada con salsa de champiñones que tenía ya preparada y una ensalada verde. Esperaba que a Bendelin le gustara. Por suerte, también tenía una tarta de queso, que se le había antojado el otro día al verla anunciada en un folleto de una pastelería.

Se encontraba en el dormitorio de Leslie, buscando en la maleta algo de ropa para ponerse... Mientras le echaba una hojeada por encima al cuarto. Lo que más le había sorprendido, era la enorme cama de matrimonio que dominaba el centro de la habitación. El estilo era de aquellas antiguas con cuatro postes, uno a cada ángulo y cubierta por suaves gasas... No le extrañaba que hubiera aceptado el que durmiera con ella allí, por que no habría el mínimo roce entre los dos a no ser que uno se moviera mucho.

Al fin decidió ponerse un pantalón tejano y un jersey de lana no muy gordo. Tal como estaba por su casa siempre, ya no creía que tuviera que vestirse de chaqueta para estar por casa de su esposa... Volvió a dejar la maleta en un rincón al lado de la otra, y salió del dormitorio en dirección a la cocina de donde provenía un delicioso olor.

¡Dios, estaba guapísimo! Pensó Leslie, al mirar a Bendelin entrar en la cocina y pararse un momento al lado de la encimera en donde estaban las ensaladas listas para cada uno.

-Vaya, son muy bonitas... -le comentó con sinceridad.

-Gracias -le dijo un poco aturdida-. He preparado una cena sencilla, que consiste en una ensalada, tortilla francesa acompañada con salsa de champiñones y de postre tarta de queso...

-Delicioso -dijo en un gemido-. Sabías que la tarta de queso y los champiñones, son una perdición para mí...

-No, no lo sabía -le respondió mientras abría la nevera y miraba la bebida-. Así que tienes suerte esta noche -sonrió-. ¿Qué prefieres para beber? Tengo refresco de Coca-Cola, zumo de manzana, naranja, vino tinto y cerveza...

-El zumo de manzana me irá bien -le respondió mientras cogía las ensaladas, para llevarlas a la mesa del comedor que ya estaba puesta.

-Perfecto, zumo de manzana para los dos -cerró la nevera y dejó el tetrabrik encima de la encimera, para empezar apartar los platos.

-¿Un poco más de tarta? -preguntó Bendelin.

-No gracias -sonrió-, estoy que no me entra nada más...

-Yo tampoco, estaba todo realmente buenísimo -se reclinó en la silla, mientras se quedaba por un momento pensativo.

La verdad, le había parecido que no era la primera vez que Leslie cocinaba para él y cenaban con aquella tranquilidad. Le había gustado mucho y esperaba que no llegara el día en el que no lo volverían hacer. Todo había ido como si fueran un matrimonio como todos los demás, cada uno le explicaba a su pareja lo que había ocurrido durante el día y hablaban sobre temas de la actualidad...

Sus pensamientos fueron interrumpidos, cuando Leslie se levantaba de la mesa y empezaba a recoger.

-No, deja que lo recoja yo. Es lo menos que puedo hacer después de que hayas preparado la cena tú -dijo mientras se levantaba y le quitaba de las manos los platos.

-Muy bien -dijo resignada-. Entonces prepararé el café.

Una vez que los platos estaban en el friegaplatos y el café listo, fueron a sentarse al sofá y ver las noticias. Le extrañaba el que no se le hiciera raro el tener a Bendelin sentado a su lado, tomándose el café mientras miraba la tele. No se creía que se hubiera acostumbrado tan rápido al que Bendelin se mudara a su casa... Pero verdaderamente a él se le veía muy a gusto allí.

Por lo que podía ver, no era un hombre muy pomposo al no estar en un salón casi igual de grande que su casa con la chimenea encendida, y un mayordomo que le traía las zapatillas de estar por casa... Sonrió ante tal ironía.

Lo que no sabía es como iba actuar cuando fuera la hora de irse a la cama. Por que no sabía si se tenía que ir al mismo tiempo que él, o dejar que fuera él el primero y que cuando estuviera dormido aprovechar la ocasión para acostarse sin tener dos pares de ojos observándola.

-¿Leslie, te importa que coja mi ordenador portátil y me ponga a trabajar un poco? -preguntó sacándola de su mundo.

-Qué... Ah, no tranquilo. Si quieres puedes ir al cuarto del niño, allí tengo un escritorio grande y podrás trabajar mucho más tranquilo.

-¿No te importa que te deje sola?

-No tranquilo -sonrió levantándose para acompañarlo al cuarto y enseñarle más o menos en donde estaba todo, pero al girarse a Bendelin vio que éste miraba al fondo de la habitación en donde habían cosas para el bebé.

-Vaya, podrás haberle dicho a mi madre que tu ya tenías casi todo el cuarto -sugirió en tono raro de voz.

-No pasa nada, así tendré éste en caso de emergencia... -sonrió al ver la cara que puso éste al pronunciar ella aquellas palabras-. Por si se rompe o me voy de vacaciones, así tengo unos para llevarme ya sabes darle guerra...

-Entiendo. Bueno, voy a buscar mis cosas y empezaré a trabajar...

-Bien, si tienes sueño más tarde no hace falta que te esperes despierto a que yo me vaya a dormir...

-Lo mismo digo, princesa -le contestó con sonrisa torcida, poniéndola nerviosa.

Una hora después Leslie apagaba la tele muerta de sueño y le llevaba un café a Bendelin que seguía trabajando muy concentrado, deseándole las buenas noches. Por lo visto se tuvo que dormir nada más poner la cabeza en la almohada, por que no se enteró de cuando Bendelin se puso el pijama y se metió en la cama, tapándola con la corcha que se había caído hacía un lado mientras dormía. Ni que estuvo casi toda la noche observándola dormir...

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