30. Pradera en plaga
El sol sale y oigo a los pájaros cantar en la venta. Me aferro al cuerpo de Helen, que sigue dormida y huelo su cabello, olor a jazmín. ¿Por qué es tan perfecta? ¿Será porque estoy enamorado? Todo en ella me parece tan bonito.
—Daniel ¿Qué hora es? —abre los ojos y me encuentro con ese intenso color verde, que me envía a una bella pradera.
—Las nueve.
—¡¿Qué?! —se sobresalta y cuando se está por levantar la detengo —tengo que ir a trabajar ¿No sonó mi despertador?
—Era una broma, son las siete —me río y me golpea.
—Eres idiota, me asustaste —se enoja y se sonroja cuando le robo un beso —me vas a dejar sin aliento.
—Es la idea —la vuelvo a besar y mientras nuestras bocas juegan me dan ganas de...
—Papi...
Me detengo al oír a mi niña desde su habitación y me levanto rápido, poniéndome el bóxer y el pantalón de una sola vez.
—Ya voy princesa —me dirijo a la puerta mientras oigo a Helen reírse. La señalo —no hemos terminado.
—Te debo algo, supongo —continúa riendo mientras se viste también.
Llego a la habitación y me acerco a la cama de mi niña.
—¿Qué paso, princesa?
—Hay... hay un bicho —señala asustada, un mosquito en la pared.
Malvados insectos me arruinaron el momento. Agarro una zapatilla y lo aplasto. Tengo que comprar algo para deshacerme de estas plagas.
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