The nights

La comida estaba fría.

La sola luz de la cocina se encontraba prendida en aquella pequeña casa, junto con la luz exterior avisaban que uno de sus habitantes se encontraba dentro en aquella tortuosa noche de viernes.

Se encontraba solo en aquella mesa, comiendo la cena recalentada de la noche anterior. Sin embargo incluso llevar el tenedor a su boca era una tarea abismal para entonces.

Había estado tranquilo durante todo el día, y no fue hasta que llegó a su casa que todos los sonidos de las risas y charlas amenas se extinguieron ni bien la puerta principal se cerró, que sintió lo pesada que se volvía su respiración.

Llevó sus manos a su cabello, finas hebras rubias que caían sobre sus ojos, mientras se resignaba a que su estómago no iba a ingerir ni un bocado más. Perezosamente limpió los utensilios y dejó todo completamente en su lugar para luego subir a su habitación en un silencio donde solo sus pasos eran lo único que lo rellenaban.

Su cama se encontraba más fría que de costumbre, y las estrellas pintadas con pintura fluorescente se reflejaban en sus ojos celestes. El recuerdo de su novia pintando aquellas estrellas subida a una escalera le dibujaron una pequeña sonrisa que lo sacó un momento de su profundo pozo.

Su teléfono vibraba y no había parado desde que sus amigos lo habían dejado en la puerta de su casa hace ya tiempo atrás, por lo que simplemente lo ignoró y lanzó hacia la almohada con mucha fuerza contenida. Lo último que había hecho con él había sido leer un mensaje de su madre avisando que esa noche no llegaría a cenar y que no le esperase despierto.

Len sabía la razón de eso. Era ese día del mes.

Aun si había sido hace ya año y medio, su madre continuaba saliendo todas esas noches a emborracharse en algún bar lejano donde nadie la conocía y podía ahogar sus penas en paz hasta que sus piernas e hígado no dieran tregua y se resignase a ir caminando a tropezones hasta su casa.

Si bien el resto del mes y días su madre era completamente estable y normal, la noche del aniversario de la muerte de su padre era el día en que ella recordaba a su compañero de vida con todo su ser y su falta le golpeaba con tal fuerza que tenía que recurrir a la bebida. Len se lo perdonaba, la entendía.

Pero incluso para él, esos días eran tan solitarios.

Se recostó en su cama, observando aquellas deformes estrellas brillantes mientras que sentía los latidos de su corazón calmarse.

Había sido tan repentino, un accidente automovilístico con un camión de carga y el auto de su padre. Él estaba en medio de clases cuando le avisaron que la ambulancia iba de camino al hospital y que un profesor lo llevaría hasta allí. 

Lo último que recuerda él ni bien ingresar a la sala de emergencia, es ver a su padre en una camilla completamente destrozado y con una mujer haciendo reanimación sobre él mientras lo trasladaban a los cuidados intensivos. Pero en menos de 30 minutos salieron con esas noticias para él y su madre.

Oh dios, que fuerte le golpeaba eso en la boca del estómago cada vez que lo recordaba.

No más comidas al llegar, no mas cafés en la medianoche, no más música en los almuerzos del domingo. No volver a escuchar su risa estruendosa resonar por todas las paredes de la casa al ver su estúpido programa en la tele.

Ni las lágrimas salían de sus ojos, ellas no serían suficiente expresión del vació que ahora se hallaba en su pecho. Abriéndose cual grieta. Solamente el silencio le acunaba entre sus brazos y el recuerdo de aquellas sonrisas comenzaban a desvanecerse.

La amarga expresión en su rostro no cambiaba. 

De haber sabido que aquella mañana no lo vería más, le habría dicho un montón de cosas que quería decirle. Papá, yo fui quien rompió tu taza favorita. Papá, estoy saliendo con Rin. Papá, si, bebo un poco de alcohol. Papá, ese peinado te queda horrible. Papá, si, te estas quedando calvo.

Papá, te quiero.

Esta vez no lo pudo contener y un sonido lastimero salió desde el fondo de su garganta mientras que llevaba su antebrazo a sus ojos para cubrirlos. O eso pretendía hasta que un pequeño foco se prendió dentro de su cabeza.

Tomó su mochila y buscó por entre todos aquellos libros de texto hasta dar finalmente con su billetera. Al final de esta, agazapado entre sus tarjetas de los videojuegos y alguna que otra foto de sus amigos y el poco dinero que tenía, un pequeño papel amarillo se hallaba doblado en cuatro.

Su padre acostumbraba a dejarle dentro de la bolsa de su almuerzo alguna nota con alguna frase o un mensaje que quisiera darle. Desde un simple "Te quiero" o "Estoy orgulloso de ti"...

Hasta un "Por favor ayúdame, no se que regalarle a tu mamá. Si se te ocurre algo avísame"

Una ligera sonrisa se formó en sus labios ante ese recuerdo.

Esa había sido la última nota de aquella mañana. Él acostumbraba a leerlas durante los almuerzos en la escuela y sin embargo aquel día le habían avisado mucho antes de este horario. Por lo que terminó encontrando la nota cuando sus amigos le entregaron sus pertenencias al final del día.

Era la última nota que leería de él. En toda su vida.

Si bien guardaba todas la notas desde que ingresó a la preparatoria, en una caja que cuidaba como si fueran su posesión más valiosa, esa sería la última de aquella forma de expresión que su padre había encontrado para hacerlo sonreír durante su hora de comer.

Esa misma noche en que había sucedido todo, y la encontró junto con su almuerzo, la sostuvo entre sus manos por unos momentos. Y se dijo que la guardaría hasta el momento en que más la necesitara. Cuando más bajo cayera.

Tomó aire. Bueno, ese momento había llegado.

Con sumo cuidado, y con una parsimonia que desconocía, comenzó a desdoblar aquella nota adhesiva amarilla que poco a poco dejaba entrever algunas letras con la caligrafía apurada de su padre.

"Un día dejarás este mundo atrás, así que vive una vida para recordar"

Y sus ojos picaron con mucha más fuerza. Sí, definitivamente esa nota era la última que su padre le había escrito.

Una vida para recordar.

Recordar.

Vaya, que fue hasta ese entonces que su oídos volvieron a la realidad y notó cuanto temblaban sus manos y como sus mejillas se encontraban con finos caminos surcados por agua salada. Volvió a escuchar su teléfono vibrar, sin embargo esta vez indicaba una llamada con un tono característico.

En la pantalla claramente se iluminaba el nombre.

RinRin.

Atendió sin más dilación.

—¿Hola?

¡Len!—Al otro lado de la linea su voz se oía aliviada—Gracias por contestarme, me preocupé mucho cuando no contestabas los mensajes del grupo. Se que estos días son difíciles, y que no te gusta estar conmigo cuando te sientes así de mal... Pero yo estoy aquí para ti, quiero que lo recuerdes.

Se conmovió completamente, mientras sentía su corazón estrujarse por la ternura y amor de aquel ser de luz que era su chica.

—Perdón por preocuparte... Lo siento mucho.

Ya bebé, está bien. Se que es difícil.

Comenzó a caminar por su habitación mientras solo escuchaba la respiración de Rin al otro lado de la pantalla. Era algo que hacían muy seguido y no los incomodaba en absoluto, la sola idea de su presencia a su lado los calmaba en cualquier situación.

Observó su escritorio, lleno de papeles y con su computadora cerrada; su vista se trasladó a los marcos de fotos que se hallaban a su costado. Una en donde se encontraba él con su padre en la playa bebiendo algo caliente.

Y nuevamente ese foco se prendió.

—¿Qué estas haciendo?

Estoy por irme a dormir, solo quería hablar contigo... ¿Por qué? ¿Quieres que vaya hasta tu casa? Puedo ir en unos minutos.

Dudó unos segundos, mirando esa foto y observando la noche ceñirse por sobre la ciudad. No era su idea más magnífica, pero era algo que siempre ha querido experimentar. Una noche de sábado, podrían hacerlo otro día mucho mejor planeado.

Su mirada viajó a la nota que aun sostenía en su mano mientras que se había quedado en silencio. Rin solo esperaba una confirmación del otro lado de la linea para comenzar a buscar sus zapatos.

Len, cariño, ¿Estás bien?

Limpió la lágrima traicionera que buscaba caer por su mejilla mientras su mirada se llenaba de convicción y sus ideas crecían para armar un plan. Por primera vez en toda esa pesada y solitaria noche, una sonrisa completa se formó en sus labios.

—Mejor que nunca. Te veo en 15 en la puerta de tu casa, prepara tus cosas.

¿A dond-

No la dejó terminar, y antes de que ella se diera cuenta colgó la llamada. Con su celular en mano comenzó a ver todas aquellas notificaciones de mensajes que le habían llegado. Especialmente de un grupo en particular. 

La sonrisa en sus labios no se borró.

Los besties (Y Kaito) [58 mensajes nuevos]

Azu-lado🍦
¿Alguien me pasa las respuestas de matemática?
Para comparar.
:(
20:13

Lady Pulpo🐙
A-1480,23.
B-Trinomio perfecto.
C-Pitágoras.
20:15

Azu-lado🍦
Pero tu no estas en nuestro salón :(
20:15

Lady Pulpo🐙
Ya lo sé, solo escribí cosas al azar.
20:18

Lady Pulpo🐙
Por cierto... ¿Creen que está bien?
No lee ninguno de nuestros mensajes.
Desde que se bajó del auto de Kaito se veía apagado.
21:30

Azu-lado🍦
No lo culpo, sabes que estos días no son los mejores para él.
Seguramente se quedó dormido.
21:32

Mi-Kulo-verde🎶
MIRÓ LOS MEMES QUE LE MANDÉ A INSTAGRAM.
Y NO ME RESPONDIÓ NADA.
NI UN CORAZÓN.
O-FEN-DI-DA.
21:35

RinRin💛
Podemos ir mañana a desayunar a su casa.
Llevamos waffles y helado.
Lo apreciará.
21:40

Lady Pulpo🐙
Miku, nos envías memes 24/7... 
Creo que es un buen plan, Rin.
Pero me gustaría que diera señales de vida.
21:41

Azu-lado🍦
Quizás se le acabó la batería y perdió su cargador.
En realidad, lo tengo yo. Se me rompió el mio y tomé prestado el suyo.
O quizás está en la bañera llorando.
21:42

Mi-Kulo-verde🎶
KAITO.
MODO SERIO.
[Stiker de pocoyó enojado]
21:44

RinRin💛
Acaba de llamarme.
Dice que está bien.
Y me dijo que en 15 me buscaba.
No entendí :/
22:01

Mi-Kulo-verde🎶
( ͡° ͜ʖ ͡°)
22:01

Lady Pulpo🐙
( ͡° ͜ʖ ͡°)
22:01

Azu-lado🍦
( ͡° ͜ʖ ͡°)
22:02

Mi-Kulo-verde🎶
Va a liberar tensiones.
22:02

Len K.
No sean mal pensados degenerados.
Estoy vivo Luka, gracias por preocuparte.
Buscaré a Rin por su casa, y luego iré por los demás.
Prepárense.
Y si no salen a la primer bocina, no tengo problema con despertar a los vecinos.
¿Ya cenaron?
Bueno, no importa. Lleven sus billeteras.
Y un poco de abrigo.
21:15

Aprovechó para enviar una lista de cosas que los chicos debían llevar en sus mochilas, avisando que en el camino les contaría su plan pero que ahora debían de hacer lo que les dijera. Si querían, claro. Abrió la aplicación de maps para asegurarse que todo estaba en orden y la distancia que él suponía era la correcta.

Y sin más, guardó la nota en el bolsillo de su pantalón, buscó la primer sudadera que se hallaba en su armario, cogió su mochila, y abrió la gaveta de su escritorio. Allí tenía algunos ahorros en caso de alguna emergencia. Tomó algunos billetes, y observó por última vez la foto con su padre antes de salir y bajar las escaleras.

Abrió la nevera, encontrándose con algunas latas de gaseosa que no dudó en meter a su mochila. Una bolsa de papitas y algunas frituras más, el edredón que dejaban en el sofá para ver películas, y sus lentes de sol. No le hacía falta nada más.

Una vez en la puerta de entrada tomó las llaves de su vehículo, asegurándose de cerrar todo adecuadamente y de dejar la luz exterior prendida. El jeep negro brillaba ante la iluminación de la calle, se subió con su sonrisa intacta y lanzó la mochila a los asientos traseros antes de colocar la llave en su lugar.

Y ahí se detuvo. Llevando su frente al volante y repasando nuevamente su plan. Abrió la nota nuevamente para releer aquella frase y sonrió al saberse afortunado porque su madre le regalara aquel vehículo ni bien cumplió sus 18 años.

Es de parte de ambos, tu padre quería que tuvieras uno.

Y bueno, ahora lo usaría realmente para algo que valía la pena.

No fueron más de 10 minutos lo que le tomó llegar a la casa de su novia. Ella se encontraba allí en el porche de su casa, con sus manos acunando su rostro y su mirada perdida en las estrellas de la noche. Sin embargo esta cambió a una de total curiosidad ni bien lo observó llegar, tomó su mochila y se acercó hacia su vehículo.

Su cabello rubio brillante era adornado por ese lazo que llevaba todo el tiempo con ella, sus ojos celestes adornados con esas largas pestañas y esas pecas que adoraba admirar. Sonrió como bobo enamorado al verla subirse al jeep con esa sudadera que estaba cien por ciento seguro, era suya.

—Linda sudadera.

—Gracias, se la robé a mi novio.

Y rió con malicia antes de inclinarse sobre su asiento para poder depositar un casto beso sobre los labios de Len. Una vez se separaron aprovechó para llevar su delicada mano a su cabello, acariciando con cariño.

—¿Estas bien?—Su mirada le trasmitía una preocupación absoluta y por momento se odió por ser tan malditamente cerrado con respecto a sus sentimientos para con ella.

Tomó su mano, y la llevó a su mejilla y posteriormente a sus labios. Dejando un beso en la palma de su mano mientras cerraba sus ojos y sonreía. Volvió a abrirlos para dirigir una mirada completamente encendida.

Esa que era diaria en él.

—Completamente.

Y sin más, volvió a encender el motor de su jeep y procedió a contarle el plan a Rin mientras que tomaban rumbo a la siguiente casa.

La chica de largo cabello rosa estaba bajando a través de la ventana de su habitación, la contemplaron colgarse de alguna rama del árbol y bajar por el columpio que había en este. Su hermano les saludaba desde la ventana mientras que le hacía señas a Len para que la cuidara y un puño cerrado en caso de que no lo hiciera.

Si supieran que en realidad, ella los cuidaba a ellos.

Agitada por el esfuerzo de bajar, se limpió un poco la cara en la entrada de la casa. Justo al mismo tiempo en que la puerta principal se abrió.

—Cariño, tu abrigo—Su madre le tendió este.

¿Con que necesidad había bajado desde la ventana entonces?

—Gracias ma.

Se subió en el asiento trasero, mientras tomaba charla con la pareja al frente y comenzaba a lanzar las mochilas de todos en la parte posterior del vehículo. Llevaba su cabello recogido en una cola de caballo y un par de shorts con una remera a rayas.

—¿Vamos a pasar por McDonald's, cierto?—Se asomó hacia el asiento del conductor.

—Solo si te pones el cinturón, ya casi llegamos a lo de Kaito. 

Y ahora, con el cuarto y quinto miembro del grupo, uno que por cierto se había quedado dormido en el sofá y Len, el que avisa no traiciona, comenzó a dar bocinas que por poco despertaban a los vecinos a las casi 22:10 de la noche. Que suerte que tenían que eran vecinos y Miku simplemente abrió la puerta de la casa de Kaito para sacarlo a patadas.

—Tienes un jeep, y no le quitas la cubierta ¿Donde está lo divertido?

Rodó los ojos ni bien él subió al coche y volvía a retomar marcha. Ya que todos estaban reunidos en el auto volvió a repetir los planes y se dirigió rumbo a la gasolinera cercana a la autopista para salir de la cuidad.

Allí, llenó el tanque mientras que sus amigos compraban más cosas en la tienda y aprovechaban para sacar la cubierta del vehículo antes de salir. Ahora sí, todo estaba listo. Una vez todos subieron y las hamburguesas que habían ordenado estaban calientes y listas, se colocaron sus cinturones de seguridad, conectaron el teléfono de Miku al estéreo, y emprendieron viaje.

Se sentía fresco, a decir verdad.

Escuchaba a sus amigos conversar y la música de uno de sus teléfonos resonar por los parlantes del auto. Mantenía la vista al frente mientras su brazo derecho rompía el viento con la velocidad que manejaba.

Aprovechaba para despejar su mente, para dejar que toda aquella tristeza que aun quedaba en su ser se transformara en algo completamente positivo. Bajo aquel manto estrellado un pequeño grupo de amigos disfrutaban de su juventud. Sintió el aroma de el pasto húmedo, el petricor, inundar sus fosas nasales por unos escasos segundos.

Y un lejano recuerdo de él acostado junto a su padre  en la hierba apareció en su cabeza. Contando las estrellas y con un fuego chispeante a su lado. Reían de un chiste absurdo que su padre había hecho con respecto a una de las constelaciones.

¿Sabes campeón? Son estas las noches que nunca mueren.

En ese entonces no lo entendió, no entendió la importancia de los recuerdos o de las anécdotas divertidas. De las sonrisas que involuntariamente siempre salían una vez que por su memoria se proyectasen. Su sonrisa se ensanchó.

—¡OH! ¡Sube el volumen! Esta es una de mis favoritas.

Y sin más, Miku se soltó el cinturón mientras se paraba en el automóvil y dejaba que todo el viento le diera de lleno en la cara, moviendo sus cabellos mientras que Luka sujetaba el celular filmando todo y Rin simplemente bebía su gaseosa.

One day my father, he told me, son don't let it slip away.

He took me in his arms, i heard him say.

When you get older, your wild heart will live for younger days.

Think of me if ever you're afraid.

Y la voz de todos coreando la canción lo hizo reír con tal magnitud que incluso, así, sintió la mano de su padre palmearle la espalda. Ahí, junto con sus amigos cantando a todo volumen y riendo con la voz rota, en medio de una carretera apenas concurrida, comprendió que esos momentos son los que siempre iba a apreciar.

Las luces de la autopista, el viento golpeando en su cara, la luna acompañándoles, las sonrisas de aquellas personas que se apreciaban demasiado. Cuanto se alegraba de tenerlos a su lado en esos momento.

Y sin embargo las energía tampoco les eran eternas luego de un viernes de clases. Cuando quisieron observar el reloj, este ya marcaba las 2 de la mañana y Miku ya se estaba adormeciendo entre Luka y Kaito, quienes discutían sobre quien poner la música.

—Quiero escuchar algo de Lofi—Luka no comprendía de que, de ser así, todos allí terminarían dormidos por esa música.

—¡Y yo la sinfonía de Da Vinci!—Kaito le respondió con ironía.

—Da Vinci era pintor Kaito, Beethoven era el compositor—Rin había abierto una de las hamburguesas que quedaban.

Len suspiró, llevando el vehículo hacia un costado y deteniéndose. No era seguro que él continuara manejando si sentía que sus párpados pronto se cerrarían. Tampoco era muy buena idea continuar con el techo descubierto, podía llover en cualquier momento del viaje.

—Kaito ¿Puedes manejar? También deberíamos poner el techo.

Y, como si hubiese presionado un botón, las energías de Miku volvieron a salir mientras pedía ir ahora en el asiento del copiloto, obligando a Rin a moverse hacia atrás.


Rin y Len se habían dormido abrazándose uno a otro, Luka les había colocado un cobertor y ya había sacado fotos con la cámara de Miku y con su celular. Lo único visible en la ruta eran los faros del vehículo y la música ahora iba a cargo de Miku.

—Son tan bonitos

Miku no podía estar más de acuerdo.

—Recuerdo cuando Len no podía ni mirarle luego de que les reté a besarse en la fiesta de Gumi. Bendito sea el verdad o reto; y bendita sea yo, que uno parejas.

—Ya se te subio el ego de diva.

Sin embargo, y antes de que pudieran seguir con sus bromas de mal gusto y charlas aleatorias, unas luces azules y verdes se reflejaron en el espejo retrovisor que hizo que a todos se les helara la sengre.

—Kaito... Traes tu licencia...¿Verdad?—Fue todo lo que Luka pudo preguntar antes de que tuvieran que detenerse al costado de la ruta.

Bajaron el volumen de la música, mientras pasaban de escuchar Romeo Santos y sus bachatas sensuales a La macarena. El sentido musical de Miku era increíble. Luka la miró con el entrecejo fruncido mientras veía la patrulla estacionarse detrás de ellos.

—¿Enserio?

—Nadie sospecha de alguien que escucha La Macarena.

Un policía bajó de su vehículo y se acercó a donde los jóvenes se encontraban. Kaito estaba sudando frío.

—Buenas noches, ¿Licencia y papeles del auto?

Por supuesto que sabían donde estaba todo, y por supuesto que lo tenían en regla. Sin embargo, Kaito no era la persona más calmada y que lidiara bien las situaciones de estrés. Sus manos temblaban mientras que entregaba todos los papeles.

—Voy a tener que pedir la documentación de todos... ¿Son todos mayores?

Claro que lo eran, bueno, excepto Miku. A ella aún le faltaban 2 meses para cumplir sus 18. Pero no era un problema... ¿Verdad?

Entregaron todas las licencias, incluidas las de Rin y Len que estaban en el bolso de Rin. Ellos continuaban durmiendo como si la cosa no fuera con ellos y simplemente estuvieran en una burbuja como siempre.

El oficial pareció obviar la edad de Miku, todos parecían estar bien y no sentía ningún aroma o aliento extraño. Lo que si le parecía raro era la razón por la que esos chicos de una ciudad algo lejana estuvieran allí.

—¿Que están haciendo chicos? ¿A donde se dirigen?

Kaito no podía estar más nervioso.

—E-Es, vamos, amigo, padre, triste y falleció.

Esas eran algunas palabras que entre balbuceos nerviosos Kaito dejaba salir. Y ya viendo que eso podía hacer que el policía pensara algo raro con respecto a ellos, Luka emergió desde la parte trasera llamando la atención del policía.

Y así procedió a contarle toda la historia y sus planes. Eventualmente el policía cambió su cara y se notaba complacido por la elocuencia de la chica que incluso le mostraba mensajes de avisos y notas de voz de sus padres. Tenían todo perfecto.

Los dejó ir, aparte, tenían puesta la macarena. Nadie comete un crimen y pone la macarena.


Cuando menos se dio cuenta, sus párpados comenzaban a abrirse y sentía como un peso en su hombro comenzaba a removerse. Lentamente y liberándose de toda la pereza, abrió sus ojos y encontrándose con el cielo de un tranquilo color azul.

Miró a su alrededor: Rin dormía sobre su hombro, con la cabeza de Miku en su regazo. Luka iba en el asiento del copiloto y también parecía estar dormida, al volante, Kaito llevaba la vista fija en el camino.

—¿Len? —Lo observó por el espejo retrovisor.

A su alrededor seguían habiendo campos planos, sin embargo él sabía que cada vez estaban más cerca. La música comenzó a llegar a sus oídos como un suave murmuro. Intentó estirar un poco sus piernas sin moverse demasiado. No quería despertar a Rin.

Observó un cartel que pasó justo a su costado, menos de 100 kilómetros. Revisó su teléfono y apenas eran las 5:23 de la madrugada. Observó a Kaito.

—¿Quieres que maneje yo?

Y así fue como terminó nuevamente él de conductor, con un muy cómodo Kaito a su costado y tres chicas dormidas de forma tierna atrás. Las había cubierto con algunos cobertores y simplemente se escuchaban su suspiros.

Abrió un poco el vidrio, dejando que un poco de aire matutino le golpeara en la cara. Cambió de brazo para tomar un poco de bebida. Se sentía fresco como lechuga a pesar de que odiaba dormir en el vehículo.

Si sus cálculos eran correctos, y si que lo eran, estarían en su destino en menos de 40 minutos y llegarían justo a tiempo.

Sonrió. Había sido una noche muy divertida.

Poco a poco el azul del cielo comenzaba a brillar más mientras que las estrellas que adornaban la noche desaparecían y le daban paso a un celeste apagado. A la distancia, comenzaron a ver unos edificios de una pequeña ciudad que les daban la bienvenida.

Simultáneamente las chicas comenzaban a despertar y a abrir las ventanas ante el misterioso "Olor a pedo" que se había formado allí atrás.

—¡Fue Rin!—Miku señaló.

Las dos chicas la miraron sin creerle.

En realidad, fue Kaito; Quien dormía con la boca abierta y la cabeza caída hacia un costado. Len trataba de aguantarse la risa al escuchar los argumentos de las chicas.

Ingresaron a la ciudad, deteniéndose en una cafetería a las 6:00 a.m y ordenando un desayuno para llevar. Las chicas aprovecharon el uso del baño para arreglarse mientras que Kaito continuaba durmiendo en el jeep estacionado afuera.

Una vez ya tenían todo listo y un ligero color rosado comenzaba a asomarse por el cielo, retomaron camino unos kilómetros más allá de la ciudad. Cuando ya se sintió en un lugar seguro, pisó el freno y paró en un estacionamiento al costado de la calle. El aroma de la sal le calaba hasta allí y apenas habían llegado. 

—¿Bajamos?

Despertar a Kaito fue tarea fácil, y nada más pisar el suelo todos aprovecharon para estirar un poco sus piernas y brazos, había rotado turnos para dormir a pesar de que ese no había sido su plan inicial. Caminaron unos cuantos pasos hasta dar con una pared baja y escaleras de piedra que descendían.

Y allí, frente a ellos, el sonido de las olas les llegó a sus oídos. Y las hermosa vista de la playa los recibió. Con el cielo plagado de nubes y un tenue color rosado en el horizonte. Tomaron sus teléfonos y se distrajeron tomando fotos durante unos minutos mientras bebían su desayuno y comían galletas.

—Bajemos, ya casi va a amanecer.

No había nadie, estaban alejados de la ciudad y el punto más turístico. Por allí podían escuchar algunas aves y autos que pasaban. Era una mañana tranquila.

Miku fue la primera en ir corriendo a orillas del agua, llegando a mojar sus zapatos. El viento le daba de lleno en la cara y su risa se escuchaba a la par de las olas mientras Kaito, a una distancia más prudente del agua le observaba. Había traído sus zapatos de vestir y no le hacía gracia que se rayaran con la arena. Pero la risa de Miku era tan graciosa que sonrió.

Luka miraba el horizonte, mientras el viento movía su cabello sujeto en una coleta de caballo y acomodaba su flequillo. Cargaba su mochila con algunas cosas para estar la mañana allí y leer algo.

Y al final de todos, cerrando la fila, Él y Rin los seguían tomados de la mano mientras la arena les acogía los pies. Caminaban lo suficientemente lento como para alejarse varios metros del grupo. Len tenía su sonrisa, y se olvidó por momentos todo lo que había pasado y sentido la noche anterior.

—¿Esto era lo que tu padre quería?—Preguntó en un susurro, como si el simple hablar fuera a romper esa magnífica atmósfera.

Él la observó, con sus ojos tan brillantes con la luz que comenzaba a salir por el Este, y esos labios tan suaves. Su cara redonda y con mejillas sonrosadas. Acarició una de estas, acunando su rostro con total amor.

—Él quería que creara recuerdos, que fuera feliz.

Y justo cuando comenzaba a acercarse a sus labios, una estruendosa y chillona voz los interrumpió.

—Tórtolos, ¡Una foto!—Miku cargaba aun con esa cámara instantánea, tomándolos desprevenidos.

Una vez la observaron alejarse, simplemente rozaron sus labios con anhelo. Sus amigos eran realmente únicos.

Quién querría, sin preparación previa más que un pequeño deseo, salir a cruzar medio estado en un viaje de 8 horas por la noche para llegar a la playa a ver el amanecer. Sí, eran afortunados.

La cantarina risa de Rin lo trajo devuelta a la realidad.

—Supongo que puedo tachar un beso en la playa al amanecer de mi lista de deseos—Bromeó.

Len le sonrió, llevando su mano a su cintura.

—Luego vamos por el de la lluvia, lo prometo.

Su burbuja nuevamente se pinchó cuando otra voz mucho más serena y tranquila les hizo saber la razón principal por la que habían ido.

—El sol está saliendo.

Miku volvió a correr hacia la orilla, mientras extendía sus manos y dejaba que la luz del sol le diera de lleno en la cara. Inocentemente, sintió un apretón de parte de la delgada y frágil mano que sujetaba.

—Que lindos recuerdos.

Y Len, dirigiendo la vista hacia sus amigos y el amanecer frente a ellos, no pudo estar más de acuerdo.

.

.

.

Canción: The nights- Avicii 

Y pues, aquí está. Definitivamente estoy muy orgullosa de cómo me quedó esto, pero a fin de cuentas ustedes son quienes opinan ¿Que tal? Incluso hice una imagen que coincidiera con la historia ;)

¡Gracias por leer!

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