19. The miracle in class
Libro | LAY
Entonces Lay, con el impulso de su afecto, se acercó a aquella joven desconocida, la atrajo hacia su cuerpo y la sostuvo entre sus brazos, prometiéndole que nadie la lastimaría jamás y sellando su amor con...
—¡Anna Roberts, presta atención a la clase!
Anna alzó rápidamente la vista. Su profesora de 'Introducción al Derecho' la miraba con enojo. Sus compañeros murmuraban, posiblemente sobre ella y lo vergonzoso que era que un profesor te llamara la atención.
—Lo siento, profesora —se disculpó Anna mientras tomaba su separador, lo colocaba en la página correspondiente y cerraba su libro.
—Claro que lo sientes, Roberts, y no es "profesora", debes llamarme "licenciada". —Anna se puso tiesa en su lugar cuando su tutora se acercó hasta su pupitre—. ¿Qué es lo que lees?
—No es nada, licenciada —respondió Anna de inmediato, ocultando con sus brazos la portada de la novela que leía.
—De seguro está leyendo 50 sombras... —Murmuró uno de sus compañeros junto a ella.
—Muéstramelo, Roberts —exigió la profesora.
Anna no tuvo más remedio que extenderle el objeto que antes escondía. La "licenciada" lo tomó con desagrado y leyó el título: Jamás amada.
—¿Acaso Jamás amada te enseñará los tipos de Derecho que existen? —Se mofó la profesora. Los demás alumnos comenzaron a burlarse. La cara de Anna se coloreó de rojo, ardiendo en vergüenza y enojo.
—Me sorprende que pierdas tu tiempo en cosas como estas, Roberts, en basura fantasiosa que solo interrumpe mi clase. Jamás serás una buena abogada si continúas leyendo esto...
A medida que los susurros de los compañeros y el comentario déspota de su profesora siguieron, lágrimas de impotencia se acumularon en los ojos de Anna. Para que no se percataran, hundió su rostro en sus manos.
Repentinamente, el ruido en el aula se extinguió, lo cual extrañó a la joven.
Anna levantó su cabeza, las miradas burlonas ahora eran de consternación, pero no eran para ella. La joven sintió a su lado la presencia de una persona, pero por el rabillo del ojo se dio cuenta que no era su profesora. Alzó la mirada y se encontró con un chico que la miraba de la manera más dulce, como nadie nunca lo había hecho.
—¿Quién eres? —Preguntó Anna, secándose las lágrimas y sorbiendo la nariz.
—Soy Lay, prometí que nadie te volvería a lastimar, ¿no lo recuerdas?
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