14. Strength steps
Zapatos | LUHAN
De nuevo le habían robado los zapatos.
Lu Han era un chico bueno, no hacía ningún daño a los demás y siempre era amable, sin embargo eso no parecía importarle a aquellos que lo molestaban con bromas absurdas, como por ejemplo esto: robarle sus zapatos sin razón aparente.
Las escuelas coreanas eran extrañas, adentro debían utilizar un calzado especial y guardar sus zapatos de uso externo en los casilleros asignados. Extrañaba tanto la preparatoria en China, ahí no existían reglas raras o personas que lo trataran mal. También echaba de menos a sus amigos, pues ellos no lo miraban como un insecto o lo despreciaban por ser un alumno transferido.
Lu Han, ligeramente frustrado y afligido, no tuvo otra opción más que quitarse las zapatillas deportivas que usaba dentro de la escuela, guardarlas en su mochila y caminar descalzo a casa. Tenía un poco de suerte porque su madre no lo vería llegar en tal condición y tampoco lo cuestionarían o lo reprenderían.
A pesar de ser otoño no hacía frío o llovía, por lo que él podía andar tranquilo y considerar su suerte un poco más grande. Mientras caminaba por la calle, enterrándose una que otra piedrilla en la planta de los pies y deteniéndose para quitársela, Lu Han pensó en los motivos por los cuales las personas lo detestaban tanto:
—¿Será porque soy chino? ¿Tal vez mi personalidad? ¿O será mi ropa? ¿O mi acento?
Lu Han creyó que los coreanos eran abiertos culturalmente: que aceptaban a los extranjeros y que disfrutaban hacer amistades con otros. ¡Vaya que estaba equivocado! Su situación lo hacía sentirse decepcionado y triste, solo y desamparado. Deseaba regresar a su hogar, donde sí lo querían y lo respetaban.
En su camino a casa, Lu Han pasó frente a la playa. Desde niño gustaba por ir y bañarse en el mar, jugar en la arena y saltar las olas. Le daba alegría, paz y fuerza, y era justamente lo que ahora necesitaba.
Se desvió del camino e hizo sus pasos hacia el agua. El contacto de sus pies desnudos con la arena no sólo refrescó sus lastimaduras físicas sino las de su alma. La brisa marina se llevó aquellos pensamientos y recuerdos que lo atormentaba. Lu Han sonrío genuinamente mientras extendía sus brazos y corría hacia el mar. Estuvo ahí un rato, mojándose, divirtiéndose por su cuenta, recuperándose a sí mismo.
Pudo haber perdido sus zapatos, podrían atosigarlo todo lo que esos revoltosos quisieran, pero al final él siempre tendría la fuerza y la voluntad de romper con esos problemas, justo como las olas del mar lo hacían diligentemente contra las rocas.
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