20. Taste me
Sabor | SUHO
Desde los 15 años, So Ah sufría un insomnio que sólo la lectura le permitía tolerar.
Aquella noche en la vieja mansión de su tío abuelo, pensó que sería diferente pero, al mirar el reloj de su mesa de noche anunciando las dos de la madrugada, le reveló que no sería así. A pesar de estar recostada en una cama grande y cómoda, y reposar su cabeza sobre almohadas acolchonadas y suaves, era imposible que ella pudiera conciliar el sueño.
So Ah, harta de su condición, se puso de pie y se calzó las zapatillas de dormir que su tía le había proporcionado. En medio de la oscuridad, se acercó al escritorio y tomó el libro junto a la pequeña lámpara de lectura que siempre llevaba consigo.
Salió de la habitación y recorrió el pasillo en silencio. Alumbrada solamente por la luz de su linterna, trató de pensar en un lugar adecuado para realizar su lectura y recordó la sala especial de su tío abuelo. En el camino, decidió abrir el libro y buscar la página en la que se había quedado la última noche. Localizó el poema y comenzó a leerlo en su mente:
Taste me like you never did before.
Take me and burn me with the fire of your desire.
I'm here.
I'm completely yours.
—¿Acaso los sonámbulos pueden leer? —Cuestionó una voz masculina, la cual la asustó.
Ella se volvió a todas las direcciones y alumbró hacia el frente, hallando la figura de su primo Jun Myeon sentada en el suelo junto a uno de los sillones clásicos (y caros) de la sala. Él la miraba con burla y socarronería desde su lugar.
—¿Qué haces ahí, Jun Myeon? —Preguntó ella, acercándose y encendiendo una de las lámparas que se encontraban cerca—. Tía me dijo que estarías hasta el amanecer en una fiesta.
—Sí, pero me he aburrido antes de lo planeado así que decidí volver —explicó él—. ¿Qué haces despierta?
Ella se acercó hasta él y le mostró el libro: —No puedo dormir, así que vine a leer un rato.
Antes de tomar asiento en el sillón, miró la apariencia de Jun Myeon. Usaba un fino traje de vestir completamente negro y el cabello desordenado. Era su primo político, así que podía permitirse pensar en que él era atractivo.
—¿Qué es lo que lees? —Preguntó Jun Myeon, cuando So Ah se acomodó en el sillón. Él examinó su vestimenta: una bata alargada color marfil que ocultaba un pijama abrigador para contrarrestar el frío de otoño, su cabello largo y oscuro caía sobre su espalda y hombros. Pensó en que ella era demasiado bella y agradeció que no fueran parientes de sangre.
So Ah le puso el libro en la cara, literalmente. Él, irritado, se lo arrebató y leyó el título: 100 poems of lust and flesh.
—¿Así que esto es lo que te ayuda a dormir? —Se burló Jun Myeon, abriendo el libro y leyendo el poema en el que ella se había quedado—. Esto tiene una connotación sexual muy intensa para alguien de tu edad.
Molesta, So Ah intentó quitarle el libro, pero él se puso de pie y le impidió alcanzarlo.
—¡Devuélveme mi libro, Jun Myeon! —Exclamó ella—. Además, tengo 21, soy lo suficientemente mayor para leer eso.
—Bien, bien, tienes razón —aceptó él y le regresó su libro—. Pero, ¿acaso sabes a lo que se refiere? Si es así, dímelo.
So Ah lo miró consternada, no sabía cómo explicar el significado de aquellas palabras. Su rostro comenzó a ruborizarse y él se dio cuenta de ello, pensó en lo puritana que era su prima y en las ganas que tenía de corromperla.
—Está bien, sino me lo dirás, demuéstralo al menos. —Jun Myeon se acercó a So Ah maliciosamente y ordenó—: Recrea aquellas palabras.
Una ola de calidez recorrió el cuerpo de So Ah, y titubeó al pensar en lo que podría suceder, no obstante mandó todo al infierno cuando acortó la distancia y se acercó al oído de Jun Myeon y susurró en un perfecto inglés:
—Taste me. —Ella se echó para atrás y se recostó en el sillón, dispuesta a lo que él quisiera.
Sin pensarlo, Jun Myeon se abalanzó hacia su cuerpo. En el arrebato de deseo, tomó las solapas de la bata de So Ah, la abrió y acercó la boca a su cuello descubierto, a la piel suave y cálida. Lamió y mordió su camino hasta su escote, dejando varios besos a su paso. Desabrochó los primeros botones de la blusa de franela que ella usaba y se sintió orgulloso de su labor cuando ella comenzó a suspirar descontroladamente.
—Tu sabor... —expresó Jun Myeon, dando una lamida a lo que se avistaba del seno femenino—. Tu sabor me recuerda al pecado.
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