El sueño de Sa Ra

FRAGMENTO SEHUN | SUHO

(Advertencia: Lenguaje explícito)

No tengo ningún motivo lo suficientemente racional para mi creciente incomodidad. Aun cuando nos encontramos en una situación vertiginosa, complicada y riesgosa, no puedo pasar por alto que estoy a punto de compartir la misma habitación con Jun en un hotel que encontramos fortuitamente en una pequeña provincia. Realmente no me comprendo, es decir, en vez de sentir vergüenza de dormir en el mismo espacio que mi primo, debería sentirme segura y aliviada. Es mejor que en estos momentos nos mantengamos cerca para prevenir cualquier imprevisto que se pueda dar mientras descansamos.

Y realmente no es como si fuera a compartir colchón con él, gracias a toda la suerte del mundo, la recámara posee dos camas individuales. Y si no fuera así, no tendría por qué molestarme. Jun Myeon es mi primo, mi primo de sangre; él es parte de mi familia, hasta puedo llegar a considerarlo como aquel hermano mayor que nunca tuve y que siempre desee en mi vida. Jun me está apoyando en este difícil momento, lo único que debería sentir hacia él es gratitud y respeto.

No obstante, la incomodidad y la vergüenza no se retiran fácilmente de mi cuerpo; ni siquiera cuando ya estoy en mi "muy cubierta" pijama y debajo de las sábanas de la cama, ni tampoco cuando Jun ha decidido no cambiarse de ropa o al momento que se recuesta en su colchón. Pero esto no me priva que ligeramente vuelva mi cabeza hacia él. Se halla completamente sereno y mirando hacia el techo, con las piernas estiradas y las manos reposadas sobre su abdomen; aunque pienso que no nos parecemos casi en nada, constato que Jun Myeon tiene rasgos faciales más lindos que yo y que uno que otro ángulo en su rostro lo hace físicamente mi primo. Involuntariamente me relajo, y dejo que los pensamientos poco a poco se vayan dispersando de mi mente, más no me contengo de preguntarle a Jun lo siguiente:

—¿Alguna vez podré regresar a casa y dormir tranquilamente en mi confortable cama?

Él suspira y no responde de inmediato.

—Por ahora tendrás que conformarte con esto, Sa Ra. Cuando todo acabe te aseguro que regresarás y descansarás de verdad.

La melancolía en su voz se cuela a través de mis oídos y se transforma en nostalgia. De repente, recuerdo la pila de almohadas que usaba para dormir tranquilamente, la mesita de noche junto a mi cama en donde se encontraba la fotografía enmarcada de mamá y papá, la cual era lo último que mis ojos miraban antes de caer dormida. De verdad espero que las palabras de Jun se vuelvan realidad, si es posible lo más pronto.

—Buenas noches, Jun.

—Descansa, Sa Ra.

Me deslizo poco a poco en la infinita espiral de mi cansancio. Floto de un lado a otro hasta que me desconecto de la realidad. Mis músculos se relajan, mi respiración se vuelve lenta y pesada, por fin estoy teniendo un momento de tranquilidad y paz en nuestra peligrosa travesía. Finalmente, pierdo la noción del tiempo y espacio.

Primero siento un ligero roce en mi mejilla. En mi estado semi-inconsciente, pienso que sólo es la sábana o un mechón de mi cabello y lo ignoro. Sin embargo, vuelve a suceder. El roce baja a lo largo de mi mejilla, hasta la comisura de mis labios y ahí permanece. Pasa un largo tiempo, el roce constante se vuelve una presencia sobre mí, a centímetros de mi rostro y mi cuerpo. Por una u otra razón no tengo miedo, hay algo más que se retuerce a lo largo de mi cuerpo, debo decir que es abrasador y delicioso, y deseo más que nada poseer un poco más de eso. Involuntariamente alzo los brazos y lo alcanzo, una superficie dura y curveada es lo primero que mis dedos tocan. Es cálido y suave bajo mi tacto, me invita a recorrer más allá y pronto me doy cuenta de que estoy tocando un brazo tonificado. Es una persona, y por lo que he percibido es un hombre.

Debería encontrarme muerta de miedo, gritando y tratando de alejarlo de mí pero lo que realmente deseo es que se acerque un poco más... que roce mi rostro de nuevo. Parece que lee mi mente, y ahora su mano, caliente y grande, acuna mi mejilla y baja poco a poco por mi cuello. Hasta este momento no he sentido la necesidad de abrir mis ojos (cosa que me resulta rara conociendo lo asustadiza que soy), no obstante sí necesito que se aproxime a mi cuerpo, quiero sentirlo todo, quiero recorrer con mis manos la figura que me acompaña en este momento. De nuevo cumple mis pensamientos, separo lo más posible las piernas y rápidamente él se instala entre ellas, encajando nuestras anatomías de una manera que me hace suspirar. La mano que hacía su recorrido por mi cuello ahora se encuentra en mi costado, casi llegando a mi cintura. Se coloca más cerca de mí y el toque de sus labios contra la comisura de los míos me enloquece. Estiro mis brazos y me encuentro con su torso duro y descubierto, lo recorro sin pena, lo alabo con mis manos.

El ambiente se vuelve sofocante, algo comienza a burbujear en mi vientre y explota cuando por fin posiciona de lleno sus labios sobre los míos. Lo recibo tan bien, con tanto gusto. Algo en esto se vuelve familiar en mí: la manera en que me besa y comienza a acariciarme por debajo de la blusa me parece que ya lo había experimentado antes. Entonces las cosas se aceleran, vuelan y pierden el control. Un deseo inmensurable me exige que lo tome, que haga mío este cuerpo y que al mismo tiempo me entregue y que disfrute, así que de manera posesiva dirijo mis labios a su cuello. Mientras él suspira desesperado junto a mi oído y disfruto del sabor exquisito de su piel, algo nuevo se instala en mí: necesito mirarlo.

Me separo y por fin abro los ojos, lo primero que miro es la desnudez esplendorosa de su torso y después dirijo mi mirada hacia su rostro. Es él. Me mira desde su posición frente a mí y entre mis muslos que lo abrazan fuertemente. Nos quedamos así, en silencio, mientras nos contemplamos mutuamente y dejamos que el ardor de nuestros cuerpos desemboque al caos. Cuando de nuevo deja caer sobre mí su delicioso cuerpo, me olvido de todo: de lo que está bien o mal, de lo que es prohibido, de lo que debo hacer. En este preciso instante, sólo soy cuerpo, sensaciones, placer...

"Ven conmigo", jadea sus palabras junto a mi oído mientras se balancea sobre mi centro "por favor, vuelve a mí". Una fuerza descomunal florece en mi pecho y eriza completamente mi cuerpo cuando lo escucho. Quiero hacer lo que me suplica, deseo mucho estar a su lado; pero antes de que pueda decírselo, como si se tratara de una ola, soy arrastrada a la realidad.

A petición de ValeKkaebsong traigo un fragmento de mi próximo proyecto.

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