Capítulo 2 (final)

—Papi Tae, creo que no quiero hacer la obra —el tono de Woosan era apagado. Taehyung lo miró dolido— No quiero hacerlo...

—Woo, es un compromiso, no puedes simplemente dejarlo ahora. Y yo también soy tu padre, ¿no cuento?

El niño interpretó que su papi Taehyung pensaba que lo estaba dejando de lado por su papá Jungkook, entonces se aferró a su cintura en un abrazo porque era muy bajito y no pasaba de ahí. Temía mucho que se sintiera mal, pero es que estaba desilusionado, deseaba que su papá estuviera ahí también.

—Lo siento —dijo, deshaciendo el agarre y depositando un besito en la mano del mismo— Lo haré, pero no te sientas mal.

Taehyung sonrió sin mostrar los dientes a la par que se agachaba para atraer el diminuto cuerpo al suyo.

—Te amo mucho. Estoy orgulloso de ti, amor —le murmuró en la sien.

Entraron al instituto, hablaban de diversas cosas para distraer al pequeño y fue como terminó oyendo el sueño que tuvo el pelinegro la noche anterior, era sobre el juego que le había enseñado Nam hace poco. Taehyung sonrió, cuando estaban jóvenes también solían ser aficionados a Calabozos y Dragones.

En el aula de Woosan se encontraban sus compañeros y varios representantes –en su mayoría mujeres, casi todos los niños tenían sus vestimentas puestas. Lucían adorables y tan animados que Taehyung estaba encantado.

—Papi, allí está Minji —señaló a la castaña de lentes redondos.

Taehyung la reconoció enseguida, caminando a su dirección con Woosan de la mano. Le sonrió a la madre de Minji y dio una reverencia respetuosa.

—Hola, Jinah-ssi.

—Taehyung-ssi, que gusto verte de nuevo —la mujer sonrió amable, bajando la mirada a Woosan— Hola, pequeño Woosan.

El mencionado imitó la reverencia anterior de Taehyung de manera graciosa, saludando a la noona. Jinah y el castaño intercambiaron más palabras mientras Woosan se cambiaba la ropa y le ponían un poco de maquillaje a Minji.

No vio a Hoseok, el maestro de Woosan, era un hombre amigable con una sonrisa encantadora, ambos compartían una amistad desde hace un tiempo, y Taehyung, avergonzado, tenía que admitir que llegó a dormir con él. Era poco profesional por el hecho de que era el educador de su hijo, pero era joven, tenía necesidades, prácticamente criaba un niño solo y Hoseok fue muy amable. Sus encuentros íntimos fueron menos de tres veces, luego acordaron que sería mejor quedar como amigos.

—Oye, Woo, ¿no estás nervioso? —cuestionó al ver que su hijo conversaba divertido hace un rato con sus compañeros.

—Hmm, no —negó Woosan— Practiqué mucho, papá, no me voy a equivocar.

—Gritaré mucho por ti —Taehyung admitió, subiendo sus cejas de forma divertida. El niño se quejó.

—¡Oh, no! En mi concurso de baile tú y tío Mimi me avergonzaron.

A Woosan le faltó tiempo para rogarle a su papá Taehyung que, por favor, no gritara, porque un segundo después estaba su maestra de teatro pidiéndole al mayor que fuera a su asiento. Taehyung le dio un beso a Woosan deseándole suerte.

Sentado cerca del escenario, Taehyung preparaba la cámara digital para grabar al pelinegro. Todavía no asimilaba que Jungkook se había marchado sin más, como si ese compromiso era más importante que su hijo, si consideraba eso cierto, allá él, ¿había necesidad de aparecer esa mañana entonces? Creía que no.

Cuando notó que el telón rojo aun estaba abajo, dando por hecho que la obra seguramente comenzaría en unos minutos más, aprovechó la ocasión y llamó a Jimin. El rubio no había podido asistir a la presentación de Woosan porque tenía una salida con Heejin –su prometida, iban a comprar más preparativos para su boda, y pese a su compromiso, afirmó que podía llevarlos. Claro, lo único que llegó fue un mensaje pidiendo perdón junto con la presencia de Jeon Jungkook.

—¿Tae? —Jimin contestó al segundo tono, se percibía ruido de la gente al otro lado de la línea. Taehyung suspiró, casi aliviado de oír la voz suave de su amigo.

—Se ha ido de nuevo, Mimi —sonó como un lamento, odiaba parecer afectado— Él recibió una llamada del trabajo y sólo se fue... Estoy esperando que Woosan se presente para ir a casa.

—Estás de broma... que hijo de puta —murmuró incrédulo, la culpa golpeó enseguida, sino hubiese caído en la palabrería de Jungkook no estaría pasando eso.

—Dijo que regresaría, pero no sé —negó— Dios, es tan difícil, cada vez es más difícil y no sé qué carajos hacer.

Asfixiado. Enamorado. Algo roto. Taehyung pensaba que podía describirse a sí mismo.

—Tal vez regrese, sino yo mismo me encargaré de que lo lamente —prometió Jimin— Lo siento mucho, Tae.

Taehyung sonrió triste, mirando sus zapatos nuevos. De pronto, unos sonidos estridentes hicieron presencia en el teatro, anunciando que daba inicio al espectáculo.

Suspiró profundo, volviendo a Jimin.

—Te llamaré más tarde, Min. Ya saldrá Woosan.

—Si me necesitas no dudes en decirme, pasaré a llevarle unas cosas a Woo luego.

La directora de la escuela dio un discurso y felicitó a los maestros presentes, Taehyung seguía sin encontrar rastros de Hoseok por ningún lado. Trató de despejarse, estando consciente de las luces que se apagaron al instante y observando el telón que subió.

Taehyung enfocaba a Minji –era la protagonista principal, cuando ella miró al público y se sonrojó adorablemente, sonrió un poco. Le tenía cariño ya que Minji era especial para Woosan, supuso que era porque no tenía hermanos ni primos cercanos y las personas con las que estaba siempre eran adultos (y él sabía que sus amigos eran geniales pero no tenían la edad de Woo y realmente no se comparaban sus mentalidades).

Todo transcurría bien, Woosan salió vestido de mago, con un sombrero largo y puntiagudo que le quedaba grande y le cubría los ojos en ocasiones.

—¡No podrás contra nosotros, malvado Kwong!

Woosan sacó un artefacto que suplía una varita y giró el rostro al público, específicamente a donde estaba Taehyung, mismo que le tiró un beso sin dudarlo, absteniéndose de gritar. El niño frunció el ceño un segundo, pero luego sus orbes brillaron y una sonrisa de oreja a oreja hizo acto de presencia.

Taehyung sonrió alentándolo para que continuara, sin estar consciente de la persona tras él, hasta que sintió un gran cuerpo cálido posándose repentinamente contra su espalda.

Perdió el aliento por completo.

—Lo siento por retrasarme —lamentó alguien en voz baja.

El castaño exhaló tembloroso, observando de reojo su rostro tranquilo.

—Si viniste —susurró.

—No sabía que mi Woo-Woo era tan buen actor —habló Jungkook, ignorando la expresión sorprendida del contrario— ¿Lo estás grabando? Mira eso, Taehyung.

No especuló frase alguna debido al desconcierto, trató de seguir grabando a Woosan. Lo cierto era que el cuerpo de Jungkook contra su espalda lo desconcentraba un poco.

La obra terminó con cada padre mostrando el orgullo en su rostro, sin embargo, ninguno se comparaba al de Taehyung y Jungkook cuando su pequeño hijo salió a cantar en solitario. La melodía resonaba en el auditorio acompañada con la voz infantil de Woosan, Taehyung retuvo las lágrimas en sus orbes mientras Jungkook lo consolaba con suaves apretones.

(...)

Los días pasaban lentos, especialmente para Taehyung. Jungkook era el padre de Woosan, estaba bien que se decidiera tomar unas vacaciones para pasarlas con su hijo (asumió que eso eran, ya que llevaba una semana en la ciudad), pero no quitaba que fuese una tortura tener que verlo toda la semana.
Quizá el problema real se debía a que Taehyung estaba siendo incluido; cine, patinaje sobre hielo, fútbol, pinturas, películas en casa, obras, todo aquello estaba tomando su mente y demoliendo sin piedad sus emociones.

Fingir ser una familia era algo que no podía permitirse hacer, estaba lo suficientemente destrozado como para empeorarlo más. A comparación de su hijo, que se notaba reluciente desde que despertaba hasta que iba a la cama con una sonrisa en el rostro, a veces pidiéndole a ambos que le contaran un cuento y besaran su frente. Tantos sentimientos encontrados se albergaban en su pobre cuerpo, que creía no poder con ellos.

Era un adulto.

Los adultos debían saber afrontar cada tipo de problema, en especial si él era Kim Taehyung y tenía la responsabilidad de cuidar a Woosan cuando Jungkook se marchase.

Porque Jungkook iba a irse, como siempre.

—Daría un millón de dólares si con eso pudiese leer tu mente.

Taehyung se sobresaltó de inmediato, tocando su pecho al reparar en Jungkook.

—Bueno, yo sin dudas aceptaría ese millón —respondió divertido para aminorar el ambiente.

Jungkook sonrió, acercándose.

—Sé que es repentino, pero Woosan me pidió ver una película y sabes que no puedo negarme a él —titubeó un segundo— Ehm, ¿puedo quedarme esta noche?

—Oh... oh, sí —Taehyung aceptó, un poco aturdido— Claro, eso estaría bien, no te preocupes.

—Está bien. Iré con Woo —sonrió.

—Prepararé algo para comer.

El pelinegro salió de la cocina, mientras que el mayor intentaba organizar su mente.

"Eso estaría bien"

No estaba bien. Dios, estaba todo menos bien. ¿Cómo podría pegar un ojo en toda la noche si Jungkook estaría durmiendo justo bajo el mismo techo?

Exhaló profundo para ponerse a preparar algo rápido para la película que verían. Taehyung se adentró a sala de estar, encontrándose con la imagen de Woosan y Jungkook uno junto al otro, hablaban de videojuegos hasta que notaron su presencia.

—¡Papi, siéntate aquí! —exclamó el pequeño, dando golpecitos al mueble.

—¿Um? Aquí traje comida —Taehyung dejó la bandeja sobre la mesita. Le dio una sonrisa a Woosan y acarició sus cabellos alborotados— Yo iré a recostarme un rato.

Jungkook frunció el ceño a su dirección.

—No puedes irte. Es noche de películas, Tae.

—Noche de películas con papá Jungkook —recalcó Woosan.

Taehyung relamió sus labios en ese molesto tic nervioso, esta vez mirando sólo a su ex-pareja.

—Jungkook.

—Por favor, Taetae.

Se iba a arrepentir, pero el mayor sin dudas no podía luchar contra las personas que más amaba en el mundo. Mucho menos si uno de ellos le llamaba "Taetae" y el otro le brindaba un puchero adorable.

Era un debilucho, no podía ser.

—Esto es manipulación por parte de los Jeon —suspiró, negando con la cabeza.

—Totalmente culpables —rió el azabache, sus manos en el aire— Ven aquí.

—¡Sí! ¡Siéntate, papi! —gritó Woosan, emocionado. El aludido tomó asiento en el mueble dejando a su hijo en medio de ambos.

Años atrás, esto era lo único que podía dibujar en su vida para su familia, sin embargo, el punzante recordatorio de que había fallado estrepitosamente permanecía. Lo comparaba con el tic-tac del reloj; un sonido pequeño, incesante, repetitivo e insistente, era igual a lo que le susurraba que no tenía a la persona que amaba, no en la forma en la que anhelaba, que su hijo requería de la atención de su otro padre sin tenerla por completo, que estaba mal.

La risa de Woosan y Jungkook eran escandalosas, causantes de sacarlo fuera de su ensimismamiento. Lo mejor fue prestar atención, borrando momentáneamente sus pesares para culminar uniéndose a las bonitas carcajadas de ambos. Se cuestionó cuándo fue la última ocasión en la que Woosan fue tan feliz. Ni siquiera sus días de películas con Jimin o sus almuerzos con Heejin y su sobrinitos eran suficientes para poner así de contento a su pequeño. En parte, agradecía que Jungkook estuviera, porque lo importante era Woosan, no sus tontos sentimientos.

Se las arregló para pasar un buen rato, acariciando el cabello oscuro de su pequeño mientras fingía que su sonrisa traicionera no era debido a las carcajadas de Jungkook. Tuvo que levantarse más de una vez para buscar más golosinas porque, al parecer, padre e hijo contaban con el mismo gran apetito, pero no le importaba hacerlo, el tiempo le pasó rápido a pesar del enredo en su cabeza y fue así como el mayor de los Jeon estaba contando un cuento para dormir a Woosan al final de la noche.

—Y vivieron felices para siempre... fin.

—Ow, me gusta ese cuento —Woosan sonrió, adormecido. Jungkook también lo hizo, pasando sus dedos por la mejilla del niño.

—Ahora a dormir, campeón —murmuró en voz baja, dándose la tarea de arropar a Woosan. Le dio un beso en la frente y le susurró que lo quería.

Taehyung admiraba desde la puerta de la habitación la manera en la que el menor se esmeraba en demostrarle su amor a Woosan en cada gesto.

—¿Papi Taehyung? —lo llamó casi entre sueños. Él se acercó, repitiendo la acción de Jungkook en la frente de Woo.

—Te amo, hijo.

Eso bastó para que Woosan cerrara los ojos y se quedara dormido. Taehyung y Jungkook salieron despacio, llegando a la sala de estar. El mayor estaba un tanto tenso por no tener siquiera a su hijo para excusarse frente al hombre.

¿Ahora qué?

—No puedo creer toda la energía que tiene Woosan —murmuró Jungkook, exhausto.

—Lo sé —sonrió sin mostrar los dientes— Ni me lo digas a mí.

—Debe ser duro, ¿uhm?

Taehyung lo miró curioso.

—¿A qué te refieres?

—Cuidar al niño solo, sin ayuda de nadie —el semblante del bailarín cambió de forma drástica, haciéndolo notar consternado.

—No estoy totalmente solo, ya sabes, tengo a Jimin que aporta bastante, incluso Heejin ayuda y Namjoon pasa mucho tiempo con él.

—Lamento mucho que todo haya cambiado entre nosotros —parecía consternado— No me acostumbro aun a esta tensión, y al hecho de que ni siquiera podemos mantener una conversación que no incluya a Woosan.

Taehyung negó.

—El tiempo pasó, no soy el mismo de aquella vez y el que estés aquí hoy no borra lo que sucedió. Sinceramente no estoy con ganas de pretender en mi propia casa.

—¿Crees que no me afecta? Taehyung, dejé a mi hijo para mantenerlos. Te dejé a ti para que no te faltara nada, y no salió como lo pensaba, lo planeado se cayó a pedazos y no... nunca supe lo que estaba haciendo mal, yo sólo quería... darles todo —su voz se tornó extraña, y Taehyung sentía horrible— Joder, no quiero que pretendas en tu propia casa.

—No hablaré del pasado, está atrás —fingió sonreír. El dolor en su pecho no era real. No lo era. Todo estaba en su mente— Si me disculpas, debo ir a dormir —el castaño trató de caminar a su habitación, pero la mano de Jungkook tomando su brazo fue impedimento.

Taehyung mordió su labio con frustración.

—¿Podemos hacer las paces? O una tregua, si te parece, deja que sea tu amigo. Al menos hazlo por nuestro hijo.

—Está bien —suspiró— Puedo hacerlo hasta que te marches.

El menor no respondió aquello, la voz de Taehyung ni siquiera sonaba melancólica como antes, sólo había cansancio que fue acompañado con una sonrisa débil. Pese a todo, todavía le costaba mirarlo sin perder el aliento, porque él era lo que siempre quiso y una vez tuvo la suerte de tener.

El destino fue cruel con nosotros, pensó Jungkook. Convenciéndose de que realmente era así, porque era más fácil echarle la culpa a algo en lo que creía poco, que admitir haber jodido su vida como esposo y padre.

—¿Te apetece ver una película? Todavía no es tan tarde —sugirió el azabache, su dedo señalando la T.V apagada. Taehyung lo pensó un momento antes de negar con la cabeza.

—Estoy muy cansado, tal vez mañana, Gukk.

—¿Lo prometes? —entrecerró los ojos en sospecha. El contrario rió.

—Que sí, tonto —dijo sin dejar la sonrisa de lado.

Y cuando Jungkook le hizo prometer con los meñiques (y Taehyung le llamara infantil), cada quien se fue a una recámara, uno con la sonrisa más grande que la otra. Jungkook pensando en lo reconfortante que había sido aquella "tregua" y Taehyung esperando no haberse equivocado al aceptar ser amigo de su ex-pareja.

(...)

—Me parece perfecto que lo menciones, Woosan no ha parado de decir que ya quiere usar el traje para la boda y ya no sabía qué decirle —Taehyung dijo con un tono divertido que hizo reír a Jimin.

—Lo sé, me lo ha dicho, creo que está más emocionado por la boda que Heejin —volvió a carcajear el rubio, sus ojos volviéndose una línea.

Taehyung bufó con gracia.

—Ella también está feliz, Min. Ayer hablam-

—¿Taetae? —la voz de Jeon-inoportuno-Jungkook interrumpió sus palabras, seguido lo vieron entrar a la habitación— Oye, iré con Woo-Woo a comprar al súper, se acabó el cereal —anunció después de acercarse, sus manos estaban posadas en los hombros del castaño (quien debía alzar la cabeza para verle el rostro porque estaba sentado).

—Bueno, ¿me traes yogurt? —cuestionó batiendo sus pestañas.

Lindo, Pensó Jungkook.

—Lo que quieras.

Jimin observaba estupefacto como el menor de los tres guiñó un ojo a Taehyung, además de eso tocó su nariz con el dedo y él sólo salió como si nada. Incluso Taehyung no se veía molesto o triste. ¿Qué tanto se había perdido esas semanas?

—Creo que estoy un poco confundido —habló el rubio, sin saber si su tono de voz se oía enojado o desconcertado— ¿Taehyung?

—Con Jungkook hemos decidido ser amigos, es todo —se encogió de hombros, mordiendo su labio inferior.

—Uh uh, amigos... sí, claro, creo que me pareció ver un poco de amistad en su coqueteo.

Taehyung boqueó como pez fuera del agua, tratando de negar en vano aquello.

—Uh... ¿Discúlpame? ¡No había tal coqueteo, Min! —exclamó ofendido (sí, él se atrevió), sonrojado cual tomate y evitando la mirada del mayor a toda costa— Aw ya, en serio, deja de hacer eso.

—Prácticamente le hiciste Aegyo, ¡Y él te ha guiñado un ojo! —un suspiro salió de los labios del rubio, pensando que si mencionaba lo terriblemente enamorados que se notaron cuando Jungkook pinchó su nariz, Taehyung quizá muriese de pena.

—Somos cercanos y han pasado casi tres semanas desde que prometimos cambiar por el bien de Woosan —Taehyung jugó con sus dedos— ¿Está bien eso? A veces olvido que el tiempo pasó y se siente como cuando comenzamos. Es tan divertido, Mimi, y ha llegado al punto de abrazarme sin motivo aparente y yo... —miró al contrario con un mar de emociones— Yo olvido lo mucho que dolió nuestra separación.

Jimin no se lo pensó dos veces antes de envolver al castaño en sus brazos mientras le aseguraba con voz baja que no estaba mal enamorarse –aunque en ocasiones era una porquería.

—Sin embargo, debes tener cuidado, no entregarte de lleno —aconsejó Jimin— Sé que Jungkook también debe sentirse igual que tú, pero nadie sabe las ideas de ese cabezota.

Una risa rota salió de Taehyung, quien de pronto parecía un poco destruido otra vez.

—Jimin... —sin contenerse lo abrazó de nuevo, unas lagrimitas mojaban el suéter del aludido sin querer. Taehyung sollozó— Es que lo amo tanto, no sé cómo apartarlo necesitándolo cerca.

—Lo sé, Taehyung. Y lo siento mucho, no sabes cuánto —con pesar, Jimin admitió aquello, perdiendo la cuenta de cuántas veces le había dicho a Taehyung que lo sentía en las últimas semanas.

Y él tenía razón. Taehyung no tenía una idea de lo mucho que lo hacía.

(...)

Su cabeza dolía mucho, tenía frío y demasiado sueño, ¿quién le dijo que era buena idea hacer tantas cosas en un sólo día? Exacto, nadie. Ahora Taehyung estaba echado en la cama con una compresa fría en su frente y un frasco de pastillas en su mesa de noche.

Apenas eran las nueve de la noche cuando Jungkook entró a la habitación con confianza y se acercó preocupado al ver el semblante del mayor. Se había acercado al notar que ni siquiera abrió la boca para protestar en juego por «invadir su privacidad», una tonta broma entre ellos.

—¿No ha pasado el dolor aún? —Jungkook cuestionó tocando el cuello de Taehyung para sentir que no estaba caliente como para tener temperatura.

El castaño negó, cerrando los ojos por cuenta nueva. Se quitó la compresa y la tiró junto a las pastillas.

—Tengo frío.

—Hmm... —el pelinegro ni siquiera lo pensó dos veces, se acostó en la cama mientras rodeaba a Taehyung con sus brazos, apoyándole la barbilla en la frente.

—¿Qué haces?

—Chst, ven aquí, amor —murmuró dulce, acariciando la espalda del otro en movimientos circulares.

En otra situación, Taehyung tal vez habría enloquecido por la acción tan atrevida de Jungkook, pero su malestar no le hizo empujarlo, sino que metió su cara en el calentito cuello de Jungkook, suspirando a gusto por el frío disipándose.

Balbuceó un par de cosas y se quedó dormido al instante entre sus brazos. Jungkook, lejos de quedarse dormido, empezó a depositar pequeños besos en la frente y cabello de Taehyung, deteniéndose nada más para oler el aroma a champú en las hebras castañas. Intentaba no hacer de eso una gran cosa, más no se lograba imaginar a sí mismo compartiendo una cama con Taehyung luego de su horrible separación tiempo atrás, ¿para qué mentir? Su estomago parecía ser tomado por una estampida de animales que, muy lejos de molestar, le hacían sentir cálido.

Mantenía sus párpados cerrados sin dormir realmente, cuando la puerta de la alcoba se abrió con lentitud. Woosan entró pero no cerró para que el lugar se mantuviera un poco iluminado.

—¿Papi? —llamó curioso.

—Tae está durmiendo, Woo-Woo, se siente un poco enfermo —Jungkook le dijo bajito para no despertar al mencionado— ¿Qué pasa? ¿Te sientes bien?

—Tuve una pesadilla, papá. ¿Puedo dormir con ustedes?

El mayor hizo un sonidito afirmativo que fue suficiente para que el niño cerrase la puerta y corriera a la cama sin mirar atrás. Se metió bajo las sábanas, justo al lado de su papá Jungkook, abrazándole lo mas fuerte que podía.

—Ya pasó, campeón, papá está aquí —lo consoló, rodeándolo con su brazo libre— ¿No tienes sueño?

—Sí tengo —Woosan asintió, y seguido dejó escapar un bostezo— Um, ¿papá? —habló de nuevo.

—Dime, hijo.

—¿Por qué estás durmiendo aquí? ¿Papi y tú volvieron?

La habitación quedó en silencio, la pregunta que tomó desprevenido a Jungkook logrando que su corazón se contrajera en su pecho.

—Papi Tae se siente malito de la cabeza, yo lo estoy cuidando —respondió eso. Omitió adrede la última cuestión hecha por el niño.

—Um.

—Duerme. Ya es tarde, Woo-Woo.

—¿Papá? —volvió a especular, tirando de la camisa oscura de su progenitor, el cual hizo otro sonido para que supiera que estaba escuchando— Me gustaría que papi y tú se quieran como tío Jimin me dijo que lo hacían antes.

—¿Por qué dices eso? —el ligero picor de la curiosidad atacó a Jungkook de pronto.

Hasta que Woosan murmuró algo que afectó en lo más profundo.

—Porque si él te quiere, no tendrás que irte nunca más —dicho esto, la habitación se quedó en silencio por unos minutos.

Jungkook carraspeó.

—Woo, ¿te gusta que esté en casa?

—Sí —afirmó el infante— Papi sonríe más y tú juegas conmigo. No me siento solo cuando estás en casa —admitió.

Las palabras estaban lejos de ser tristes, la inocencia del pequeño para contar algo que no se podía tomar a la ligera punzó en cada fibra de Jungkook.

—¿Por qué dices que te sientes solo? Me contaste que Namjoon y Jimin jugaban contigo —respondió con un nudo asfixiando su garganta.

—Ah, papá, pero ellos son grandes. Papi Tae trabaja mucho cuando no estás, me deja con el tío Namjoon pero él me habla de juegos ñoños, también pasa mucho tiempo con Yoongi hyung y no me escuchan. Y tío Mimi me trata como un bebé —relató quejumbroso— Tú me escuchas, papá, cuando estás aquí juegas lo que me gusta y es diferente.

—Arreglaré eso pronto, pequeño —dejó un beso como promesa en la cabeza de Woosan, durmiéndose con las personas más importantes sus brazos. Diciéndose que su nuevo propósito era hacer feliz de nuevo tanto a su hijo, como a Taehyung.

(...)

El día siguiente Taehyung se levantó temprano con unos brazos aprisionando su cuerpo y el costado de su cara sobre un pecho suave y firme. No quería abrir los ojos, el pánico de saber que lograron llegar a este paso –por su tonto malestar, le desesperaba. ¿Por qué fue tan descuidado de quedarse dormido apenas fue abrazado y mimado?

Enterró su rostro en la camisa de Jungkook, sintiendo la derrota en su boca, inhalando el grueso olor que desprendía. Contó hasta diez para reunir la suficiente valentía para levantar el rostro y admirar las facciones relajadas y la boca semi abierta del pelinegro, avergonzándose porque aun dormido lo encontraba guapo.

Después de sopesarlo un rato, se levantó para hacer el desayuno, no evitando descolocarse al notar que Woosan estaba durmiendo con ellos pero con sus pies casi que en el rostro de su padre (sinceramente, ¿en qué momento su hijo fue a dormir a su cuarto?). Preparó dos tazas de cereal con leche para los dos niños pequeños que tenía en casa ahora y para él se hizo un sándwich junto con un vaso de yogurt.

Entró a la habitación con la charola, una sensación invadió su cuerpo ante la imagen que presenció a primera instancia; Woosan despierto, estaba recostado en el pecho de Jungkook. Ambos veían algún programa infantil en el plasma de su cuarto, con los cabellos alborotados, la cara hinchada y los ojos más pequeños de lo común.

Taehyung sonrió sin saberlo.

—¿Qué clase de invasión a mi espacio personal es esta? —inquirió en broma.

Woosan rió y Jungkook le dio una sonrisa mañanera que alteró sus sentidos.

—Hemos decidido que tu cama es más cómoda y nos quedaremos aquí —el azabache le sacó la lengua. Dio un leve empujón al niño para que le siguiera el juego.

—¡Es más calentita que la mía! Papá y yo vamos a robar tu cuarto —respondió, sus pequeños brazos rodeando el torso de Jungkook.

—Uh, bien, entonces tendré que irme a vivir con Jimin.

El castaño les entregó el desayuno a la par que se echaba a un lado de Jungkook. ¿Qué? Así podía apoyar su plato en la mesa de noche, no era por estar cerca del tonto hombre a su costado.

—No puedes ir con tío Mimi —negó Woosan con el ceño fruncido— Jungkook hyung se mudará con él, van a tener muchos bebés.

—Yo puedo cuidar los bebés de Jimin —murmuró con la boca llena. Le seguía el rollo por la reacción de su hijo, la cual de pronto se mostró ofendida— Serán tan lindos y se portarán bien.

—¡Papi! ¡No puedes cuidar a los hijos de tío Jimin! Papá, dile que no.

El mencionado rió, asintiendo con la cabeza mientras tragaba.

—Taetae, no puedes mudarte a la casa de Jimin ni cuidar a sus hijos —lo miró— ¿Quién nos cuidará a Woo-Woo y a mí después, eh? Desconsiderado —el menor se quejó, imitando –horriblemente, la voz de un bebé. Taehyung le dio otro gran mordisco a su sándwich para no hacer notar la vergüenza.

Era tan familiar que Jungkook se jugara con él, sin obviar el hecho de que los tres estaban compartiendo la mañana en la cama de su gran y, en ocasiones, helada habitación, luciendo felices y cómodos.

—Eres viejo ahora, Gukkie, puedes cuidar de ti mismo —se encogió de hombros, echándole un vistazo rápido

—Prefiero que lo hagas tú. Mi campeón aquí y yo te necesitamos, ¿no es cierto, hijo?

Woosan emitió un ruidito en aprobación sin prestar atención a la conversación, pues se había entretenido con los dibujos animados en la T.V.

—Ya, idiota.

E inesperadamente Jungkook dejó un suave beso en la mejilla de Taehyung, sonrojando hasta la pijama que tenía puesta.

El resultado fueron dos corazones latiendo con frenesí, miles de pensamientos y sentimientos de anhelo que nunca se fueron en realidad.

(...)

Cuando Park Jimin anunció su compromiso a sus dos mejores amigos (irónico que los mismos estuviesen divorciados y con una bendición de siete años), los dos se pusieron muy felices por la noticia. Conocían a Heejin desde hace unos dos años y les caía muy bien debido a la carismática forma de ser del rubio, por no contar que tenía una sonrisa preciosa. Sin embargo, el día que con anterioridad parecía lejano había llegado.

El más contento era Woosan, quería que todos lo vieran usando el traje que Jungkook le compró en la última ciudad donde se presentó antes que acabase la gira. Si Taehyung debía dar su punto de vista, su hijo lucía hermoso con su trajecito negro mientras su ex-pareja era lo más caliente que tuvo la dicha de ver, pero eso último era algo que nadie debía saber.

Bueno, sí, era bastante patético que a sus veinticinco años siguiera embobado con un hombre que le rompió el corazón y le dejó prácticamente solo con un niño cuando no sabía del mundo.

Y poniendo la boca, un Woosan somnoliento se acercó hasta donde estaba comiéndose los aperitivos de la mesa. El pequeño pelinegro se restregaba el puño en el ojo.

—Papi Tae, tengo sueño —le susurró, tirando de su pantalón.

Taehyung comprendió que eran pasada la una de la mañana y ya era la hora de los adultos.

—Te llevaré a la habitación para que te recuestes un rato. ¿Te despediste de tío Jimin? —el mayor le acarició el cabello. Woosan asintió— Bien, vamos.

El niño estaba tan exhausto que no pudo evitar levantar sus brazos para que su papá lo tomara en peso.

Heejin eligió hacer la boda en un lujoso hotel donde se le fue asignada una habitación a cada invitado. El castaño se dirigió a la suya con Woosan durmiéndose en su hombro, tarareando una canción en voz baja.

Taehyung se tomó su tiempo para cambiarle la ropa a una más cómoda, recostándolo en medio de la gigante cama. Se hizo un espacio para arrullarlo correctamente, le gustaba mimar a su hijo, estar con él le ayudaba a sentir de una u otra manera que todo estaba bien porque se tenían entre ellos.

Una vez que estuvo dormido, dejó un suave beso en su frente, murmurando un "descansa, amor" y regresó a la fiesta. Quiso creer que fue una coincidencia encontrarse con Jungkook apenas llegó al salón.

—Tae —dijo— ¿Dónde estabas?

—Woosan tenía sueño, lo llevé a la habitación —Taehyung sonrió, siguiendo su camino hasta la mesa para seguir comiendo de esos deliciosos pasteles de arroz.

Jungkook fue tras él, pero a diferencia del mayor, se quedó de pie observándolo con una pizca de diversión. Taehyung lo notó de inmediato.

—¡Eh! ¿Por qué me miras de esa forma?

—Glotón —dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Taehyung se quejó, frunciendo el ceño.

—En mi defensa, jamás había probado un manggaetteok tan sabroso.

Jungkook rió.

—Claro, es eso —entonces dijo— ¿Quieres bailar? —y la pregunta se escuchó con tanta naturalidad que Taehyung tuvo que disimular que un pedazo de dulce no se fue por el lado equivocado.

—¿Qué? —siguió tosiendo hasta que Jungkook le dio palmadas en la espalda para ayudarlo— ¿Qué has dicho?

—Pregunté que si quieres bailar. No es nada de otro mundo, Taetae.

Era cierto, un baile con Jungkook no iba a matarlo o algo por el estilo. Además, no podía hacer notar que temía estar tan cerca de su ex, por Dios santo, sin más aceptó a pesar de tener sus dudas al principio.

El sonrojo en sus mejillas se colaba hasta pintar también las puntas de sus orejas, era una canción lenta que los obligaba a mantenerse muy juntos, haciéndole detallar su rostro.

Parecía brillar. Jeon Jungkook brillaba e iluminaba a la gente a su alrededor.

Taehyung estaba rodeando su cuello con sus brazos, las manos en su espalda baja le hacían consciente del lugar donde estaba, de la persona que le sonreía en grande y achicaba sus ojos oscuros en su dirección. Es en ese instante en el que se preguntaba cómo pudo tener a ese hombre alguna vez, cómo consiguió que tan etéreo ser lograra ser parte de su vida. ¿Cómo Jeon Jungkook pudo siquiera fijarse en él? Ah, sinceramente... muchas cosas pasaban por su mente en ese momento.

—No tuve oportunidad de decírtelo antes, uhm... te ves hermoso —comentó, sonriendo.

—Ya, no digas eso —Taehyung se mostró un poco intimidado— Nunca aprendes, Jungkook, sigues igual de desvergonzado.

—Quería decirlo —se encogió de hombros. De repente el menor bajó la mirada y respiró profundo.

Taehyung frunció los labios

—¿Pasa algo?

—De hecho, no es lo único que tengo para decir. Quiero que hablemos.

—¿Hablar sobre qué? —preguntó curioso.

Jungkook titubeó.

—De nosotros... —cuando vio las intenciones del mayor de replicar, se adelantó— Taehyung, sé que no quieres que saquemos el tema, sé que han pasado años pero... quiero que comprendas que cuando me fui, no lo hice con el fin de lastimarte. Sinceramente no entendía lo que te estaba haciendo, ni lo mucho que eso afectaría a Woosan.

—¿Qué quieres que te diga? Ya han pasado los años, no puedo decir que lo he superado por completo pero... está atrás, maduré y las cosas en mi cabeza están más claras. Ya no añoro que aparezcas un día y te quedes porque aprendí que sólo estaba siendo iluso —rogaba verse fuerte aunque su voz quería desnivelarse. Jungkook también necesitaba oír lo que se calló por tantos años, después de todo— Gukk, me rompiste. Rompiste mi corazón, me odiaba por no poder superarte y creer que el mundo se acabaría sin ti. Entonces llegabas otra vez con tu sonrisa perfecta con obsequios que ni siquiera queríamos, pretendiendo que todo estaba perfecto y que yo no escuchaba cada noche a mi hijo preguntar por su otro papá, pero estoy bien ahora —Taehyung mintió, luchando por retener las lágrimas e ignorando el nudo en su garganta que se iba volviendo gigante al punto de parecer que se quebraría.

—Lo siento mucho —respondió Jungkook con la voz rota, atrayendo al mayor más cerca y tomando su rostro para verlo a los ojos. Le dolió en lo más profundo apreciar su semblante herido— Lo siento mucho, Taehyung, por todo.

Quería decir mucho, más una parte insegura que le hacía creer a Taehyung que ya no valía la pena. Pero resignarse no significaba superar. No podía. No tenía manera.

Su pecho dolió ante la poca delicadeza de su corazón al latir con fuerza. Fue inevitable que una gota salada se deslizara por su mejilla acompañada de un sollozo. La siguiente acción dejó a Taehyung helado.

Su llanto inicial fue callado por unos labios con sabor a champán que estuvo anticipando probar luego de mucho. Jungkook lo besaba como si estaba ahogándose y el único oxígeno en la tierra se hallaba en ese lugar, precisamente en la boca de Taehyung.

El mayor cerró los ojos, temiendo que la presión en sus belfos fuese una ilusión de su torpe imaginación. Apretó su agarre en el cuello del hombre, correspondiendo de manera temblorosa.

—Jungkook —musitó con sus labios rozando los del aludido. Las manos en su cintura parecían quemar a través del traje— ¿Ppor qué...?

¿Por qué?

—No puedo cambiar el pasado ni lograr que olvides el daño que te causé —negó— Tres semanas no es nada comparado a los siete años que Woosan y tú han estado llevándolo solos, pero he tratado de remediarlo.

Se abrazó a Jungkook como si la vida se le fuese en ello, escondiéndose en su cuello para calmarse y despejar las lágrimas de sus ojos.

—Jungkook-ah —suspiró, la realidad de que no estaban en un cuento de hadas haciéndose más notoria— Tengo que pensarlo. No es fácil para mí.

—Está bien, no te pido que tomes una decisión ahora mismo. Mientras, déjame probarte que deseo hacer las cosas bien —sonaba suplicante, esperanzado.

Taehyung no supo porqué, pero le creyó.

—Eso lo veremos, Jeon Jungkook.

Fue así como comenzó a cambiar su vida, la de todos en realidad, incluso Jimin sentía el cambio en Taehyung y Woosan, una nueva aura los rodeaba cada que los veía. Jungkook ya no llegaba con regalos cada día para ellos, pese que a veces creía que Woosan necesitaba nuevos juguetes (no es cierto, el niño tenía decenas de ellos), también cuidaba del mismo cuando Taehyung tenía que trabajar y cuando no, iban a comer juntos, como una familia.

Taehyung había dejado en el olvido la sensación de vacío, el sentimiento de felicidad era tan puro que le costaba creerlo. Como cuando Jungkook apareció en la apertura de esa galería que mostraría algunos de sus cuadros y le abrazó por la espalda, había besado su mejilla con suavidad, murmurando un "me haces sentir orgulloso, mi artista favorito" que removió sus entrañas. O la vez que le tomó varias fotos estando descuidado y le llevó un álbum de las mismas, explicando en cada una qué lo hacía tan especial.

Estaba enamorado.

Parecía un adolescente de nuevo, uno que sonreía a mitad de alguna actividad porque recordó algo que Jungkook dijo, uno que se abrazaba a su cintura y escondía el rostro en su cuello para oler su loción. Sólo que no lo era, cosa que le avergonzaba un poco porque su propio hijo de siete años le recordaba lo espeluznante que lucía sonriendo sin motivo aparente.

Era un lunes libre cuando decidió tener un día padre e hijo con Woosan. Compró un montón de helado y golosinas, arriesgándose a los dolores de barriga después, rentó películas de Marvel y luego se echaron en la cama de su habitación con pijamas gigantes. Woosan estaba echado sobre la barriga de Taehyung comiendo gomitas ácidas.

Iban por la tercera película, ambos muy entretenidos con ella, cuando el timbre resonó por toda la casa. Taehyung bufó molesto y Woosan se quejó inmediatamente. ¡Que oportuno!

—Dile que se vaya —lloriqueó Woosan cuando el mayor le puso pausa a la película.

—Espera aquí, ya regreso.

Llegó al comedor en pasos rápidos, la persona detrás de la puerta había tocado dos veces más y aunque gritó que le dieran un momento, seguían insistiendo. Abrió apresurado, encontrándose con Jungkook del otro lado. Sonrió de forma inevitable, olvidando que estaba en esas fachas. Fue a acercarse para darle un beso de saludo cuando notó algo a sus pies.

Compararía lo que sintió con una pesada piedra cayendo de golpe en su estómago. El mismo sentimiento de que el aire le faltaba.

—¿Te vas de nuevo? —cuestionó sin aliento, observando las maletas en el suelo. El azabache desvió la mirada— Dime que estás bromeando.

—Taehyung, escúchame primero —Jungkook pidió, tratando de tomar las manos temblorosa del aludido. Taehyung retrocedió un paso, evitando todo contacto.

—Estás bromeando —negó con las lágrimas amenazando escapar de sus orbes— ¡Dímelo! Dime que es una jodida broma.

La tensión en la habitación se había vuelto imposible de ignorar, así como lo era la sensación de ahogo que el mayor estaba experimentando. ¿Estaba Jungkook consciente del daño que iba a hacerle si se iba? ¿Pensaba él en que Woosan también sería uno de los mayores afectados?

—Hay un par de cosas que me gustaría decirte —fue todo lo que murmuró, la expresión en su rostro era seria y casi avergonzada.

—¿Acerca de que nos mentiste? —y esta vez Taehyung no pudo retener las gotas corriendo por sus mejillas, demasiado decepcionado y herido como para ocultarlo.

Jungkook se frotó el rostro con las manos, frustrado de no poder acercarse a Taehyung ya que este retrocedía cada que daba un paso.

—Cuando llegué aquí la última vez, lo hice porque estaba colapsando, me fui años atrás pensando que el baile era mi vida y creí que haría un bien dándoles todo lo que no necesitaban. Cada año es peor, el cansancio, la soledad, el extrañarlos con locura... abrir los ojos en las mañanas y sentir la cama vacía, me hace desear volver el tiempo y evitar mi estupidez —Jungkook hablaba y hablaba y hablaba, pareciendo ligero con cada palabra. Taehyung sólo podía verlo en silencio, tratando de borrar las lágrimas de su rostro— No quiero pasar el resto de mi vida en un escenario, lamentándome en cada movimiento por haberlos dejado ir. La he cagado en grande, lo sé, pero no hay... no puedo ver un futuro sin ti, pensar que vas a cansarte y llegará alguien que si supo tomarte como prioridad desde el principio me mata —tomó unos segundos para pensar sus palabras y decir con seguridad— He cambiado, estoy dispuesto a ser el hombre que mereces y el padre ejemplar que Woosan necesita en su vida de forma permanente.

—¿Por qué traes tus maletas contigo? —preguntó con voz constipada y los ojos llorosos.

Jungkook sonrió tímido, bajando la mirada a sus zapatos.

—Pensaba... tal vez... sólo si tu quieres, podría venir a vivir aquí de nuevo —sugirió con vergüenza.

Taehyung abrió la boca sorprendido, boqueando como pez. ¿Jungkook quería vivir allí?

—Pero tú trabajo...

—Lo he dejado. En realidad lo hice el primer día que vine aquí, cuando fue la obra de Woosan —admitió con expresión culpable. El mayor lucía como si su mandíbula iba a desprenderse hasta el suelo.

—¡Tú...! ¡Idiota!

—Oh, amor. Vamos, no llores —Jungkook envolvió en sus brazos el cuerpo contrario, sintiendo los espasmos y casi inaudibles sollozos de Taehyung— Lo siento, no llores. Te amo.

—Yo también... también te amo —especuló en su cuello, aun llorando— Soy un des...

De pronto, Taehyung fue interrumpido por la infantil y escandalosa voz de cierto pequeño.

—¡Papi, la películ- ¿Papá Jungkook? ¿Por qué lloras, papi Tae? —los observó confundido. Su mirada se dirigió luego a las maletas y tragó grueso— ¿Ya vas a trabajar de nuevo?

—Woo, ¿qué dices si papá viene a vivir aquí con ustedes? —le inquirió el pelinegro, abrazando un poco más a Taehyung mientras sonreía— ¿Te gustaría?

Woosan hizo un sonido ahogado a la par que abrió los ojos desmesuradamente.

—¡Sí, sí! ¡Sí quiero! —corrió, aferrándose con sus cortos brazos a las piernas de sus padres. La felicidad se notaba en la sonrisa de oreja a oreja que mostraba el infante— ¡¿Vas a vivir con nosotros?! ¡¿Papi Taehyung?!

—Sí, cariño, Jungkook vivirá aquí.

—¿Y sabes qué, campeón? —Jungkook tomó en peso a su hijo, para después abrazar de nuevo a Taehyung con su mano libre— No me iré de nuevo. Porque te amo a ti, amo a Taehyung y quiero estar siempre con ustedes.

—Nosotros también te amamos, papá —dijo el niño sonriente.

—Y lo hacemos demasiado —acotó Taehyung también.

Allí Jungkook terminó de comprender que su familia era lo esencial, sin importar qué.

Y Taehyung... él entendió que nunca era tarde para comenzar de nuevo.

FIN.

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