18. Tiempo de nuestros profesores
Era algo que todos esperaban, pero que aún así logró tomarlos por sorpresa.
Fue a finales de su segundo año.
Nagisa y Akari regresaban a casa comentando su día. Las clases que llevaban un ritmo acelerado pero que a pesar de todo eran capaces de sobrellevar, sus compañeros, agradables la mayoría y algunos no tanto, los profesores, excelentes... pero nunca tan buenos como Koro-sensei.
Al llegar al edificio entraron al departamento de Nagisa, como siempre solían hacer. Hiromi salió a recibirlos desde la cocina. Dio los saludos de rigor y entregó a su hijo un sobre con toda la pinta de ser una invitación.
—Llegó esto para ti en la mañana —dijo antes de regresar a la cocina.
El chico leyó los datos del reverso y soltó una exclamación de sorpresa. Enseguida rasgó un costado y extrajo el contenido. Akari leyó con él mirando sobre su hombro y ambos esbozaron una gran sonrisa.
—No pensé que se tardarían tanto.
***
Irina Jelavich era una mujer orgullosa, infantil, terca, desvergonzada, pervertida, indecente y, a pesar de todo, católica*. Sí, señor.
Puede que no fuera una santa y que hubiese cometido muchísimos errores en su vida pero, gracias a Lovro y su mujer (especialmente a ella), iba un tanto regularmente a la iglesia buscando expiar sus pecados, si es que eso era posible. No se arrepentía de hacer lo que hizo con tal de sobrevivir, pero una parte de ella la agobiaba por las noches, los recuerdos de esa noche estaban tan frescos en su memoria como si hubiesen ocurrido el día anterior. Se despertaba en las noches llorando y con la ropa pegada por el sudor. Entonces tomaba una cajetilla de cigarros y un encendedor y salía a fumar a la intemperie. Algunas veces incluso tomaba un par de copas de un licor bastante fuerte.
Sus tristes noches solitarias terminaron un día de mayo. Acababa de terminar su último trabajo allá en Francia cuando recibió una llamada de Lovro. Un nuevo trabajo.
Hizo las maletas y cogió el primer avión a Japón. Nunca imagino que ese asesinato se convertiría en el último y, mucho menos, que ese año tan especial se convertiría en algo tan especial y preciado para ella que cambiaría su vida por completo.
Nunca imaginó que se encariñaría de esos mocosos, ni que llegaría a respetar a ese estúpido pulpo pervertido.
Nunca, ni en sus más estrambóticos sueños imaginó que ese estirado del gobierno, el hombre más correcto y serio del mundo (su pequeño mundo), la haría sentir tantas emociones, que la haría añorar a alguien más de lo que jamás hizo.
Tadaomi Karasuma era un japonés conservador, ex militar, serio, impersonal, febril apasionado de su trabajo... y no era católico. En realidad se podría decir que no tenía en claro si tenía alguna religión.
Estuvo en el campo de batalla en distintas ocasiones y en todas ellas tenía una misión que cumplir. No se sentía orgulloso de todo, pero tenía muchas cosas de las que hacerlo. A veces, cuando acompañaba a su familia al templo durante las festividades, pedía a Dios o cualquier deidad que ahí habitara que le diera una señal, aunque fuese mínima, de que había hecho lo correcto.
Entonces explotó la luna. Y los altos cargos entraron en pánico al recibir la amenaza de un súper ser que aseguraba que haría lo mismo con la tierra en el plazo de un año si no lo asesinaban.
Luego llegó la clase E, Koro-sensei, clases de educación física alrededor de la montaña, intentos de asesinato... y ella.
Una rubia tonta con deseos de atención y demasiadas hormonas emanando por doquier. Esa "maestra" principiante que tenía más pinta de niña que nada la mayor parte del tiempo.
Esa mujer de sentimientos tan fuertes e inocentes que lo volvía loco en más de un sentido.
Esa mujer a la que ahora esperaba frente a un altar católico a pesar de no ser creyente.
***
En la invitación escribieron que la ceremonia se llevaría a cabo a las cuatro de la tarde, así que no fue una sorpresa ver desfilar coche tras coche en la calle frente a la iglesia desde antes de las dos.
Los invitados llegaban de a poco y, mientras esperaban a que les permitieran la entrada al recinto, se agrupaban para saludar conocidos y hablar sobre sus vidas. Los grupos más grandes los formaban los ex alumnos de la clase E, todos y cada uno de ellos presentes.
Un poco más allá estaban los conocidos de Karasuma por el trabajo. Algunos con semblante serio, pero con un brillo alegre en los ojos. Dispersados entre diversos grupos los pocos conocidos de Irina entablaban extrañas conversaciones con los invitados, quienes no podían evitar echarles una mirada interrogativa al desconocer por completo sus vocaciones.
Nagisa y Akari llegaron casi a las tres acompañados, como no, por los padres del chico. Saludaron a amigos que se encontraban en el camino y se apresuraron a alcanzar a Karma y Manami, que estaban apostados cerca de la puerta principal.
—No pensé que este día llegara tan pronto —comentó Manami luego de saludarles.
—Tenía que pasar tarde o temprano. Llevan casi dos años viviendo juntos y para alguien como Karasuma algo como eso sería inaceptable. Seguro que quería llegar virgen al matrimonio, pero con Bitch-san rondando en su propia casa con sus tan acostumbradas pintas indecentes seguro que el pobre no pudo esperar hasta consumar el matri... ¡Auch! ¡Manami! No me golpees, ¿me vas a decir que no pensaste lo mismo en cuanto recibiste la invitación?
Akari y Nagisa no podían hacer más que desternillarse de risa. Desde que esos dos comenzaron a salir el año anterior sus interacciones eran cada vez más relajadas y, tenían que admitirlo, graciosas para aquellos que tenían la dicha de verlos tan cómodos como en ese momento.
En ese momento, las puertas de la iglesia se abrieron para que los invitados pudiesen acomodarse a tiempo para el inicio de la ceremonia.
Cuando todos estuvieron en sus asientos se dedicaron a matar el corto tiempo que tenían. Algunos conversaban, otros echaban un vistazo al precioso decorado del templo y otros más se preguntaban la razón del par de asientos vacios al final de una de las primeras bancas.
Por fin, entró el sacerdote seguido del novio y su padrino. Caminaron hasta el altar con paso solemne al ritmo de una cancioncilla salida del órgano. Los presentes se pusieron de pie al verlos entrar.
Llegó el momento más tenso: los minutos a la esperada de la espectacular entrada de la novia.
En el aire se sentía la expectación.
Entonces, tras la señal de varias personas, la marcha nupcial re escucho fuerte y clara por los rincones, la puerta volvió a abrirse y entraron dos jovencitas ataviadas con delicados vestidos de perlada tela iridiscente que dejaron sin aliento a más de un invitado. La clase E las reconoció al instante: Touka Yada y Hinano Kurahashi, las alumnas más apegadas y queridas por la profesora que tenían el honor de ser las damas de honor en su boda.
Poco detrás de ellas caminaba la novia prendada del brazo de Lovro, quien había desempeñado el papel de figura paterna durante más de la mitad de su vida.
Si Yada y Kurahashi lograban robar el aliento, entonces la imagen de Irina pareció absorber todo el aire de la habitación pues todos los presentes parecían haber olvidado como respirar.
Irina era hermosa, saltaba a la vista que era consciente de ellos y lo aprovechaba cada que podía, pero en ese momento no había palabras exactas para describirla. Para Karasuma no existían palabras suficientes en el mundo para describir lo bella que se veía en ese momento.
No era virgen desde hacía mucho, por eso el vestido completamente blanco quedaba descartado, pero era algo que siempre le había hecho ilusión. De niña, antes de que todo se torciera, tenía imágenes de vestidos de boda debajo de su cama. Se dedicaba a admirarlos por la noche antes de dormir y se imaginaba un futuro en el que llevaba uno de ellos durante una ostentosa ceremonia con cientos de invitados con caras sonrientes que la felicitaban a ella y a su perfecto marido. Solía soñar con una vida feliz aquellas noches.
Nunca recuperó ni una sola de las fotografías, pero al tener tantos contactos en todas las tiendas de moda del mundo consiguió el vestido perfecto: Un vaporoso velo cubría su rostro casi sin maquillar y el cabello rubio peinado en largo tirabuzones dorados, se extendía hasta un poco más allá de donde terminaba el vestido. Una falda ancha y vaporosa con aspecto esponjoso, ajustado en la cintura y el busto, terminando en un escote en forma de corazón. Como ella, tenía un toque exótico. El bordillo de la falda era de un profundo negro carbón que se difuminaba hacía arriba, dónde el gris debía convertirse en blanco había retazos de telas de diversos colores revoloteando en una u otra dirección, dando la sensación de que un remolino de colores se agitaba a su alrededor. Un poco más arriba los colores iban palideciendo hasta convertirse en el blanco del corsé. Como si fuese una representación de su triste vida llena de oscuridad y su cambio al convertirse en maestra, hasta llegar a la sagrada unión de ese día, pura como el blanco más prístino.
Al llegar frente al altar Lovro desengancho sus brazos y entregó a Irina con la sombra de una sonrisa paternal cruzando su rostro. Hizo un ligero asentimiento hacía Karasuma y procedió a tomar asiento.
La ceremonia comenzó. Akari lloró. Y Nagisa tomó fuertemente su mano en el momento en que los adultos dijeron sus votos seguidos del tan esperado "Acepto", seguido del más tierno beso en la historia de las bodas.
***
La fiesta se llevó a cabo en un precioso jardín rodeado de altas cercas llenas de enredaderas.
Reinaba un ambiente festivo y de sólo ver a Irina sonreír de oreja a oreja mientras paseaba de aquí para allá colgada del brazo de su (aún no podía terminar de creerlo) esposo te daban ganas de echarte a reír.
Hubo montones de comida, litros y litros de licor (tanto que al final de la fiesta se podía escuchar a los chicos corear a todo pulmón una vieja canción abrazándose por los hombros y arrastrando las palabras. Nakamura no perdió la oportunidad de grabarlos), y un pastel enorme del que, para sorpresa de muchos, no quedo más que un par de rebanadas.
El tiempo se pasó volando y pronto fue momento del evento esperado por las mujeres: hora de lanzar el ramo.
Irina subió a una silla con ayuda y le dio la espalda a la multitud.
Las chicas esperaban ansiosas a que el ramo se desprendiera de las manos de la novia y cayera en las suyas.
Los chicos sudaban frio.
A la cuenta de tres el ramo voló por los aires sobrepasando las manos levantadas en su búsqueda y fue a dar a una de las mesas apartadas para la clase E, cayendo exactamente delante de uno de los asientos reservados para aquellos a quienes debían su encuentro.
Por un segundo, la visión de un par de caras sonrientes los envolvió. En ella lograron vislumbrar a una pareja riendo mientras el hombre sostenía el ramo por encima de su cabeza en ademán triunfante, como si fuese un trofeo difícil de conseguir. La mujer le miraba como si no hubiese nadie más en el mundo.
Todo el mundo se echo a reír. Incluso sin estar ahí, Koro-sensei se las arreglaba para arruinar el ambiente.
Al final Irina lo recogió y se lo entregó a Akari que seguramente lo llevaría a su nueva dueña. Ella asintió sintiendo de nuevo lágrimas en los ojos y se acercó a abrazar con fuerza a la mujer que una vez fue su profesora. Y a quien seguía envidiando por tener un busto más grande que el de ella.
***
La fiesta terminó bastante tarde. Los invitados se retiraron, la mayoría a trompicones, y los recién casados estuvieron solos. Por fin.
A la mañana siguiente partirían a su luna de miel temprano, así que fueron a dormir, agotados por el día tan ajetreado.
Viajaron a un tranquilo pueblo de Japón, dónde ninguno de los dos había estado antes, pero que les brindaba la paz que tanto necesitaban para descansar de la ocupada vida de Tokio. Se hospedaron en un hotel un tanto rústico, pero confortable y, en la intimidad de su cuarto se dedicaron a explorar partes del otro que no conocían hasta esa noche. Se entregaron todo el amor que se profesaban a la pálida luz de la luna que se filtraba por las ventanas.
Lo que sucedió aquella mágica noche de bodas quedo sólo entre ellos y las delgadas sábanas que cubrían la cama.
Puede que incluso también entre los ocupantes dela habitación contigua que, la mañana siguiente, fueron a quejarse del ruido.
*****
*No estoy segura de si Irina era Católica o Cristiana, pero bueh, alguien lo recuerda?
Hola *u*/ La boda de Irina y Karasuma, siempre me pregunte como fue y ahora aqui esta!!
No estoy segura de si quedo claro lo del vestido de Irina... no supe como explicarlo mejor.
Ah! Bueno, como sea
ANUNCIO: El fic está por teminar! Repito : El fic está por terminarr!!!
No creo que queden más de tres o cuatro capitulos a lo mucho más un par de extras... así que, sobre aviso no hay engaño(?
Cuando lo termine estoy pensando en empezar a publicar un par de historias originales. Sí, como leyeron: ORIGINALES!!
Aunque aún no se como le voy a hacer para dosificar mis obras, pero seguro que me las arreglo, sí... creo... espero...
Bueeeeno, espero que les haya gustado el capitulo y... y... ya :)
InfiniteTrigger_uw
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top