«Capítulo 23»

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T/Obidei y KakuHidan.
23. Inesperado.

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El moreno caminaba de un lado a otro dentro de aquella solitaria habitación, —La cuál compartía con el albino.— su expresión era sería y sombría. Recordaba cada detalle de lo que había oído en la cocina, para después ir tras el ex duo artístico y escuchar la conversación de estos. Su corazón latía a mil por hora, sintiéndose impotente y casi siendo dominado por su propio enojo. 

Gruñia en voz baja, aún dando vueltas de un lado a otro en la habitación, casi pareciendo un tigre en una jaula. Sentía una inmensa frustración dentro de si, intentaba con fervor entender el actuar del azabache y albino, deseando en lo más profundo de su ser comprender aquellas acciones que tanta confusión le implantaron en su ser.

Las noches en vela, los enojos sin sentido, las ganas de golpear al azabache, todo encajaba y a la vez era un completo misterio. No lograba entenderlo en absoluto, sufría en silencio tan solo por un "juego" que el albino creía gracioso y aun así... Cayó en ello como si de un ratón buscando su queso en una trampa fuese, creyó todo hasta el más mínimo detalle a pesar de que ninguno de ellos confirmo si realmente estaban en una relación.

No lo comprendía.

En serio no entendía el como pudo llegar a caer tan bajo, por favor, ni siquiera sabía el porque aquello le afectaba tanto, hasta el punto de seguir una pelea contra el azabache. Solo sabía que se había dejado llevar por el enfado del momento, segando su juicio y llevándolo a cometer aquella estupidez esa tarde. A pesar de esas emociones que abarcaron sus pensamientos en los peores momentos, no podía evitar querer vengarse a pesar de tener la cabeza "Fría" y pensar con claridad, a pesar de ello... Quería al menos que sintieran lo mismo que le habían hecho pasar.

Que sintieran la confusión, el dolor molesto en sus pechos, los nudos en sus gargantas, la frustración de no poder hacer nada. Quería hacerles sentir lo mismo por lo que había pasado todos esos días, aunque no supiera realmente el porque lo sentía, deseaba poder entender por completo aquel sentir, pero eso lo dejara para después.

Ahora tenía algunas cosas que planear.

Un ruido en la puerta le distrae, llamando su atención por completo y el moreno volteó su mirar hacia el lugar proveniente del sonido, encontrándose con la silueta del albino, quien se lo cerró la puerta tras de si y se dirigió al baño personal, encerrándose en esta. Kakuzu solo miro todo en silencio, bufando un poco en un tono bajo, una razón más que le generaba un enojo mayor.

Ya estaba levemente acostumbrado a aquella nueva rutina, donde el Jashinista y él mismo se ignoraban completamente, cada uno haciendo sus cosas propias sin detenerse a mirarse o hablarse en ningún momento.

Y aquello dolía.

Dolía en exceso el no poder acercarse y disculparse por la estupidez que cometió, porque si, sabia que había jodido todo y aún así... Su orgullo se volvía cada vez más fuerte, llevándolo a mantenerse firme a pesar de querer disculparse con el menor, reteniendo las ganas de poder acercarsele y simplemente dejar que la cosas volviesen a ser como antes.

Eso quería.

Extrañaba su presencia, extrañaba sus molestos comentarios, extrañaba tenerlo al lado casi todo el día... Lo extrañaba maldición y lo aceptaba. Aceptaba que sus malditas acciones no eran correctas, tan solo se dejaba llevar por sus estúpidas emociones, guiándose a si mismo quizás a un agujero donde quizás ya nada volvería a ser igual.

Tenía miedo.

Aunque no quisiese aceptarlo, temía que nada volviese a como era antes, temía perderlo y que esté desapareciese de su vida, pero también... Tenía miedo a que la monotonía regresase, porque en el fondo sabía que si accionar tenía una razón para ser, algo dentro de él le decía que...

Sentía algo más profundo por el albino, aunque no supiera el porqué.

Se sentó en su cama, colocando sus codos sobre sus rodillas y con las palmas de sus manos acunó su propio rostro, hundiendolo entre estás al mismo te tiempo que inhalaba y exhalaba con un poco de molestia. El sentimiento de culpabilidad le empezaba a invadir, haciéndole dudar, dudaba de sus acciones y de su posible venganza.

¿Valía la pena arriesgar lo poco que quedaba con Hidan, por un sentimiento que no llenaría su pecho y solo le dejaría más remordimiento? No lo sabía.

Un pequeño toque en la puerta llamo su atención, despejando cualquier sentimiento de culpa de su ser y sacándole de sus propios pensamientos, dejando su mente casi en blanco. Elevo su rostro hacia la puerta y la miró unos cuantos segundos, perdido en el marrón casi desgastado de la puerta de madera y un fugaz pensamiento paso por su mente.

«¿Deberíamos de pintar todo?» Pensó en sus adentros, al percatarse de lo que había pensando movió su rostro de un lado a otro, alejando aquellos pensamientos.

Realmente estaba enloqueciendo con todas estas situaciones amargas, como para hacerlo pensar en gastar su preciado dinero en algo como ello. Los toques en la puerta se volvieron casi insistentes, provocando una pequeña migraña en el avaro y sin más este se levantó con pereza, dirigiendose hacia la puerta despacio y la abrió sin más.

Frente a él se encontraba el Uchiha menor, quien se mostraba impasible y sereno aunque en sus ojos se notase el caracteristico brillo de seriedad, su presencia extraño por completo al moreno, quien le miro expectante y casi interrogante.

—La cena está lista.— Informó.

Sin más el Uchiha se dio la vuelta, dispuesto a alejarse de ahí. Okey, Kakuzu aceptaba que aquello había sido realmente extraño y no lo dejaría pasar así cómo así.

—¿Dónde está Konan?— Le interrogó, el menor detuvo su andar y le miro.— Usualmente ella es quien informa sobre eso.

Sus miradas chocaron unos segundos, ninguno dijo nada más y realmente no planeaban hacerlo, Itachi se encogío de hombros para después voltearse e irse. Vale, esto era muy extraño.

¿Habría sucedido algo?

Sus dudas se vieron nuevamente interrumpidas, al sentir como el albino pasaba por su lado y salía de la habitación, caminaba por los pasillos hasta perderse de la vista del moreno. Kakuzu suspira y cierra la puerta tras de él, para después recorrer el solitario pasillo hasta las escaleras y bajar por esta. Empezaba a odiar esa rutina y la indiferencia del Jashinista. Cuando llegó a la cocina tan solo habían algunos miembros, sentados cada uno en su propio lugar.


Kisame jugueteaba con su cubierto mientras esperaba a que  Itachi trajera la comida junto a Konan, Zetsu y Sasori parecían secretearse, Hidan se encontraba sentado completamente recto y su mirada fija en sus manos, Pain bostezaba en su lugar, Deidara se mostraba callado, casi perdido en sus pensamientos y Obito... Bueno, él aún no se encontraba ahí.

La ausencia del azabache no extraño a nadie, ni mucho menos a Kakuzu, puesto que el Uchiha mayor hacia días que ya no los acompañaba en las comidas, había momentos en los que se las saltaba o simplemente comía después de que todos se retirasen. El moreno suspira pesadamente y después toma asiento, al mismo tiempo su mirada se paseo por toda la habitación, casi vagando. 

Unos minutos después su vista termino sobre la melena rubia del piroartista, para después mirarlo un poco y gracias a ello la conversación entre los dos artistas el día anterior regreso a su mente, recordando cada una de las palabras entre el albino y el azabache en la cocina, después las del marionetista se pasearon por su mente, donde recordó una parte de la charla en específico.

«—Hidan hizo lo mismo con Kakuzu, les vieron la cara a ambos.»

Las palabras de Sasori retumbaban en su mente sin parar, recordándole que solo había estado involucrado en un juego tonto del albino, que esté se había estado burlando de él, que solo habia sido un estúpido juguete de burlas. Reteniendo un gruñido nota como el rubio le miraba confundido, casi preguntándole en silencio el porque le miraba tan repentinamente.

Le hizo una seña para poder alejarse y se levantó de la mesa mientras salia de la cocina hasta la sala, aprovechando que nadie le estaba prestando atención, Deidara espero unos minutos para después hacer lo mismo que el moreno, asi que salió de la habitación y se encontró con Kakuzu sentado sobre el sillón, sosteniendo su cabeza con una mano. El rubio se acercó lentamente hasta el moreno, casi dudando sobre lo que estaba haciendo y cuando por fin estuvo frente al mayor, un sentimiento de curiosidad le invadió.

—¿Sucede al...?

El rubio fue interrumpido con rapidez cuando el avaro se levantó con rapidez, siendo separados por tan solo centímetros. Deidara estuvo a punto de hablar nuevamente cuando sintió los labios del moreno presionarse contra los suyos, por lo que shockeado abrió los ojos de par en par.

Vale, aquella había sido inesperado.

Continuara.
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¡Hola!

¿Que les pareció?

¿Les gusto esta extraña idea? Espero que si.

¿Cual fue tu parte favorita?

Miren el hermoso dibujo que me hizo Magali_Karmaland muchas gracias hermosa❤️

Escrito:29/09/21
Publicado: 14/10/21

1543 Palabras.

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