Viernes por la noche, era bastante prudente por fin correr a un bar para desahogarme, había sido una semana llena de trabajo y merecía descansar un poco, la universidad era más difícil de lo que parecía en realidad, así que después de todo este cháos semanal lo que más me apetecía era ir a un bar y tomar unas cuantas copas, tal vez coquetear un poco y terminar en la cama con alguien en el mejor de los escenarios.
*
Bajé del taxi y me introduje en el bar, me pegue ala barra e hice el primer pedido de la noche, un Cosmopolitan fue mi deseo aquella noche. -¿Estás sola?- una melodiosa voz provenientede una rubia junto a mi
-Así es- le dije girándome para quedar frente a ella y tomando un sorbo de mi bebida
-No puede ser verdad, ¿tu novio te deja andar sola por ahí?, que tipo tan descuidado- dijo mientras rodaba los ojos en señal de desaprobación
-Tal vez el problema es que no tengo un novio- le dije soltando una leve risa –Y tal vez nunca tenga uno, considerando que me gustan las chicas-
-Vaya, supongo que es suerte para mi entonces- dijo clavando sus hermosos ojos verdes sobre los míos
-Soy Sofia-
-Yo soy Chloe- extendió su mano en forma de saludo
No paso mucho tiempo para que decidiéramos dejar aquel lugar, alrededor de las once de la noche salimos de ahí tomadas de la mano, me conto algo de su vida, estaba ahí por algún viaje de negocios o algo así (entonces ella era algo mayor que yo) pero aunque mi cerebro gritaba aquello y que estaba mal de todos modos acepte ir por ahí con ella, considerando que mi juicio ya estaba lo bastante dañado por el alcohol en mi sistema y el humo de cigarrillo que inundaba aquel lugar.
-Bueno yo aquí solo soy una turista, muéstrame tu ciudad- dijo la rubia alentándome a regalarle mi noche entera
-Claro, ¿qué hacer primero?- pensé un poco antes de sugerir algo –El puente, Golden Gate, ¿quieres ir?-
-¡Claro! Dicen que es grandioso- dijo algo entusiasmada.
Llegamos al puente, nos dedicamos a observar, tanto el panorama como lo hacíamos la una con la otra.
-¿Te gusta?-
-Claro que sí, ¿sabes?, estas haciendo de este viaje algo inolvidable- dijo la rubia y juro que no me resistí más, mis labios terminaron sobre los suyos y para sorpresa mía ella siguió el ritmo de mis labios –Bueno tal vez deberías asegurarte de que en realidad no olvide San Francisco, ¿no crees?-
Aquella oración fue suficiente para perder todo mi autocontrol, tomamos un taxi que nos llevó hasta su hotel y al estar en aquella habitación no demoramos mucho en deshacernos de nuestras prendas, ella besaba mi cuello, mis clavículas, se deslizo por lo largo de mi abdomen esparciendo besos húmedos hasta llegar al punto en donde más la necesitaba.
*
Un rayo de sol golpeo mi rostro directamente, me sentía atrapada por unos pequeños brazos que se envolvían sobre mi cintura.
-¿Qué hora es?- preguntó algo soñolienta
-Temprano, las siete-
-Bien, ¿me acompañas a tomar mi autobús?- dijo como si no tuviese otra opción pero en realidad no la tenía, si quería estar con ella más tiempo pues esta era la oportunidad.
*
Llegamos a donde ella tendría que esperar ser aborda, de pronto sentí una extraña sensación, algo desconocido para mí pero era como si mi estómago se hubiese quedado vacío, sentía las manos frías y mi corazón latía muy rápido, mis compañeros utilizaban aquellos síntomas muchas veces para confirmar su miedo, pero era cuando se sentían realmente aterrados por algún examen para el que no habían estudiado, entonces esta situación era una de aquellas, ¿yo no había estudiado para esto?.
-Me iré pronto así que ten...- extendió su teléfono hacía mi –Escribe tu número, por favor- no dije nada, me limite a escribirlo.
Llamaron su salida.
-Entonces, este es el final ¿no?- dije un poco nerviosa, no podía o no quería verla marcharse
-¿Eso quieres?-
-No-
-Entonces no tiene por qué serlo- beso mis labios tiernamente y se fue.
*
Cuatro días habían pasado desde aquello y no había pasado nada, entonces tomo aquello como cosa de una noche, mis amigos habían pasado por situaciones así. Preparaba mis cosas para emprender camino a mis clases, preparaba mi dosis de cafeína, era un día pesado pues tendría al menos tres pruebas y me había quedado despierta estudiando cuando de pronto mi teléfono vibro.
No me habrás olvidado ¿verdad?
¿Quién eres?
Vaya que te olvidaste de mí, pensé que los besos habían sido buenos
Una sonrisa se formó en mi rostro y recordé aquel viernes, aquella noche, aquellos besos, aquel sexo, aquella rubia.
No podría olvidar aquellos besos
Bien, entonces asumo que estarás libre para mí el viernes, tengo otros asuntos que arreglar y estaré ahí algunos días, reserva tus noches para mí, preciosa.
Vaya, quien podría decir que podemos encontrar a una persona perfecta en algún bar de San Francisco.
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