048; tres días
No fueron pocas las veces en las que Killian había recibido miradas furiosas, llenas de odio, asco e incluso miedo hacia su persona. A esas alturas de su vida ya estaba completamente amoldado a ese hecho, sin embargo, tras todo ese repudio que él mismo recibía, siempre había un ligero brillo oculto que indicaba amabilidad dentro de los corazones de aquellas personas.
Quizás no para él, pero sí para quienes se lo merecían.
Pero esta vez, tomando todo el valor que le quedaba en el cuerpo y atreviéndose a mirar directamente a los ojos carmesí del inmortal frente a él, Killian no pudo hallar rastro ninguno de aquel brillo. Era una mirada llena de odio hacia todo lo que le rodeaba, una mirada gélida que no acompañaba a la pequeña sonrisa que se había empeñado en adjuntar a su rostro cuando el neófito entró en la estancia; y aquello era aterrador.
Killian fue incapaz de moverse, temiendo que fuera a caer de rodillas si atrevía a mover su pie siquiera un milímetro. Su cuerpo no mostraba movimiento alguno pero su interior parecía temblar como si fuera un simple humano expuesto a temperaturas bajo cero y sin ninguna prenda de ropa encima. Su voz no colaboraba con él y se negaba a ser escuchada mientras el menor intentaba, al menos por cortesía, devolver el saludo. Todo en su ser parecía ser controlado por el miedo que cualquiera perteneciente a aquel clan le provocaba tras haberlos conocido por primera vez el pasado marzo.
Caius era astuto, astuto y extremadamente inteligente. Era cuestión de segundos que notara el actuar del neófito frente a él.
El rubio carraspeó ligeramente, bajando sus brazos del respaldo del sillón y despegando su espalda del mismo. La recta postura siguió ahí mientras mantenía las piernas cruzadas y apoyaba uno de sus codos en la rodilla superior para poder descansar su mentón en la mano. Con la otra que tenía libre, acomodó en un movimiento rápido uno de sus mechones de pelo.
—¿Por qué no te acercas? —cuestionó. Ojos entrecerrados y sonrisa amplia cual gato Cheshire.
Killian se mantuvo en el lugar, aún incapaz de hacer funcionar su cuerpo con normalidad. Era la primera vez que se sentía tan aterrorizado como para estar inmóvil.
La sonrisa de Caius no duró mucho en su rostro, pronto desapareciendo y dejando en el neófito la extraña sensación de que aquel gesto lo había alucinado. El vampiro se puso en pie y, aunque no tuviera una altura descomunal como la de Félix, aún seguía siendo más alto que Killian y conseguía hacerlo ver como una hormiga diminuta. El resonar de los puntiagudos zapatos de vestir que portaba hizo eco en los oídos del chico como si se hubiera acostado en el suelo y este paseara en círculos junto a ellos, la esbelta figura parecía sacada de una revista de modelos mientras caminaba tan suave como una bailarina de ballet hacia donde el menor se encontraba.
Caius era un depredador nato y Killian siempre había estado acostumbrado a ser la presa.
Era imposible encogerse más de lo que había hecho el chico sin tener que activar una cómoda posición fetal y alejarse a uno de los rincones más alejados de la sala. Estaba tan nervioso que tenía en claro que ya se hubiera desmayado al menos cuatro veces de haber podido hacerlo. ¿Cómo era alguien capaz de tener un aura tan imponente sin haber hecho nada más que saludarlo y mirar desde varios metros a la distancia?
Killian bajó la mirada hasta la punta de sus propios zapatos, intentando evitar pensar que el vampiro se acercaba cada vez más hacia él. No había terminado de clavar sus ojos en el material de los zapatos cuando un par de ojos carmesí lo miraron desde abajo, una cabeza cubierta de cabellera rubia lo miraba de lado mientras una de sus cejas cuestionaba su repentino cambio de atención. El neófito se sorprendió y dio un paso hacia atrás, permitiendo así que Caius volviera a enderezarse y se acomodara fácilmente frente al chico, quedando cara a cara.
—Si tu no te acercas, lo haré yo —la hipnotizante voz que poseía provocó un escalofrío en la nuca del chico. El rubio dio varios pasos hacia la derecha y prosiguió a rodear la figura del contrario, dando varias vueltas a su alrededor mientras lo analizaba como si fuera un animal de circo enjaulado. Mirando atentamente la parte trasera de su cabeza, elevó la comisura de sus labios antes de inclinarse un poco hacia el frente para quedar a la misma altura que la oreja de Killian para susurrar.—. Si hubiera querido matarte, ahora mismo no tendrías la suerte de poder estar a solas conmigo —separándose de golpe y volviendo a su lugar en el sillón con la sonrisa aún en sus labios, continuó hablando—: Relájate. Acércate y hablemos. No queremos hacer esperar a Carlisle, ¿cierto?
Aquel nombre le hizo reaccionar, como si fuera lo que necesitaba para despertar de aquel trance en el que se encontraba.
—No le hagas nada al señor Carlisle —suplicó, mostrando una clara desesperación por no involucrar a su tutor legal en todo aquello aunque fuera imposible evitarlo.
El rubio entrecerró sus ojos, analizante.
—Entonces ven y hablemos.
Killian inhaló y se acercó hacia el sillón con pasos cortos y dudosos, y tras confiar que el contrario no le haría nada, se sentó dejando un metro de distancia entre ellos.
—No era tan difícil, ¿o si? —volvió a hablar el mayor, ladeando la cabeza hacia él mientras le cuestionaba. Killian negó con la cabeza.
—¿De qué quiere hablar? —preguntó esta vez el castaño, manos juntas sobre su regazo mientras sus dedos se movían inquietos unos sobre otros, llamando la atención del vampiro.
—Relájate —dijo.
—Estoy bastante relajado, señor.
Caius juntó sus cejas fuertemente al fruncir su ceño.
—Señor —repitió lo que había dicho el contrario—. No me llames eso.
—Lo siento, señor —se disculpó.
—Killian —pronunció tajante.
El contrario se sorprendió ante la clara dureza de la voz.
—Lo siento. No volverá a ocurrir —el menor respiró profundamente un par de veces antes de volver a intentar aparentar estar calmado—. ¿De qué... quiere hablar conmigo?
—¿Cuánto tiempo llevas con los Cullen?
Aquella pregunta fue algo inesperada, causando que Killian quedara algo descolocado durante algunos segundos.
—Casi un año —respondió en un susurro.
—No es mucho tiempo —el contrario negó con la cabeza—. ¿Por qué?
—¿Por qué que?
—¿Por qué un simple humano querría un grupo de vampiros?
Killian desvió la mirada hacia el centro del salón de baile, una risa sin gracia escapó de su garganta.
—Tampoco tenía muchas opciones.
—¿No deben darles también el permiso para poder ser tus adoptantes?
El neófito entrecerró los ojos, dándole un rápido vistazo al rubio y cuestionándose cómo es que sabía tanto si (según Carlisle) poco les importaba involucrarse en nada respecto a humanos.
—Los Cullen eran los únicos adoptantes —su tono de voz era suave, como intentando minimizar el dolor que aquellas palabras le provocaban—. Si no hay otros adoptantes, ¿cómo podría elegir yo?
—¿Los únicos?
Killian asintió.
—Mis ojos siempre limitaron mis estadías en casas de acogidas y posibles adoptantes, así que fue una sorpresa que quisieran adoptar incluso cuando yo estaba ya tan... mayor.
—Eso quiere decir que sólo has convivido con los Cullen como vampiros —habló para sí mismo, más Killian no supo darse cuenta.
—Sí.
Caius se quedó en silencio durante varios minutos, su mente divagando por distintas opciones mientras que el neófito a su lado esperaba a que volviera a hablar.
—¿Por qué tus ojos eran rojos? —el cambio de tema le descolocó un poco, pero rápidamente supo recomponerse y contestar de forma correcta como si estuviera dando una presentación en clase.
—No lo sé —contestó sincero—. Mis ojos siempre han sido de este color desde que nací.
—¿Tus padres?
—Señor, soy huérfano.
—¿Señor? —volvió a cuestionar, lanzando una mirada gélida en su dirección.
Killian agachó la cabeza, sus manos aferrándose a la tela de su pantalón mientras clavaba sus uñas en éstos.
—Es que... no sé cómo debería llamarle.
El rubio respondió en un parpadeo.
—Rey, Lord, alteza, amo... tienes opciones.
—Ya...
El vampiro cruzó sus brazos sobre su pecho y analizó lentamente la figura a su lado.
—Caius —pronunció hacia él. Killian elevó la mirada y se encontró con la completa atención del mayor volcada en él. El rubio se encogió de hombros sin mucho interés por lo dicho—. Es mi nombre, de todos modos.
Killian mordió el interior de su mejilla mientras asentía.
—Está bien, rey Caius —dijo con un asentimiento hacia sí mismo.
El mayor hizo su mayor esfuerzo para controlarse y que todo fuera como él esperaba.
—Entonces, no sabes nada de tus padres —afirmó, regresando a la conversación anterior antes que su paciencia terminara por volar. El contrario negó—. ¿No suelen dejar objetos, cartas o fotos para cuando sus hijos crezcan los vean?
Killian rió suavemente.
—Eso sólo ocurre en las películas.
—Hmm... —murmuró—, yo lo leí en un libro.
El neófito dejó de reír, luciendo un poco más relajado.
—También en los libros.
—Quemaré ese libro mentiroso en cuanto vuelva —farfulló para sí.
—¿Le gusta leer libros? —se atrevió a preguntar el menor, intentando soltarse un poco y demostrar al contrario que no hizo, hace, ni hará nada malo.
—No —respondió tajante.
El castaño movió la cabeza de un lado a otro.
—¿Y por qué estaba... leyendo... eso? —preguntó confuso, un poco apenado por la respuesta tajante luego de haber pensado que no era tan inalcanzable.
—Alec me recomendó leer algo similar a tu situación para comprenderte mejor y ayudar a que no fuera tan raro cuando te lo dijera.
—¿Decirme? ¿El qué?
El rubio se acomodó nuevamente contra el respaldo del sillón.
—Quiero que vengas a Volterra conmigo.
Killian se enderezó inconscientemente, mirando al rubio con sus ojos abiertos ante la sorpresa.
—Yo...
—Tres días —cortó sin darle tiempo a negarse—. Quiero que vengas a Volterra durante tres días, nada más. Es eso o atenerte a las consecuencias, ¿o debo recordarles a ambos que la humana sigue siendo humana?
—¿Por qué? —susurró—. ¿Qué puedo tener yo de interés?
—Eso quiere averiguar Aro.
—¿Por qué no vino él entonces?
—Porque yo también quiero que vayas.
El neófito pudo ver como el vampiro se inclinaba hacia adelante, cabeza ladeada para observarlo fijamente. Ojos carmesí pertenecientes a un peligroso depredador.
—¿P-por qué usted también?
—Yo quiero algo y sólo me dejan obtenerlo si te llevo para que te... analicen.
—¿Qué es lo que quiere?
Caius elevó ambos lados de su boca en una sonrisa siniestra.
—A ti.
El gélido escalofrío que recorrió su espina dorsal parecía mucho más fría que la propia temperatura de su cuerpo. Aquellos ojos vacíos volvían a estar atentos en su figura como el salvaje león a punto de atacar a la pacífica gacela.
Habría esperado cualquier cosa de aquel encuentro pero entre ellas no entraba el regresar a Volterra junto a ellos. No confiaba en ser capaz de sobrevivir solo junto a aquel grupo siendo que apenas y podía aguantar el hecho de transferir la sangre de los animales hacia un vaso con la ayuda de Carlisle para poder alimentarse. Sabía, por lo que le había contado Carlisle, que aquel clan no sentía valor alguno por la vida humana y que su alimentación jamás había variado, por lo que el asesinato de una persona era algo común en su día a día. Pero, tampoco confiaba en ir acompañado para que terminaran por hacer daño a alguno de los miembros de su familia.
Una vez más volvía a estar entre la espada y la pared. O, como diría Emmett-experto en chistes malos-Cullen: entre el cuello y el colmillo.
—¿Por qué me querría a mi? No hay nada de interés —volvió a repetir, la sensación de ahogamiento apoderándose de su garganta.
—Eso lo debo juzgar yo. ¿Y bien? ¿Qué me dices?
El castaño agachó la cabeza, su cabeza dando vuelta en un sinfín de pros y contras que todo aquello podría traer consigo. ¿Pero acaso tenía opción alguna a negarse? Carlisle se encontraba en la planta inferior rodeado de cuatro vampiros que probablemente ganarían sin mucho esfuerzo.
—Tres días y regresaré a casa cuando finalice el plazo.
El mayor sonrió con malicia mientras asentía.
—Solo tres días.
[•••]
¡Hola!
¿Ven como sí cumplo cuando no gafo las cosas?
¿Cómo andan?
Voy avisando que, si no estropeo nada, el próximo capítulo sería el miércoles.
Andaba releyendo los borradores para escribir los capítulos finales y me ha servido para ganar motivación nuevamente con todo esto.
Es la segunda vez desde que comencé fics que tuve un bloqueo de escritor tan grande pero ayudó un montón haber escrito los caps hace meses (que, por cierto, había cosas que no recordaba🧏♀️)
Así que, presten atención 👁️
En fin, espero que les haya gustado el capítulo y tengan un lindo domingo.
Cuídense mucho y nos leemos en unos días.
<3
—AYU
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