(2000)

No logro poder estar equilibrada. Mi mundo se fue abajo. Y es la quinta carta de la cuál empapo en lágrimas, el papel se arruga y no se puede arreglar. Tan sólo prefiero no tocarlo hasta que seque. Me siento destruida y sin razonamiento alguno, es cómo si te estuvieran apuñalando, lentamente. Y es suficientemente doloroso. No puedo más, no sé si creer aún más con tus palabras que dijiste de las cuáles no nos rindiéramos. ¡Maldición! 

Me acaba de llamar, el cineasta. Sí, acaba de llamar y me dijo que era algo sobre ti, no logro algún movimiento de expresión en mis facciones y estoy traumada. No sé que me dirá, sólo que estaba muy agitado, y casi me gritaba. Se le notaba asustado. Tengo miedo, y creería que dejaré un punto final en cualquier momento, ojalá me vaya excelente. Ya que saber algo de ti, me haría muy bien y lo necesitaría más que nada en la vida. 

Quizás en otra vida estaremos juntos, pero en ésta no. Te quiero demasiado, y cuándo alguien termine de leer ésta inútil carta. Que por favor, la haga pedazos. Y la queme. Hasta nunca...

—¿Terminaste? —Decía el cineasta del cuál una larga historia le llevaría por delante, luego de haber leído las últimas palabras de la chica misteriosa.

—¿Dónde está, ella? —Preguntó algo nervioso por tan sólo esperar la pregunta de su querido amigo.

—A... ella... —Comienza a sollozar, en lo que saca un paño en el bolsillo de su camisa, que se encontraba al lado derecho de aquel. — La... —Intentó colocar grave su voz, pero la pesadilla de lo que iba a decir, lo sacaba de quicio.

—¡DIME! —Gritó furioso y apenado tras la curiosidad que llevaba por delante, ya que sólo quería saber sobre que le había pasado.

—Tuvo un accidente. —Respondió en seco. Directo.

—¿Qué? —Abrió sus ojos de par en par, intentando no poder llorar. El escritor intentó no botar ni una lágrima, el chico era sensible para sus temas. —¿Pero... cómo? —No podía articular algún movimiento en su boca. Sus ideas lo llenaban, se ahogaba en sus propios pensamientos.

— Yo le iba a contar la verdad... —Intentó decir el cineasta del cuál se encontraba nervioso, para que el tampoco perdiera la conciencia de lo que se encontraba hablando. —De que tú en realidad estabas vivo. Yo... no quería que ocurriera esto. —Se llevó las manos a su cienes, e intentó hacer un masaje algo fuerte y doloroso. 

—¡PARA! —Miró concentrado. —Tú no tienes la culpa. Quizás nadie la tenga. —Se quedó quieto mirando un punto en fijo. —Tan sólo... cuéntame lo que ocurrió. Necesito saberlo. —Tocó el hombro de su amigo el cineasta.

—Ese día, le iba a contar todo. Lo que había ocurrido. No quería que sufriera más de lo que vivió en el instante en que salías con tu novia. Ella tenía razón que ensuciabas las frases con tus malditas fotografías con tu ex-novia. —Dijo, recordando lo que había leído y a la vez lo fulminó. —El caso es que nos íbamos a juntar en una cafetería que se encontraba cerca de éste lugar. Pe... pero.—Respiró profundamente con cortes que hacían que no exhalara correctamente.

—¡Maldita sea! —Se levantó de su sillón. E intentó caminar. —Tan sólo cuéntame! —Volvió a gritar esperando alguna respuesta de su compañero.

—La vi tirada en el suelo.—Y soltó un llanto tremendo.—La vi. ¡AHÍ! —Y comenzó a llorar más fuerte de lo que pensó él. —Salí corriendo al lugar, en dónde se encontraba ella. Y tenía su cabeza rota, había demasiada sangre. No pensé que fuera tan grave, pero la gente miraba perpleja. Yo sólo me había acercado, y la tomé de su cuello. Y vi sus ojos verdosos en lágrimas. Y sólo decía que le dolía, le dolía mucho la cabeza. Y yo sólo... le sostenía su mano. Y la apretaba con fuerza. Estaba temblando. Pero aún seguía con sus ojos abiertos. Sus últimas palabras antes de que su mente fuera borrada. Sólo dijo: Que estaba muy feliz por haberte conocido, y que siempre estuvo enamorada de ti. No había dudas. Siempre te quiso. Y sólo cerró sus ojos. Llegó la ambulancia y me fui con ella. Según el doctor que iba con nosotros dijo que estaba muy grave. Y me colocó de nervios. Simplemente no podía creer que la chica que se preocupó las 24 horas del día podría estar muerta en cualquier momento. Y eso es lo que me tiene nervioso. —Habló lo más rápido que podía. Prefería decirlas al tiro.

—¿¡¿ESTÁ VIVA AÚN?!? —Sonrió lo más que podía. Esperaba una respuesta buena después de todo éste tiempo.—Dime que sí, te lo suplico.  

—Sí, está viva, pero en coma.—Bajó su cabeza.

—¿En qué hospital? ¿Cuándo fue? ¿Sigue bien o bajó sus signos vitales?—Decía colocando su abrigo. Con unos lentes y un gorro, tapando su cabello en curva.

—¡EPA! Tranquilo. Ella está bien, sólo que depende ella, si quiere recordar o no.—Dijo algo apenado.—Según los doctores, ella está en blanco. Sólo recuerda palabras básicas. No es un bebé, sólo que olvidó todos sus recuerdos de su madre, padre, amores. Pero cuando despierte, será cómo si nunca te hubiera visto. 

—¿No sabrá nada de mí, cuándo me vea?—Sonrió de lado. Incómodo.

—Creo que no.—Golpeó la espalda del chico.—Pero estaría bien que la vieras, es tu derecho. 

—Es lo único que quiero. No sabes cuánto.—Tomó sus llaves.—¿Vamos?—Sonrió.

En ésta instancia, la chica seguía luchando por la vida. Mientras que el escritor y el cineasta se dirigían hacía la clínica en la que se encontraba. La muchacha se retorcía mientras los sueños sólo la hacían recordar a una persona. Pero no completamente. 

Los dos amigos habían llegado a la estructura, mientras que el cineasta había pasado durante éstos cinco días cuidando de la chica, y recolectando sus cartas para mostrárselas al escritor supuesta-mente muerto. Después de todo, y de haber esperado lo suficiente. Al fin ya era hora de visitas, el escritor sólo quería ver a la chica de la cuál le escribía a diario, de la que fue sus primeras visitas en su página, la que llegó hasta el final. Y que ahora se encontraban los dos juntos. 

—Pueden pasar. Pero no la esfuercen, quizás pueda estar aún más grave de lo que creamos, hablen con ella. Siempre las escuchará. —Luego de de haber terminado de hablar, la chica sonrió, y abrió la puerta en dónde se encontraba, haciéndolos pasar.

—Gracias. —Decía el cineasta, del cuál pasó primero, haciéndole un quite a el escritor. —No tengas miedo, es una chica cómo cualquier otra. Sólo que con pensamientos distintos. 

Las expresiones eran extrañas, sentía que podía desilusionar a cualquiera. Y sólo se dedicó a escuchar el pitido en cómo latía su corazón, estableciendo que se encontraba sano su corazón bombeante. Intentó caminar un poco más rápido, y sentía miedo. Al igual que ella en cuánto pensaba en él, una sensación distinta, cómo si fuera amor.

Al avanzar unos dos pies más se dio cuenta de la chica, y comenzó a ver sus rasgos, que les llamaba la atención. Vio su cabello dorado y liso, algo sucio. Sus mejillas y pómulos se encontraban perfectos, dando concordancia con su rostro, sus labios se encontraban con un corte pequeño en el lado derecho, que se encontraba boquiabierta con un especie de tubo, algo raro y bastante grande que se adentraba en su boca. Su piel, fue lo más hermoso que había visto, tras ser blanca, no pálida. Era entre un tono amarillo, con colores rosáceos. Y sus ojos se encontraban cerrados, con unas bastantes pestañas, quién sabrá de que color tendrá sus ojos. Se la imagino con distintos tonos de ojos. Y prefirió el verde oscuro. Creía que le quedaría perfecto. Pensaba directamente en general y la encontraba hermosa, más de lo que creyó él, hace unas horas atrás.

No lograba creer lo linda que podía llegar a ver en la gente, era cómo un regalo ya dado. Algo cómo una locura, estaba empañada en belleza natural, suponía que no usaba maquillaje por su gran piel, ya que era realmente lisa. El escritor se encontraba asombrado tras verla. 

Buscó una silla, y se sentó en ella, para poder tomar la mano de su gran admiradora, a quién le pareció increíblemente perfecta, no tenía más palabras que decir, sólo quería tocar su piel con cuidado. Y lo hizo, sostuvo sus pequeños e irritados dedos, en lo que sólo se le vio  decir que era porque escribía lo suficiente para hacerse heridas pequeñas en sus manos. Sentía sus manos heladas, y las calentaba de a poco haciendo un masaje con sus manos.

—¿Realmente es ella?—Preguntó el escritor asombrado tras ver sus facciones de las cuáles lo habían hipnotizado.—Es que... es muy preciosa.—Agregó bajando su cabeza.

—También pensé lo mismo. Imagínate ya estando sanada.—Se acomodó en su silla.—Siempre quise contarte, pero ella no me lo permitía. Debía cumplir su palabra.

—Está bien. Haría lo mismo.—Cargó su voz.—Lo bueno es que está viva. —Sonrió.

—Me alegra saber por una parte que ya la conociste por suficientes años ella quería esto. Quizás de otra manera, pero a lo mejor el destino lo quiso de ésta manera, así ella no sufría nada. Lo que me apena es que quizás ya no pueda contarnos nada acerca de cómo pasó un desastre en su vida. Sin embargo creo que fue para mejor, por alguna razón ocurre esto. Su pasado fue lo suficientemente malo para que olvidara su memoria.

—Recuerda que te oye, y que en éste instante la estás creando y grande. —Rió, intentando calmar las aguas.

—Espera. —Se acercó a la chica.

En la que pronto iría a despertar, se acercó aún más. En lo que se asustó al ver a la enfermera del otro lado de la camilla, que la miraba con una ceja levantada. Por lo que sólo decidió por retroceder y sentarse por dónde se encontraba.

—La chica despertará dentro de unos minutos, cuándo sus párpados se mueven de un lado a otro, es por nerviosismo al querer despertar. Su sueño ya está acabando. Quizás quiera recordar, pero no podrá. No se asusten si despierta acelerada, es normal. Estaré al lado. —Dicho aquello se retiró lentamente.

Pasaron unos dos minutos luego de que la enfermera quedara en silencio y el cineasta no dudó en decir algo.

—Y pues, creo que debe... —Pronto se queda callado viéndola a ella, con total aceleramiento. Respiraba demasiado, cómo si necesitara todo el aire del mundo. —¡Hey! ¡Hey! ¡Hey!

—¡¡¡ENFERMERA!!! —Gritó el escritor del cual se encontraba algo desconcertante tras la despertada de su admiradora.

En cuánto llegó corriendo. Mientras la chica aún seguía acostada respirando fuerte. A lo que pronto, sintió dolor. Tras haber despertado de esa manera, tenía un pulmón del cual no trabajaba lo suficientemente bien. Por el hecho de que se intentó levantar, pero sus lágrimas seguían corriendo.

—Tranquila, está todo bien. Soy la doctora que te está atiendo en éste instante. Por favor, vuelve a acostarte. —Asintió rápidamente. A lo que pronto se acostó aún con el elemento que contenía su boca.

Estaba exhausta, muy cansada. No sabía en que lugar se encontraba en lo que sólo recordó haber visto conocido éste color. Blanco. Logró pensar. Sabía lo suficiente. Pero no sus recuerdos emocionales, sólo lo básico.

—¿Estás bien? —Preguntó el escritor. Intentando calmar a la chica, pero realmente el se encontraba más preocupado.

La chica arrugo su frente, en forma de desconocimiento. Por lo que una gran desilusión por parte del escritor se llevó. No podía creerlo. Pero pronto la chica sacó su mano e hizo un sí, con la mano. Haciendo sonreír a las personas que se encontraban en la sala. En especial al escritor, ya que sólo lograba sacar lágrimas de emoción.

—Una pregunta. ¿Cuánto tiempo ha estado esta paciente? —Dicho eso, el cineasta se alarmó.

—Un mes y medio. Sus secuelas ya estaban, tras el golpe que recibió. Fue demasiado, que destruyó justo la parte de los "recuerdos". —Dijo haciendo comillas. Traeré al doctor para que la vea bien. Yo no sé lo suficiente. Permiso.

—Eres un maldito sin sentimientos. —Decía el escritor. Quién se encontraba furioso, tras haberle mentido nuevamente.

—No es nada fácil mostrare cartas en las que una chica me pidió que no te las mostrara nunca, cumplo mi palabra, y la de ella fue la más importante. —Dijo el cineasta dada por terminada la conversación.

—No... discu... tan. —Dijo, la chica de la cuál aún seguía despierta sin entender lo que estaba pasando.—Por... favor.

—No te preocupes. Tranquila. —Sonrió el escritor, y la chica imitó su acción.

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