Siete


¿Se lo creen? Aún más secretos.

Narra Ella.

Correr tanto me iba a dejar sin aire en cualquier momento.

¡Estúpida Leyla y su tobillo con fallos!

Corría lo mejor que podía e intentaba seguir el paso de Leyla, agitada.

Rápido llegamos al auto después de dar una gran vuelta para despistar al señor.

—¡Sube rápido!

—Joder, ya voy. ¡Qué estrés!

—¡Leyla Anabelle Quiroga! ¡Sube al auto ahora!

—Voy —dice ella y abre la puerta del auto, entrando y cerrándola con rapidez.

—¡Ya! ¡Apúrate! —exclama Leyla.

Acelero el auto a toda velocidad dejando atrás la casa abandonada.

—Eso estuvo cerca.

—Lo sé. ¿Quién era ese?

—Elle, pensé que había quedado claro, cuando dije: "Por lo visto no sabemos nada de esta familia" —ironiza, llamándome Elle, como siempre lo hacía.

—No era necesario tu sarcasmo.

—Querida, la verdad due...

—Tampoco es necesaria tu frase.

Leyla no vuelve a hablar en un tiempo, lo que agradezco. Es muy difícil ver a Leyla sin hablar.

—¿Sabes que tenemos que volver ahí, no?

—Claro. Pena que no tengamos nada de que investigar.

Cuando digo eso veo que mi amiga saca su teléfono y empieza a buscar en él. Hasta que me enseña una fotografía.

Es una fotografía de la... ¿lápida? que vimos en el bosque de la casa.

—¿Cuando...?

—Antes de qué nos echaramos a correr.

Tomo el celular con mis manos y observo con atención la fotografía.

Ici repose la bien-aimée Margaret Fontanier en paix. ¿Qué significa?

—Ehm... no tengo la menor idea. Pero... ¿para qué sino esta google traductor? —dice Leyla y me quita el celular de las manos.

—¡Lo tengo! Dice que significa... "Aquí yace en paz la amada Margaret Fontanier".

—¿Qué? ¿Ahí...? ¿Alguien allá abajo está muerto?

—Al parecer —responde la morena, en voz baja.

—Vale... tenemos que averiguar quién es ella. Que tiene que ver con la familia Fontanier.

—Sí y también quien era ese señor.

—¿Y sí sólo es el jardinero?

Leyla me mira incrédula—. ¿El jardinero? ¿En serio? ¿Y qué va a regar a esta hora? ¿Una planta vampira?

—De los Fontanier no dudo nada —alego encogiéndome de hombros.

...

Después de un largo recorrido, protagonizado principalmente por los comentarios sarcásticos de Leyla, llegamos a la escuela.

Son las 4:00 de la mañana. ¿Se lo pueden creer? ¡Yo no!

—Quiero llegar y dormir. No lo puedo creer, mañana tengo clases a primera hora y mira que tarde es. ¡Qué desastre!

—Elle, vamos, no te preocupes estarás bien, tranquilízate.

—Eso lo dices tú —digo mientras estacionó el auto.

Ambas nos bajamos y caminamos hasta nuestra residencia.

—¿Cuántos años deben tener los gemelos? —pregunta Leyla.

—Unos... 21, ¿por?

—Mera curiosidad —aclara encogiéndose de hombros.

Damos la vuelta en una esquina que es la que lleva a la zona de residencias.

—¡Hey, Elle! —me llama mi amiga.

—¿Qué?

—¿Ese de ahí no es uno de los Fontanier?

Giró la cabeza a dónde me señala, sí era uno de ellos.

—Sí, específicamente Cassandro.

—¿Cómo sabes...? —empieza a hablar mirando en mi dirección con el ceño fruncido—. No voy ni a preguntar —se responde a sí misma rodando los ojos.

Sin hacerle mucho caso empiezo a caminar cuando notó que Cassandro también lo hace.

—¿A dónde vas? Se su pone que la res...

—No voy hacia la residencia, lo sigo —le explico haciendo un gesto con la mano para que me siga.

Veo que se adentra en un pequeño callejón.

—¿A dónde va? —le pregunto a Leyla con desconcierto.

—Seguro que no a tirar la basura —ironiza mientras aceleramos el paso.

Sin decir otra palabra nos escondemos detrás de un poste de la luz para así poder ver lo que hace el chico Fontanier pero que él no nos vea a nosotras.

Él camina con sigilo adentrándose cada vez más en el pequeño callejón entre dos edificios. Hasta que llega a un basurero lleno de cosas podridas y moho, metiendo algo que saca de su cremallera en él, luego mira a su alrededor y vuelve a caminar, esta vez saliendo del callejón.

Cuando nos pasa casi por al lado nos retorcemos en nuestros lugares. Después sigue caminando hasta que se pierde de nuestra vista y ambas podemos volver a respirar.

—Vamos —le hablo a Leyla y las dos nos internamos en el lugar del que acaba de salir Cassandro.

Cuando llegamos lo primero que hacemos, bueno, que hace Leyla porque yo no metería la mano en ahí, es sacar la pequeña bolsa de plástico que está dentro del basurero, tiene un pequeño papel en el interior.

Leyla saca el papelito y lo abre.

—¿Qué se supone que es esto? ¿Es una clase de código morse? —pregunta ella viendo la extraña escritura.

—No, Leyla, el código morse trata sobre rayas y puntos. Es... algo diferente, no tengo idea —digo con el ceño fruncido mirando la escritura—. Mira aquí, al final dice "G. F"

Me pongo a analizar y se me enciende la bombilla. Al parecer Leyla también pensó en algo, y dijimos al mismo tiempo.

—Gemelos Fontanier.

—¿Gasolina feliz?

Cuando dice eso la miro a los ojos con cara de incredulidad.

—¿Es en serio? ¡¿gasolina feliz?! —le digo con histeria.

—Ignoremos lo que dije, ¿vale? —explica frotándose los ojos con los dedos—. ¡Tengo mucho sueño! Así no puedo pensar bien.

La miro y pongo los ojos en blanco.

—Hazle una foto antes de que llegue alguien —le ordeno a Leyla.

Saca con rapidez su teléfono del bolsillo trasero y le saca una foto al papel.

Luego de eso me da el teléfono para que se lo sujete mientras ella dobla y guarda todo donde estaba.

—Ahora, ¡Larguémonos de aquí! —exclama mientras me toma de la mano para salir del callejón.

...

Camino por los pasillos de Murgare, haciendo resonar en el suelo de madera mis tacones de marca. Son las 11:00 y después de salir de un largo turno voy de camino al área de informática y computación, en el mismo espacio que la biblioteca.

Al caminar me topó con el psicólogo y consejero escolar, el Sr. Stephan. Al percatarse de mi presencia se acerca a saludarme.

—Buen día, Sr. Stephan.

—¿Cómo está, Srita. Teronge? Espero que bien, sabe, yo estaría mejor si pasará por mi consulta. Hace varios días que no la veo. ¿Está bien?

—Sí, gracias por la preocupación. Veré si no estoy ocupada y le aviso para ir —digo con una sonrisa, falsa.

—La esperaré entonces.

Cuando culmino la conversación con el Sr. Stephan continuó con mi recorrido. Siento que suena mi teléfono entonces lo saco de mi bolsillo y lo descuelgo.

—¿Qué pasa, cariño?

—Cole, ¿cómo estás? Ya extrañaba tu voz. ¿No hablamos hace cuatro días, no?

—Sí, me encanta como llevas la cuenta —me dice y automáticamente sonrió como tonta.

—¿Y qué tal por allá?

—Estoy bien, un poco complicado con la universidad y mis padres, ya sabes como son.

—Cuando hables con ellos dile que les mando un beso —le recuerdo.

—Lo haré. ¿Y tú qué tal por allá?

—Nada nuevo la verdad —mentira.

—¿Ah, sí? ¿Y qué tal Leyla?

—Como siempre. Mi vida no ha cambiado mucho desde la última vez que llamaste —mentira.

—Oh, mira que bien.

—Cariño, hablamos más tarde, ¿vale? Tengo que hacer un trabajo de clase en el ordenador —mentira.

—Está bien, lindura. Te llamo luego. Te amo.

—Te amo —le correspondo.

Al colgar, camino hasta la sala de ordenadores y me siento en una de las sillas.

—Vamos a ver —susurro para mí misma entrando al navegador. Escribo el encabezado "tipos de códigos secretos de escritura".

Estoy centrada en intentar acumular toda la información posible y así, de alguna manera poder descubrir que está escrito ahí.

No encontré nada. Entonces me dispongo a buscar información sobre la chica, Margaret Fontanier.

Por muy profundo que intento buscar, no encuentro nada más que el dato de que es familia de Paxton Fontanier, pero el apellido ya me lo decía.

Después de pasar una hora ahí, investigando, me canso y decido pararme de ese lugar e ir a mi habitación, cambiarme de ropa e ir con Leyla a almorzar algo.

Me levanto y me encamino hacia la salida.

—Hey, se te queda esto —escucho que me dicen a las espaldas. Me giró y veo que es un chico rubio con ojos ámbar y lentes, se ve delgado, pero bueno nadie sabe si tiene alma de Karate Kid.

—¿Qué?

—Que se te quedaba tu bolígrafo —dice ofreciéndome la mano con el bolígrafo en ella.

—Oh, gracias —menciono cogiéndolo y guardándolo en mi bolso.

—De nada. Y si no es de molestia, ¿puedo saber en qué trabajabas? Te veías muy concentrada.

—Eh... es solo una investigación para una de mis clases. Voy un poco tarde y por eso estaba tan concentrada.

—Oh, ya entiendo —dice asintiendo con la cabeza— Perdona, no me he presentado, Soy Spencer.

—Spencer, mi nombre es Ella —me presento.

—Eso lo sé —dice y yo arrugo las cejas en confusión—. Eh... no es... es solo porque todos te conocen, tienes uno de los mejores expedientes —explica poniéndose rojo.

—Bueno, pues... un gusto conocerte, Spencer. Nos veremos —me despido de él y salgo de la sala.

Cuando voy de camino a mi residencia siento que me vibra el teléfono.

¡Oh no! No lo puedo creer. No, no.

Es mi madre.

Doy un suspiro hondo y me tranquilizo a mí misma.

—Hola, madre —saludo al descolgar el teléfono.

—Hola, extraña. Hace tiempo que no escuchaba tu voz, ¡Ah sí! claro, porque no me llamas.

—La ironía es lo tuyo, mamá —le digo—. Perdona por no llamar, es que l...

—No quiero ninguna excusa. Te llamé para decirte que el viernes tienes que estar aquí. Haremos una cena muy importante y solicitamos tu presencia.

—Pero mamá, el miercóles ten...

—Ya hable con el director Andrew, tienes permiso.

—Pero mamá...

—No quiero ningún pero, ¿está claro? Ambas te necesitamos aquí —me termina de decir y luego cuelga.

Ahora encima de todo lo que tengo en mente tengo que ir a la cena de mi familia ¡Jolín!

Maldita cena.

Maldita familia.

Maldita vida.

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