Catorce
Noche de fiesta
Narra Ella.
Sacó la llave de mi mochila y abro la puerta de mi habitación.
Al entrar tiro todo en un rincón sin mirar mucho.
—¡Auch! —escucho que se quejan.
Me sobresalto y miro rápido hacia el rincón. Me encuentro con una Leyla toda desaliñada de rodillas con su laptop y cara de concentración.
—¿Por qué...? ¿Qué haces ahí sentada?
—Pues... saber no sé como llegue, pero he estado toda la noche en esto así que déjame en paz. —al escuchar lo que dice abro los ojos como platos y la observo con mirada de desaprobación.
—¿Cómo que toda la noche? ¡¿No has dormido?!
—Por favor, deja el escándalo. No es tan tarde.
—¿Qué no es tan tarde? Leyla, son las 6:30 de la mañana.
Mira autómaticamente en mi dirección con la mirada congelada. —¿6:30? ¡No lo puedo creer! A las 8:00 tengo entrenamiento. —exclama levantándose velozmente y dejando la laptop sobre el escritorio.
—¿Qué estabas haciendo toda la noche?
—Ejem... resulta que tengo mucho que contarte... —explica Leyla mirándome con una sonrisita malévola.
Se acerca a mi y empieza a contar todo lo que le ha pasado en estas... ¿cuántas? ¿14 horas?
Lo que me molesta es que se haya colado en el apartamento de los Fontanier sin permiso. ¡Podía haber pasado algo malo!
Resulta ser que encontró documentos como los planos de un búnker y la traducción de ese idioma extraño de la nota.
Al menos el riesgo valio para algo.
Luego de salir de ahí volvió a casa y 20 minutos después vino Royce para traerle una especie de caldo de pollo, para su falso malestar.
—Y, ¿sabes algo más? —me pregunta.
—¿Qué?
—Resulta ser que los Fontanier no están con nosotros por cualquier cosa. No se juntan con nosotras para ayudarnos. Quieren intentar sacarnos un tipo de información.
—¿Información? ¿Sobre... qué?
—No tengo la menor idea.
—Tenemos que buscar una conexión entre todo lo que hemos descubrierto hasta ahora.
—La traducción de la frase. Si la traducimos significa: "se acabó".
—¿"Se acabó"? Para que algo acabará tenía que empezar. ¿En qué estaban metidos los gemelos?
—No sé. Pero seguro que no en nada bueno, no nada sano, no nada legal.
—Quiero que esto termine ya. No quiero tener que preocuparme, quiero volver a como era todo antes. Tenía mi equilibrio.
—¿Equilibrio? ¿Estás segura?
—Sí. ¿No debería estarlo?
—No sé, la verdad ya nada lo tengo claro. Creo que nunca tuvimos control, sólo fingíamos.
—Prefiero fingir antes de que todo acabe en desastre. —le explico a Leyla, que al parecer no me sigue.
¿Acaso no me entiende?
¡Fingir estaba bien para mí!
—Elle, ya todo es desastre.
—Nos tenemos la una a la otra. Suficiente para mí.
—¿Lo crees? A veces pienso que sólo somos amigas por el pasado. No tenemos nada en común.
Le miro con cara de perplejidad. No puedo creer que diga eso.
¿Leyla... duda de nuestra amistad?
Es lo que me faltaba. Leyla es lo único real en mi vida, nada más, todo es mentira, falsedad, máscaras, secretos.
—Me estás diciendo eso... ¿de verdad? —cuestiono con un nudo en la garganta. Sé que estoy a punto de llorar, pero no lo haré. No ahora, debo ser fuerte.
—Ayer pensaba que eran los Fontanier, que los Fontanier eran quienes lo sabían. Después me puse a pensar, a buscar pruebas... ¿por qué pensamos que son ellos? ¿Por qué ellos si pueden ser reales y nosotras dos, no?
Escucho lo que dice pero no le encuentro un sentido.
Está dudando, duda de sí son los Fontanier. Pero no lo debe hacer. Debemos pasar página y olvidar lo que pasó, para eso tenemos que descubrir quien nos amenaza.
—¿Sabes algo? —le digo. —Creo que me iré, cuando aclares tus ideas me buscas. Sólo cuando las aclares, cuando estés decidida a hacer lo que debes.
Cuando termino mi frase me paro de la cama llevando mi bolso conmigo.
Salgo por la puerta cerrándola detrás mío.
La verdad es que no sé a donde ir. Aún era muy temprano. Mis clases empiezan en aproximadamente una hora.
Decido ir a una cafetería 24 horas que queda por la zona 1.
Reviso mi teléfono mientras camino hacia el café. Veo que tengo dos notificaciones, ambas de Cole.
Colesito: Avísame cuando llegues.
¿Ya estás en tu habitación?
Yo: Sí, estoy bien. ¿Qué tal en casa de tus padres?
Colesito: Bien, dentro de lo que cabe. Sólo con un poco de ajetreo.
Yo: Ok. Pues te dejó. Ya te extraño ;-;
Termino de escribir y vuelvo a guardar el teléfono en mi mochila.
Llego a la cafetería y cuando entro lo primero que veo es a los asquerosamente perfectos Fontanier.
Decido acercarme hasta donde están ellos.
—Hola, amigos míos. —saludo apoyando mis manos en la mesa.
Ellos levantan la vista hacia mí.
—¿Qué haces aquí? —pregunta Cassandro.
—Y... buenos días a ti también. —ironizo sentándome en la silla a su lado. —¿Me puedo sentar aquí, no? —pregunto.
Ambos asienten con la cabeza.
—¿Qué tal todo, me extrañaron? —cuestiono con una sonrisa.
—Pues... sí. ¿Qué tal tu novio?
—Estimado Royce, mi novio está muy bien. Gracias por preguntar.
—¿Sabéis algo? —pregunta Royce. —Esta noche hay una fiesta en el pub "HoneyMoon" de la zona 2.
—¿De verdad?
—Sí, ¿qué les parece si vamos? Nosotros cuatro podemos i...
—Nostros tres. No creo que Leyla pueda ir, por su malestar de estómago y eso. —miento.
No creo que es bueno que Leyla vaya. No mientras está confundida sobre lo que tenemos con los Fontanier.
—Vale, pues entonces nosotros tres. Pero no quiero portarme mal mientras mi novia está enferma.
—Royce, es tu novia fa...
—No te atrevas a decirlo.
Lo miro con los ojos abiertos mientras hago la una ceña de estar cerrando mi boca con una cremallera.
—Entonces, ¿a qué hora te pasamos a buscar? —pregunta Cassandro por primera vez en la conversación.
Miro pensativamente hacia el techo. Buscando una hora exacta. —¿Qué les parece... a las 10:30?
Ambos asienten ante lo que yo digo.
—Pues allí estaremos. —acepto con una sonrisa.
...
Estaba de un lado a otro en la habitación buscando lo que me pondría. Eran las 7:30 p.m. solamente. Pero de igual forma necesitaba tener todo preparado.
Escucho el sonido de la puerta abierta y sin necesitar voltearme se que es Leyla.
—Buenas tardes. —me saluda. Cada vez que estábamos peleadas se hacia la digna y educada. Mientras yo actuaba con naturalidad.
—Buen... —mis palabras son interrumpidas por el sonido de una notificación, más específica la de mi celular. Intento voltearme a tomarlo pero Leyla se me adelanta. Cogiendo el teléfono en manos y leyéndolo que sea que dijera el mensajes.
—Dice: "Royce Fontanier: Te pasamos a buscar a un poco más temprano, de las 10:00 no bajamos, ¿ok? Bueno hasta luego. " —lee el mensaje con irritación. —¿Qué se supone que vas a ser? ¿Salir con los Fontanier sin mí? ¿Es eso? —me pregunta.
—No quería que te entera...
—¡No querías que me enterara, una mierda! Este plan es de las dos, ¿queda claro? Las dos lo hicimos, las dos vamos contra ellos. Sólo por la charla que hemos tenido hoy no me puedes callar cosas así, joder. —se queja Leyla mirándome con mirada acusatoria.
—Leyla, con esas dudas que tienes sobre descubrir a los Fontanier no podía aceptar que fueras hoy a la fiesta.
—¿Es una fiesta? -cuestiona con una ceja enarcada. —Pues perdóname, Ella. Pero lamento decirte que soy suficientemente mayor como para ir a donde quiera sin permiso de nadie. —me dice para luego entrar al baño y cerrar la puerta de un portazo.
Doy un suspiro de cansancio.
Madre mía, ahora Leyla irá a la fiesta. Lo peor es que esta enfadada conmigo, vaya a saberse lo que puede hacer en esas circunstancias.
Decido seguir buscando una prenda adecuada para la fiesta.
Nota mental: Estar preparada para una noche larga.
...
9:53
Esperaba sentada en un sofá de la habitación con impaciencia.
Leyla estaba sentada en la silla del escritorio, más o menos igual que yo.
Bufo y vuelvo a mirar por enésima vez mi móvil. Esperando una notificación de los chicos.
—¿Cuando dijeron qué venían? —pregunta mi amiga, impacientemente.
—Tú leiste el mensaje. Deberías recordarlo.
Leyla me mira con mala cara y esta a punto de hablar sino fuera porque me llega un mensaje de Cassandro.
Cassandro Fontanier: Ya puedes bajar. Estamos aquí.
Hablaba en singular porque había olvidado decirle que Leyla nos acompañaría en esta increíble travesía.
—Ya. —le aviso a Leyla y ambas nos levantamos para ir hacia la salida.
Yo me había puesto un vestido azul marino de tirantes espaguetti y que terminaba a la mitad del muslo, muy sencillo y en la parte del calzado me puse unos tacones abiertos de tono plateado. Leyla se había puesto un falda de cuero negra junto a una blusa de encaje del mismo color, junto a unos tacones negros con suela roja. Las dos teníamos el pelo suelto en rizos.
Salimos por la puerta y todo el recorrido hasta la planta baja fue en silencio.
Al llegar hasta el auto de los Fontanier ambas abrimos la puerta trasera y nos sentamos en ella.
—¿Cariño, qué haces aquí? —le pregunta Royce a Leyla. —¿No estabas congestionada?
—Pues sí lo estaba pero ya estoy mejor. Ella me hablo de la fiesta y decidi venir con ustedes. —explica y se inclina hacia adelante dejando un corto beso en los labios de Royce, lo que lo deja sorprendido.
Sabía que estaba haciendo. Me estaba provocando. Enseñándome que ella hacia lo que quería. Pero no era así.
—Podría acostumbrarme a eso. —comenta el mismo mientras Cassandro pone el auto en marcha hacia la fiesta.
Después del viaje llegamos por fin a la fiesta.
Los cuatro entramos juntos a lo que parecía un universo paralelo repleto de luces, olor a bebidas, sudor, cigarillos y drogas.
¿Acaso el director sabe lo qué pasa aquí?
Caminamos en silencio hasta centarnos en una mesa rodeada por una especie de sofá. Todos nos sentamos y Leyla encima de Royce mirándolo con una sonrisita coqueta.
Un mesero se acerca y nos pregunta que queremos de tomar.
—Pues... yo pediré un Jack Daniels, mi favorito. —le dice Leyla al chico. —Y... bueno Ella, ¿qué te parece si pides un Baileys? Creo que te gustará —me dice con una sonrisita.
—Me guiaré por tu recomendación, Leyla —le respondo—. Un Baileys, por favor —le pido al chico.
Los gemelos igualmente piden sus bebidas y después de unos segundos las traen.
Observo todos los movimientos de Leyla con cautela.
Esta rozando la nariz de Royce con al suya. Después lentamente se acerca y junta su boca con la suya. El beso es candente y fogoso. Como si fuera el primer beso de dos adolescentes calenturientos. Dejo de mirar porque siento que se empieza a volver íntimo.
Cuando se separan por fin ella toma su trago y se lo bebe hasta el fondo, luego hace lo mismo con el de Royce.
—Leyla, necesito que me acompañes al baño. —le pido levantándome y halándola del brazo fuera de ahí.
Al llegar al baño me paro con ella frente espejo.
—¿Se puede saber qué haces? Te estás comportando como una real idiota y tu eres una idiota.
—¿Estás segura? Puede que lo sea. Tu eres la que dice que es mejor fingir, pues por eso, yo estoy fingiendo. —me dice con las palabras un poco entrecortadas por los tragos que tomo hace unos segundos.
—Leyla, mírame. Tienes que darte de cuenta de que...
—¿Sabes algo, Ellie? No quiero ninguno de tus consejos déjame disfrutar de la fiesta en paz. Deberías hacer lo mismo. —comenta.
—No pue... —intento decirle pero no sirve de nada porque sale por la puerta del baño sin mirar atrás.
Doy un suspiro de frustración.
No dejo de repetirme que la noche sera muy larga.
Me digo para mi misma mientras enjuago mi cara para refrescarme.
...
Eran las 3:37 a.m.
La fiesta no era nada comparado con lo que fue en un principio.
Estaba sentada en la misma mesa que nos sentamos y estaba sola.
Royce, Cassandro y Leyla se habían perdido por la fiesta dejándome sola.
Me había tomado dos o tres tragos de Baileys. No recuerdo bien.
Veo como se acercan los gemelos Fontanier lentamente. Mirando con cautela a su alrededor, evitando perderse ningún tipo de detalle.
—¡Anda! Pero mira quienes llegaron por fin, ¡los gemelos al rescate!
—¿Estás borracha? —pregunta Cassandro con cara de asco.
—No, no estoy borracha. Gracias por preguntar de igual forma.
—¿Has visto a Leyla en algún lugar? —me pregunta un Royce preocupado.
¿Preocupado? ¿No se supone que están contra nosotros?
—No. No la volví a ver desde que fui con ella al baño.
Veo que ambos se miran con miradas de preocupación.
—¿Por qué? ¿Qué pasó?
—No la encontramos por ningún lado. —explica Cassandro.
—Pero... ¿la intentaron llamar?
—Sí, no contesta. Salta al buzón de voz.
Empiezo a pensar rápido en mi cabeza.
—Vamos a organizarnos. —les digo. —Cassandro, ve con el auto a nuestra residencia. Royce y yo seguiremos buscando aquí.
Ambos asienten y veo como Cassandro se pierde entre el tumulto de personas en dirección a la salida.
Enfoco mi mirada en Royce.
—Vamos. —le digo y ambos empezamos a caminar.
Buscamos por la barra y nada. Luego fuimos a la zona de la pista de baile a ver si la encontrábamos tirada en una esquina, pero no. Tampoco estaba ahí.
Mientras íbamos andando hasta la zona privada donde las personas iban a... hacer sus intimidades. Nis cruzamos con varias personas en su punto de calentura, imágenes que me gustaría eliminar de mi mente.
—Entonces... ¿tú y Leyla? —le pregunto sin ni siquiera saber la razón.
—Pues... en nuestra relación falsa, pero lo visto hoy no parecía falsa, ¿a qué si?
Lo miro a los ojos y me encojo de hombros.
—No lo creo, ¿acaso estás celosa, Mika?
—Eso quisieras.
—Vamos me lo puedes decir. No sé lo dire a nadie. —dice dando un paso hacia mí.
Bajo la mirada al suelo para no mirarlo a los ojos.
—No-no tengo porque celarte.
—Por favor, Mika. Mírame a los ojos —me pide dando otro paso hacia mí.
Levanto en la mirada y la clavo en sus ojos, sus hermosos ojos. ¿Es posible que con solo una mirada me haga sentir inferior? Sus ojos son perfectos, son únicos.
—No siento celos ni nada por ti, Royce.
Se acerca a mi aún más, y me acaricia la mejilla con un solo toque de suavidad.
—¿Dime si no sientes las mismas ganas que yo de besarte? —me pregunta. Esta tan cerca de mi que puedo decir que nuestras narices se rozan.
Sin darme ni siquiera cuenta entreabro mis labios y en el mismo instante que abro la boca para responderle se apodera de mis labios.
El beso es salvaje y autoritario. Como sí fueran dos personas que se habían deseado hace ya mucho tiempo, y puede que así fuera.
El muerde mi labio inferior con ganas y luego nuestras lenguas luchan por tener el control.
Agarro una hebra de su pelo castaño, acercándolo más a mí.
Y sí es cierto eso que dicen, de que si comienzan ya no puedes parar, pues a nosotros nos pararon.
Nuestro candente beso se ve interrumpido por el sonido de mi celular.
Es un mensaje de Cassandro. Lo leo con concentración y luego miro a Royce, tiene los labios rojos después del beso pero eso no es ahora lo que me importa.
—Leyla no está en la habitación —pronuncio en alta voz, aún mirando mi celular.
Conclusión de la noche:
Me había besado con Royce.
Y Leyla no estaba en la fiesta ni en nuestro cuarto.
Estaba desaparecida.
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