Capítulo 6-Álvaro

2 de octubre

Pego un salto al escuchar la alarma, no es muy común, pero se trata de hoy. Después de dos semanas de clase, por fin es mi cumpleaños.

Tarareo la última canción de Adele mientras busco el uniforme. Ayer olvidé preparármelo.

Lo encuentro y me lo pongo rápidamente. No tardo mucho en encontrar también los zapatos. Después me dirijo al baño. Aunque me corté el pelo, sigo prefiriéndolo en punta.

Miro el reloj. Voy a tener que darme prisa o María se enfadará. Cojo la mochila (ya preparada) y salgo a la cocina, esperando que mis padres me feliciten.

-Buenos días... -digo lento, al ver a mi madre terminando con una tostada.

-¡Hola, cariño! Si no te apuras llegarás tarde. Ahí tienes la leche, date prisa.

Me la quedo mirando. ¿Perdón? Debe ser una broma, ¿lo ha olvidado?

Me bebo la leche de un trago. Mi madre friega el resto de platos, cantando feliz.

-Mamá-me mira-, ¿sabes qué día es hoy?

-Jueves, y si no te das prisa, vas a llegar tarde -llaman a la puerta-. ¿Ves? María ya te espera.

Abro la puerta a mi mejor amiga algo decepcionado. Al menos sé que ella no lo olvidará.

-¡Buenos días, rubia!

-¡Ni buenos días ni nada! ¡Vamos a llegar tarde por tu culpa! ¡Ya estás corriendo!

Me coge del brazo. Vale, si se ha acordado, lo disimula muy bien. Más bien incluso parece enfadada.

En el ascensor, la noto de morros, cruzada de brazos. Le sonrío y ella me pone una mueca. Cuando se para, salimos juntos. Aprovecho para preguntarle:

-¿Sabes qué día es hoy?

-Jueves, Álvaro... No creo que sea tan difícil aprendérselo.

Definitivamente, estamos a jueves. Bueno, aun quedan los chicos. Ellos no están enfadados conmigo porque no me tienen que esperar. Seguro que lo recuerdan.

Llegamos a la entrada y nos metemos directamente a nuestra aula. El profesor aun no está pero todos están ya sentados.

-¡Hola chicos!

-¿Vosotros, llegando tarde? María te habrá matado -se ríe David.

-Poco le falta, la verdad.

Miro a la pizarra. Algún alumno puso ayer Miércoles 1 de octubre. Perfecto.

-Chicos, ¿sabéis a qué día estamos?

-Pues si en la pizarra pone miércoles, estaremos a jueves. Álvaro, ¿estás bien?

Asiento, frustrado. Lo han olvidado en serio. Todos. Apoyo mi cabeza en la mano, y me quedo mirando la puerta hasta que veo aparecer al profesor acompañado por Emma. Emma aún no me ha visto, ella tiene que acordarse. Seguro.

-¡Hola, tonto! -me da un beso en la mejilla y se sienta a mi lado.

La miro de reojo y espero impaciente a que me felicite. No lo va a hacer, ¿a qué no?

Las clases van pasando lentamente, menudo día más eterno. Y todo por culpa de un cumpleaños que nadie recuerda. Todo el mundo me dice que estoy mustio, si se hubieran acordado, estaría dando hermosos saltos de alegría. Fue su culpa, no la mía.

A última hora toca preparación para la presentación que se hará en diciembre. Ya hace un tiempo que se eligieron los papeles. Patri es la solista, Carlos el solista, María y Alba cantan a dúo, los cinco chicos seguimos con el grupo y Emma y yo repetimos de dueto final.

Estoy mirando los papeles de la presentación cuando me asalta un abrazo por detrás. Aunque debería estar enfadado, sus tonterías me sacan una sonrisa.

Me da pequeños besos en el cuello que me estremecen.

-¡Ay, no, estate quieta...!

-Te propongo algo -sonríe, pasando sus manos por detrás de mi cuello.

-Uy, tú proponiendo... Peligro.

-No es malo, solo que... ¿Qué te parece si esta tarde nos vamos tú y yo al cine... y luego vamos directos a tu casa?

La idea es tentadora, pero es mi cumpleaños... Un cumpleaños que no se va a celebrar, porque nadie lo ha recordado. ¿Qué más da si al menos yo hago que sea memorable?

-Me parece una idea genial. ¿A qué hora te recojo?

-A las seis estaría genial -me da un tierno beso en los labios.

A las seis...

Me quedo flipando al verla aparecer por la puerta. Está preciosa, como siempre, pero con un matiz distinto.

-Venga, vámonos.

El camino se hace corto y al fin llegamos. Elegimos una película, aunque más bien es ella la que lo hace. Personalmente, no me importa lo que veamos, porque no creo que nos enteremos de mucho.

Es jueves, así que prácticamente estamos solos en el cine. Para estar más a gusto, nos ponemos en la fila del final.

Cuando acabamos, seguimos besándonos, quietos, muy quietos, como si no quisiéramos estropear el momento con nada. Como si quisiéramos memorizar cada instante.

O bueno, al menos eso intento yo. Recordar toda la vida sus labios, sus caricias, sus besos...

-Creo que deberíamos vestirnos ya. No queda mucho para que acabe.

Asiento, estoy rojo por la situación en la que nos encontramos. Nos vestimos lentamente, tratando de que la poquísima gente que hay no se dé cuenta de lo que ha pasado en la última fila.

-En nuestro caso, mejor que digamos que hemos ido a comer, porque la película... -le digo mientras salimos.

-¿Tampoco te has enterado? -se ríe.

-¿Cómo iba a enterarme? Mi visión tenía que elegir entre tú y la peli, y está claro que eligió -la cojo suavemente de la cintura.

-Pues en tu casa, a dormir, ¡qué tengo sueño!

-Que graciosa eres...

-Lo sé.

Llegamos a mi piso. Justo cuando voy a abrir, Emma tropieza y se le cae todo el contenido del bolso.

-¡Hala, hija...! ¿Te ayudo?

-No tardo nada. Ve entrando.

Le hago caso. Abro la puerta, está todo a oscuras. De fondo escucho a Emma soltar palabrotas por lo del bolso y me da la risa. Busco la luz, creía que mi madre estaría en casa, pero veo que no.

-¿Dónde puñetas está la luz? Mirala...

Le doy al interruptor. La casa se ilumina y...

-¡Sorpresa!

Me quedo paralizado. Todos mis amigos, More incluida, están ahí. Y mis padres, y mi hermana... ¿Lo sabían desde el principio?

-¿No vienes a darnos un abrazo? -me sonríe María.

Me dirijo hacia ella primero. Quiero matarla, pero en el fondo me cae bien. La abrazo y le agradezco esto.

-No me puedo creer que no me hayáis esperado... -Emma se indigna.

-Te lo mereces. Estuvo a punto de felicitarte, pero no la dejamos -informa Dani.

-Es que me sentía mal. Tenía una carita...

-Sois malas personas. ¡Creía que todos lo habíais olvidado!

-No nos íbamos a olvidar tan fácil, créeme.

Todos me felicitan de una vez y se lo acepto, aunque sean las ocho y media de la noche. Nos pasamos la noche riéndonos, hablando, dándome regalos... Y obviamente, la famosa tarta. Lo malo es que Carlos es amigo mío.

Al final, todos se van yendo. Son las doce. Mi padre tiene algo que hacer en Alcalá de Henares, así que mi madre lo acompaña al coche. Emma y yo nos quedamos solos.

-Aún no te he dado mi regalo.

-Miedo me das.

-No hace falta que te asustes. Solo dime si te gusta.

Me da una caja. La abro, sentándome en el sofá, y descubro un bonito colgante. Es relativamente grande, dorado, y representa muchas serpientes entrelazadas.

-¿Sabes lo que es? -susurra al ver que me he quedado embobado. Yo niego-. Es Áuryn. El amuleto que Atreyu le da a Bastian en La Historia Interminable.

-Es muy bonito.

-Según la novela, Áuryn hará que cumplas todos tus sueños.

-Me encanta, Em... Es simplemente perfecto. Gracias.

Me acuesto en el sofá y ella se tumba lentamente sobre mí. Con suavidad, voy acariciando su pelo, mientras su respiración se acompasa. De todas maneras, su mano se mueve alrededor de la mía, así que sé que está despierta.

Se abre la puerta y mi madre entra, muy feliz. Se me hace raro, sobre todo con los tiempos que estamos pasando.

-¿Y esa sonrisa?

-Me ha llamado el abogado.

-¿Y? -digo con miedo. Emma se ha tensado, está escuchando. Pero no quiero decirle a mi madre que está despierta.

-Que el lunes se acabará todo, mi niño... Firmaremos el divorcio, tu padre hará lo que le dé la gana y yo no tendré que verle esa cara de sinvergüenza que tiene. Buenas noches, cielo.

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