Capítulo 38-María

-¡El que vuelva a preguntarme si ya estoy bien se lleva una hostia!

Llego al instituto y esto es lo primero que escucho. Emma ha vuelto después de una semana descansando y estudiando para los exámenes que empiezan. No queda demasiado para que nos graduemos.

-Buenos días, chicos.

Todos me saludan, salvo Emma, que ya tiene por costumbre pasar de mí.

-Vamos a clase...

Álvaro se pone a mi lado y me tranquiliza con la mirada. Espero que él pueda hacer que me hable, o al menos que no se comporte como si no existiera.

-Podríamos hacer algo esta tarde. -Vuelvo a la realidad al escuchar a David hablar.

-¡Sí! ¡Podemos quedar en un bar todos y divertirnos! -Lo anima Isa. Que pocas ganas...

-Me parece bien. -Sigue Blas-. Creo que hablo por todos. Vamos todos, ¿no?

-Alv y yo no. -Me vuelvo a mirar a Emma, está cruzada de brazos-. Es la primera vez en una semana que estoy potable y vamos a pasar la tarde juntos.

-¿Dónde, exactamente? -Blas frunce el ceño.

-Depende de ti. Si te quedas con Adrián esta noche, iremos a mi casa. Si tú vas a casa, estaremos en casa de Álvaro.

Adrián pone un brazo alrededor del cuello de Blas.

-No tengáis problema, se queda en mi casa.

Blas lo mira, escandalizado. Somos lo suficientemente maduros y pervertidos para saber que no van a pasarse la tarde y noche estudiando.

-Yo tampoco puedo. -Me escucho decir a mí misma-. He quedado con Marcos para repasar Matemáticas.

-Bueno, ¿pero el resto venís?

-¡Claro! -chilla Patri, como suele ser habitual.

Unas horas más tarde...

-¿Lo entiendes?

Me mira con cara de "no, no entiendo una mierda". Yo resoplo y se lo vuelvo a explicar. Lo veo prestarme mucha atención, pero está claro que las Matemáticas no son lo suyo. Y eso que él cogió Matemáticas fáciles en su instituto.

-Ah... Vale, ya lo tengo. Hay que...

Le mando un par de ejercicios para ver si solo me ha repetido o si lo entiende de verdad. Mientras, me quito la coleta y vuelvo a hacérmela más alta. Apenas es principio de mayo, pero hace calor.

-¿Así?

Lo miro detenidamente y sonrío.

-Está bien.

Da palmaditas de niño pequeño y me besa, haciendo que las mariposas de mi estómago revoloteen demasiado fuerte. Le sigo el beso, pero al poco me separo.

-Sigamos con la siguiente parte.

-María... -Se queja.

-¿Sí?

-¿No podemos descansar? Para mí, esto es un castigo.

-Tienes que aprobar Matemáticas, ¿entiendes? Y prefiero ayudarte ahora que hacerlo cuando sea la recuperación.

-¿Por qué eres tan perfecta?

Siento que mis mejillas se ponen rojas, pero contraataco.

-¿Por qué eres tan vago?

-Nací así.

-Igual yo.

Seguimos un poco más, hasta que Marcos parece tan cansado que me obligo a mí misma a detenerme.

-Hemos acabado por hoy.

-Menos mal... Empezaba a creer que tenía una novia robot.

-Y la tienes. -Bromeo-. Pero yo no tengo uno, y si quiero mantenerlo...

-¿Puedo besarte?

-¿Y esa pregunta a qué viene?

-Es que podrías pegarme si no quisieras un beso.

-¿Te he pegado yo alguna vez?

-No. -Se queda pensativo-. Ni siquiera lo hiciste cuando te besé por primera vez.

-Me dejaste sorprendida.

-Eso me gusta.

Sonríe, con los ojos iluminados, mientras une sus labios contra los míos. Me encantan sus ojos.

Me dejo llevar por sus manos expertas mientras seguimos besándonos. Gimo cuando muerde suavemente mi labio inferior, haciéndole ahogar una carcajada entre besos. Me siento en la cama mientras él sigue de pie, aunque poco a poco me va tumbando, quedando él encima de mí.

Seguimos besándonos sin importar nada. Me llega un escalofrío cuando pone las manos sobre la piel desnuda de mi cintura, apartando un poco la camiseta. Lo dejo estar, ya que estoy muy cómoda en esta situación. Aunque estaba más cómoda cuando nos besábamos sin más. Esa era la especialidad de Dani.

Stop, stop... ¿Pensar en Dani ahora? ¿En serio? ¿Cuándo me estoy liando con mi novio? No pensé que caería tan bajo...

Poco a poco sube mi camiseta para quitármela. Todas mis alarmas se encienden. No. Hasta ahí llego.

Me aparto y ruedo por la cama. Tiene la cara roja y un poco mojada por el sudor. Empieza a hacer calor aquí.

-¿Qué pasa?

-Lo siento, pero no quiero llegar a más. No estoy lista.

-Perdiste la virginidad con Dani.

-Estaba borracha.

-¿Y? Ya no vas a sentir dolor... Te has librado de eso...

-Lo siento, Marcos, pero no puedo. Quizás en unos años... -Me interrumpe:

-¿Unos años? Ni de coña.

Su mirada es penetrante y lasciva. ¿Qué piensa hacer? Vuelve a acercarse a mí y me vuelve a besar. Al principio me dejo un poco, pero cuando me vuelve a llevar a la cama, arrancándome la camiseta, me doy cuenta. Le va a dar igual si yo quiero o no. Él lo hará igual.

Se quita la suya, y enseguida sus pantalones desaparecen también. Se tumba sobre mí, besándome el cuello, los pechos, la barriga... Creo que me va a dar un ataque de ansiedad.

-Déjame. -Trato de moverme, pero tiene mis muñecas aprisionadas entre sus manos.

-Las cosas no funcionan así...

Me quita los pantalones, a pesar de que no dejo de moverme, en un intento de pegarle una patada. Eso pasa en las películas, ¿no? La chica se libra pegándole una patada en los huevos al tío. Pero yo no soy la chica de la película.

-Me gustan las fieras... -susurra contra mi oído. A punto estoy de arrancarle su oreja de un mordisco.

-¡Déjame en paz! -grito lo más que puedo, a pesar de que sé que mis padres han salido y Álvaro está en casa de Emma.

-Oh, no, no, no... Mereces divertirte, como mi novia que eres... -dice mientras me va quitando la ropa interior.

-Si me quieres, no me hagas esto.

-Vale. -Me mira a los ojos sincero, y por un momento me lo creo-. A lo mejor lo que quiero es un polvo y tú me lo das muy fácil, preciosa.

Y me penetra. Pego un gritito, es molesto. Me muevo, tratando de empujarle, lejos de mí, pero él sigue moviéndose, produciéndose placer a sí mismo.

-¡Suéltame! ¡Por favor!

Casi no puedo respirar de la ansiedad que siento y mis ojos están llenos de lágrimas. Jadeo en busca de oxígeno.

-Sabía que te encantaría -susurra él con un gemido, confundiendo el jadeo con gusto.

-Déjame... Yo no te he hecho anda malo...

-Llevamos desde finales de enero juntos y por fin te tengo debajo de mí, María... Con eso has hecho suficiente...

-¡Eres un capullo!

-Puede. Pero soy un capullo que te está follando, así que cállate, pedazo de zorra.

Las lágrimas siguen saliendo mientras él sigue dentro de mí. En determinado momento, suelta una palabrota y cae un poco sobre mí. Siento como un líquido entra en mí. Genial, encima no se ha puesto preservativo.

Sale de mí. Yo estoy temblando como una hoja. Me tira algo, mientras se va poniendo la ropa.

-¿Qué es esto?

-La pastilla del día después. Evitará bebés no deseados. -Me guiña el ojo y se marcha.

Me quedo acostada en la cama hasta que soy capaz de respirar sin pensar. Ahí me levanto y me pongo la ropa como puedo.

Sé que no debería, que ella ahora mismo me odia, pero necesito ir a ver a mi mejor amiga. Es la única que puede ayudarme ahora.

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