Capítulo 37-Álvaro
-Mamá, ¿cuándo me dejaréis pasar a verla?
-Cuando me dé la gana de tomarme un descanso. De momento, la cuidamos entre su tía y yo.
Suspiro. No me dejan entrar en la habitación y eso me desespera. Me reconforta saber que con Blas es peor. A él lo avisaron el último, por si de verdad hubiera estado embarazada.
Carlos se pone a mi lado.
-Tranquilízate... Tu madre y su tía son grandes profesionales que lo arreglarán. Se pondrá bien antes de lo que piensas. Emma es fuerte.
Es la segunda vez en menos de seis meses que se pone enferma, aunque sea diferente. Emma es muy delgada, si no deja de vomitar, se pondrá aún más delgada y se deshidratará.
Una media hora más tarde, sale su tía, con la mirada cansada. Viene a mí cambiando su expresión.
-Puedes pasar un rato. Solo debes vigilarla mientras vamos a comer algo, ¿sí?
Asiento. Me hacen ponerme mascarilla y una túnica, como si yo fuera médico también. Luego, mi madre me lleva a su camilla.
-Vamos a estar un buen rato fuera. Si ves que en una media hora no vomita, dale una cucharada de agua.
Y se va. La cuchara es diminuta. De todas maneras, tengo que hacerle caso. No quiero que se ponga peor. Así que me siento a su lado en la camilla, acariciándole el pelo. Enseguida se remueve para mirarme. Tiene muchas ojeras.
-Hola, pequeña...
Hace un intento de hablar, pero pone cara de cansada y vuelve a cerrar los ojos, acariciándome la mano libre.
-Todo saldrá bien. Es una semana estarás como nueva, te lo digo yo.
Ella gruñe y sigue igual. Debe de tener calambres en el abdomen. No es cómodo en absoluto.
Una vez pasada la media hora, sin rastro de vómito, cojo la cuchara y la lleno de agua.
-¿Quieres un poco? -Asiente, deseosa.
Se la doy y ella la traga rápidamente. Sé que quiere más, pero no es buena idea. Debo esperar un poco para ver cómo reacciona.
Me levanto y me acerco a la ventana, la única que hay. Empiezo a entender el cansancio de mi madre todos los días cuando vuelve de aquí.
Escucho unas arcadas a mis espaldas. Corro hacia ella y uso la papelera para que vomite lo poco que se ha tomado. Le aparto el pelo y suspiro. Ahora habrá que volver a empezar.
Se echa a llorar en mi camiseta.
-Em, todo va a salir bien. No sé si lo sabes, pero el cuerpo vomita para tratar de eliminar el virus. Ya verás como poco a poco te encontrarás mejor.
-Pues claro que lo sé, no soy tonta. Hemos estudiado lo mismo durante años. -Frunce el ceño, mirándome fijamente.
Suelto una carcajada y le acaricio el pelo.
~~~
-¿Por qué me estás cuidando?
Levanto la cabeza para mirarla. Estamos los dos tumbados en la camilla, ella encima de mí, con la cabeza apoyada en mi pecho. Han pasado dos horas y Emma ya lleva un par de cucharadas sin vomitar.
-¿Quién te iba a querer cuidar si no te cuido yo?
-¡Eh! -Me pega suavemente en el brazo.
-Sabes que haría cualquier cosa por ti, Em... Para eso estoy.
-Gracias... -suspira, quedándose dormida.
Salgo de la habitación, entrando su tía. Todos se han ido, excepto su hermano.
-Llevas mucho tiempo ahí metido.
-No quería dejarla sola si estaba despierta.
-¿Cómo va?
-Yo no lo sé muy bien, pero creo que mejorará. No vomita desde hace dos horas.
-Gracias por cuidar de ella cuando yo no estoy.
-Ese es mi trabajo, Blas. Cuidar de ella.
-No, ese es el mío. El tuyo es tenerla feliz y enamorada, que eso ya lo haces muy bien.
-¿Puedo considerar eso un cumplido?
-Si quieres...
-Entonces esto es lo más bonito que me has dicho desde que te enteraste por primera vez que estábamos saliendo.
-¡Qué recuerdos! En un hospital como este ocurrió todo.
-Fue en este hospital, Blas. Me perseguiste por este hospital.
-Fueron buenos recuerdos...
-¿Me has perdonado por lo que pasó con More?
-Creo que sí. He visto que te quiere muchísimo a pesar de ello y que la estás cuidando como nadie. Eso es amor, Alv, y no voy a ser yo el que lo detenga.
-A veces pienso que es ella la que duda de lo que pasó.
Blas niega con la cabeza.
-He visto cómo te mira. No tiene dudas, te lo aseguro...
-No te puedes imaginar lo que me costó recuperarla. Ahora solo quiero tenerla siempre cerca de mí y...
-Lo sé. Tener a Adrián tampoco fue mi sencillo. Y menos admitir que me gustan los tíos.
-Más fuerte sería si lo admitiera David. En ti no era raro. Te recuerdo que tú eres la chica de la familia.
-Creía que habíamos terminado con esa broma.
-Oh, Blas... -Le doy palmadas en la espalda-. Nunca hemos terminado con eso.
~~~
-¿Qué tal va? -pregunta Dani cuando me siento a su lado en la cafetería.
Ya ha pasado un día y mi madre me ha obligado a volver a clase, cosa con la que yo no estaba de acuerdo. Luego, Emma me lo pidió y no tuve más remedio que aceptar.
-Está bebiendo más y ya no vomita. Se va a recuperar antes de lo que creemos.
-Menos mal -suspira David-. Si llega a ser grave...
-Una gastroenteritis es grave. -Gruñe Blas.
-¿Emma ha tenido gastroenteritis y no me habéis dicho nada?
La que habla es María, que nos mira con los ojos abiertos, molesta.
-Bueno, sabemos que ahora mismo no sois las mejores amigas precisamente y no nos apetecía que le entrara un ataque de nervios por una discusión cuando está tan cansada por la falta de alimento.
María me fulmina con la mirada, aunque haya sido el hermano el que ha pronunciado esas palabras. Supongo que ella se esperaba más de mí.
-Me esperaba más de ti...
¿Veis?
-Creía que estabais enfadadas.
-Ella está enfadada conmigo, pero eso no significa que no quiera ver a mi mejor amiga.
-Tendrás oportunidad. Hoy vuelve a casa, según me acaba de avisar mi tía. El resto de la enfermedad la cuidarán en casa. -Informa Blas.
-¿Veis cómo no era para tanto? Al final todo ha salido bien.
-Nadie pensaba eso cuando creíais que Emma estaba embarazada... -murmura Patri lo suficiente alto para que Blas lo escuche. Bien, Patri, bien.
-¿Qué?
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