Capítulo 35-Emma
No me gusta Marcos, ¿vale? ¿Por qué les cuesta a todos aceptarlo? ¡Por el amor de Dios, trató de ligar conmigo cuando ya estaba saliendo con María!
Ni siquiera Álvaro parece entender eso. Él solo está feliz porque su mejor amiga es feliz. Ya. Y a Dani, que le zurzan.
Voy en la moto con Álvaro a mis espaldas, aunque llevo toda la mañana sin hablarle. Y como no, él está del lado de María y no del mío. Si María hubiera tenido algún interés en seguir siendo mi amiga, hubiera ido a mi graduación del conservatorio. ¡Para mí era importante!
Llego al instituto y me bajo. Aparco bien la moto, la ato a un poste y guardo bien los cascos. Álvaro me espera con una sonrisa.
-¿Sigues enfadada? -Pone un puchero.
-La prefieres a ella antes que a mí. ¿Tú qué crees?
-Alto ahí... Tú eres mi novia y te quiero más que a nada. No tiene nada que ver con lo de María y Marcos.
-Si me quisieras, me apoyarías.
Paso a su lado sin mirarlo, pero me sale mal, porque me coge del brazo para darme la vuelta. Sin decir nada, coge mi cara entre sus manos y me besa, haciendo que mi corazón me estalle de amor.
-¿Vosotros sabéis hacer algo que no sea intercambiar saliva? -Nos sobresaltamos al escuchar a David detrás de mí. Me pongo roja.
-Envidioso, ¡eso eres!
Me guiña el ojo y se va con Alba, demostrando así que él también tiene a su chica. Vamos con ellos. Para mi desgracia, ya no estoy enfadada con Álvaro. No puedo estarlo siendo tan... él.
-¿Qué tal la graduación, Em? -pregunta Carlos.
-Bastante bien.
-Siento no haber podido ir, pero si no apruebo el examen de mañana de Historia Contemporánea, estoy muerto.
-Tranquilo, Charlie. Al menos tú tienes una excusa. -Y sin disimulo miro a María.
-Lo que tengas que decir, me lo dices a la cara, ¿sabes?
-Es que prefiero no mirar a la cara a las personas que se niegan a ver la realidad.
María aprieta los puños, enfadada. Álvaro me coge del hombro con suavidad.
-Emmy, ¿de qué hemos hablado antes?
-Lo que hemos hablado no tiene nada que ver con lo que está pasando ahora mismo.
-¿Te refieres al hecho de que mi mejor amiga no es capaz de alegrarse por mí?
-Nunca me voy a alegrar mientras estés con un tío que seguro que te los ha puesto con media discoteca.
-Ajá... Pareces muy segura de ti misma al decir eso...
-Sí, suéltalo. Di delante de Álvaro que piensas que soy una cornuda y que no debí haberle perdonado. Porque eso es lo que piensas... ¿no?
Nuestros amigos nos miran como si fuéramos un partido de tenis. Álvaro no dice nada detrás de mí.
-Yo solo digo -habla pausadamente- que Marcos estaba borracho cuando se te lanzó, a diferencia de lo que pasó con tu novio.
-Para tu información, Álvaro fue obligado a ese beso, y la verdad, no creo que nadie estuviera empujando a Marcos para que se acercara a mí.
-Bueno, nadie puede asegurar que tú no te insinuaras al chico borracho.
Me quedo callada. ¿Desde cuando María es así? Yo quiero a mi mejor amiga tímida y tranquila de vuelta. No a esta versión empeorada.
-Hasta aquí he llegado. ¿Y sabes qué? Cuando te haga daño, te va a consolar tu madre, porque como se te pase por la cabeza venirme a mí llorando, te cerraré la puerta en las narices.
Y me voy. Será cabrona... Se va a arrepentir de lo que me ha dicho. ¡La odio!
Me llaman al móvil. Estoy muy cabreada, pero contesto.
-¿Qué?
-¿Emma?
Miro quién es. Magí Torras. El productor que quería ayudar al grupo de mi novio.
-Sí, soy yo. Disculpe.
-No pasa nada. -Escucho unas risas-. En España debe de ser hora escolar, es normal que estés así.
Si él supiera...
-Bueno, ¿necesitaba algo?
-Solo quería avisarte de que hoy te va a llegar una carta muy interesante.
-La carta de Julliard... -murmuro.
-¡Exacto!
-¿He entrado?
-Yo no puedo decirte eso, querida. Deberás averiguarlo por ti misma.
Por mí misma... Se habrá creído...
-Bueno, ¿necesitaba algo más?
-No, pero esté atenta. Dentro de poco quizás podamos hablar sobre un futuro en la música para sus amigos y su novio.
Y después de decir eso, me cuelga, dejándome callada frente al teléfono. Una oportunidad de que mis mejores amigos triunfen en el mundo de la música me acaba de llamar y colgar en apenas dos minutos. Ojalá consigan un contrato discográfico.
Entro a clase, a mi sitio con Dani.
-He oído la que has liado en el patio con María.
-No quiero hablar de ello.
Eso es lo bueno de él. Habla tan poco que no necesita hablar si alguien le dice que se calle. Es una gran persona y María se lo está perdiendo por un idiota. Está bueno, pero sigue siendo un idiota.
La clase empieza. Mañana tenemos el examen de Historia Contemporánea y estamos repasando los últimos conceptos. Hace una semana que terminamos de darlo todo.
Llaman a la puerta. Es un hombre mensajero, de los que dan cartas y paquetes personalmente... Oh, Dios.
-Emma Can...
Me levanto de golpe, le quito la carta que lleva en la mano y salgo de clase. Mis amigas no saben que he ido a Nueva York para audicionar y no quiero que se enteren ahora. Sobre todo porque no quiero más motivos para que María me insulte.
Ya en el baño, miro el sobre, con su sello de Julliard y su letra de caligrafía antigua. Ya basta de mirar, necesito leerlo.
El interior de la carta es igual. Todo perfectamente escrito. Aspiro suave y leo:
Estimada señorita Emma Cantó:
Nos complace anunciarle que ha sido admitida en la Escuela de Música Julliard en Nueva York.
Sus clases comenzarán en 3 de septiembre de este mismo año. Adjuntada hay una lista de pequeñas cosas que necesitará durante su primer año.
También queríamos agradecerle su participación en el concurso de becas y anunciarle que ha sido premiada con una beca durante este próximo curso. La beca podría alargarse según como sea su actitud en las clases.
Si tiene alguna duda, llame al teléfono de contacto (5067)-08361.
Atentamente,
La directora de Julliard, Catherine Davis.
Casi no puedo respirar. ¡He entrado! ¡No me lo creo! ¡He entrado! ¡Viviré en Nueva York! Ahora mismo me da igual no tener ni idea de lo de la beca, de lo emocionada que estoy.
-¿Emmy?
Álvaro entra al baño de las chicas. Yo sigo en shock. Me mira, asustado.
-¿Has entrado?
Abro la boca para responder, pero no me sale. Él parece creer que no lo he conseguido, así que lo abrazo con una sonrisa. Cuando me separo, le doy la carta.
La traduce en su cabeza y sonríe.
-Estoy muy orgulloso de ti, pequeña...
-Es increíble... ¡Voy a ir a Julliard! Si me lo llegas a decir el año pasado, no te creo! ¡Pero es real!
Empiezo a saltar, emocionada. El año pasado la ilusión de mi vida era irme a África a cuidar y enseñar a niños. Ese era mi sueño. Pero ahora...
Ahora sé lo que quiero de verdad. Y no voy a aprovecharlo.
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