Capítulo 34-María
Clarabel ha suspendido las clases de baile para que nos concentremos en los exámenes finales, aunque quede más de un mes. Así, el equipo de fútbol ha puesto los entrenamientos en la hora libre para que toda la tarde esté libre para estudiar. Los que no juegan al fútbol estudian en la biblioteca.
Así estamos Emma y yo. Una frente a la otra, no nos hablamos casi desde lo que pasó con Marcos.
-No me puedo creer que hayáis vuelto.
-Técnicamente nunca rompimos -digo con sorna.
-Ese ha sido tu mayor error.
Emma levanta al fin la cabeza del cuaderno y me mira, entre dolida y molesta. Parece haberle afectado más que a mí lo que hizo Marcos.
-No ha sido un error. Le quiero.
-Vale. -Asiente, aceptándolo-. ¿Se lo has dicho?
Niego con la cabeza.
-Él sí lo ha hecho. -Se muestra sorprendida-. Él sí ha admitido que está enamorado de mí.
-Que curioso. Chico malo conoce a chica buena. Chico malo cambia por chica buena. Me suena de las pelis y los libros, pero no me lo creo.
-¿Por qué no eres capaz de creer que alguien puede quererme?
-No es eso... Solo digo que en las películas es muy bonito, pero no puede funcionar. No es tan cierto que los polos opuestos se atraen.
-Marcos y yo nos atraemos.
-Ya, al principio. ¿Cuánto más creéis que duraréis? Poco a poco te cambiará, te dará igual todo, incluida tu entrada a la Facultad de Medicina. Te acostarás con él aunque tú querías esperar a acabar el instituto. Es un chico malo, probablemente lo haréis borrachos, y sin condón. Te dejará embarazada y tendrás que trabajar, olvidar la universidad y lidiar con ser madre soltera a menos que alguien te acepte.
-¡Estás paranoica! ¡Nada de eso va a pasar! En primer lugar, me gusta Marcos porque me permite ser algo distinta, no la típica empollona buenaza. En segundo lugar, él sabe lo importante que es para mí la universidad, ¡jamás saldría con él si tengo exámenes! Y yo me emborracho más bien poco, Em. No...
-María, te emborrachaste cuando tu novio era Dani. ¡Dani! El tierno y bueno Dani. Te acostaste con él a pesar de tus principios. ¿Por qué no pasaría con alguien como Marcos?
-Porque Marcos me respeta y entiende que si yo no quiero hacer algo, no se hará. Además, me gustaría recordarte que ya soy mayor de edad y puedo tomar mis propias decisiones. Y Marcos también.
-Sí... Y una de sus maduras decisiones será preferir estar dentro de ti a ponerse preservativo. No me vengas llorando cuando eso suceda.
-Mi novio será malo y todo lo que tú quieras, pero no me puso los cuernos.
-Oh, ¿de verdad quieres llegar a eso? Marcos casi me besa en aquella discoteca. Pero claro, yo le aparté y casi le pego. Dime una cosa, María, si llego a dejar que me bese, ¿te creerías lo infiel que es o seguirías en tu nube mágica?
-Marcos estaba borracho. Álvaro estaba consciente de sus actos y aún así lo hizo.
-No sigas por ahí. -Está seria-. Tú misma dijiste que si yo le perdonaba, tú hacías lo mismo.
-Y lo hago, pero no puedes negar lo que pasó. ¿O vas a seguir viviendo en tu nube mágica? -La imito.
-Me pasé meses llorando por lo que hizo hasta que al final me creí lo que me decía porque le amo.
-Yo me he saltado lo de llorar, confío en él más de lo que tú confías en Álvaro. Y le conoces desde siempre.
-No te hagas la inocente ahora metiéndote con mi novio. Él te quiere como a su hermana y es el único al que no le importa que estés con ese idiota, porque te hace feliz. ¡Así que no te atrevas a decir una sola palabra mala sobre él!
-¿Sabes qué? Me tienes cansada. Estoy harta. Harta de que todos prefirais a Dani, sin pensar en lo que a mí me hace feliz. Es mi vida, aceptadlo de una vez.
-¿Os podríais callar de una vez? -La bibliotecaria se acerca hacia nosotros a paso rápido.
-No quiero saber nada de ti nunca más. No me vengas llorando cuando te rompa el corazón.
Emma guarda sus cosas y se marcha, fingiendo estar dolida. Venga ya... Ella no es la primera que se tiene que quejar por haber perdonado a alguien que no debería merecérselo.
Sigo estudiando hasta que acaba la hora libre. En lugar de dirigirme entonces hacia clase, voy a los vestuarios. Necesito hablar con Álvaro.
Los chicos empiezan a salir y todos me miran con curiosidad. Cuando sale Dani, miro a cualquier otro lado. Por favor, que no me vea...
-¿María? -Mierda-. ¿Qué haces aquí?
Me obligo a mí misma a mirarle. Él también me mira con interés, con esos ojazos azules.
-Espero a Álvaro.
-Pues saldrá enseguida. Nos vemos luego.
Y se va. No pensé que pudiera tener una conversación formal con él. Ojalá pudiera llevarme bien con él, como amigos.
-¡Rubia! ¿Qué haces aquí? -Álvaro me coge por los hombros, sonriente. Huele a desodorante y colonia.
-Necesito hablar contigo.
-¿Y eso?
-He vuelto a pelear con Emma. Mucho más fuerte.
Álvaro resopla, cansado.
-Seguro que es solo estrés por lo exámenes finales...
-No lo creo. Parecía muy enfadada. Ha dicho que no quería saber nada de mí.
-Hablaré con ella. Se le pasará. Solo es Emma siendo impulsiva, como siempre ha sido.
-Gracias -musito.
~~~
-Así que te dijo todo eso.
No lo entiendo. Por más que se lo he dicho ya tres veces, sigue pareciéndole gracioso.
-¿No te molesta?
-¿Por qué iba a molestarme? Emma es una chica muy lista. Tendrá razón en las cosas.
Arqueo una ceja y suspiro. No se lo está tomando nada mal. Ojalá lo hiciera.
-Álvaro tendrá razón. -Me acaricia la mejilla-. Será solo estrés que se le pasará pronto. ¿Vale?
Me lo quedo mirando. Sus ojos son preciosos, me atrevería a decir que más que los de Dani. Mismo color, distinto brillo.
-Vale...
-¡Genial! Repite conmigo... Todo saldrá bien.
-Todo saldrá bien.
-Así me gusta, que seas positiva. -Suelto una carcajada. Que chico...
Seguimos estudiando y besándonos un rato, pero pronto tiene que irse.
-Nos vemos mañana, rubita. -Marcos me guiña el ojo. Así lo llamé yo cuando nos conocimos.
Sigo estudiando un rato más. A mis padres aún les queda para volver del trabajo, así que no tengo mucho que hacer. Estoy tan cansada que acabo olvidando estudiar y me quedo mirando la ventana.
Emma y Álvaro entran riéndose y besándose. Me fijo que Emma lleva un diploma o algo así, que deja en el escritorio de Álvaro mientras él le besa el cuello.
Me fijo en el diploma y consigo leer algo: Conservatorio. Oh, no... ¡Hoy era su graduación del conservatorio! ¡Me la he perdido! Ahora sí que no va a querer saber nada de mí. Genial...
Apoyo la cabeza sobre mis manos. Álvaro me ve, sonríe y cierra la persiana. Veo que me toca no dormir esta noche... Bien por ellos.
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