Capítulo 28-Álvaro

-¡Venga, que no llegamos!

-¡Es la última vez que voy a recogerte, Álvaro!

Gruño algo que ni yo entiendo y seguimos corriendo a gran velocidad por el aeropuerto, tratando de no atropellar a nadie. Hace rato que dejamos las maletas, por suerte.

Vemos a lo lejos nuestra puerta de embarque, con cuatro personas que nos esperan, bastante enfadadas.

-¡Lo sentimos muchísimo! -grita Carlos antes de llegar, provocando que todos nos miren.

-Tenéis suerte de que los haya convencido para que no cierren las puertas todavía.

-Gracias, muchísimas gracias -abrazo a mi novia, que se remueve para soltarse, enfadada.

-Venga, va. -David nos da los billetes, que damos a la señora de la puerta. Esta nos mira muy mal. Hemos retrasado el vuelo.

Cogemos nuestros asientos enseguida y anuncian que despegaremos en diez minutos. Llegar tarde tiene esa ventaja: no tienes que esperar.

Al otro lado del pasillo, veo a Carlos subiendo y bajando la ventanilla del avión, a Dani tratando de detenerlo y a David preparando un cojín y un antifaz para dormir.

A mi lado va Emma, y junto a la ventana, Blas. Cómo se nota quien ayudó a David con la compra de los billetes. Me va a tener vigilado toda la vida.

Despegamos y pronto se apagan las luces para quien quiera dormir. Hemos salido a las ocho de la tarde para llegar al hotel antes de medianoche.

Cojo la manta que me dan las azafatas y me apoyo en el cojín blanco del avión, tratando de dormir, pero no puedo. Necesito la capacidad de dormir de David.

Cierro los ojos y me concentro en las conversaciones a mi alrededor. Detrás de mí, una madre habla amorosamente con su hijo y a su lado, un abuelo no deja de quejarse. Pero pronto me centro en la conversación que mantienen Emma y Blas, pensando que estoy dormido:

-Hazme caso, Em.

-Eres un pesado, de verdad. Es mi vida, y necesito que entiendas eso.

-¿Qué te cuesta? Puedo dormir yo contigo y Carlos que se vaya con Álvaro. A él no le importará.

-En primer lugar, Dani ha pedido una cama de matrimonio. En segundo lugar, a Álvaro no le hará gracia. En tercer lugar, soy suficientemente mayorcita para hacer lo que me dé la gana. Confía en mí de una vez.

-Yo confío en ti -dice con voz rara-, pero no confío en él. Te hizo daño, Em...

-Es mi novio, y sea lo que sea que haya pasado, ya está solucionado. Tú debes aceptar tus decisiones. ¿Te gustaría a ti que yo te dijera que no puedes salir con un chico, que es antinatural?

-No vas a cambiar de opinión, ¿verdad? -Resopla, resignado.

-Tú lo has dicho.

La veo de reojo ponerse los auriculares y ver una película en la pantalla. Todo se vuelve silencio durante las siguientes horas.

Me despierta un pitido. Según mi reloj de España son las tres de la madrugada, pero según el reloj del avión, son las nueve de la noche en Nueva York. Ya casi estamos allí.

-Em, vamos a aterrizar. -La meneo, está absorta en su película en inglés.

-Vale -murmura, somnolienta.

Ya fuera del avión, buscamos las maletas. Tardamos cerca de media hora en encontrarlo todo, hemos traído para seis días.

-¿Y ahora qué hacemos?

-Pues tomar un taxi -repone Dani-. Yo me encargo del hotel y el transporte, pero nuestro coche de alquiler está en el parking del hotel, así que tendremos que llegar.

Salimos fuera. Hay muchísima gente por la calle, se nota el ambiente nuevayorkino.

-¡Taxi! ¡Taxi! -Carlos levanta las manos y da saltitos, tratando de llamar la atención de los taxis, que pasan de él.

-Yo me encargo, aficionado.

Emma se sale un poco de la acera y pega un silbido. Inexplicablemente, cuatro taxis se paran de golpe. Ella sí sabe conseguir lo que quiere.

Ponemos las maletas en el maletero y subimos al taxi. Delante va Emma y detrás, muy apretujados, los demás. David, Blas y yo hacemos de asiento a los más bajos, Dani y Carlos.

-¿Por qué no me puedo poner yo delante? -protesto.

-Porque yo voy a pagarlo, y además, lo he parado, así que me lo merezco.

El conductor es latino, así que debe de estar entendiendo todo lo que decimos. Espero que Carlos no diga nada raro.

-Ya estamos, señorita... -informa con acento cubano.

-Muchas gracias.

Nos bajamos a gran velocidad, hacía mucho calor ahí dentro. Mientras ella paga, nosotros sacamos todas las maletas.

-Ya podemos irnos.

Con Dani al frente, entramos en el hotel. Él se para en recepción y empieza a hablar en inglés con la mujer sobre la reserva. Le saca los papeles que imprimió y finalmente nos da tres tarjetas para las respectivas habitaciones.

-Solucionado, vamos arriba.

La primera habitación es de dos camas individuales, así que se la quedan Dani y David. La siguiente es exactamente igual. Por último, más al fondo está la última, con cama de matrimonio.

-Cinco minutos para organizarnos y bajamos a cenar.

Emma se tumba en la cama soltando un quejido.

-Estoy muerta...

-Creo que sobrevivirás.

-A ver -se levanta de un salto-, según esto dentro de dos días tengo la prueba de baile y al día siguiente, la de canto.

-Así que mañana es día libre.

-¡Perfecto! Podemos ir a Times Square, al Empire State Building... ¡a Central Park! ¡Esto va a ser genial!

-Hay que relajarse. Son seis días, y tenemos cuatro libres. Iremos poco a poco.

-Tú y yo tenemos que ir en barca por Central Park -me sonríe.

-Eso está hecho, pero ya después de las pruebas. -Acaricio su cabeza.

Bajamos a cenar cuando Dani viene a avisarnos. Nos tiramos toda la cena haciendo planes. Tenemos que ir a tantos sitios...

Me deslumbra un flash.

-¿Qué se supone que haces?

-La primera foto de nuestro viaje. -Carlos sonríe, divertido.

-Luego nos las pasas todas.

-Genial... -Dani mira unos papeles-. Escuchad, la prueba de canto es a las once de la mañana. ¿Por qué no compramos entradas del ferry y nos vamos a la Estatua de la Libertad? Comemos allí, hacemos fotos...

-¡Sí!

-Emma ya ha dejado clara su decisión. -Blas se ríe de ella.

-¡Eh! Ese lugar es mi sueño desde siempre...

-Lo que sea. Pasame el móvil, que haga la reserva. -Emma le da su móvil a su hermano-. ¿Cuál es la contraseña de WiFi?

-Espera, que tengo la tarjeta por aquí... Es ZV2016.

-Perfecto.

Blas se aleja para hacer la llamada y el resto seguimos cenando en silencio. Pincho la ensalada.

-¿Por qué estamos tan callados? ¡Estamos en Nueva York! ¡Vamos a pasarlo en grande!

Sonrío. Estos chicos no cambian.

En lo de pasarlo en grande tiene razón. Pasamos todo el día de un sitio a otro, primero en el Empire State Building y ya por la noche en Times Square, donde Emma nos arrastra por todas las tiendas que se encuentra. Malo para los cinco chicos que la acompañamos.

Me desperezo lentamente. Emma me toquetea la nariz, esperando que me levante.

-¿Qué hora es? -murmuro rascándome la nariz.

-Las nueve.

-¿Y cuánto tiempo llevas haciendo eso?

-Un buen rato -susurra en mi oído, haciéndome estremecer.

Se levanta de mi lado, tarareando una canción.

-A las once tengo la prueba. Mueve el culo, ¿quieres?

-No quiero. -Frunzo el ceño.

Se quita la camiseta. Yo aún estoy medio dormido, pero me la quedo mirando con interés.

-¿Te gusta lo que ves? -pregunta mientras se pone una camiseta de tirantes.

-No demasiado -la pico.

Ella suspira, tratando de ignorarme. Se quita los pantalones de pijama y se pone sus mallas, todo bajo mi atenta mirada.

Me tira un cojín.

-Muevete, que tenemos que desayunar.

No sé de qué se queja. Tras la comida de ayer, fuimos en coche hasta el auditorio de las pruebas. Carlos sabe llegar sin ningún problema.

Al final me levanto y al minuto ya estoy vestido.

-¿Estás en el baño?

-Puedes entrar.

Empujo la puerta para entrar en el inmaculado baño. Emma está en el espejo, cepillándose su media melena.

-¿Has terminado?

Asiente:

-Luego subiremos a coger las cosas y me trenzaré el pelo. Ahora vamos a desayunar.

Encontramos en buffet vacío. Sabía yo que no había que tener prisa. Mientras cojo un tazón de chocolate caliente, los otros cuatro aparecen.

-Hemos estado cinco minutos golpeando vuestra puerta.

-Ups. -Sonríe Emma.

Carlos me imita y coge chocolate.

-¿Creéis que me irá bien?

-Eres Emma Cantó. Te irá de miedo.

-Pues claro. Se van a quedar flipando contigo.

Media hora más tarde, Carlos arranca el coche hacia el auditorio, en plena ciudad.

Emma se pasa bastante rato dando vueltas en círculos, entre que la llaman o no. Al fin, escuchamos una voz americana:

-¿Emma Cantó?

-Yes. -Salta ella, entrando tras el juez.

Nosotros nos ponemos en la última fila del auditorio. A pesar de estar lejos, se ve de muerte.

Yo había sido el único que había visto su baile hasta ahora, así que soy el único que no se sorprende, sino que sonrío. Ha creado una increíble mezcla entre hip hop y ballet que los deja a todos callados.

Cuando acaba, los jueces se levantan y le estrechan la mano.

-¿Qué tal ha ido?

-¡Ha sido impresionante!

-¡Nos has dejado a todos alucinados!

-Yo no tengo nada que decir -comento mientras la acerco a mí.

Me saca la lengua, divertida.

-¿Qué hacemos esta tarde?

-Había pensado que nos separáramos, que cada uno hiciera lo que quisiera.

-Eso está hecho, necesito descansar.

Unas horas después, los otros cuatro se han ido a un museo cercano, mientras nosotros estamos tumbados en la cama. Se supone que vemos la tele, pero en realidad estamos besándonos.

-¿Quieres...? -le pregunto mientras subo un poco su camiseta.

Ella asiente y se la quita, para después seguir besándome. Me besa el cuello y al rato vuelve a la mandíbula y a la boca.

La ropa va desapareciendo y poco a poco nos volvemos uno.

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