Como si se tratara de una movida de ajedrez, un nuevo ritmo se descontrolaba en Serdonía, el cual implicaba una animosa introducción al estilo electrónico, desde aquí se revelaba al mismo tiempo la ubicación de los personajes principales, quienes habían salido al fin de su escondite.
—Este es su momento chicos; es hora de mostrar lo avanzado de sus vínculos —relató Léa girándose hacia ellos—. En esta ocasión no solamente ustedes dos cantaran, sino que Zaid se sumara a ustedes.
—¿Cómo? ¿Este zorro también puede cantar? —miró Alik a Zaid notablemente impactado, por otro lado, el muchacho recién nombrado sonrió cruzándose de brazos.
—Soy más capaz de lo que parezco, aunque sea mi primera vez, sin embargo, soy mucho mejor luchando de otra forma —aseguró él.
—Yo sí que lo sabía, aunque en esta ocasión, Zaid funcionará como un intensificador —informó Iris elevando un dedo.
—Comprendo —mencionó Alik aún sin salir de su asombro—. ¿Pero podrá fusionarse con nosotros?
—¿Quién crees que soy? Ahora soy tu subordinado, y el vínculo que formamos es genuino, por lo tanto, podré adaptarme a cualquier estilo que tomen —aseguró el zorro.
—Sí, de eso no te preocupes tanto Alik, ahora... —aclaró la princesa, pero antes de poder decir que deberían empezar recibieron un ataque por demás de explosivo que, por suerte, lograron esquivar entre todos; a Léa le bastó apartarse con un salto hacia atrás, sin embargo, Zaid tuvo que tomar de la cintura a ambos catalizadores para alejarlos del fuego cruzado.
—¡Empiecen de una vez! —ordenó Léa, y al mismo tiempo liberó su báculo, el cual usaría para esta pelea, de inmediato, el resto del grupo se preparó enseguida para cantar algo movido.
—Sé tú la cabecilla del grupo Alik, ya que eres el más experimentado en ritmos altamente intensos —le pidió Iris, quien luego se acomodó a su lado, mientras que Zaid lo hizo poniéndose en medio, pero detrás de ellos, lo cual dejaba entre ver una formación triangular.
—Bien, ¡espero que estén a la altura! —avisó el de mechones dorados.
Los cuerpos de los tres individuos se tensaron y comenzaron a arden en sincronía con la música, la cual empezó a manifestarse primero en una especie de Jazz mezclado con electrónica. La dichosa sonata hacía temblar sus cuerpos y moverse de forma comprometedora como si de una banda bien experimentada se tratase. Sin embargo, más allá de los bellos movimientos que entregaban a sus víctimas, con cada paso que daban, estos empezaron a expandir unas manchas como de pintura que decoraban poco a poco con otros colores el ambiente en el que se manifestaban. A todo esto, los confrontados de ambos bandos se detuvieron abruptamente ante semejante revelación, y confundidos, miraron asustados sus alrededores.
—¡Qué es esto! —exclamó el príncipe de las tierras altas, pues nunca antes había visto algo como eso.
—¿Catalizadores? —exclamó la princesa de las tierras bajas, quien estaba mejor informada que el otro chico.
—Este es el fin de la batalla —la heredera del reino de Shion hizo acto de presencia en medio del canal, en donde se puso a flotar sobre sus aguas de una forma extraordinaria gracias al mismo instrumento que portaba: el báculo de Sir Syrkei. Es así que, con un simple movimiento, hizo destacar el arma que tenía en su poder, la cual empezó a brillar gracias a los canticos de sus allegados.
—¡Ah! ¡Retrocedan! —ordenó la chica que dirigía a las brujas, y en su acción llegó demasiado tarde debido a que su alteza atacó con extrema valentía a las dueñas de las tierras bajas, quienes recibieron cada una un golpe en el estómago con la cabeza del báculo, y así provocó que muchas quedaran fuera de combate. A todo esto, los muchachos que formaban parte del grupo contrario, es decir, el de los magos, se vieron intimidados por las acciones de aquella muchacha que se entrometía en su disputa, así que, sin preguntárselo antes a su líder, todos emprendieron retirada.
—¿Qué están haciendo? ¡Cobardes! —les gritó a sus compañeros el príncipe, quien miró con molestia a la mujer que intervenía—. ¡Esto no se quedará así! —la señaló, y muy pronto también se fue junto a sus iguales por donde había venido, en consecuencia, los tres dejaron de cantar, y Léa se detuvo por igual en sus acciones, pues no había ya motivos para seguir emprendiendo semejante espectáculo, ya que por fin había llegado la contienda a un punto muerto.
—¡Bien hecho! —exclamó Alik acercándose a Léa—. ¡Estuvo genial princesa!
—Fue impecable como era de esperarse —aseguró Iris.
—Lo mismo digo —mencionó Zaid apoyando el comentario anterior.
—No es nada chicos —luego de recibir los halagos de parte de los integrantes de su grupo, Léa notó que la chica del pelo rosa, quien se trataba de la dominante del pueblo bajo, no se había retirado, pero sus demás camaradas sí, no obstante, ella la miraba desafiante y con un temblor notorio en las piernas; en cualquier momento iba a caer sentada por su propio peso.
—¡Oigan ustedes! —le gritó con voz temblorosa la dama de colorida figura mientras señalaba al pequeño grupo.
—¿Nosotros? —dijo Léa en lo que se llevaba un dedo para apuntarse a ella misma.
—¡Sí, ustedes! —declaró la que tenía la corona y se acercó con pasos lentos y graciosos, ya que casi no podía mover las piernas por el miedo que le generaba semejante guerrera.
—¡Oh! ¡Tranquila, no vinimos a hacer escandalo! —aseguró la rubia en lo que le hacía el favor de acortar la distancia por ella.
—¡No te arrimes tanto! —advirtió alertada la chica que no conocía de mucho a Léa.
—¿Disculpa? —preguntó con extrañeza la futura reina, mientras tanto sus demás amigos observaban con un poco de pena la situación.
—Quiero decir que yo los conozco —se pausó un momento para apoyarse sobre sus inquietas rodillas.
—Esa chica parece estar muy estresada —susurró por lo bajo Zaid sintiendo algo de pena por la muchacha, después de todo, con el simple hecho de observarla, se notaba que estaba afectada por lo que había vivido momentos antes.
—Bah —expresó Alik con desdén sin darle mayor importancia.
—Yo creo que Léa le ha impuesto mucho respeto después de lo que hizo —dijo Iris con una sonrisa nerviosa también susurrando.
—¿De verdad? Entonces sabrás por qué estamos aquí —le dijo la princesa que portaba los risos del sol.
—Sí. Mi nombre es Tritis, soy la princesa de las tierras bajas de Serdonía, y aquí convivo con mis camaradas, las brujas —estiró sus manos a sus lados presentándoles el lugar aún con nerviosismo—. Imagino que están viajando por la Nota Vanguardista —anunció ella.
—Sí, así es, pero también en lo que recorremos los tramos, vamos ayudando a los reinos y pueblos que lo necesitan y por lo que vemos, este lugar no es la excepción...
—Totalmente —intervino Iris—. ¿Tanto es el odio que se tienen mutuamente? —preguntó la más baja del grupo.
—Es que... ¡Es que...! —Tristi elevó un puño furiosa—. ¡Ese maldito! —gritó con terrible molestia, pero luego volvió a calmarse—. No importa... el problema es que no hay manera de que nos llevemos bien; siempre hay una cosa en la que no estamos de acuerdo.
—Pero atacarse entre ustedes solo les traerá desgracias; mira como ha quedado el pueblo por su disputa —señaló Léa las cercanías, en donde la gente que regresaba, volvía con la cara larga al ver sus viviendas destrozadas por un conflicto egoísta.
—Ellos tienen razón, princesa —mencionó una anciana que se sumó a la charla—. Esto no puede seguir así.
—Los ojos de las personas que están aquí brillan por clemencia y paz —aseguró Iris mientras se dirigía a la chica de cabellos rosados—. ¿Acaso no se han detenido ni un momento a pensar en las consecuencias de sus terribles batallas? —le reprochó con seriedad la catalizadora, pero Léa la interrumpió al cruzar su brazo en el camino de su amiga, y con una dulce sonrisa se dirigió a la chica con la que hablaban.
—Decirle lo que ya le he dicho, está demás Iris —mencionó la futura reina, y de este modo, Tritis bajó la cabeza con evidente vergüenza, pues sabía a lo que exponía a sus lacayos; ellos tenían razón, la situación era insufrible, por lo que no podían seguir así, de ahí que la chica de cabellos rozagantes y dueña de las tierras bajas, decidió inclinarse e inmediatamente con su voz en su máximo tono le rogó a la princesa Léa que le ayudase a resolver el conflicto interno que los controlaba.
—¡Por favor, heredera del reino de Shion! ¡Usa tu sabiduría para poder salvar a este reino que ha caído en desgracia por las malas decisiones de sus gobernantes! —le rogó la muchacha, de inmediato, todos los allí presentes, menos los que acompañaban a su majestad en su épico viaje, se sorprendieron al ver que la orgullosa de Tritis dejaba su dignidad a un lado, solo por la búsqueda de un vaso de agua que calmara su dolorosa sed.
—Tu voz ha sido escuchada, así que levanta tu cabeza joven Tritis —le ordenó la rubia.
—Su majestad... —conmovida, ella se reincorporó y escuchó atentamente lo que tenía que decir Léa.
—Hoy has confesado algo que todo buen gobernante no puede lograr con tanta facilidad, y es reconocer que ha cometido un error, y esto mismo te permitirá mejorar en tu deber —de esa forma, dio a entender que felicitaba a la chica, la cual no estaba muy convencida de que eso fuera suficiente como para llegar a una solución—. Pero no te preocupes, como dije momentos atrás, no estarás sola, y hoy venimos a brindarte el apoyo que necesitas para resolver este embrollo —la futura reina de Shion se llevó un puño a su pecho y gritó con gran fervor aquellas admirables palabras que le siguieron otras más nobles aún—. Ahora propongo que nos sentemos en un lugar apropiado y discutamos correctamente al respecto.
Así fue como los destacables guerreros se citaron con la dramática princesa Tritis para realizar una reunión que les permitiera saldar las cuentas que se dividían entre las dos potencias. Sin embargo, el pequeño grupo de héroes, ignoraba que tan pesada iba a ser esta tarea...
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