O2O

Sesshomaru no tuvo opción alguna que concederle el deseo a su amada. Apretó suavemente el corazón en sus manos hasta clavar las garras en él.

Kagura gimió del dolor pero no suplicó que se detuviera.

- Te amo, por eso te concederé tu deseo. Morirás siendo mía.

- Púdrete.

...

Sesshomaru pasó el resto de la noche fría abrazado al cadáver sin vida y al corazón inerte de su amada antes de que poco a poco el viento se llevase sus cenizas.

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