Capítulo 26

Después del entierro de nuestros amigos, nos fuimos a cenar a un restaurante todos juntos, incluidos Iván y Sonia. Nos habían ayudado mucho en la situación que vivimos en la cabaña y no era de esperar que los invitaramos para que vinieran con nosotros a cenar.

Estábamos todos sentados en la mesa, Iván al lado mía y con nuestras manos entrelazadas.

- Vamos a terminar el día felices. Dejemos de estar triste - propone Valentina.

- Estoy de acuerdo - dice Chloe -. No creo que ellos quieran vernos así de tristes por sus muertes.

Todos asentimos y sacamos nuestras mejores sonrisas.

- Este fin de semana me voy a Los Ángeles - dice Valentina.

- ¡Qué bien! - gritamos todos en su dirección.

- He estado mirando apartamentos y tengo una compañera de piso que me va a dejar vivir allí de mientras que busco trabajo - relata Valentina con una pequeña sonrisa en la cara y sin dejar de jugar con los picos de su servilleta.

- Eso está muy bien - dice Aitana -. ¿Pero dejas de estudiar?

- No puedo permitirme de momento estudiar en una universidad. Me voy a Los Ángeles para cambiar de aires y ver cómo me va trabajando y consiguiendo dinero por mi cuenta. Siempre he dependido de mi familia, pero ya ha llegado la hora de desprenderme de todo eso y vivir las cosas por mí cuenta. Sin olvidarme de nada, claro - termina diciendo Valentina.

- Me alegro mucho por ti, Valentina - le regalo una sonrisa extensa y llena de felicidad -. Espero que nos cuentes cómo te va y que te vaya muy bien - le deseo lo mejor.

Después de unos momentos de risas y comentarios, me levanto para pedir más bebidas a la barra.

- Hola. Necesito las mismas bebidas para mí mesa, por favor - digo mirando al camarero que me está atendiendo.

Veo que a mi lado se sienta Sonia en un taburete.

- ¿Qué tal estás? - pregunta con una sonrisa en sus labios pintados de rosa fucsia como los mechones de su pelo.

- Bien - contesto -. Tirando con toda esta situación como se puede.

- ¿Estás con Iván? - pregunta ampliando su sonrisa.

- Se podría decir que lo estamos intentando - digo sonrojada -. Tenemos que seguir conociéndonos más.

- Eso se ve hermoso y suena muy bien - dice -. Ustedes hacen una linda pareja.

- Muchas gracias - agradezco su sinceridad.

Nos marchamos de vuelta a la mesa junto con nuestro amigos con las bebidas ya servidas en la mesa.

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Iván me lleva de vuelta a mi casa. Mis padres esta noche no están porque después del entierro se fueron a visitar a mis abuelos al pueblo donde viven y yo decidí que iba a ir más adelante. No pusieron objeción en mi decisión. Cosa que agradecí dada las circunstancias.

- ¿Quieres pasar? - digo a Iván en la puerta de mi casa mirando su pecho y jugando con las llaves que se encuentran entre mis manos.

- Si tú quieres que pase, lo haré - dice levantándome la barbilla para que lo mire.

- Sí - muevo la cabeza afirmativamente -. Quiero que entres conmigo. Estoy... - hago una pausa y cierro los ojos. Vuelvo a abrirlos -. La casa está vacía, solo estaríamos nosotros dos.

Parece que se le ilumina la mirada con mi respuesta.

- Está bien - dice cogiéndome de la mano e instandome a que abriera la puerta para poder entrar.

Cierro la puerta detrás nuestra y le hago un gesto con la mano para que se dirija hacia el salón para sentarse.

- ¿Quieres algo de tomar? - pregunto cómo buena anfitriona que soy.

- No - contesta mirándome con una sonrisa burlona -. Ven - extiende su mano hacia mí para que la coja.

Suelto las llaves en el aparador y cojo su mano. Me tira hacia él despacio y pega su cuerpo al mío.

- Quiero que seas feliz - dice mirándome fijamente a los ojos.

Me quedo sin respiración ante su cercanía sin siquiera saber porqué cuando he estado así más veces. Mi respiración se desboca y parece que estoy temblando.

- Lo soy - digo como puedo sin que me tiemble la voz.

Agarra mi cintura con sus manos grandes y masculinas y me acerca mucho más a él.

Con mis brazos rodeo su cuello y acervo mi cara a la de él. Nuestros labios se encuentran y nos fundimos en un beso lento y precioso. Se vuelve un poco más interesante, lleno de deseo.

- No he hecho nada con ningún chico - siento la necesidad de decírselo. Agacho la mirada y bajo mis brazos, avergonzada.

- No voy hacer nada que no quieras, Laura - dice con total sinceridad, dándome seguridad.

Asiento y lo miro de nuevo a los ojos. Nos volvemos a besar y esta vez me lleva hacia el sofá para tumbarme y a la misma vez él hacerlo encima mía.

Nos seguimos besando y sus manos recorriendo todo mi cuerpo. Noto mi chaqueta deslizarse por mis hombros y unos dedos retirando la tirantes de mi vestido hacia abajo. Y en ese momento, en ese instante, lo desee todo.

- Hazme el amor, Iván - digo bajito como medio avergonzada -. Ámame.

- Eso está hecho - dice guiñándome un ojo y bajando su cabeza para volver a besarme.

Nos fundimos en una sola persona.

Somos uno.

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