O16; corazones rotos
Taehyung estaba sentado en su cama con las piernas cruzadas, rodeado por una montaña de útiles, libros y materiales de arquitectura. La laptop estaba encendida, y la luz de la pantalla iluminaba su rostro concentrado mientras sostenía la tablet con firmeza en una de sus manos.
Era tarde, las once y media de la noche para ser exactos, y él apenas había avanzado un poco más de la mitad de su trabajo, el cual debía entregar al día siguiente como examen. Sus padres veían una película en la sala, Minji estaba en su cuarto ocupada con algo de su trabajo, y sus otros dos hermanos no estaban en casa.
Taehyung era muy organizado, hacía los trabajos el mismo día que se los asignaban para no acumular tareas, pero la vida universitaria lo estaba sobrepasando. Seis materias parecían pocas, pero sin darse cuenta, había dejado de lado algunos trabajos por otros, y ahora estaba contra el reloj con su trabajo, el más importante del semestre.
La puerta de su habitación se abrió de repente, pero él estaba tan concentrado que no notó la presencia de su padre hasta que escuchó su voz.
—Tae, ¿qué tal con el trabajo? —preguntó Taesung, acercándose con pasos suaves y sentándose en la cama con cuidado.
Taehyung dejó la tablet a un lado y le sonrió, un tanto agotado. —Va bien, aunque no sé si lo terminaré a tiempo —admitió, entre frustrado y resignado al mismo tiempo.
Su padre lo miró con una sonrisa comprensiva y le dio una palmadita en la espalda.
—Es tarde, hijo, pero si necesitas ayuda, estoy aquí.
—No quiero molestarte, papá, ya es muy tarde y tienes que descansar —dijo el peligris, intentando evitar cargarlo con sus problemas. Pero en el fondo, sabía que un poco de ayuda no le vendría mal.
—Tonterías, puedo quedarme despierto hasta el amanecer si es necesario por mi cachorro —replicó Taesung con determinación. Al ver la expresión indecisa de su hijo, añadió con una sonrisa divertida—. Además, no sería la primera vez que te salvo el pellejo en un trabajo.
Taehyung soltó una carcajada. —Está bien, me convenciste.
Satisfecho, Taesung se levantó y se dirigió a la puerta. La abrió ligeramente y llamó a su esposo. Desde abajo se escuchó el grito lejano del hombre.
—¡Sungjae, ven a la habitación de Tae! ¡Necesita nuestra ayuda!
Segundos después, unos pasos apresurados subieron las escaleras, y en menos de un minuto, Sungjae apareció en la puerta, mirándolos con curiosidad.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó con una ceja levantada, claramente sorprendido de ver a su hijo y su esposo conspirando juntos a altas horas de la noche.
—Trabajo de último minuto —respondió Taesung con una sonrisa—. Así que los tres vamos a salvar el día.
Sungjae soltó una risa suave.
—Bueno, si estamos todos en esto, que empiece la operación rescate del irresponsable.
Taehyung rodo los ojos, pero luego sonrió, respiró hondo y les explicó a sus padres en qué consistía su trabajo, detallando cada parte del proyecto. Taesung asintió con seriedad mientras procesaba la información y, una vez que todo estuvo claro, asignó tareas.
—Sungjae, tú encárgate de las medidas y cálculos, ya que eres el experto en números. Yo me encargo de revisar esta sección estructural, y Tae, sigue con los planos. Así acabamos antes de que nos caigamos del sueño —dijo Taesung, organizando el plan de acción.
—A sus órdenes, jefe —respondió Sungjae con una media sonrisa, acomodándose en la cama junto a ellos.
Taehyung los observaba con una mezcla de alivio y diversión. Admiración brillando en sus ojos.
Los tres se pusieron manos a la obra, cada uno enfocado en su parte del trabajo. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que Sungjae comenzara a molestar cariñosamente a Taesung.
—Oye, cariño, ¿seguro que sabes lo que estás haciendo? —bromeó Sungjae, dándole un suave empujón con los hombros.
Taesung fingió estar molesto. —¿Perdona? Soy el mejor en esto. Tú mejor asegúrate de no confundirte con los números. Recuerda que la última vez casi hacemos un puente hacia Marte.
—Eso fue una vez —respondió Sungjae con una sonrisa, haciendo pucheros exagerados—. No me maltrates así, cariño. Me voy a poner a llorar.
Taehyung, que los observaba desde su lado de la cama, se echó a reír a carcajadas.
Cada vez que Sungjae decía alguna tontería, Taesung le respondía con un comentario sarcástico que solo hacía que Sungjae fingiera más su "dolor".
—Ya, basta de drama —soltó Taesung, lanzándole una mirada fulminante, aunque su boca traicionera dejaba escapar una sonrisa.
Sungjae fingió secarse una lágrima inexistente y suspiró dramáticamente. —Tan cruel conmigo, siempre... Pero está bien, soportaré este maltrato por el bien de nuestro hijo.
Las risas llenaron la habitación, y el ambiente se sentía cálido a pesar de la hora. En medio de las bromas, Taesung cambió el tema con una pregunta directa.
—Y dime, Tae, ¿qué tal la universidad hasta ahora? —preguntó con un tono curioso, mirándolo de reojo mientras seguía con su tarea.
Taehyung se tensó un poco, pero rápidamente respondió con sinceridad, cuidando de omitir la parte importante: su secreto.
—Va bien, aunque a veces es un poco estresante —dijo con suavidad, omitiendo mencionar que no estaba en la universidad que sus mayores creían.
Sabía que sus padres pensaban que estaba en la única universidad que aceptaba omegas para carreras más "pesadas", una institución con una reputación terrible por el maltrato hacia los de su rango.
Pero la verdad era que Taehyung había elegido otra universidad, una que ofrecía mejores oportunidades si mantenía buenas calificaciones, como una doble titulación, la posibilidad de ser transferido a otros países, una oportunidad de trabajar en grandes empresas, etc. Si ellos se enteraban, seguramente se sentirían muy decepcionados de él, pero ya no había vuelta atrás.
Lo hecho, hecho estaba.
Taesung lo miró con atención, pero no dijo nada sobre el tema de la universidad. En su lugar, lanzó otra pregunta, esta vez con un tono que Taehyung reconoció al instante.
—¿Y... conociste a alguien interesante? —dijo con una sonrisa traviesa.
El omega se quedó congelado, mientras Sungjae también se tensaba a su lado, con una expresión ahora seria. Taehyung tragó saliva, incómodo por la repentina pregunta. Su padre, Sungjae, miró con recelo, como si cualquier persona que se acercara a su pequeño hijo fuera una amenaza directa.
—No, claro que no —respondió Taehyung apresuradamente, sintiendo cómo sus orejas comenzaban a arder.
Pero su mente más que traicionera no pudo evitar traer la imagen de dicho alfa pelinegro de hoyuelos y bonita sonrisa, lo que lo hizo sonrojarse aún más.
Taesung soltó una carcajada al ver el rubor en el rostro de su hijo.
—No me mientas, cachorro. Yo te parí, te conozco mejor que a nadie —dijo en tono juguetón.
Sungjae intervino indignado.
—¡Eh, yo también lo conozco muy bien!
Taesung rodó los ojos, sonriendo. —Tú no lo pariste, no sabes del sentimiento —respondió con sarcasmo.
Al darse cuenta de que no podía seguir ocultándolo, Taehyung suspiró y asintió con la cabeza lentamente. —Bueno... en realidad sí hay alguien que me interesa.
Taesung aplaudió emocionado, una gran sonrisa en su rostro.
—¡Sabía que mi instinto no fallaba!
—¿Qué? —exclamó Sungjae, más que alarmado—. ¡¿Quién es?! ¡Dime que no es un alfa cualquiera!
Taehyung se llevó una mano a la cara, riendo entre nervios.
—No es un "alfa cualquiera", papá. Solo... es alguien especial.
Sungjae bufó.
—Eso no me tranquiliza en absoluto.
—Sungjae, no seas tan dramático —dijo Taesung, dándole un ligero golpe en el hombro—. Nuestro hijo tiene derecho a enamorarse. No vas a poder evitarlo, ya sabes cómo es esto.
—No me gusta la idea —se quejó Sungjae, cruzando los brazos como si estuviera a punto de montar una pequeña rabieta—. Es muy joven aún.
Taesung rodó los ojos por enésima vez.
Taehyung sonreía de manera distraída mientras sus padres discutían sobre su futuro amoroso. Su mente estaba ocupada en otro lugar, inundada por pensamientos de Jungkook.
¿Qué estaría haciendo ahora?
Probablemente entrenando, sabe lo mucho que le gusta ejercitarse sin importar la hora que fuera. O tal vez ya estaba dormido, pero la imagen de su persona se instalaba cómodamente en la mente de Taehyung.
Las horas entonces pasaron entre bromas, quejas cariñosas y risas mientras trabajaban. Taesung seguía lanzándole comentarios sarcásticos a Sungjae, quien fingía llorar, mientras Taehyung se mantenía muy concentrado en terminar su parte.
Finalmente, después de dos horas y mucho esfuerzo, todos estiraron sus extremidades con satisfacción cuando terminaron.
—¡Por fin! —exclamó Taehyung, dejándose caer hacia atrás en su cama—. Gracias a los dos por ayudarme, de verdad. No habría podido hacerlo sin su ayuda.
Los mayores sonrieron y, sin decir una palabra, se inclinaron para cada uno darle un beso en la frente.
—Sabes que nos tienes aquí cuando lo necesites —sonrió cálidamente Sungjae.
—Descansa, pequeño. Lo hiciste muy bien —le dijo Taesung también una sonrisa antes de ser el primero en abandonar la habitación.
Sungjae, sin embargo, se quedó unos segundos más, mirándolo con una expresión seria pero cariñosa.
—Quiero conocer a ese "alguien especial" del que hablaste antes —dijo de repente, cruzando los brazos como si intentara intimidarlo.
—Tal vez... no sé... Ya veremos... —Taehyung, con el rostro completamente rojo, balbuceó.
Sungjae sonrió, satisfecho, y se despidió, cerrando la puerta detrás de él.
Una vez solo, Taehyung suspiró y dejó su trabajo sobre el escritorio, asegurándose luego de que todo estuviera en orden antes de ir al baño. Lavó sus dientes, se puso una crema en el rostro y, con el pijama ya puesto, se metió bajo las sábanas, dispuesto a dormir.
Pero antes de hacerlo decidió revisar un momento su móvil.
Error.
Al entrar en la aplicación de mensajería, se encontró con una cantidad abrumadora de notificaciones. Había mensajes de sus amigos, del grupo de compañeros de universidad, varios —muchos— mensajes de Jungkook... y uno de un número que no tenía registrado.
Con una sonrisa, comenzó por responder los mensajes de Jungkook. Apenas envió el primer mensaje, Jungkook lo leyó rápidamente y respondió casi al instante, lo que hizo que Taehyung sonriera aún más.
Parecía que estaba más que al pendiente de su respuesta.
"¿Cómo te va con tu trabajo?" preguntó Jungkook.
"Bien, mis padres me ayudaron a terminarlo a tiempo" respondió Taehyung, añadiendo un emoji sonriente.
"Eso suena como trampa, ¿eh?" bromeó Jungkook. "Pero me alegra que lo hayas acabado. Más tarde, después de la universidad podemos ir por un helado, ¿te gustaría?"
Sin embargo, mientras Taehyung se disponía a seguir la conversación, su atención se desvió al mensaje de aquel número desconocido. Frunció el ceño y decidió abrirlo antes de responder la propuesta de Jungkook.
El mensaje contenía un video y una nota que decía: "Esto fue en la fiesta de cumpleaños de Minhyuk."
Curioso, descargó el video. Pero su curiosidad pronto se transformó en dolor.
El video no duraba más de siete segundos, pero lo que vio en el primer segundo fue suficiente para romperle el corazón el pedazos.
Jungkook se mostraba en la pantalla, besándose apasionadamente con aquel omega pelirrojo del otro día. La imagen era más que clara, y no había manera de malinterpretarla. El pecho de Taehyung se apretó de inmediato, como si un puño invisible le hubiera golpeado. El móvil temblaba en sus manos mientras seguía repitiendo el mismo video, incapaz de procesar lo que había visto.
Su mente, que hacía tan solo unos minutos estaba inundada de pensamientos felices sobre Jungkook, ahora estaba nublada por el dolor y la confusión.
¿Por qué?
¿Por qué Jungkook hizo eso?
[...]
Taehyung salió de su salón con el papel de calificaciones en la mano. Lo había hecho excelente en su examen, otra vez.
Había conseguido la puntuación máxima y, era el número uno entre los mejores calificados de primer año en ese semestre. Pero su rostro no reflejaba la alegría que ese logro debía traer consigo. Sus ojos, en lugar de brillar de felicidad, estaban opacos y llenos de tristeza.
Caminaba por el pasillo, queriendo desaparecer entre la multitud de estudiantes, cuando lo vio.
Jungkook estaba allí, apoyado contra la pared como tantas otras veces, esperándolo. Al verlo, Taehyung decidió ignorarlo y giró sobre sus talones para irse en otra dirección, pero no llegó muy lejos.
—¡Tae! —la voz de Jungkook lo alcanzó desde atrás.
El sonido de su nombre en los labios de Jungkook hizo que sus ojos comenzaran a llenarse de lágrimas de manera inevitable.
Apretó los labios con fuerza, luchando por no dejar que esas lágrimas cayeran, pero se detuvo. Escuchó los pasos rápidos de Jungkook acercándose a él, y pronto el alfa estuvo frente a él, con una expresión de alivio en su rostro.
—Oye, ¿por qué no me respondiste los últimos mensajes? Estuve esperando toda la noche por tu respuesta —preguntó Jungkook en tono animado, como si la conversación pudiera ser casual.
Pero tan pronto como vio el rostro de Taehyung, su expresión cambió por completo.
El lobo de Jungkook se puso en alerta, percibiendo la angustia que emanaba de Taehyung con tan solo ver su rostro. La preocupación reemplazó cualquier otra emoción en el pelinegro.
—¿Qué te pasa? —preguntó Jungkook, su tono suave pero urgente—. ¿Te fue mal en el examen? ¿Fue eso?
Taehyung negó con la cabeza, incapaz de decir una palabra. Sabía que si abría la boca, se pondría a llorar en ese mismo instante, y no quería hacerlo. No allí, no frente a él. Pero la presión en su pecho era insoportable.
¿Cómo podía decirle lo que había visto?
—Tae, dime qué pasa, por favor —insistió Jungkook, dando un paso más cerca—. Me estas preocupando.
¿Preocupado?
La preocupación en la voz del alfa solo hacía que todo fuera peor. Taehyung quería gritarle, pero estaba bloqueado. Se mantuvo en silencio, mirando el suelo, con los labios temblando.
Exhalando frustrado por la falta de respuesta, Jungkook finalmente lo tomó por los hombros con delicadeza, sacudiéndolo un poco
—¡Taehyung, dime algo, por favor! —dijo, la ansiedad siendo evidente en su tono.
Esa fue la gota que derramó el vaso. Taehyung no pudo soportarlo más y estalló.
—¡¿De verdad quieres saber qué me pasa?! ¡¿De verdad te preocupo tanto como dices?! —soltó Taehyung, apartando bruscamente las manos de Jungkook de sus hombros—. ¡Todo lo que me dijiste antes, todas esas palabras... eran solo mentiras! ¡Yo fui el ridículo que se creyó todo lo que me decías!
Jungkook lo miraba completamente desconcertado. —¿De qué estás hablando? No entiendo nada.
Taehyung, furioso y muy herido, sacó su móvil y, con manos temblorosas, buscó el video que había recibido la noche anterior. Lo mostró a Jungkook sin decir una palabra, solo apretando los labios para no derrumbarse.
Jungkook se quedó estático, mirando el video en la pantalla del teléfono. En esos breves segundos, se vio a sí mismo besándose con Jeonho en lo que claramente era una fiesta. La fiesta de cumpleaños de Minhyuk.
El alfa se quedó completamente en shock, incapaz de procesar lo que estaba viendo, la ira comenzado a brotar en él.
—¿Qué...? —murmuró Jungkook, sin poder creerlo.
¿A esto se refería Jeonho al decir que se arrepentiría por haberlo rechazado? Mierda.
Taehyung tragó con dificultad, las lágrimas finalmente cayendo de sus ojos.
—No quiero verte más —dijo con voz rota, dando un paso atrás—. No me hables, no te acerques a mí, Jungkook.
Dicho eso, el peligris se dio la vuelta y comenzó a caminar por el largo pasillo con prisa, sin mirar atrás, dejando a Jungkook parado allí, atónito y sin palabras.
Jungkook reaccionó finalmente, llamándolo con insistencia, su voz llena de desesperación.
—¡Tae! ¡Espera, por favor, déjame explicarte! ¡Tae!
Pero Taehyung no se detuvo.
Siguió caminando, con las lágrimas deslizándose por sus mejillas en cascadas, ignorando el llamado desesperado de Jungkook, que cada vez se hacía más débil detrás de él.
[...]
👋👋👋
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