Capítulo 4


Editado

Frustrada. Así me sentía en este momento. Habían pasado muchas cosas en las últimas horas y todas me dejaron con interrogantes sin respuestas, ¿lo peor? Por mi curiosidad —un tanto imprudente—, todo terminó en una pelea fuerte con Emmanuel. Aunque siendo sincera, solo me preocupaba por él y me dolía un poco que me ocultara las cosas.

Por otro lado, estaba su frialdad y su intento de voltear la situación. Si Emmanuel quería, podía llegar a ser bastante perverso, incluso con las personas más cercanas a él. En fin, por ahora era mejor dejar el tema por cerrado y entender que aunque me doliera, sí hay cosas que pesan mas que una amistad.

¿Y si le contó a Alessandro? Uh, eso sí sería caer bajo y claro que me dolería bastante, lo sentiría como traición.

—Ya basta, Eileen. Tienes que dormir —dije para mí misma y pasé las manos por mi rostro con frustración.

"Estás despierta" El mensaje repentino de Aiala interrumpe mis pensamientos.

Eran las tres de la mañana y como algo que no era raro últimamente, no podía dormir. Insomnio le dicen.

"Lo estoy, por cierto... Discutí con Emmanuel."

Sí, no era la hora adecuada para contar un chisme, pero en realidad solo daría un pequeño adelanto. Además era gracioso dejar con la intriga a la otra persona.

Aiala:

Eso es nuevo. ¿Por qué fue?

Eileen:

Ummm, mejor dejamos el tema para mas tarde. No quiero llegar como un zombie a la escuela.

Aiala:

Qué desagradable eres, sabes que no me gusta esperar. Por eso prefiero leer las historias cuando ya están terminadas.

Eileen:

Lo sé, por eso lo hago.

Aiala:

Te odio. Por cierto, no puedes dormir por la misma razón de siempre ¿verdad?

Eileen:

Sí, ya lo sabes.

Aiala:

Intenta descansar y toma leche tibia. Nos vemos mas tarde.

No respondí. Dejé mi celular en la mesa de noche y me levanté de la cama. Aiala y mi mamá eran las únicas personas que sabían acerca del insomnio que me embargaba últimamente y todo se debía a que sudaba excesivamente y claro, la incomodidad no me permitía dormir.

Probablemente se debía a algún problema en mi organismo o yo que sé, el punto es que ya me estaba cansando de la situación. Y por otro lado estaba lo de Emmanuel, porque por más que intento dejar el tema atrás mi mente solo me juega malas pasadas, incluso me estaba sintiendo un poco culpable por ocultarle este pequeño secreto.

Suspiré rendida, no era hora de sobrepensar las cosas; así que con pereza quité las sábanas empapadas por el sudor y me acosté nuevamente para intentar conciliar el sueño.

—Efectivamente, biológicamente hablando, tu madre te dio algo que tu padre no y ese algo es el ADN mitocondrial —responde la maestra y la chica que hizo la pregunta, sonríe con orgullo.

—Ja, punto para las mujeres —añade y la maestra continúa con la clase.

Estaba en la famosísima clase de biología y estaba mas aburrida que un piojo en cabeza de calvo. Emmanuel no había asistido a clases y Alessandro ni siquiera se había dignado a entrar sabiendo que su mejor amigo no estaría, en cuanto a Aiala... Ni siquiera compartía clase con ella.

Aunque siendo sincera, dudo que la clase sería mas animada para mí con la presencia de mis dos "amigos", estando enojada con Emmanuel, ni siquiera me dignaria a dirigirle la palabra y Alessandro obviamente se pondría del lado de cualquier persona, solo para fastidiarme. Así que, en conclusión, estaba mejor sola.

—Eileen, ¿te encuentras bien? —Me pregunta Mike, un compañero de clase con el que cruzo palabras de vez en cuando.

—Estoy bien, gracias por preguntar —Aseguré y Mike asintió con la cabeza, no muy seguro de mi respuesta, luego se acomodó en su asiento.

A decir verdad, yo tampoco estaría tan segura de mi respuesta. No había dormido mas de tres horas y tenía un dolor de cabeza que me hacía querer arrancarla, solo para no sentir esa punzada; además, mi aspecto físico tampoco debe ser el mejor.

—Muy bien chicos, nos veremos el martes de la próxima semana y no olviden dormir bien para llegar activos a mi clase —comenta la maestra y me mira con desaprobación.

¡Oh, vamos! No lucían tan mal ¿o sí?

—"Ni ilvidin dirmir biin piri lligir ictivis i mi clisi" —refunfuño molesta y salgo del salón, no sin antes tomar mis cosas.

Camino a toda velocidad por el pasillo, maldiciendo a todo lo que se mueve. ¡Odiaba no poder dormir bien y odiaba más que me molestaran por ello!

Mientras camino, choco con alguien y estoy a punto de maldecir hasta que me doy cuenta que se trata de Aiala. Sonrío al ver por fin una cara conocida y amada por mí.

—¿Estás bien? Te ves... Mal —Mi sonrisa se desvanece al instante. Estaba de la mierda y me sentía igual de mal.

—Lo sé, me veo cansada, mi cabello quizás parezca un nido de pájaros y mi expresión dice "te acercas a mí y la pagarás", pero ¿qué crees? Es lo que pasa cuando no se duerme mas que tres míseras horas —alego y suelto un suspiro frustrada.

Aiala me mira sorprendida por mi pequeño arrebato y yo resoplo cansada. Apenas habían pasado un par de clases y no me había dormido en ninguna, a pesar de haberlo querido. Definitivamente no iba a sobrevivir todo el día así, por mas que pensara que sí.

—Si te sirve de consuelo, el maestro de matemáticas no asistió, así que puedes dormir un poco —La castaña se encoge de hombros y me mira fijamente con una sonrisa de boca cerrada.

Durante unos segundos, me pierdo en la belleza de sus ojos. Aiala tenía una característica muy particular que la hacía destacar entre la multitud, además de ser extremadamente hermosa, tenía heterocromía, una afección que hacía que sus ojos fueran de colores diferentes. Uno de ellos color azul electrizante y el otro color miel, como los míos.

—Aunque no es mala idea, preferiría ir a casa. Me duele la cabeza y en cualquier momento podría morir —Bromeo, volviendo a la realidad. Aiala ríe por lo bajo y luego mira el reloj que está en su muñeca.

—Voy tarde a clase, pero me mantienes al tanto, por favor y recuerda que hay un chisme pendiente —Pide en un tono amable y yo asiento con la cabeza.

Aiala me mira una vez mas y luego se va corriendo por el pasillo que ya está casi vacío. Por mi parte, tomo con fuerza las correas de mi mochila y me dirijo a la enfermería, para solicitar el permiso de salida.

—Todo esto también es culpa tuya, Emmanuel. Quizás habría dormido más si no hubieras dejado tantas dudas en mi cabeza —refunfuño al aire, aprovechando que ya no hay nadie en los pasillos—. Además de eso, tienes el descaro de no asistir a clase. Ni creas que te voy a prestar... —Me detengo en seco cuando a lo lejos veo a dos personas besándose apasionadamente.

Fácilmente podría ignorarlos y seguir con mi discusión interna, pero el lugar donde están ubicados está a unos cuantos metros de la enfermería y sí o sí tendría que pasar por ahí.

Muerdo mi labio inferior dudosa y rasco mi nuca, pensando en qué hacer para no tener que pasar por ese incómodo momento.

—Maldita se... —Retengo mi maldición cuando siento una pequeña bola entre mi cuello y clavícula. Dolía un poco si la tocaba y para este punto sabía que si no iba a enfermería a recibir una mínima atención, me desmayaría por el dolor de cabeza y falta de sueño. Sí, mis defensas no son tan altas como quisiera.

Suspiré una vez más y cogí valor para pasar por el lado de los dos tortolos, intentando evitar a toda costa que se dieran cuenta de mi presencia; sin embargo, mis planes no son los mejores cuando no estoy 100% cuerda y justo cuando iba a pasar por el lado de ambos, sin siquiera detenerme a mirar de quién se trataba, una voz para nada desconocida me habló:

—¿A dónde vas con tanta prisa, hermanita?

Levanté la mirada cansada y me encontré con la de Jasmine River, mi hermanastra y a su lado estaba nada más ni nada menos que Alessandro.

¡Vaya huida, Eileen!

Nota de autora:

Capítulo un poco corto, pero conciso. Espero lo disfruten y no olviden votar y comentar si les gustó.

Loviuu, Pau.


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