5: Cristallium

Dedicado a JELYooLIZZ espero que lo disfrutes :3

COLE'S POV

Aterrizamos sobre el suelo firme. Al instante sentí como una brisa fresca nos daba la bienvenida. Miré al rededor, fascinado. Nuestros pies habían caído sobre tierra, tierra húmeda digna de un bosque, un bosque que nos rodeaba en todas las direcciones, con pinos tan altos que parecían llegar hasta ¿el cielo? Ni cielo, ni espacio; ni día ni noche; en vez del cielo azul que tanto conocíamos, en su lugar se encontraba agua. Agua, agua en vez de cielo, parecía que estábamos de cabeza sobre el mar. Era imposible.

-¡Wohohow! -exclamó Jay llevándose ambas manos a la nuca.

Nadie podía creer lo que veía.

-No va...a caer, ¿verdad? -preguntó Kai con nerviosismo.

Tenía que admitirlo: estar parado sobre tierra, con tantas toneladas de agua desafiando las leyes de la física sobre nuestras cabezas, me revolvía el estómago.

-¿El cielo se cae en Ninjago? -preguntó Oliver con sarcasmo- Aquí, en vez de cielo arriba, tienen el mar.

-¿Có-cómo es posible? -preguntó William embobado mientras tomaba una fotografía con su cámara.

-Las leyes naturales son diferentes en cada reino, ya deberían saberlo -dice Oliver- ¡Bueno! Andando. No queremos que se nos haga tarde.

El chico pelinegro comenzó a caminar hacia el frente, arruinando el hermoso momento que teníamos delante. Todos queríamos seguir admirando el mar, pero me reconfortaba pensar que siempre que mirara hacia arriba lo encontraría.

-¿Y exactamente hacia dónde vamos? -preguntó Jay alcanzando el paso de Oliver.

-Al pueblo más cercano.

-¿De dónde sale la luz del día? ¿Es de día, no? Porque todo se ve muy claro-William se acercó a Oliver mientras anotaba en un diario de notas- ¿Podemos decir que la atmósfera es una capa de agua salada? ¿Cuántos kilómetros cúbicos? ¿Hay vida marina? ¿Y dónde está el sol?

-¡Shhh! ¡No! -exclamó Oliver con irritación, había perdido la paciencia- ¡Solamente...NO!

Y siguió caminando, apresurando el paso entre los árboles para que William no lo alcanzara.

-Tranquilo Will, estoy seguro de que tendrás tiempo de investigar -le dije dándole un golpe amistoso.

-Gracias -sonrió-, en realidad, me gustaría saber también por cuánto tiempo nos vamos a quedar.

-Eso dependerá mucho de las circunstancias -dice Zane llegando a nuestro lado-. Por lo que dijo Oliver, encontrar un amuleto por sí solo es difícil. Pero habrá que esforzarnos, debemos quitarle a Dylan la ventaja.

-¿Y cómo haremos para encontrar el amuleto? Buscar en todo un reino será difícil -dice William.

-¡Ahí está! -exclama Oliver más adelante.

-¿Qué? ¿Un amuleto? -Jay apresuró el paso entusiasmado.

Todos nos apuramos, dándonos cuenta que frente a Oliver había un acantilado. Fuimos al lado de él, y a todos nos fascinó la hermosa vista que teníamos aquí arriba. Podíamos admirar en todas sus anchas el paisaje verde y café debajo de nosotros, con su cielo de mar resplandeciendo en todas direcciones sobre nuestras cabezas. Abajo, se podía notar un pueblo de colores, colores muy bonitos como amaranto, esmeralda, fucsia, lila, púrpura, entre otros. No alcanzaba a distinguir las formas de las casas desde aquí, pero parecía un lugar habitado.

-Dime por qué vamos hacia un pueblo -dice Lloyd disfrutando de la vista.

-Necesitamos comprar cosas para poder buscar el amuleto.

-Eh, ¿sabes que podíamos traer cosas de Ninjago, cierto? -preguntó Jay extrañado.

-Sus cosas no funcionarán aquí: Mundo diferente, leyes diferentes. Así funciona.

-Bien, ¿y cómo llegamos hasta allá? -pregunté viendo el pueblo.

-Supongo que tendremos que bajar por el acantilado.

-¡¿El acantilado?! -exclamó Jay- ¡¿Estás loco?!

Me asome un poco, viendo la pendiente empinada que se abría ante nosotros. , Oliver estaba loco.

-Eso es demasiado peligroso -dice Lloyd a Oliver.

-Oh vamos, no me digan que ahora se van a hacer los miedosos.

-Nosotros no somos inmortales como tú, Oliver -le dije con algo de enojo-. Ni siquiera tenemos con qué bajar.

-Eso se puede arreglar -dice regresando sobre sus pasos hasta llegar al lado del arbol más cercano -. Observen y aprendan.

Oliver le dio una pata al tronco del árboles, al instante éste se sacudió y de la parte que había pateado Oliver se desprendió un gran trozo de madera, de cincuenta centímetros por un metro aproximadamente.

Parecía una tabla para surfear, ó mucho peor: para deslizarse en ella por la pendiente.

-¿Todos los árboles se parten así de fácil? -Jay había cambiado la preocupación por entusiasmo.

-Algunos, la cuestión es tener suerte. Para hacerlo más rápido, irán dos en cada tabla -dijo Oliver acomodando la suya como si nada en la orilla.

-Pero somos siete -dice Zane.

-Bueno, pobre el último, ¿no? -Oliver jaló a William del brazo y lo puso bruscamente detrás de él en la tabla- ¿Preparado, nerd?

William, con los ojos llenos del susto, abrazó su libretita de notas y negó con la cabeza. Algo me dijo que no tomaría en cuenta su opinión.

-¡Agarrate o mueres Nerdo! -gritó Oliver con algo parecido al entusiasmo y saltó en su tabla (con William) a la pendiente- ¡No olviden tomar el lado izquierdo!

Eso último lo dijo ya muy abajo. ¿Lado izquierdo?

Escuché algo romperse, y al darme la vuelta me percate de que Jay y Zane se lanzaban en una tabla.

Tenía que darme prisa.

Corrí hasta el árbol más cercano y lo pateé, pero lo único que recibí fue un dolor terrible en el pie.

-¡Auch!

-¡Au, au, au, au, au, au! -exclamó alguien más sobandose el pie adolorido -Éste no era...

Escuché algo romperse del otro lado. Lloyd ya había conseguido una tabla y se dirigió hasta la orilla del acantilado.

-Bueno, ¿quién quiere ir conm...

Estaba a punto de levantar la mano para postularme como su acompañante, pero antes de que el chico terminara, Kai ya había gritado un "¡Yo no quiero ir solo!" y se arrojó junto con él por la pendiente.

-¡Esperen!

Pero ya era tarde, ya me había quedado solo. Supongo que debí pensar rápido y haber elegido a Zane como mi acompañante antes de que Jay me lo ganara. Rayos, tenía que ser.

Fui hasta otro árbol, y con un poco de desconfianza lo pateé, por suerte, de este se desprendió una tabla de madera. La tomé y corrí hasta la orilla para bajar.

Me dio vértigo ver la gran pendiente que se abría ante mí.

Bueno, si no hay otra forma de bajar...

Salté al vacío con la tabla bajo mis pies, al instante sentí el golpe de la madera contra la piedra de la pendiente, y el viento golpeándome en la cara como si fuera sacando la cabeza fuera del auto. Pero yo no estaba en un auto, y por lo tanto, no tenía un cinturón del cual fiarme en cuanto algo saliera mal.

Era como andar en patineta.

En un par de segundos alcancé a los demás.

Delante de mí iban Lloyd y Kai, Lloyd iba de cuclillas al frente sujetando de los extremos de la tabla, mientras Kai iba en semi-cuclillas sujetado de sus hombros; ambos se veían muy nerviosos. Del lado izquierdo iban Jay y Zane, Jay al frente de rodillas sujetándose con estusiasmo de la parte delantera de la tabla, con Zane en la misma posición detrás pero sujetándose de los costados de la tabla. Y luego estaban Oliver y William, Oli estaba parado igual a mí como si estuviera surfeando, muy gustoso de haber tomado la decisión de saltar, y William estaba sentado en la tabla sujetando el pie del otro con fuerza, mientras su libretita de notas se le quedaba estampada en la cara por el viento.

Todo parecía ir bien. El vértigo había quedado en el olvido y tener una tabla para uno solo en realidad resultaba algo cómodo.

Fue entonces, cuando la pendiente por la que bajábamos se dividió en dos, ambos caminos muy parecidos al otro. ¿Cuál debíamos escoger? Yo estaba más inclinado al lado derecho.

-¿POR CUÁL? -gritó Jay para ser oído.

Oliver guió su tabla por el camino de la izquierda, las otras dos tablas no se tardaron nada en cambiar de rumbo hacia la izquierda.

Pronto llegaría a la división.

Traté de inclinarme hacia la izquierda, pero por la velocidad una sola persona era muy poco para general un buen peso, y justo cuando creí que lo estaba logrando, el camino se volvió rocoso y toda la tabla de madera comenzó a saltar con cada minúscula roca, haciéndome aún más imposible girar hacia la izquierda.

-¡Cole! ¡Es por acá! -gritó Jay cuando se dividió el camino.

-¡¿No crees que eso intento?!

Pero me fue imposible, los caminos se dividieron y perdí de vista a los otros, quedándome yo solo en un camino que se hacía más rocoso a cada segundo. Entonces, mi campo de visión percibió otra cosa: el camino terminaba.

Dejé escapar un grito cuando la madera y la roca dejaron de tener contacto. Salimos yo y mi tabla fuera del camino, no pasó nada antes de que comenzáramos a caer.

Me aferre a la tabla, sintiendo que el desayuno regresaba nuevamente a mi boca. El vértigo otra vez.

Entonces, algo inexplicable sucedió: en vez de estrellarme contra un el suelo, alcancé a ver una luz brillante debajo de la tabla, que de alguna forma u otra, se sintió como si la tabla se hundiera en espuma, para luego salir disparados hacia el cielo con mucha más fuerza.

Con el movimiento tan brusco de salir disparado hacia el suelo, solté la tabla por error, dejando escapar otro grito mientras observaba como me acercaba de más al mar de arriba, no lo suficiente para tocarlo, pero sí lo suficiente para ver vida en él.

Comencé a caer de nuevo, deseando tener un paracaídas.

Entonces un chorro de agua me golpeó la cara, empapándome todo el cuerpo. Comencé a caer por una catarata.

Estaba cayendo, con algo parecía un enorme chorro de agua, y seguí cayendo, cayendo y cayendo hasta que caí dentro de un enorme balde.

Al menos ya estaba en tierra y no volando por los cielos.

-¡Eh, tú! ¡Rata de afro! ¡Largo!

Una señora comenzó a golpearme en la cabeza con una cuchara de cocina. Por el dolor y desesperación, salí rápidamente del enorme balde y me alejé unos cuantos pasos, hasta que al fin, pude ver todo con más claridad.

Había caído en el pueblo, específicamente en el gran balde de agua de una vieja vendedora. Observé fascinado como, de alguna forma, un chorro de agua caía desde el mar de arriba hasta llegar al balde la señora. Entonces me di cuenta, de que la señora tenía la piel increíblemente pálida, tenía unos enorme ojos saltones, no tenía nariz y las manos empalmadas lucían unas peligrosas garras.

Casi del espanto me caigo, pero logré mantener el equilibrio y correr hacia atrás, desafortunadamente, no sin chocar con el pecho de alguien y hacer que cayera al suelo de sentón.

-¿Estás bien? -me extendió la mano.

Agh. Tenía que ser Jay.

-Sí, eso creo -tomé su mano levantandome.

Ya se me había pasado el susto.

-¿Cómo es que saliste volando hacia el cielo de ese modo? -llegó William rápidamente con su libretita y preguntas.

Aunque me hubiera gustado responder, no podía. No tenía ni idea de lo que había pasado. Puedo entender que un chorro de agua caiga del arriba hacia abajo, pero no que un brillo del suelo me saque volando hacia arriba.

-N-no lo sé...fue de lo más extraño...yo...

-Tienes suerte de no haber tocado el mar de arriba y de haber entrado en los suministros de agua -dice Oliver interrumpiendome-. Si no fuera por que la Doña Pelos estaba recolectando agua hoy para su negocio, habrías tenido una fea caída.

Me sentí esperanzado. Si alguien sabía qué me había sacado volando se ese modo, ése era Oliver.

-Pero, ¿qué fue ese brillo que...

-Dejemos las preguntas para después, ¿quieres? Ya que llegamos al pueblo, debemos comprar algunas cosas.

Y me quedé ahí, con la palabra en la boca.

Como ninguno conocía este lugar, comenzamos a seguir a Oliver a través del pueblo, lo cual nos sirvió para ver a más detalle todo. Las casas y estructuras, tenían una extraña forma irefular con cientos de agujeros, parecía que eran corales enormes, y el olor a mariscos sólo me hizo sentir más como si estuviera en el mar. Las "personas" tenían la piel muy clara, todos con ojos saltones, sin nariz y pies y manos palmeadas, pero ya más calmado, noté que tenían branquias en el cuello y sus orejas parecían estar estiradas. Lo más extraño, era que a ninguno de ellos les parecía importar nuestra presencia.

-Um, ¿Es común que los viajeros dimensionales visiten este lugar? -preguntó Kai después de un rato.

-Cristallium es muy rico en su paisaje, no es extraño que gente de fuera venga a ver las estrellas -dijo Oliver indiferente.

-¿Estrellas? -repitió Jay mirando hacia el cielo- ¿Estrellas de mar?

Oliver suspiró deteniéndose.

-Ya lo verán después. ¿Qué les parece si se quedan aquí mientras yo voy a conseguir algunas cosas?

-¿Con qué dinero? -preguntó Lloyd extrañado.

-No dije que las fuera a comprar, ¿verdad? -Oliver sonrió y se alejó caminando.

Intercambiamos miradas. A ninguno le gustaba la forma en la que hacía las cosas Oliver, ¿pero qué otra opción teníamos?

Nos sentamos en unos bancos de coral, esperando que Oliver regresara. Comencé a ver atentamente todas las "personas" que pasaban por ahí, a ninguna le importábamos, y era extraño,porque yo me sentía totalmente fuera de lugar. Los minutos pasaron, y William comenzó a hacer sus preguntas habituales.

-¡Miren quien apareció! -exclamó con molestia Jay poniéndose de pie.

Mirábamos a su direccion y vimos a Oliver llegando con tres mochilas repletas de cosas cada una. Le dio una Lloyd, una a Zane, y una a mí.

Era más mucho más pesada de lo que parecía.

-¿Quieres contarnos cómo te robaste todas estas cosas? -preguntó Lloyd con recelo.

Oliver sonrió.

-¿No te lo había dicho? Yo no robo. Esos vendedores me dieron todo con toda su voluntad propia -dijo moviendo los dedos de las manos como si estuviera acariciando el aire.

Lloyd se cargó la mochila en la espalda, molesto.

-¿Sabes? Aveces deberías intentar hacer cosas sin tus poderes -dijo y comenzó a caminar con firmeza en el rostro.

-Rubio oxigenado, ¿acaso tienes la menor idea de a dónde vas? -preguntó Oliver aguantado la risa.

Lloyd se detuvo en seco y agachó la cabeza. Zane y yo nos echamos las mochilas en la espalda y comenzamos a seguir a Oliver por el mismo camino que había empezado a tomar Lloyd en un principio.

Salimos del pueblo de las personas mutadas con peces y todo comenzó ser camino de subida por el bosque y caminos rocosos. Después de largo rato de incorrompible cansancio, miré hacia arriba, observando como el mar parecía estar más cerca, y entonces me pregunté dónde estaba el sol. Había luz, mas no sol.

Mi visión se comenzaba a tornar de colores con la diferentes flores a la orilla del camino. Sus tallos eran verdes, con unos enormes pétalos amarillos y rosados que se elevaban hacia arriba, del centro de la misma, salía una flor más pequeña por encima de los pétalos. Era extraño, era sobrenatural, y era magnífico.

-¡No puede ser! -gritó Jay como si hubiera dejado los frijoles en la estufa, corrió hasta la parte delantera de la fila- ¡SOMOS RICOS!

El grito nos había despertado a todos, (tengo que admitir que a mí me espantó un poco) y corrimos hasta donde Jay se encontraba, en cuclillas, intentando sacar un diamante de un metro de ancho cuya sola parte superior estaba desenterrada.

Era enorme.

-¡Vamos! ¡Ayudenme a sacarlo!

-¿Tienes alguna idea de cuánto pesa? -preguntó Kai con asombro sin dejar de ver el diamante.

-Debe ser como media tonelada -comenta Zane igual de asombrado.

-No es un diamante, es un cristal -dice Oliver un poco más adelante con los brazos cruzados- Y de ninguna forma lograrán sacarlo.

-¿Ah sí? ¿Y quién dijo que no? -preguntó Jay a la defensiva.

-Es su decisión: podemos quedarnos aquí a volvernos ricos (claro que, yo no lo necesito) ó, podemos seguir avanzando para evitar que Dylan llegue al medallón antes.

Entre Zane y yo, fuimos jalando de los hombros a Jay por el resto del camino, pues con cada paso, había más cantidad de cristales gigantes enterrados por el piso, de diferentes colores, todos muy brillantes y seguramente caros. Me dio un gran alivio al comprobar que ya estábamos llegando a la cima.

-¡Oh, oh, oh! ¡Mira ese Cole! ¿No lo quieres? ¡Tal vez sólo lleve unas pocas horas! -Jay no dejaba de parlotear.

Ya me tenía medio harto.

-¿Y cómo es que hay tantos cristales en el suelo, Oliver? -pregunté.

-Bueno, por una razón se llama Cristallium, ¿no?

-¿Cristallium? ¿Y por qué no Aquarium? Jaja, ¿entienden? ¡Aquarium! Jajaja ¡Auch!

Zane y yo habíamos pateado al mismo tiempo un pie de Jay y éste cayó al suelo. Ni el rubio ni yo nos detuvimos a recogerlo y seguimos avanzando hacia la cima, donde Oliver parecía estar observando la vista.

-¿Ya les había dicho que Cristallium es muy hermoso, no es así? -el pelinegro tomó una pausa- Y de nuevo les demuestro, que sí lo es.

Llegamos a la cima, tuve que parpadear varias veces para creer lo que veía. Era hermoso. Un enorme valle, rodeado por árboles de todos los colores y un centenar de cristales enormes brotando de aquí allá, con un lago en el centro teñido del rojo del crepúsculo, sin mencionar el infinito mar sobre nuestras cabezas con el que se podían escuchar los ruidos de las olas.

No sabía como ponerlo en palabras, no sabía como ponerlo en sentimientos. Era un espectáculo cautivador, todo un hallazgo de la naturaleza dentro de Cristallium.

-Jannet...

-¿Qué? -Jay volteó a verme confundido.

Los demás estaban demasiado absortos con el paisaje como para escuchar lo que había dicho. ¿Había dicho algo?

-¿Eh?

Jay me fulminó con la mirada por tres segundos, luego hizo un pedo con la lengua y sonrió.

-Nada, olvidalo.

-Dormiremos aquí, mañana ya llegaremos al amuleto -dice Oliver comenzando a bajar hacia el valle.

Cada uno salió de su asombro y comenzamos a bajar junto con Oliver.

-¡Es increíble! Si yo tuviera el Cristal del reino a mi disposición cada vez que quiera, al primer lugar que iría sería este -dice Lloyd muy animado.

-¿Qué no tienes el Cristal ahora? -pregunta Oliver con una sonrisa.

-Pues...sí, pero técnicamente está bajo la supervisión de Willy.

Volteé a ver a William, quien en vez de prestar atención a la platica estaba enfocado haciendo anotaciones en su libreta de notas. Tal vez esté describiendo el hermoso paisaje.

Para cuando llegamos al valle, el sol (donde quiera que estaba) ya se había ocultado, dejando al paisaje en la oscuridad. En realidad, por alguna razón se veía exactamente como si estuviéramos iluminados por las estrellas, pero lo único que podía ver al levantar la vista eran las olas del mar.

Nos establecimos en un pequeño claro libre de cristales gigantes y árboles de colores, y al decir "nos establecimos" me refiero a que sólo sacamos bolsas de dormir para cada uno y las acomodamos en círculo al rededor de la fogata.

-¡Vaya! ¡Dime que también tienes comida! -dice Jay con los codos recargados en la bolsa de dormir.

Oliver estaba rebuscando dentro de una mochila al lado de Lloyd, lo curioso era que nunca nos dejaba ver qué tenía adentro, y aunque era sospechoso, siempre sacaba lo que necesitábamos. Esta vez, sacó del interior dos bolsas con malvaviscos, barras de chocolate, y pan.

-¡Haha! ¡Muy bien! -exclama Jay al ver la cena.

-¡Al fin, me muero de hambre! -dice Kai pasándose la lengua por los labios.

-¿No tendrás de casualidad leche ahí metida? -pregunta Zane.

La comida se veía deliciosa, pero por primera vez en vida, me atreví a decir no tenía hambre. Sentía algo extraño, como...si algo me faltara. Estaba incompleto. Necesitaba encontrar algo, lo que fuera, lo que sea que me hayan quitado. Lo necesito.

Todos estaban con sus sándwichs de chocolate y malvavisco, todos excepto Oliver, quien sólo se los quedaba viendo como comían con los brazos cruzados, William, que sólo estaba anotando cosas en su libreta, y yo, que no tenía hambre.

-Jump, jump...¿Vo queles? -Jay me extendió la bolsa de malvaviscos.

La mire un segundo, pensando bien lo que iba a decir.

-No, gracias. No tengo hambre.

Jay apartó la bolsa, tragó la comida que tenía en la boca y me miró con recelo.

-Bien, ¿quién eres y qué hiciste con Cole?

Suspiré. No quería una de esas conversación sin sentido ahora.

-No lo sé, Jay...siento como si...

-¿No sabes quién eres ni qué hiciste con Cole? -Jay parecía sorprendido- ¿Eres un extraño con amnesia?

-Agh. No. Me refiero a que no sé lo que me pasa.

-Yo no te pregunté qué te pasa, te pregunté quién eres y qué hiciste con Cole. No me cambies de tema.

-¿Sabes qué? Olvidalo.

-¿Qué es eso? -escuché a Lloyd preguntar sin dirigirse a nadie en especial.

Todos miramos hacia donde apuntaba su dedo. Detrás de los enormes cristales plateados que nos tapaban la vista, se podía apreciar un brillo resplandeciente, justo donde se encontraba el lago.

-¡Investiguemos! -William fue el primero en ponerse de pie.

-¡No! ¡Es sólo el lago! -dice Oliver sin darle importancia- Podrán verlo mañana, si quieren.

-No sé tú, pero los lagos no brillan -dice Jay.

-Tampoco hay un mar en vez de cielo de donde vienes, ¿o si?

Lloyd se puso de pie, intentando ver por encima de los cristales, pero era imposible.

-Cuando vimos desde la cima no brillaba así -dice Lloyd.

-Es porque ya salieron las estrellas.

-¿Estrellas? -repetimos todos con asombro.

Algunos voltearon al mar de arriba, pero sin ningún rastro de algo brillante.

Oliver rodó los ojos.

-En realidad aquí no existe tal cosa como los lagos. Si el mar está arriba la lógica les dice que el cielo está abajo, ¿no? Ya, sigan cenando.

Todos estábamos con la boca abierta, incluso Will, que no había parado de escribir cada palabra que había dicho Oliver.

-¿Te puedes caer dentro de un lago de cielo? -preguntó William con sumo interés.

-No. Ahora a dormir.

-¡Pero queremos ver el cielo! -dice Jay en reproche.

-Ya lo verán mañana. Ustedes los humanos necesitan dormir para tener energía. Vamos, mañana será un día muy pesado.

-¡Pff! -Jay volvió a su saco de dormir al igual que los demás, pero no dejaba de ver los cristales enormes que había a nuestro al rededor- ¿Por qué son tan grandes?

Todos ya se estaban acomodando para dormir, excepto Oliver.

-Así son aquí.

-¿No hay más pequeños?

-¿Qué tan pequeños?

-Mm...no sé. ¿Tan pequeños que los pueda llevar de vuelta a casa? -Jay sonrió con entusiasmo.

-Hay de todos los tamaños -dijo al fin Oliver-, pero crecen muy rápido. Serías un afortunado de encontrar uno tan pequeño sobre la tierra.

-Aww...bueno, ¿y excavando?

-¿Vas a perder el tiempo excavando?

-¿Y por qué no?

Zane golpeó a Jay en la cabeza con la bolsa de malvaviscos.

-Gracias -le dice Oliver a Zane y se pone de pie-. Duerman, yo haré guardia.

El pelinegro se alejó hasta el cristal más cercano y se sentó, observando el bosque.

De repente Oliver se me hizo muy raro. ¿Había dicho que nosotros necesitábamos dormir para tener energía? ¿Eso quiere decir que él no? ¿Y de dónde saca su energía entonces? Me parece que nunca lo he visto dormir...

Pero tenía razón: necesitaba dormir, pero no lograba conciliar el sueño. Miré a los demás buscando a alguien en las mismas condiciones que las mías, pero todos ya estaban dormidos, Jay incluso estaba babeando.

Pasaron los minutos, ya había perdido la noción del tiempo, y cada vez que miraba a Oliver de espaldas me preguntaba si no estaría aburrido de estar tanto tiempo sentado ahí. Me levanté saliendo de mi bolsa de dormir, y asegurándome de que nadie me escuchara, comencé a caminar sin rumbo.

Sólo quería alejarme, sólo quería pensar.

Seguí caminando, topandome con cristales más grandes que yo a mi paso, fue entonces cuando el reflejo de un brillo me caló en los ojos. Me acostumbré a él y me di cuenta de que venía del lago, o "cielo" como Oliver lo había llamado. Me mataba la curiosidad.
Rodee los enormes cristales que tapaban mi vista, y lo que me encontré fue algo espectacular.

El "lago", de una estructura no muy diferente al humo o neblina, se encontraba ahí, como si fuera un banco de niebla de colores oscuros y rosados, con algunas partes púrpuras y otras más azules, pero todo, absolutamente todo, con estrellas flotando en medio de la espesura. Era algo extraño, era algo majestoso, era algo...único.

Me senté en la orilla, pensando si debería tocarla o no. No. Era demaciado bello, era algo, que ni siquiera las manos más limpias debían tocar.

Sólo quería observar su brillo, tan único. Era algo extraordinario, que tal vez nunca volvería a ver.

Me recline hacia atrás apoyando las manos, pero tuve que retirar la izquierda enseguida cuando sentí que había tocado algo duro. Volteé a ver el objeto, y me sorprendí como cualquier otro de que se trataba de un cristal, un cristal tan pequeño como para un anillo, brillando del color más hermoso del mundo: capuchino.

Tomé el cristal entre mis dedos, admirando ese color tan singular que sólo había visto en otro persona.

Me imaginé arrodillado frente a ella, poniéndole en el dedo anular un anillo con el mismo cristal.

Fue cuando caí en cuenta, de que había averiguado lo que tanto me faltaba, lo que tanto debía buscar y lo que tanto me mantenía despierto y sin hambre.

¿Se habría casado conmigo?








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