2: Los 8 hermanos

LLOYD'S POV

  ¿Lloyd? ¿Estás Bien?

Me dolía la cabeza, y las voces del exterior sonaban dentro de un largo túnel.

  ¿Lloyd? ¡Lloyd, despierta!

Estaba...¿inconsciente? Tenía que levantarme, tenía que abrir los ojos.

—¿Lloyd?

Las cabezas de Jay y Cole aparecieron frente a mí. No se veían preocupados o asustados, y por alguna razón eso me calmó.

Me encontré a mí mismo acostado en el suelo, un suelo frío y brillante. Aún estaba en el museo.

Me levanté con lentitud y giré mi cabeza hacia todas direcciones analizando la situación. Estábamos en el pasillo donde daban la exposición de la batalla contra los demonios, pero ahora las luces estaban encendidas y todo el público había desaparecido. En su lugar, había varios policías al rededor y el alcalde estaba conversando en el otro lado del pasillo con un hombre de cabello extraño.

—¿Te sientes bien?— preguntó Cole —Ese fue un golpe feo.

—Eh, sí.— respondí un poco dudoso —¿Qué pasó? ¿Dónde están Zane y Kai?

—Justo aquí— respondió la voz de Zane a mis espaldas.

Me giré y los vi a ambos acercarse. Kai aún parecía un poco pálido.

—¿Dónde...

—En el baño— respondió Kai adquiriendo color en las mejillas —. Yo...vomité sobre mi traje.

—Aún no entiendo, ¿qué fue lo que pasó? —pregunté viéndolos a todos confundido.

—Un robo, eso fue lo que pasó— respondió el alcalde acercándose a nosotros.

El hombre de cabello pelirrojo con forma extraña y esmoquin café lo acompañaba a un lado, pero parecía muy nervioso por como volteaba la vista hacia todas direcciones.

—¿Un robo?— repetí —¿Qué clase de robo?

—¡Se llevaron el Fangbatium Celestial!— exclamó Jay alzando los brazos.

—Ó lo que quedaba de él— agregó Zane.

—Pero ¿quién?

—Un demonio, yo lo vi— contestó Cole —pero no alcancé a verle el rostro.

Kai parecía verde de nuevo.

—¿Podemos dejar de hablar de demonios o de cualquier cosa con alas?— preguntó éste con voz nauseabunda.

—A ver Kai, ¿cuál es tu problema con los demonios?— preguntó Jay arqueando una ceja.

—Su cuerpo lo asocia con una etapa terrible— respondió Zane por él —, por eso reacciona así.

—Pues no tenemos tiempo para esto— dije —, debemos averiguar quién y por qué.

—Las cámaras de seguridad fueron cortadas— dijo el alcalde —, pero, creemos tener una pista que nos ayudará a saber por qué se robaron el liquido brillante que dejó el Fangbatium.

—Verán: los restos del Fangbatium no fue lo único que desapareció cuando cortaron las luces— dijo el de pelo extraño dando un paso hacia adelante.

—Disculpa, ¿quién eres tú?— preguntó Jay.

—William Granger— responde el alcalde poniéndole una mano sobre su hombro —, el mejor historiador de Ninjago y...mi hijo. Es joven, pero nadie como él conoce la historia de Ninjago y sus leyendas.

—Bien pero, ¿qué más se robaron?— pregunté apurado.

—Siganme— dice William y da mieda vuelta hacia la salida del pasillo.

Nos guió por varios pasillos y escaleras hasta que llegamos a un pasillo de exhibición al otro lado del museo. Al entrar, me sorprendió ver que toda la exhibición constaba de piedras talladas de jeroglíficos, pinturas en piedra súper antiguas y jarrones de color muy anticuados.

Nos detuvimos frente a un enmarcado vacío.

—Aquí, estaba tallada en piedra, una antigua leyenda en el lenguaje de nuestros ancestros; encontrada bajo tierra en una excavación del desierto de Ninjago.— dijo apuntando hacia el enmarcado vacío —Tiene..., o más bien, tenía miles de años. Era uno de los hallazgos más antiguos de este museo.

—Genial.— dijo Jay en voz alta en tono molesto poniendo las manos en las caderas —Ahora el malo tiene la leyenda y la cumplirá. Perfecto, estamos perdidos.

—¿No hay alguna forma de saber qué decía la leyenda?— pregunté a William.

—Hablas conmigo, ¡por supuesto que sí!— exclamó emocionado —Me la sé de memoria.

—Y...¿qué decía? —preguntó Cole.

—Oh, sí...— William se aclaró la garganta —"Cuenta la leyenda, que cuando el círculo de los ocho sea cerrado, un dios ascenderá por la orden de la vida y la muerte, trayendo a todo el multiverso caos y devastación hasta que la destrucción del equilibrio sea completada."

Todos nos quedamos callados sin dejar de mirar a William por si tenía algo más que decir. Pero Will sólo sonreía de oreja a oreja, muy feliz por encontrarse aquí.

—Alguien...¿alguien entendió una palabra?— preguntó Jay.

—Hijo...—el alcalde también parecía muy confundido— ¿podrías explicarnos?

—Oh. No hay explicación que dar, padre.— respondió Will y nos miró —Nadie le ha encontrado el sentido correcto a esta leyenda, pero sí puedo asegurarles que no tiene ninguna relación con el  Fangbatium Celestial.

—Si no tiene ninguna relación...entonces, ¿por qué alguien robaría la leyenda y los restos del Fangbatium?— pregunté sin dirigirme a alguien en especial.

—No lo sé— dice Jay cruzándose de brazos —, tal vez el tipo colecciona cosas de orígenes desconocidos y quería la leyenda y los restos del Fangbatium para meterlos en un frasco.

Todos volteamos a ver a Jay extrañados.

—¿Qué? ¡Hay gente con gustos raros!— exclamó y agregó — ¡Cole colecciona tapitas!

El pelinegro le dio un zape.

—Ok— regresé la vista a William —, lo primero que debemos hacer es averiguar por qué son tan importantes los restos del Fangbatium y la leyenda, tal vez así podamos encontrar una  relación.

—Bueno, yo no sé para qué servirían los restos del Fangbatium— William sonrió —, pero sí sé de otros jeroglíficos que podrían darle importancia a la leyenda anterior.— hizo una pausa —De este lado por favor.

William sólo fue hacia la pared contraria, que a diferencia de la otra, este enmarcado no estaba vacío: era mucho más grande, y enmarcado estaba una gran piedra liza con jeroglíficos y dibujos extraños.

—¡Les presento...La Leyenda de los Ocho Hermanos!— dijo presentando el enmarcado de manera dramática —Jeje, tomando en cuenta esta, entiendo por qué el ladrón se llevó la otra. Si yo quisiera algo más ligero de llevar también me hubiera llevado esa.

—¿La Leyenda de los Ocho Hermanos?— repitió Zane interesado —Jamás oí hablar de ella.

—Eso es porque es demaciado antigua— dice William —, tan antigua como la que se robaron.

—¿Y qué tiene que ver con la que se robaron?— pregunta Jay.

—Bueno, estos jeroglíficos cuentan la historia del multiverso— se vuelve a aclarar la garganta como la primera vez— Mucho antes de el inicio del tiempo mismo, la primera raza de vida en el multiverso, no eran nada más y nada menos que ocho hermanos, hijos dotados de la divinidad misma, tenían la responsabilidad de crear el equilibrio perfecto en la existencia.
Los cuatro más jóvenes y cuatrillizos, fueron dotados con los poderes elementales primarios: Fuego, Tierra, Agua y Aire; los gemelos de en medio, fueron poseedores del poder de Crear y Destruir; y los dos hermanos mayores, tenían los más fuertes de todos: Vida y Muerte.
Sus responsabilidades estaban claras, y para que hubiera un equilibrio correcto, cada hermano creó dos reinos, entrelazados eternamente como iguales. Fue así, como se crearon los dieciséis reinos que conocemos hoy en día.

—Esperen un momento— intervino Cole —, creí que el septuagésimo reino era el de los demonios.

William asintió y continuó:

»Pero, no había solamente dieciséis reinos, pues nunca imaginaron los hermanos que el propio reino en el que ellos vivían hacía un desequilibrio de fuerza sobre los demás, provocando terribles consecuencias.
Llegaron a la conclusión, de que tenían que destruir uno de los reinos que habían creado, ¿pero cuál? Toda la vida que se había creado en cada uno, la perfección y el lazo que tenían entre sí, ¿cómo un dios iba a querrer destruir algo que él mismo había creado? Fue entonces, cuando el hermano mayor, dotado del poder de la Vida, decidió que tendrían que destruir su propio mundo, en el que ellos habían crecido; pues era el único no entrelazado con otro, y sólo así salvarían a los demás.

—Pero...no lo hicieron, ¿ó si?— preguntó Jay.

»El segundo hermano mayor, dotado con el poder de la Muerte, se negó. Dijo que era una locura destruir el lugar en el que habían nacido, y que de ningún modo iba a permitir que su reino de origen fuera destruido.
Estalló una gran batalla entre los dos hermanos mayores, en la que, por tenerle piedad al otro, el hermano de la Vida perdió, y el hermano de la Muerte se apoderó totalmente de su reino de origen, prohibiéndole a los demás la entrada a su mundo.
El hermano, creó por sí mismo un nuevo mundo en aquel reino, un mundo de caos y destrucción. Creó a los demonios, y por si fuera peor, los hizo totalmente inmortales para cualquier otro que provenga de otro reino.

—Pero entonces...¿qué pasó con el equilibrio?— pregunté.

»Cuando el hermano de la Muerte se separó de los demás, el de la Vida profetizó que algún día uno de los diecisiete reinos se quebraría, y hasta entonces no habría equilibrio.
Fueron muchos los años en los que los reinos vivieron en descontrol, y el hermano de la Muerte se dio cuenta de que había cometido un error, pero se había aferrado tanto al septuagésimo mundo, que ya no pudo hacer nada para eliminarlo.

Los hermanos, se dieron cuenta de que ya no podían vagar por los mundos que habían creado siendo que eran demasiado poderosos, el equilibrio entre cada mundo se rompía cada vez más rápido. Fue entonces, que todos decidieron renunciar a sus poderes, para poder vivir en paz en sus propios mundos. Pero, si el poder desaparecía, también lo iba a hacer el equilibrio de cada mundo...así que, renunciando a sus poderes, cada uno creó un amuleto con su respectivo poder guardado, para que el equilibrio pueda prevalecer. Lo curioso es, que todos los amuletos encajan.

—¿A qué se refiere con que encajan?— preguntó Jay.

»Todos los amuletos pueden unirse, y quien posea el amuleto, poseerá el poder.
Sabiendo que era una arma peligrosa, separaron todos sus amuletos entre dimensiones, para que así nadie pudiera ser corrupto por el poder.

Pero, dice la leyenda, que los cuatro hermanos menores escondieron sus amuletos en uno de los mundos que cada uno había creado; los dos gemelos de en medio, crearon una forma de que sus amuletos no se quedaran en el mismo mundo siempre, para que así fuera más difícil encontrarlos, y los hermanos mayores, pasaron sus amuletos de generación en generación.

Cabe decir que cuando los hermanos renunciaron a sus poderes, se volvieron mortales y murió cada uno por su cuenta en los mundos que habían creado.«

—Pero el septuagésimo reino, ¿qué pasó con él y el equilibrio?— pregunté.

—Como ya sabemos— William sonrió —, la profecía del hermano de la Vida se cumplió cuando el Fangbatium Celestial cayó en el mundo de los demonios y el hijo mayor del rey, lo usó indebidamente y el reino entero colapsó. Pero eso fue hace mil años, y desde entonces, ha habido equilibrio entre los dieciséis reinos.

—¿Alguien me lo puede explicar?— preguntó Jay —No entendí, ¿qué tiene que ver esa leyenda con todo lo demás?

—Bueno— dice William —, la leyenda que se robaron dice que cuando el círculo de los ocho sea cerrado, un dios ascenderá por la orden de la vida y la muerte, trayendo a todo el multiverso caos y devastación hasta que la destrucción del equilibrio sea completada. La mayoría de los investigadores no la relaciona con esta que está aquí, pero yo creo que el círculo de los ocho tiene algo que ver con los ocho hermanos, ¿no les parece? Tal vez, hasta se trate de los ocho amuletos.

—Bien, ¿pero qué tiene que ver con el Fangbatium ó sus restos?— pregunta Jay.

—Ya se los dije: no hay ninguna relación.— contesta William.

—Pues debe haberla— dice Kai —, si se robaron ambas cosas, no me sorprendería que estén relacionadas de algún modo.

—Sigo creyendo que el liquido brillante que dejó el Fangbatium tiene más importancia de lo que creemos— dice Zane —sino, ¿para qué lo robarían?

—Bueno, yo me sigo preguntando por qué hay un demonio en Ninjago siendo que todos tuvieron que irse cuando derrotaron a Oliver— dijo Cole.

—¿De casualidad no habrá un experto en Fangbatiums que podría decir que es ese líquido brillante?— pregunta Jay al alcalde.

—Lo siento, pero nunca se ha encontrado algo que tenga que ver con el Fangbatium aquí en Ninjago.

—Pues entonces vamos a tener que encontrar la relación nosotros solos— dice Kai y nos voltea a ver —¿alguna idea?

Jay, Cole y Zane negaron con la cabeza.

—Yo no...— digo —pero creo que conocemos a alguien que tal vez sí.







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