1: Restos
LLOYD'S POV
Mientras atravesabamos la ciudad a pie, por todos lados se podían ver las botargas de demonios peleando contra otras botargas de mí mismo en la calle, niños jugando y divirtiendose, vendedores, y cada dos por tres aparecían fuegos artificiales de diferentes colores iluminando el cielo nocturno.
Jay tenía razón: desde el hospital, no se podía apreciar a lo grande la fiesta del cuatro de mayo (como el año pasado), pero esta vez, sería diferente. Esta vez, teníamos todo planeado, y absolutamente nadie estaba tan grave como para ir al hospital.
-Auch, auch, auch, auuuuuuuch...- escuché a Kai quejarse mientras ponía ambas manos sobre su abdomen.
Los cuatro nos tuvimos que detener a media calle para ver qué le pasaba. Por suerte era día de fiesta, y esta zona se había vuelto peatonal.
-¿Estás bien?- pregunté poniéndole mi mano en su hombro.
-No me digas que ya te volvió a doler- Jay puso sus brazos en jarras.
-Viejo, ¿si te tomaste tu medicina?- preguntó Cole arqueando una ceja.
-El médico me dio de alta hace tres meses- objetó Kai levantando la mirada.
-Bueno, pues parece que aún la necesitas- el pelinegro se cruzó de brazos.
Suspire.
-¿Zane?- pregunté, pues de todos nosotros él era quien sabía más de estas cosas.
-Descuida, sólo debe ser un efecto secundario.- contestó éste.
-Tal vez...deberíamos comprar un Paracetamol en la farmacia- sugerí.
-¿La farmacia?- repitió Jay -¡La farmacia más cercana estaba a cinco cuadras! Si regresamos, vamos a perder nuestra reservación. Yo digo que él está bien.
-Claro, como a ti no te dispararon con una ballesta- replicó Kai fulminándolo con la mirada.
-Por supuesto- dice Cole con recelo-, sólo nos lanzaron rayos letales. ¡Qué afortunados nosotros!
-¡¿En serio van a discutir por esto?!- me interpuse entre los dos -Ya, vamos al restaurante. Debemos comer rápido si queremos llegar al museo.
Sin más que decir, nos encaminamos hacia el restaurante. Por suerte, sólo faltaban unas cuantas cuadras.
-Descuida...- le susurré a Kai -seguro que Skylor tiene un paracetamol o algo así.
-Oh, gracias- bufó él sin mucho ánimo.
Al llegar a La Casa del Fideo, me llené de alivio que Kai hubiera insistido en sacar una reservación desde dos semanas antes, pues el lugar estaba repleto de gente tanto en las mesas de adentro como en la fila de afuera, y nosotros, aún así nos podríamos sentar en nuestra mesa favorita: la mesa número nueve.
Apenas nos sentamos, Cole pidió su comida sin siquiera leer el menú, pues ya sabía muy bien qué iba a ordenar. Los demás, si tuvimos que hacernos pelea por escoger entre tantos platillos, todos excepto Kai, quien tenía la piel un poco pálida.
-Kai, te ves terrible.- le susurré al oído.
Él tardó cinco segundos y voltear la tambaleante cabeza hacia mí. Parecía que iba a vomitar.
-Seh, sólo...es la iluminación...
-¿La...QUÉ?
Sin contestarme, volvió a girar la cabeza hacia el frente, pero apenas lo hizo, tuvo que llevarse las manos a la boca para contener el vomito.
-¿Qué van a ordenar?- preguntó Skylor llegando hasta nuestra mesa.
Kai dio otra arcada, y aún con las manos en la boca salió corriendo a toda velocidad hacia el baño.
-Ah...¿él está bien?- preguntó Skylor viéndonos a todos.
-S-sí- dijo Jay conteniendo la risa-, es sólo que te vio.
Skylor se molestó, le arrebató el menú y le dio un buen zape con él.
-¡Auch!- Jay se llevó las manos a la cabeza.
-¡No habrá servicio para ti!- le dijo Skylor -¿Qué van a ordenar los demás?
-Seis rollos de sushi avocado, por favor- dijo Cole sonriente.
-Yo voy a querer un plato de fideos, si no es mucha molestia- dice Zane sin dejar de ver el menú.
-Yo...- pensé en qué podría pedir, pero aún no había decidido -yo...voy a ver cómo está Kai.
-Dile que no se desmaye- intervino Jay -si lo hace nos vamos a perder la inauguración del museo.
-Sí, le diré.
Me levanté de la mesa y fui directo al baño de hombres. Al entrar, me sorprendió ver a Kai con la cara hundida en el lavamanos y no en el excusado como una persona normal.
-No me digas que vomitaste ahí- dije llegando a su lado.
Movió la cabeza hacia mí, esta vez a una velocidad normal. Me fulminó con la mirada un segundo, y al otro, parecía nuevamente un chico enfermo. Al menos ya no se le veía tan pálido.
-Tal vez quieras regresar al departamento -dije sonriendo-, a los demás no les va a gustar, pero puedo acompañarte si quieres. La inauguración del museo no es tan importante.
-Creí que una exhibición tuya era para que fueras.
-Sabes que a mí no me importa lo que el alcalde tenga para mostrar- hice una pausa -. Vas a necesitar que alguien te cuide en ese estado.
-Gracias Lloyd, pero...- Kai parecía verde otra vez -no...no estoy enfermo.- volvió la vista hacia el lavamanos.
Claro, no es como si se fuera a desmayar en cualquier momento.
-Kai, estás más verde que mi traje ninja- le dije con seriedad -. Creeme: estás enfermo.
-Pues yo no me siento enfermo, muchas gracias.- dijo poniéndose derecho y recobrando el color en la cara.
-Entonces, ¿qué demonios tienes?- pregunté escéptico.
-Demonios.- repitió.
Me quedé esperando alguna otra cosa que él tuviera para decir, pero sólo se quedaba ahí, fulminandose a sí mismo con la mirada en el espejo.
Estaba a punto de abrir la boca cuando él habló primero.
-¿Sabes cuándo fue la última vez que me sentía así?- preguntó sin verme.
-Ehh...
Suspiró y se llevó la mano al brazo izquierdo un poco antes de llegar al hombro.
-Cuando me mordieron, y comencé a transformarme...me sentía tan terrible como ahora- me volteó a ver -. También, cuando me atravesaste con la flecha.
A mi cabeza comenzaron a llegar un montón de ideas locas, ideas sin ningún sentido. Ideas malas.
-Kai, ¿no creerás que...
-No, por supuesto que no.- dijo volviendo la vista al espejo -Es imposible. Cuando derrotaste a Montrose, todo el poder que había adquirido desapareció con él. Así fue como nos lo contaste. Yo sólo logré sobrevivir al flechazo ya que siendo demonio me alcancé a curar a la mitad...lo demás tuvieron que hacerlo los doctores.
Me quedé callado, y agradecí que no hubiera puesto en duda ni por un segundo lo que estaba diciendo. Sí, así era como se los había contado exactamente: "El Poder de Oliver desapareció con él", sí, lo recuerdo.
Ojalá ellos hubieran podido estar conscientes después de la batalla. Sólo así, se hubieran enterado de lo que en realidad pasó. Y yo quisiera decirles, pero estoy obligado a quedarme callado.
-Bueno, sí. Tienes razón- me apresuré a contestar -. Pero si sientes dolor de nuevo, ten cuidado.
-¿Con?- volteó a verme -Ya lo escuchaste de Zane: es sólo un efecto secundario, no creo que me vuelva a doler después de esta noche- sonrió -. Lo que pasó hace un año, pasó. Ahora podemos vivir tranquilos.
-Sí, cierto...
La puerta se abrió detrás de nosotros y entró Jay corriendo, parecía muy molesto.
-Oigan, los demás ya terminaron de comer, ¿pueden apresurarse? La exhibición del museo comenzará en quince minutos- se cruzó de brazos.
-Tranquilo, tranquilo, vamos- dijo Kai recobrando la alegría y me dio un empujoncito para que saliera.
Ya no tuvimos tiempo de despedirnos de Skylor y agradecerle la comida que sólo Cole y Zane probaron. Salimos del restaurante a toda velocidad hacia el museo (no estaba muy lejos), y desde aquí ya podíamos ver la cantidad de gente que había afuera esperando a que abrieran.
-La medianoche- anunció Jay contento viendo su reloj-. Genial, justo a tiempo.
Justo en ese momento, comenzó a sonar una melodía tranquila de fondo, y un hombre de traje se puso frente al museo viendo hacia el público. La persona no era nueva para mí, pues después de la batalla, tuve que verlo por obligación cientos de veces. El nuevo alcalde Greg Granger.
-Muy buenas noches a todos ustedes...- comenzó a hablar por un micrófono -como ya todos saben, esta noche festejamos algo muy especial. Algo malo que se transformó en bueno, una muestra más de que con el apoyo y la fe, se puede hacer lo imposible.
-Pues yo no recuerdo que el gobierno haya apoyado mucho la última vez- nos susurró Jay, y no pude evitar contener una sonrisa.
-Esta noche, lo que parecía una total devastación demoniaca...¡se transformó en el día, en el que un héroe nos salvó a todos!- las personas comenzaron a aplaudir y a dar gritos de victoria -¿Y dónde está nuestro protagonista de esta noche? ¡Pasa al frente por favor, Lloyd Garmadon!
No me gustaba hacerlo, pero tuve que avanzar hacia el frente. Todas las personas me dejaron libre el paso mientras aplaudían, gritaban de emoción o me pedían mi autógrafo.
Al fin llegué al lado del alcalde.
-Bien Lloyd, antes de que la nueva exposición de abra...- me acercó el micrófono -¿quieres decirnos algunas palabras sobre lo que sucedió hace un año?
-Amm pues claro: Sé que yo derroté a Ord' Oliver Montrose, pero deben saber que nunca lo hubiera logrado sin el gran sacrificio de mis...
-¡Muchas gracias!- el alcalde apartó el micrófono -Y ahora, damas y caballeros, ¡La nueva exhibición del museo, en honor a la gran batalla que se libro hace un año! Siganme por favor- dijo avanzando con toda la gente detrás hacia el interior del edificio.
Kai, Jay, Cole y Zane me alcanzaron cinco segundos después.
-Perdonen, lo intenté- dije a modo de disculpas.
-Nah, no te preocupes- dice Jay-, si algo hemos aprendido todos estos años es que el gobierno es una bazofia.
El alcalde dio la vuelta hacia un pasillo y todos lo seguimos. Había muchas estatuas de demonios grises en pleno ataque, también muertos vivientes y en una vitrina estaban disecados garras de demonio y dos pares de diferentes alas. La estatua más grande (y al final del pasillo) me representaba a mí con alas derrotando a una versión muy fea de Oliver.
-¡Esta exhibición estará disponible al público a partir de ahora!- anunció el alcalde por el micrófono -Espero que todo aquí les sea de su agrado, pero hay...un objeto en esta sala, que ha sido considerado no sólo el hallazgo de mecánica más grande de todos los tiempos. Sino que, gracias a este aparato...comenzó y terminó la guerra contra los demonios.
Todas las personas dejaron escapar un "Wooow" súper largo.
Me pareció ver un movimiento a mi derecha y me encontré a Kai con una mano en el estómago y otra en la boca. Otra vez estaba verde.
-Estas cosas de los demonios...- respiró profundamente- no me caen muy bien.
-¡A su derecha, la pieza más importante de esta exhibición!- el alcalde señaló una vitrina aún más grande que las demás, rodeada por tubos dorados y pasamanos rojos -¡El Fangbatium Celestial!....o lo que queda de él.
En la vitrina, se mostraba el un timón compuesto por metal y tubos numerados con el propósito de retener la sangre. Yo ya conocía a la perfección aquella herramienta llamada La Imperial, pero había algo sumamente diferente: en el centro del timón, ya no se encontraba el pequeño circulo de tuercas y brillo dándole impulso a la máquina, sino que en su lugar había un enorme hueco, que había dejado las orillas doradas del timón con grietas y un líquido brillante con la misma estética que el mercurio.
-Como podrán observar, sólo quedan las sobras de la máquina que hacía funcionar al Fangbatium, pero cuando el día terminó...bueno, el Fangbatium Celestial "escapó" por así decirlo, de nuestro mundo, llendo a parar a otro reino desconocido por los siguientes mil años- explicó el alcalde-. Pero, como podrán ver: El Fangbatium nos dejó un rastro de...líquido brillante, muy parecido al mercurio, pero los científicos aún no logran descubrir qué es.
Kai lucía cada vez peor, esta vez casi estaba seguro de que iba a vomitar.
-Algo no está bien...- dijo arquenadose hacia abajo.
-¿Estás seguro que no quieres ir al...
Nunca pude terminar la pregunta.
Sin poder ver de dónde provenía, una de las personas entre el público gritó apuntando hacia arriba, pero antes de que pudiera fijar la vista hacia el techo, todo se oscureció y todas las personas comenzaron a gritar. Podía escuchar el rápido movimiento a mi alrededor y las personas comenzaban a empujarme y chocar conmigo.
Estaba a punto de llamar a los demás, cuando algo muy pesado cayó sobre mis hombros haciéndome perder el equilibrio y caer al suelo.
Era algo vivo. Pensé. Se apoyó en mis hombros para saltar.
-¡Lloyd! ¿Dónde estás? -escuché la voz alarmada de Jay a pocos metros de distancia.
Antes de poder mover los labios, una persona me pateó en el costado de la nuca intentando escapar, pude escuchar cómo se tropezó momentos después.
La cabeza me dio vueltas, y haciendo todo lo posible por enfocar mis sentidos en plana oscuridad, escuché un cristal rompiéndose antes de caer inconsciente.
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