Visita
—Y bien, eso es todo por hoy.
Al escuchar esas palabras, los alumnos comenzaron a guardar sus cosas. Era la última clase y la mayoría de los alumnos prefería salir rápido pues tenían otras cosas que hacer. Montones de tareas por ejemplo.
—Ne, Shiota-kun. ¿Podrías ayudarme con la tarea? No alcanzo a comprender del todo a este profesor —preguntó la chica de cabello castaño a su compañero de asiento.
—Claro, Tanaka-san, ¿está bien si vamos a la biblioteca? —respondió el peliazul mientras se dirigía a la puerta.
Ella respondió afirmativamente antes de seguirlo. No era la primera vez que hacía una tarea o trabajo con él, pero siempre le alegraba poder más tiempo a su lado.
Al llegar a la biblioteca buscaron una mesa libre donde poder sentarse, o por lo menos un par de asientos. Tarea imposible estando a una semana de los exámenes.
Después de dar un par de vueltas sin éxito Nagisa le propuso la única opción que quedaba.
—Entonces, ¿sería mejor si vamos a mi casa? Perderemos tiempo si nos quedamos a esperar que se desocupe una mesa —comentó una vez que se encontraban fuera de la biblioteca.
—P-por mi está bien, si... si a ti no te molesta...
Comenzaron a caminar por las frías calles de Tokyo en silencio. El apartamento de Nagisa se encontraba relativamente cerca, así que no era necesario que tomaran algún transporte.
Mientras más cerca se encontraban, más nerviosa se ponía la chica. Puesto que siempre se reunían en la biblioteca nunca había tenido la oportunidad de ir a su casa a pesar de estar tan cerca del campus.
Nagisa había sido una de las primeras personas con las que habló al entrar a la universidad, y, gracias a que compartían la gran mayoría de las clases, pronto llegó a considerarlo un amigo. No obstante, el cariño que empezó a sentir por él se convirtió rápidamente en otra cosa. Era lindo, atento, amable, servicial y muy capaz cuando se trataba de enseñar, además, a todo eso se le sumaba su apariencia: de facciones suaves, ligeramente femeninas; ni demasiado alto ni demasiado bajo, delgado, y con su extravagante cabello azul, corto y siempre bien peinado.
Debido a todo eso no era la única que suspiraba por él. Muchas chicas de su clase también habían caído en las redes de aquel chico que parecía no darse cuenta del efecto que causaba. Varias chicas del campus se le habían declarado, una más bonita que la otra, pero siempre las rechazó amablemente. Después de cierta cantidad de rechazos algunos iniciaron el rumor de que quizás era homosexual, pues era la única explicación razonable de que no estuviese interesado en ninguna chica, ya que tampoco se le había visto fuera del campus con alguien.
Pero Tsubaki no creía en aquellos rumores. Y, aunque así fuera, ella se encargaría de conquistarlo y lograr lo que nadie había logrado: llegar al corazón de Nagisa Shiota.
O por lo menos eso era lo que quería creer.
Al llegar al departamento, Nagisa se apresuró a abrir la puerta y, una vez adentro corrió a preparar un par de tazas de té y cortó también dos rebanadas de pastel. Una vez listo lo llevó a la sala, que también hacía las veces de comedor y cocina. Tsubaki lo esperaba ahí.
—Así que... esta es tu casa... —dijo ella en un intento de iniciar unas conversación.
—Esta es mi casa —confirmó tomando un bocado de su pastel.
La habitación no contaba con muchos adornos. Había una pequeña estufa, una mesa normal y una pequeña, un par de sillas y una televisión. Un poco más allá, cerca del pasillo que llevaba a lo que, creía, era su habitación se encontraba un pequeño librero sobre el cual estaban posadas algunas fotos. Desde su posición le era casi imposible distinguir quienes aparecían, pero podía jurar que Nagisa estaba en todas ellas.
Luego de terminarse el biscocho comenzaron a hacer las tareas, algo no muy complicado teniendo a Nagisa como tutor. Ya que estaba ahí Tsubaki aprovecho para que le explicara algunos que no entendía de las materias que no compartían. Durante ese tiempo Nagisa no dejaba de ver el reloj situado sobre la televisión.
En cierto momento Nagisa se levantó a buscar un libro dónde, estaba seguro, venia información detallada sobre el tema que estudiaban. Al no encontrarlo en el librero, se metió en su habitación.
Movida por la curiosidad, Tsubaki se acercó al librero en cuanto Nagisa desapareció dentro de la otra habitación. Tomó la primera fotografía. En ella se veía a un Nagisa más joven, con el cabello peinado en dos coletas siendo abrazado por una pareja que, sospechaba, eran sus padres. En la segunda había más gente. Debió ser tomada en la misma época que la anterior pues llevaba el mismo peinado. En la foto se podía apreciar una extraña criatura amarilla similar a un pulpo abrazando con sus largos tentáculos a varios chicos y chicas con uniforme, así como también a un hombre con traje, una mujer rubia y una caja enorme. Algún Photoshop, pensó.
La tercera atrajo más su atención. En ella se veía a un Nagisa sin coletas, con un uniforme diferente y ligeramente más maduro y alto que en las anteriores, sonrojado y sonriendo tímidamente tomado de la mano de una chica pelinegra que reía alegre.
Esa chica, se le hacía conocida. Debía haberla visto en algún lugar, quizás en la calle o en alguna tienda del centro comercial.
De repente la imagen hizo clic en su cabeza. Ella era... No, no podía ser, definitivamente no, debía ser alguien muy parecida, era imposible que...
—¿Tanaka-san?
La voz de Nagisa la sobresalto y casi tiró la foto. No había sentido su presencia ni escuchado ningún ruido.
—S-shiota-kun... no te escuche llegar —dijo sintiéndose culpable.
Él, en vez de enojarse o reñirla, sólo tomó la fotografía de sus manos y la colocó en donde debía ir.
—Sigamos estudiando.
Después de aquello siguieron estudiando en silencio. El libro que le prestó Nagisa venía muy bien explicado, por lo que no tuvo que pedir su ayuda en ningún momento. Apenas se atrevía a mirarlo y ni hablar sobre preguntarle por la chica de la foto.
Aproximadamente veinte minutos después, el sonido de la puerta abriéndose los sacó de ese trance.
—¡Nagisa! ¡Afuera hace demasiado frio! Necesito uno de tus chocolates calientes para...
Silencio.
La mirada de Nagisa pasaba de Tsubaki a la recién llegada. Por alguna razón el ambiente se sentía pesado.
—L-las presento. Ella es Tsubaki Tanaka-san, una compañera de la universidad, Tanaka-san ella es...
—¿Mase Haruna? —Preguntó la castaña completamente en shock— ¿en verdad eres... Mase Haruna?
Una leve risita escapó de los labios de la pelinegra.
—Sip, esa soy yo, pero como eres amiga de Nagi-kyun dejare que me llames Akari —dijo con una sonrisa mientras se sentaba al lado de Nagisa y entrelazaba sus brazo con el de él de manera un tanto posesiva.
—Vamos Akari, ya te he dicho que no me llames así —le reprochó con las mejillas levemente sonrosadas.
—Sabes que te gusta —aseguró dándole un beso en la mejilla.
Tsubaki no sabía que decir. La lengua se le había secado y pensamientos incoherentes se arremolinaban en su cabeza. Era ella. Realmente era ella. La gran actriz Mase Haruna estaba ahí, colgada del brazo del chico que más le gustaba en el mundo, llamándolo con lindos apodos y besando su mejilla como si fuese cosa de todos los días.
Era por eso que Nagisa siempre rechazaba a todas. Era por eso que nunca había dado indicios de preferir la compañía de alguien. Porque todo ese tiempo ya tenía una persona especial. Podía verlo e los ojos de ambos: alegría, dicha, serenidad. Amor.
—Y... ehm, ¿Cómo... cómo se conocieron? —aventuró, insegura de querer saber nada sobre su relación, pero consciente de que no podía hacer más.
Se miraron una vez más antes de contestar.
—En la secundaria —dijeron al unísono
La secundaria. Pero ella no estaba en la foto del librero... ¿o sí?
—Aunque preferiría no ahondar en el tema —comentó Akari.
Claro, tema privado.
Incapaz de soportar la situación durante más tiempo Tsubaki tomó sus cosas y balbuceó una excusa y una despedida, para luego salir corriendo por la puerta sin mirar atrás. Se había equivocado al pensar que podría conquistar a Nagisa. Ese pequeño encuentro se había encargado de matar todas sus esperanzas de un tiro. Nagisa Shiota era inalcanzable para cualquier chica que se atreviera a confesarse. No por la razón que todos creían. Él ya tenía a alguien.
—Me pregunto qué le sucede a Tanaka-san... —dijo Nagisa mirando la puerta por donde la chica había salido hacía unos segundos.
Akari se limitó a suspirar. Quería mucho a Nagisa, pero cuando se trataba de temas como esos no podía ser más idiota.
—En fin, ya le preguntaré mañana, ¿qué decías sobre chocolate caliente? —cambio el tema mientras llegaba de la cocina con un par de tazas. Le dio la suya y luego se sentó detrás de ella, estirando sus piernas y pasando sus brazos alrededor de su cintura.
—Decía que es la mejor y más deliciosa forma de calentarse después de un largo día de trabajo.
Nagisa dejó su taza en la mesa y giro la cabeza de Akari hacía su dirección. Luego la beso lentamente, saboreando cada parte de sus labios con gusto a chocolate.
—Tienes razón, siento que estoy entrando en calor —dijo con una pequeña sonrisa pícara un ligero rubor en las mejillas.
El corazón de Akari comenzó a latir más rápido, igual que cada vez que veía a su novio sonreír.
Si bien Nagisa podía ser un idiota, era SU idiota, y nada ni nadie cambiaría eso. Nunca.
*****
Nagisa es nuestro idiota favorito <3
Hola~ (?
No me odien por no subir el día que dije que lo haría, pero no se me ocurría como comenzarlo ):
Recuerdenme no hacer promesas ok? ok
Y recomendación!!...
Ehm... tengo sueño y no se me ocurre nada... así que les recomiendo que lean mi otra historia para quienes no lo han hecho aún UwUr
Nos leemos luego!!!
InfiniteTrigger_uw
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