Capítulo 9
Lo detestaba. No, lo odiaba. En mi cabeza solo se me ocurrían insultos o formas de asesinarlo por hacerme la vida menos soportable.
Se suponía que eran mis días libres, pero George recibió a un cliente que supuestamente era de gran importancia y quería que asistiera, a hacer mi trabajo. Era de noche y estaba en el camerino dándome los últimos retoques del exagerado maquillaje, estaba sola ya que fui la última en llegar, me levanté e intenté bajar la falda corta que llevaba puesta, no pude hacer mucho ya que se volvía a subir.
Suspiré mirándome al espejo. Solo quería acabar con esto de una vez por todas.
Al salir la música me ensordeció y las luces neón me cegaron, en la parte del medio las chicas más experimentadas se encontraban bailando en una plataforma, frente a un grupo de hombres que las veían con sonrisas maliciosas, algunos de ellos tenían a las más jóvenes sentadas en sus regazos, besando sus cuellos y pasando las manos por sus cuerpos.
El resto del lugar se encontraba vacío, al parecer era exclusivo para ellos. Sentí una mano en mi espalda y me tensé al instante.
- Ve por ellos, preciosa -gritó George por encima de la música y me volteé para encararlo.
-Esto no es justo, tenía días libres.-dije enojada.
-Nada es justo en trabajos como este, deberías saberlo mejor que nadie. Y si es por tus días libres no te preocupes, pagarán muy bien, así que las que están aquí tendrán el doble de paga.
Negué y antes de que pudiera decir algo tomó mi brazo y me llevó hasta el grupo de hombres, específicamente a uno que estaba sentado alado del que parecía el jefe. Tal vez su mano derecha.
George se acercó a mi oído -Compórtate y relájate, porque dudo que quieras que tome medidas drásticas .
Me soltó y se alejó rápidamente, dejándome frente a la atenta mirada de un hombre de unos cuarenta años. Me sentí tan expuesta con un corsé, falda, medias y tacones altos. Imposible sentirme peor.
Me miró por varios segundos, la esquina de su boca se elevó y con una seña me indicó que me sentara a su lado. Con paso lento me acerqué y obedecí, su mano no tardó en colocarse sobre la piel desnuda de mi pierna, por lo que tuve que morder mi labio para retenerme a cometer alguna tontería.
Su boca se acercó a mi cuello y su mano comenzó a subir. Apreté con fuerza mis puños cuando su lengua tocó el lóbulo de mi oreja.
-Esperaba algo mejor. Estás demasiado tensa. -Su mano alcanzó el borde de la falda- ,pero puedo conformarme y podemos arreglar lo demás.
Pasó largos segundos tonteando con mi cuello y su mano no se mantenía quieta, quería huir y encerrarme en mi habitación por el resto de la noche.
Se acomodó de forma que su otra mano quedó libre y esa la colocó por debajo de uno de mis pechos. Su cara bajó al mismo tiempo que la falda se levantó lo suficiente para que sus dedos tocaran algo de la tela interior. Mi estómago se revolvió y en el momento que su mano jaló la tira de mi interior, me levanté rápidamente sin poder aguantarlo y me dirigí a la barra sin mirar atrás, acomodando la falda.
Nunca me acostumbraría a esto, peor ahora.
-Necesito agua -le dije al nuevo barman, que durante el tiempo que había estado aquí era como el perro faldero de George, haciendo sin rechistar todo lo que él decía.
Miró por encima de mi hombro y luego me miró asintiendo. Se fue hasta la otra esquina dándome la espalda y cuando regresó puso un vaso frente a mí.
- ¿No hay botellas? -pregunté dudosa.
-No y si no te la vas a tomar, vete a hacer tu maldito trabajo. -Se encogió de hombros.
Fruncí los labios y di unos sorbos largos. Saboreé el líquido, encontrando un sabor diferente.
- ¿De dónde la sacaste?
Ladeó la cabeza-No estás en condiciones de pedir lo mejor. Deja de ser tan preguntona, la bebes o la dejas, no me hagas perder el tiempo.
Resoplé y la dejé, lo miré con frialdad y caminé hasta el camerino. No pensaba volver ahí.
Al entrar me senté frente al espejo y sostuve mi cabeza entre mis manos.
Ya no podía con esto, quería renunciar e iniciar de nuevo, pero no sola.
Una persona, específicamente un chico, estaba siempre en mi mente y el hecho de hacer lo que hago, me hacía sentir como si estuviese traicionándolo aunque no seamos nada más que amigos.
El camarógrafo acosador.
Una sonrisa tonta apareció en mi rostro y al darme cuenta la borré al instante.
No, debía enfocarme.
No ilusionarse. No tontear y sobretodo... No enamorarse.
Pero, ¿Cuánto durarían esas reglas que prometí no romper?
Sacudí mi cabeza, me levanté pero al instante que lo hice me mareé y me sostuve de la silla.
Cerré los ojos con fuerza y al abrirlos mi visión se volvió borrosa. Jadeé con incredulidad al darme cuenta de lo que me pasaba, rápidamente tomé mi mochila y caminé con dificultad hasta la salida trasera.
En el momento que toqué el cerrojo, la puerta del camerino se abrió y el tipo que me había toqueteado apareció por ella, miró por todos lados hasta que me encontró y esbozó una sonrisa que mandó escalofríos por mi columna.
-Aquí estás... No puedes simplemente dejarme así.
Me puse frente a la puerta. Tragué saliva y giré disimuladamente el pomo. -¿Qué me hiciste?
- ¿Yo? Nada. De eso se encargaron otras personas.-Dio un paso hacia mí.
Gruñí- No te acerques.
Suspiró.
-Como quisiera que así te comportes en la ca...
- ¡No soy una prostituta! -grité interrumpiéndolo.
- ¿Estás segura? -preguntó mientras daba otro paso.
Miré de reojo, buscando algo con que defenderme hasta que di con una jarra de vidrio con un poco de agua dentro, en la mesa de alado. Terminé de girar el cerrojo y lo sostuve para que la puerta no se abriera.
-Solo me encargo de entretener a los hombres.
-Pues deberías especificar -se relamió los labios -.Hay varias formas de hacerlo.
-No me acostaré contigo.
Rió sin humor - ¿Sabes? No te estoy pidiendo permiso. -Al instante caminó hasta mí y abrí la puerta por completo, lo tuve frente a mí en segundos y tomé velozmente la jarra dándole en la cabeza con fuerza.
Un gruñido salió de él e inmediatamente salí del lugar, cuando intenté correr mis piernas no respondieron por lo que me tambaleé y tuve que agarrarme de las paredes mojadas por la lluvia que me cubrió en el momento que salí.
Troté lo más rápido que pude, con mi pulso golpeando mi pecho y mis ojos ardiendo.
Escuché pisadas detrás de mí, giré mi cuello y lo vi caminando torpemente con una mano en su cabeza.
- ¡Ven aquí perra!
Tomé uno de los tacones y se lo lancé para intentar ganar tiempo, pero no le dio. Intenté con el otro y tuve la misma suerte. Mi vista empeoró e intenté correr de nuevo.
Esta vez pareció funcionar por lo que avancé con más velocidad y mi cabeza palpitando.
No me di cuenta de cuánto había corrido, no miré por donde iba, ni cuando el tipo había dejado de seguirme.
Me detuve cuando el dolor se hizo insoportable, mis rodillas cedieron, mis palmas rasparon el suelo húmedo y un pitito agudo resonó en mis oídos.
Miré a todos lados hasta que alcancé a ver una luz que cada vez se iba acercando, traté de levantarme con la poca fuerza que me quedaba y después de varios intentos lo logré, cuando lo hice la luz estaba lo suficientemente cerca para ver que se trataba de un auto. Uno que iba directamente hacia mí.
Mi corazón se detuvo. Y me quedé estática en el lugar sin reaccionar.
Cerré los ojos y mis manos se volvieron puños esperando a que lo peor pasara.
Pero no pasó.
Me mantuve con los ojos cerrados varios instantes, esperando y con miedo a abrirlos solo para darme cuenta que los instantes eran en realidad segundos.
Algo tocó mis mejillas y abrí mis párpados, encontrándome con esos inolvidables ojos.
Su boca se movía y tenía una mirada llena de preocupación. Mi corazón empezó a palpitar con fuerza y mi pecho se contrajo, el sonido se fue apartando dejándome escuchar con claridad lo que Matt decía.
- Lou, por favor di algo- Su voz sonó casi como un ruego y presionó algo dentro de mí, causando que lágrimas corrieran por mis mejillas confundiéndose con la lluvia.
Mi boca empezó a temblar y solté un sollozo. Me presionó contra su pecho y envolvió sus brazos alrededor de mí, lo apreté con fuerza sin querer alejarme de él. Sentí tantas cosas en ese momento que no podría ni describirlo.
Luego comencé a sentir mi cuerpo adormecido y mis brazos cayeron lentamente a los costados.
-Matt... -Fue lo único que logré susurrar antes de que me desplomara en su abrazo, como si se tratase de un sueño.
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