23. De nuevo en mí.




Llegamos a un pequeño restaurante de esos que abren las veinticuatro horas. Entramos en silencio. Nos sentamos y enseguida una mesera nos tomó la orden de bebidas. De nuevo solos comencé a leer los platillos, no tenía hambre, en cambio sí un sueño que me provocaba una sensación en mis párpados como de dos losas,, mis ojos ya no podían permanecer más tiempo abiertos.

Liam continuó serio mirando por la ventana, pensativo. Durante todos esos años imaginé miles de formas de terminar con esa mujer. Creé en mi cabeza situaciones torcidas y otras no tanto, donde su perfecta sonrisa desaparecía, donde ella pedía clemencia y rogaba por mi piedad, pero en ninguna de mis fantasías entraba esa expresión de él, el aturdimiento y dolor que leía sin dificultad en sus ojos rebasaba cualquier sentimiento de rencor que habitara mi alma, pues amarlo siempre fue complicado, sin embargo, algo limpio y puro. En todo ese tiempo mi sufrimiento fue lo primordial, lo más importante, pero ahora me daba cuenta de que el suyo no se comparaba. No tenía aún idea de lo que esos documentos contenían, pero evidentemente bueno no era y por otro lado, saber que quienes deberían procurar tu bienestar eran... así. Que sus intereses estuvieron en todo momento por encima de la felicidad de los seres que ellos mismos crearon. Dios, ni siquiera podía imaginarlo, yo crecí amada y a pesar de todos estos años, sabía muy bien que mamá me adoraba y que siempre haría lo mejor para mí, que yo era su mayor tesoro. ¿Cómo vivir sabiendo que quienes más te deberían amar, eran responsables de tu infelicidad?

-Aquí tienen... -puso nuestras bebidas frente a nosotros-. ¿Qué van a almorzar?

-Un plato de fruta... -pedí, sintiendo cómo me miraba molesto. Negó ansioso pasándose la mano por el cabello. No alcancé a escuchar que ordenó, porque enseguida me perdí también en la calle húmeda, seguramente llovió durante la noche y hasta ese momento, me daba cuenta.

-¿Se puede saber por qué no comes? -al escuchar su tono de reproche giré pestañeando-. Estás pálida, ojerosa, nunca te preocupó guardar la línea, lo sé. ¿Qué ocurre?, ¿es por todo esto? -me preguntó afligido. Sentía que me clavaba en la silla.

-No, bueno, en parte... Es solo que... estoy muy cansada...

-Sí... se te nota, pero... no te ves bien y a pesar de eso insistes en no ingerir más alimento.

-Liam... -fijé mis ojos en los suyos atenta, seguía triste y toda la situación lo tenía rebasado-. Yo, lo siento -su expresión se suavizó de inmediato, puso una de sus manos sobre las mías con ternura, la sensación era tan tranquilizadora.

-No tienes porqué, tú no hiciste nada... al contrario, soy yo el que no sé cómo haré para resarcir todo lo que sucedió. Pero en fin... tenemos mucho de qué hablar, sin embargo, será después de que duermas y comas. Ahora no estamos en condiciones ninguno de los dos de hacerlo. -Asentí posando la vista en nuestros dedos unidos.

-Ya te dije que debo ir con mi madre.

-Y eso haremos como yo también ya te dije, solo que será cuando estés mejor. Se quedó muy preocupada cuando te fuiste y si te ve así se alterará más -lo miré confusa ¿Cómo lo sabía?-. Nunca perdí contacto con ella, Kyana, se quedó muy nerviosa al verte ir de esa forma. ¿Cómo crees que supe dónde vivías en Monterrey?... Por fin me lo dijo. Sabe que fui por ti, sabe que estás aquí. Iremos juntos a decirle todo. ¿De acuerdo? -No lo podía creer. Asentí mordiéndome el labio, cada cosa me desconcertaba más que la anterior-. No lo hagas... No si no quieres que te bese -dejé de hacerlo de inmediato poniendo la atención en el exterior.

Comimos en silencio, estaba perdido en sus pensamientos y yo en los míos. Ya todo había terminado, jamás tendría que volver a tener miedo, sin embargo, lo tenía y la rabia aún continuaba. No quería separarme de Liam, no quería irme de Myrtle Beach nunca más, pero no podía abandonar mi vida allá; estaba mi trabajo, Santiago, ¿qué le diría a él? Por otro lado, ¿cómo podríamos reconstruir Liam y yo una vida con todo lo que sucedió en medio?, después de todo renunció a su familia por mí, algún día eso pesaría. ¿Cómo lograría olvidar el hecho de que no pude estar en la boda de mi madre, que dejé a mis mejores amigos, que no fui a la universidad que quería, que mi vida era muy diferente a lo que alguna vez planeé y soñé? ¿Cómo les perdonaría que me alejaron de mi motivo tanto tiempo, que me exiliaron de mi mundo, que él estuviera sufriendo de esa manera? ¿cómo?... Además, yo ya no era la misma, ya no era la cálida, despreocupada y fresca chica de hacía nueve años.

Comí lo más que pude del enorme plato de fruta que me sirvieron. Media hora después ya no podía más. Tres noches sin prácticamente dormir ya me estaban cobrando una gigantesca factura. En cualquier momento iba a quedar estampada en el plato. Pagó rápidamente y salimos justo cincuenta minutos después de haber entrado.

Llegamos a su casa, bajé sintiéndome ya en otra dimensión, mi cabeza estaba desconectada de mi cuerpo. No era buena para dormir, continuamente tenía problemas para conciliar el sueño, pero después de aquel año tan difícil no volví a tener tantas dificultades. Abrió la primera puerta, caminó hacia mí y me tomó en brazos sin previo aviso.

-¿Qué haces? -rezongué agradecida de no tener que seguir sosteniéndome por mí misma.

-Ya no puedes más... -argumentó subiendo conmigo por las escaleras, abrió la segunda puerta con dificultad. Sentirlo tan cerca era... relajante y estimulante a la vez. Me recargué en su hombro y rodeé su cuello con ambos brazos. Me dio un beso en el cabello al ver mi reacción. Subimos al segundo piso, entramos a una habitación que también tenía una hermosa vista al mar y me depositó cariñoso sobre la cama-. Ahora duerme... por favor -parecía un ruego. Asentí cerrando los ojos al tiempo que me hacía ovillo. De pronto mi móvil sonó, me senté con mucho esfuerzo mientras él me acercaba el bolso que dejó sobre una silla al lado de la puerta. Al ver la pantalla sentí un sudor helado; era Santiago. Liam observó mi reacción parado a los pies de la cama.

-Bu-bueno -contesté temblorosa y posando la mirada en mis rodillas que tenía flexionadas.

-Kyana... ¿Estás bien? -supuse que la manera de saludar fue lo que le preocupó.

-Sí... solo muy cansada.

-¿Segura?... No me lo parece y la verdad es que no me gusta escucharte como últimamente lo he hecho... me angustia.

-Estoy bien, Santiago... lo prometo, no te preocupes. ¿Podría hablarte después? -lo oí respirar fuertemente mientras veía cómo Liam se acercaba a la ventana, metía las manos en las bolsas de su pantalón y se perdía en el océano.

-De acuerdo, pero... ¿Segura que todo bien?

-Sí, ha sido un viaje... emotivo, eso es todo -era una maldita mentirosa. Me sentía sucia, desleal, sin embargo, ¿qué se suponía le dijera? Más aun por teléfono, ninguno nos merecíamos todo ese asqueroso embrollo.

Liam, al escucharme, se removió incómodo. Quería llorar, gritar, reír, todo al mismo tiempo. La situación era desastrosamente espantosa y yo ya no me sentía dueña de mí. ¿Cuántas veces más tendría que lastimar a inocentes?

-Muy bien... entonces descansa y háblame pronto... Te amo, no lo olvides.

-No lo olvido, cuídate... -colgué sintiéndome la peor de las mujeres. Estaba en la casa de un hombre con el que incluso ya había compartido mi cuerpo sin el más mínimo de los reparos y hablaba con el único al que le permití entrar a esa gruesa burbuja que escondía mi interior y que se dedicó meses para intentar hacerme despertar al amor, tanto que ahora era su prometida.

-¿Así se llama? -preguntó sin mirarme, su voz era lejana, ausente, me erizó la piel.

-Sí -respondí secamente. Giró hacia mí sin expresión en el rostro.

-Debes dormir... te dejaré sola -salió sin darme tiempo de decir más, cerrando la puerta. Me quedé un rato ahí, sentada, perdida en la inmensidad del mar. Me sentía absolutamente vulnerable y odiaba la sensación. Siempre me gustó tener el control de las cosas, en los últimos nueve años aún más, era una forma de sentirme segura y tranquila. Ahora de nuevo no lo perdería, no sabía en qué momento lo solté, lo cierto era que ya no estaba, se esfumó y además parecía burlarse de mí.

Me acurruqué en la cama cerrando los ojos y dejando escapar algunas lágrimas de impotencia. Necesitaba dormir, seguramente tanto tiempo sin hacerlo no me dejaba pensar con claridad.

Al despertar no supe si estaba anocheciendo o amaneciendo, lo cierto era que hacía años que no dormía sin interrupciones de pesadillas o sueños agobiantes. Me froté los ojos recordando enseguida en dónde me encontraba y lo que sucedía; no sabía si el día anterior o hacía unas horas.

Tomé el móvil que descansaba en la mesa de noche; las seis de la mañana. Guau. Dormí poco menos de veinticuatro horas. Me quedé asombrada, de verdad lo necesitaba, los últimos días fueron una montaña rusa, evidentemente me tenían al límite.

Me levanté estirándome serena, me acerqué a la ventana como si una fuerza sobrenatural me jalara allí. Alguien había corrido las cortinas y me había arropado con una frazada; enseguida supe quién y sentí una necesidad apremiante de verlo, de tocarlo.

Me amaba, lo dijo frente a sus padres sin titubear.

Con ayuda del cordón abrí las persianas. Sin poder evitarlo, solté un suspiro al ver lo que frente a mí se extendía y es que era tan hermoso, tan enigmático, tan único y en su asombrosa inmensidad se escondían los mejores momentos de mi vida, lo que más deseé, lo que soñé y lo que tanto lloré. Sonreí con nostalgia; el amanecer estaba en su mejor momento, esperé concentrada hasta que el sol hubiese terminado de salir de su guarida intentando dejar mi cabeza en blanco y solo pensar en lo inigualable que era poder presenciar nuevamente algo como eso.

Cuando la bola de fuego se ubicó sobre el mar con aquella majestuosidad que encandila, saqué mis cosas de aseo personal y fui directo el baño. Me lavé los dientes y me eché agua en el rostro. Mi cara lucía mejor, no obstante, aún estaban las ojeras aunque no tan violetas y ya no me encontraba tan pálida. Mi mirada dispersa, se centró en la regadera que se hallaba detrás de mí, sin dudarlo tomé una toalla que estaba sobre uno de los estantes cuidadosamente doblada y la abrí.

Al salir definitivamente me sentía mejor. Busqué en mi maleta algo que ponerme pues no recordaba lo que eché. Encontré unos shorts oscuros y una blusa púrpura sin mangas. Me los puse de prisa, moría por sentir la arena bajo mis pies. Me dejé el cabello suelto y abrí la habitación lentamente. Justo enfrente había otra puerta cerrada.

No me fijé en nada más porque lo único que deseaba era estar frente al tronar de las olas, así que de inmediato me dirigí hacia las escaleras. Sin hacer ruido bajé sigilosamente, no quería despertarlo. Recorrí el comedor descalza, le quité el seguro a los ventanales que daban al exterior rogando que no sonara ninguna alarma, eso sí que sería un lío y un gran bochorno también y los jalé con cuidado. En cuanto los corrí, el olor a sal inundó mis pulmones.

Salí casi corriendo, bajé el otro tramo de escaleras rápidamente, la urgencia era apremiante. En cuanto sentí la arena en mis pies cerré los ojos con infinito placer. Suspiré complacida sintiéndome serena por primera vez en mucho tiempo. Anduve sin prisa arrastrando mis pisadas y dejando huellas verticales.

Cuando quedé a medio metro de donde reventaba el agua gracias a la gravedad, me detuve. Inhalé una y otra vez disfrutando la sensación de llenar mis pulmones de esa salinidad tan maravillosa, tan única para mí. Amaba ese lugar, fue muy duro dejarlo. El ruido propio del líquido chocando con la arena era como música y lo disfruté como tal.

Evoqué sin dificultad todas las veces en las que estuve justo en ese sitio. Repasé cada cosa en mi mente, gozando la sensación de poder recordar incluso su aroma, sus labios y sus caricias sobre mi piel cuando yo aún era una adolescente. Jamás nos cansábamos de estar juntos y ese lugar en particular fue testigo de muchas cosas entre nosotros. No podía creer que hubiera hecho su casa justo ahí, que hablara español, que lo supiera todo, que fuera por mí y que yo no me hubiera resistido a ninguno de sus besos. Su cercanía era... natural... como si nueve años no hubieran transcurrido, como si jamás nos hubiéramos separado. Mi cuerpo respondía ante él sin que siquiera lo provocara, siempre fue así.

A mi mente acudió el día que comenzamos nuestra relación... Sonreí con nostalgia. Era una chica que no tenía idea del lado cruel de la vida, pero tampoco del más hermoso. Por supuesto no dudé; Liam despertaba hasta la última célula y neurona que en mí habitaba, por otro lado, él siempre se mostró tan seguro de querer estar a mi lado que me dejé llevar sin poder evitarlo.

Ahora, nueve años más tarde, su convicción parecía ser la misma, la determinación que leía en sus ojos, la firmeza de su proceder me dejaban muy claro que no se detendría y una parte de mí se lo agradecía pues mi parte temeraria ya no existía.

Bufé sintiendo cómo el aire agitaba mi cabello obstaculizándome en momentos la visibilidad. Él era asombroso, poco común, pero lo que sentíamos aún más. ¿Cómo fue que sobrevivió ese sentimiento tanto tiempo? Sobre todo en Liam, eso no lo comprendía, me parecía increíble que a pesar de que todo indicaba que jugué, que ya no lo quería, que... incluso lo hería, no me hubiese borrado de su vida. Dios, ¿por qué lo nuestro siempre fue tan profundo, tan único?

Una ola tronó más cerca mojando mis dedos. Sonreí ante la sensación. Como siempre acostumbraba, avancé hacia ella y comencé a jugar con el agua. Estaba fría, sin embargo, era refrescante, estimulante.

-Pareces un sueño -dejé de moverme al escucharlo, un segundo después giré en redondo. Me quité el cabello del rostro para poder verlo. Iba con un short sin camisa y el cabello húmedo. Parecía una deidad inalcanzable, irreal. Mi pulso se aceleró enseguida y la boca se secó. Se acercó lentamente sin despegar los ojos de los míos. Mis manos cosquilleaban, mi piel se erizaba, mis poros reaccionaban y mi interior vibraba-. Dios... cuánta falta me has hecho... -susurró a menos de un centímetro de mi boca. Un segundo después ya nada volvió a importar, salvo su tacto sobre mi piel envuelta entre sus brazos, me sentía ajena a este mundo, presa de un infinito destello multicolor que me mecía instándome a que me dejara llevar como antes, como siempre. Nos besábamos sin prisas, deleitándonos, reconociéndonos, evocando lo que fue, lo que era.

De pronto me alzó como solía dejando mis pies a varios centímetros del suelo mientras yo me aferraba a su cuello sintiendo como su lengua me exploraba con suma paciencia. No reaccioné hasta que sentí el agua fría mojando mis pies. Me separé soltando un quejido sin comprender que pretendía.

-Liam... ¿Qué haces? -pregunté mirando hacia abajo. Mis piernas estaban por encima del mar. Avanzamos sin que yo me percatara. Rio al ver mi reacción. Las elevé hacia un lado por reflejo. El agua se sentía fría. Él aprovechó para sujetarlas con uno de sus brazos sin problema carcajeándose sin más-. No. ¡Ey!, bájame... Está helada -Me aferré a su nuca dándome cuenta de que de verdad se divertía por lo que supe enseguida no me haría caso.

-Y mueres por zambullirte... -Lo miré arrugando la frente quitándome el pelo del rostro torpemente con una mano mientras seguía metiéndose en el agua sin vacilar.

-No es cierto -mentí. Comencé a sentir mojada mi espalda, forcejé sin pensarlo, pero por mucho que me esforzaba no me soltaba-. ¡Liam! ¡Ay! Me va dar pulmonía -le grité retorciéndome en sus brazos.

-No lo creo y tú tampoco, lo que pasa es que tienes miedo -No comprendí su comentario, pero no bromeaba. Sacudí la cabeza desconcertada.

-Bájame... por favor -le rogué con voz queda. Y lo hizo, el muy maldito me soltó en el agua sin más. Sentí cómo el mar me cubría, incluso el cabello ya que me sumergí sin preverlo.

Quise matarlo, en serio estaba fría, así era el mar de allí. En cuanto saqué la cabeza lo miré furiosa, él tenía las manos sobre su marcado abdomen riendo sin parar. Le aventé agua al rostro con ambas manos esperando borrar su sonrisa, no lo logré y me devolvió el gesto. Entorné los ojos vengativa y arremetí nuevamente con mayor fuerza. Sin darme cuenta terminamos en una lucha desenfrenada. El muy aprovechado aún no tenía el cabello mojado así que ese era mi objetivo, mientras él solo lograba humedecerme más sobre lo ya empapado. De repente se hundió, parpadeé mirando atenta a mí alrededor, sabía que algo haría.

-¡Sal de una vez! -Le grité aunque sabía no escuchaba.

De repente sus manos me jalaron hacia adentro sin aviso. Tragué agua nuevamente. Me estaba provocando. Comencé a luchar en su contra intentando zafarme y obstaculizándole la salida. Sin darme cuenta las risas salían de mi garganta llena de ese líquido salado que tanto adoraba. Una vez que logró que su cabeza viera el sol, me contempló maravillado. Al notar su cambio de expresión dejé de sonreír.

-No... -Me rogó tocando mis labios con las yemas de sus dedos-. Pensé que también me robaron eso, no sabes cómo las extrañé -No supe qué decir. Fue acercándose lentamente. El vaivén del océano nos juntaba sin esfuerzo. Coloqué mis palmas sobre su pecho sin perder la conexión, sus enormes manos sujetaron con seguridad mi rostro, encorvó su cuerpo como solía para alcanzarme, con su nariz acarició mi piel húmeda, mientras absorbía mi aroma una y otra vez. Me aferré a sus hombros sin cerrar los ojos ansiosa por sentirlo nuevamente. Fue moviéndose decadentemente hasta que sentí sus labios succionando uno de los míos, un segundo después viajó hasta el otro. Nuestras miradas aún seguían sin perderse intercambiando miles de mensajes que las palabras jamás comprenderían, nunca sabrían.

Dejé salir mi lengua de su guarida siendo yo ahora la que tomaba la iniciativa y acaricié sus labios con ella sensualmente. Gruñó por lo bajo sujetando mi cintura con desespero para pegarme a su ardiente cuerpo y me besó con infinito deseo, con primitiva ansiedad. Me sacó del agua en brazos mientras nos devorábamos con desenfreno. No me interesaba a dónde íbamos, no me importaba si nos estaban viendo, de hecho me daba igual si el mundo colapsaba; yo lo necesitaba, ya, ahora, me daba lo mismo si nos hacíamos uno ahí, en plena playa. Nada era más imperioso que sentirlo así de cerca.

-Dios... creo que jamás dejaré de desearte, de verdad me enloqueces -Nos encontrábamos en la que supuse era su recámara. La ropa mojada esparcida por todos lados y las sábanas completamente revueltas alrededor de nuestros cuerpos húmedos, desnudos y agitados.

Mi respiración aún no se recobraba del todo. Me tenía abrazada con mi rostro recargado sobre su pecho. Las cortinas no estaban cerradas, así que se veía todo el océano desde ahí. El encuentro nuevamente fue arrebatado, llenó de pasión y deseo. En cuanto entramos a esa habitación, nos despojamos de la ropa desesperados tanto que mi blusa terminó rasgada e inservible. Sin poder esperar ni un segundo me pegó a él y sin más terminé con la espalda sobre el colchón completamente arqueada al recibirlo como tanto necesitaba. Su invasión fue feroz, desenfrenada, mezclada con los gritos de placer que me arrancaba y sus jadeos enardecidos que solo lograban que deseara más. Enterré las uñas en su espalda exigiéndole no parar mientras él me besaba con vehemencia absorbiendo mis jadeos con absoluta posesividad. La sensación fue mágica, intensa y como siempre... perfecta. Cuando menos me di cuenta ya habíamos cambiado de posición y yo lo montaba sin reparos sobre el mullido colchón. Absorta en su mirada que jamás perdió la conexión, fui consciente de cómo mi vida de nuevo se llenaba, de cómo mi corazón otra vez bombeaba sangre con alegría hasta el último rincón de mi cuerpo. Extraviada en sus ojos grises me dejé fluir hasta ese indescriptible momento en que todas mis terminaciones nerviosas encontraron por fin el camino para explotar.

-Kya... -tomó mi barbilla para que lo mirara-. Debemos hablar con Irina, ella debe conocer la verdad -Me mordí el labio, no pudo evitar sonreír dulcemente-. No intentes distraerme, de por sí, teniéndote así no puedo concentrarme ni pensar en nada más, es mucho más de lo que me permití soñar -sonreí yo también avergonzada al escucharlo.

-Creo que... -me separé de él entendiendo a qué se refería, yo ya lo deseaba de nuevo-, es mejor que vaya a cambiarme -recorrió mi espalda con uno de sus dedos como solía hacer.

-Me parece una sabia decisión... de lo contrario te saltaré encima otra vez -sacudí la cabeza observándolo con timidez, me enrollé en la sábana, recogí lo que quedaba de mi ropa y salí de inmediato, sabía que lo haría.

Entré envuelta en una nube, no obstante, al ver mi móvil sobre la mesilla de noche, una losa cayó sobre mí. Mi gesto se endureció perdiendo cualquier atisbo de felicidad pues la culpabilidad comenzó de nuevo a corroerme sin reparos. Mis sentimientos eran encontrados. Por un lado, odiaba hacerle eso a Santiago, lo estaba engañando, no era sincera, le estaba faltando a él y a mí misma. Por el otro, me sentía más feliz que nunca, completa nuevamente, era como si el tiempo se hubiera congelado y cada vez que estaba a su lado me olvidara de todo, solo podía pensar en él y en lo que me hacía sentir.

Resoplé mordiéndome el labio un segundo después. Eso tendría que solucionarlo, pasara lo que pasara con Liam y conmigo, pues evidentemente desde el momento en que me volví a entregar a otro hombre que no era él, el compromiso terminó.

Cuarenta minutos después ya estaba de nuevo vestida aunque no muy animosa. En realidad no demoré tanto en arreglarme. Lo que ocurrió fue que intenté juntar valor para lo que faltaba, preguntándome una y otra vez por qué nada podía ser sencillo respecto a él. Desde el primer momento tuvimos que luchar por nuestro sentimiento. Cuando lo pensaba, el agobio me embargaba.

De pie en el marco de la puerta escuché ruido en la planta baja, de inmediato vi su habitación abierta. Bajé tan temblorosa como cuando salí con él las primeras veces. Sonreí al recordar aquellas épocas, seguía generando en mí exactamente lo mismo. Lo busqué con la mirada algo desconcertada; se encontraba en la cocina preparando lo que parecía ser el desayuno.

-¿Te siguen gustando los waffles? -preguntó mientras giraba uno con maestría. Caminé hasta donde se ubicaba.

-Sí... eso creo.

-Siéntate, ahora te sirvo. -Me acercó un vaso con jugo mientras me sentaba en la gran barra justo donde había un pequeño mantel. Del otro lado vi otro que supuse era el suyo.

Lo observé recordando nuestros momentos juntos en la cocina de mi casa. Nos divertíamos tanto. Le di un trago a mi bebida sintiendo mucha nostalgia. Dos minutos después me sirvió dos en un plato.

-Lo quiero limpio... sino, pensaré que soy pésimo en esto.

-Sabes que no es verdad. -Los dos nos miramos evocando lo mismo y sonreímos con complicidad.

-Aun así... por favor, cómelos -parecía preocupado por mí. No tenía un desorden alimenticio, ni buscaba guardar la línea, era solo que si bien ya no tenía el apetito de antes, en los últimos días todo se volvió un desastre y... cuando me hallaba triste o preocupada, el hambre desaparecía. Sin embargo, jamás tuve un problema por eso. Comí dándome cuenta de que en realidad sabían buenos, podía detectar la mantequilla sin problema y el sabor de la miel sobre ellos, mientras el tocino crujía en mi boca. Me los terminé sintiéndome contenta de haberlos podido disfrutar a pesar de todo lo que ocurría. Me levanté y acomodé el plato en el lavavajillas.

-Gracias... -susurré a su espalda. Él ya había terminado y tomaba café intentando no presionarme. Me sujetó por la cintura acercándome a su cuerpo.

-Es un placer... -rozó mis labios sin más para luego ponerse de pie serenamente. Acomodó su plato igual que yo y enseguida la puso a andar. Lo ayudé a recoger todo como solíamos hacer-. Vamos con tu madre... debe morir por verte -subí a lavarme los dientes y por mi bolso. Casi eran las diez. En cuanto salí del baño mi teléfono comenzó a timbrar, él también iba saliendo de su habitación. Nos miramos sin movernos, los dos sabíamos muy bien quién sería. Busqué el aparato sintiendo sus ojos sobre mí, seguía en el mismo lugar cuando por fin lo encontré y contesté.

-Hola...

-Hola, Kyana... ¿Cómo estás? -su voz era muy dulce, pero no se acercaba ni un poquito a lo que la de Liam provocaba en mis sentidos.

-Bien... Todo bien y ¿Tú?

-Extrañándote como un loco, debo contenerme para no hablarte todo el día, sé que estás muy atareada y no quiero que pienses que te acoso -Me acerqué a la ventana de mi recámara intentado evitar el gesto desencajado de Liam.

-No lo he pensado... En el trabajo, ¿todo bien?

-Sí... bueno... Ya sabes cómo es esto y sin ti... pues sí es un poco más estresante, en fin, nada que no pueda manejar. Pero dime, ¿cuándo regresas?

-El fin de semana supongo.

-Dios... En serio muero por verte, por darte un beso. Me has tenido preocupado... pero te escucho mejor -cerré los ojos recargando mi frente sobre el vidrio. Me sentía más miserable que nunca.

-Sí... Estoy bien.

-¿Y tú mamá? -otra mentira. Una rabia que me quemó comenzó a recorrer mi cuerpo logrando que todas mis extremidades cosquillearan ante la sensación.

-Bien... mejor... gracias.

-Me alegro. Te amo, no lo olvides... Maldición, tengo que dejarte, ya sabes cómo son las cosas aquí. Mañana te marco.

-De acuerdo y... no lo olvido.

-Lo sé... cuídate -colgué sin poder moverme de ahí. Las lágrimas comenzaron a emanar como un torrente que ensuciaba todo. Me sentía frustrada, molesta. Le mentí, lo estaba engañando... No se lo merecía, no él. Aventé el móvil al bolso enojada y bajé confusa.

Liam veía por la ventana con su frente recargada en su antebrazo. Tampoco lo merecía, él fue una víctima como yo, como lo era ahora Santiago, sin embargo, no podía estar con los dos. La elección no era precisamente fácil, no obstante, mi corazón ya había elegido hacía muchos años; siempre fue él y jamás dejaría de serlo. Eso no quitaba el hecho de que me sintiera rabiosa, impotente y una hipócrita.

-¿Qué piensas hacer, Kyana? -indagó sin girar. Me acerqué a la sala y recargué mis brazos en el respaldo de un sofá.

-No sé... -susurré irritada-. No sé nada, Liam. Mi cabeza es un... torbellino. -suspiró y volteó para encararme.

-Te vas a casar con él y... has estado aquí... conmigo... -no lo decía molesto, solo señalaba lo que ocurría, la verdad. Pero mis nervios ya estaban deshechos. Sentía mucho rencor y odio.

-¡¿Qué insinúas?! ¿Lo mismo de la otra noche? ¿Qué me acuesto con cualquiera?, si estoy aquí es porque tú fuiste a buscarme -pestañeó varias veces confuso. Sabía bien que no se refería a eso, pero aquellas palabras me dolieron demasiado, no lograba sacarlas de mi cabeza. Se acercó a mí negando.

-No es eso lo que intenté decir... -Me alejé sintiendo que toda mi ira contenida por años salía sin poder evitarlo.

-¿¡No!? ¡¿Tienes idea de lo que sentí cuando ese tipo me besó?! Tener que fingir por miedo... Ver tus ojos y saber que estabas desilusionado, que me creías capaz de traicionarte... ¿Tienes idea de las noches que pasé?... Te amaba, Liam, te amaba desesperadamente y sé que todo esto no es tu culpa, sé que fuiste otra víctima, pero no puedo olvidar tus palabras, fuiste hiriente, me odiabas. Así me mirabas la otra noche con esa misma rabia. Si Robert no te para... no sé qué hubieras hecho -tenía los ojos muy abiertos y me escuchaba sin poder hablar al ver que estaba rebasada por el coraje-. ¿Sabes el miedo que sentí? ¿El horror que viví? Fueron años de angustia, de querer esconderme del mundo, de no poder volver a sentir, de no poder ser feliz. No tienes idea de lo mucho que lloré -Y en ese momento lo hacía de nuevo-. Pesadillas... noches sin dormir, temiendo por la seguridad de las personas que más amaba. No pude estar en la boda de mi madre, ella jamás lo comprendió, dejé todo... ¡Todo maldición! No tienes idea del infierno que fue hacerlo -No hablaba, gritaba y él solo me observaba con miles de emociones reflejadas en ese rostro que tanto veneraba-. Y tú me preguntas qué voy a hacer -Me acerqué a su rostro sintiendo que con cada palabra me iba liberando de todo eso que acumulé durante años y que sabía tardaría también años en sacar, pero ese era el comienzo-. No lo sé, de nuevo mi vida está al revés... Te amo... jamás he dejado de amarte... pero no sé si eso es suficiente -sujetó mi cintura serio, acercándome fuertemente a su pecho de un solo movimiento.

-Eso era lo único que quería saber, todo lo demás ya veremos cómo lo solucionamos, pero no pienso dejarte ir de nuevo, no sabiendo que me amas como yo a ti, que jamás me olvidaste.

-Eso no cambia las cosas -susurré sollozando perdiéndome en su mirada dura. No me daba miedo verlo así, de hecho me daba certeza, cosa que necesitaba con urgencia.

-Claro que las cambia... Sé que tardaremos en superar lo que pasó, fueron mis padres quienes te lo hicieron y tú fuiste la más lastimada... Jamás lo olvidaré, pero no estoy dispuesto a que logren su propósito. Tú tampoco sabes todo lo que viví, lo mucho que me dolió pensar que de verdad no me amabas. Kyana, nunca bromeé, eras y eres mi vida, no te dejaré ir, no esta vez -Me besó ansioso demostrándome que lo que decía era cierto. Le correspondí angustiada temiendo poder perderlo de nuevo. Acomodó uno de mis cabellos atento-. Te amo, sé que esto no va a ser fácil, pero tenemos que intentarlo... debemos darle otra una oportunidad a esto que sentimos.

-Liam... yo... ya no soy la misma, las cosas... son complicadas -logré decir perdiéndome en su grisácea mirada...

-Sí lo eres, pasaron muchas cosas, crecimos en el camino, sin embargo, somos los mismos y lo que sentimos tampoco ha cambiado. Sé que viviste otra vida todo este tiempo, yo también, Kya. Solo déjame demostrarte que este es tu lugar, que tu sitio aún sigue aquí -sonreí tristemente al escucharlo-. Y en cuanto a que las cosas son complicadas; sé lo leal que eres y por lo mismo sé lo mucho que te está costando todo esto, pero debemos hablar y una vez que lo hagamos, decidiremos qué hacer, ¿de acuerdo? -las lágrimas no me permitían verlo con claridad, me seguía conociendo como nadie. Me besó en la frente abrazándome-. No te angusties... ya no, estaremos bien, te lo juro, haré todo para que así sea, bonita.

-No quiero volver a separarme de ti Liam, me da miedo que algo suceda de nuevo y... -logré decir contra su pecho estrujando su playera.

-Eso no pasará, no lo permitiré, confía en mí. Sé que lo mismo te dije hace muchos años, pero ya no soy un chico y sé lo que debo hacer para proteger lo que más me importa en esta vida -Sus brazos me apretaron más fuerte-. Dios, pensé que no te podría recuperar...

-Nunca me perdiste -admití llorosa, elevó mi rostro con uno de sus enormes dedos bajo mi barbilla y me besó tiernamente.

-Tuve mis dudas. Aún hay mucho que recorrer, pero creo que lo más importante ya está definido. Lo que sea lo haremos juntos, no permitiré que sea de otra manera -asentí consciente de lo que eso implicaba-. Ahora... ¿Vamos con tu madre? Porque si sigo aquí no podré contenerme, Kyana, te deseo demasiado como para mantener mis manos lejos de ti.

-Entonces... no lo hagas... -lo insté aún con las mejillas húmedas, con una enorme necesidad de sentirlo nuevamente después de mi desahogo. No lo tuve durante años y no deseaba por nada separarme de él.

-No sabes lo que dices -musitó sobre mi boca llevándome de regreso a su recámara. El deseo llegó de inmediato, como siempre, solo que esta vez fue diferente en muchos sentidos. Hacer el amor con él, con plena conciencia de mis sentimientos y de los suyos, logró que fuera un acto de absoluta entrega, con promesas, dolor y expectación que se fundían en nuestro deseo de permanecer, aun después de todo, juntos.

Nos pertenecíamos, siempre fue así. Sabía que faltaban cosas por enfrentar, pero estando junto a él no les temía, me sentía viva de nuevo. El hielo en mi interior lo derritió con solo tocarme, en unas horas me puso a vibrar como antes. Liam y yo éramos uno solo desde hacía ya mucho tiempo, jamás lo volvería a dejar.

Una hora después salimos rumbo a casa de mamá.

-No sé cómo lo tome -le confesé preocupada.

-Lo entenderá y... le dolerá, eso no lo puedes evitar -perdí la mirada en la calle.

-Liam, siento mucho todo esto -Me observó asombrado.

-¿De qué hablas? Si te refieres a mis padres... no lo hagas, lo que te hicieron no tiene nombre y el día que tú logres olvidar lo que viviste estos nueve años entonces... quizá... podré dejar de sentir esto que me quema, pero perdonarlos; nunca. Se metieron con lo que más he amado, también me destrozaron la vida al destrozártela a ti, Kya. Sin ti no sé vivir y fue tortuoso experimentarlo -Me recargué en su hombro sin saber qué decirle. Puso una mano sobre mi pierna-. Te amo... Dios sabe cuánto y solo de pensarte sola y asustada, sin nadie a quien recurrir, me dan ganas de...

-Sh, no lo digas, después de todo ya te dije que son tus padres. ¿Sabes? Creo que cuando hablaste con ellos para decirles nuestros planes, aquel fin de semana, les dejaste demasiado claro que no terminarías conmigo, ella sabía que no existía otra forma de separarnos, me lo dijo -Me dio un beso fugaz en el cabello.

-Sí... sabían muy bien de lo que era capaz por ti... Hay cosas que ignoras, al igual que yo... tenemos tiempo para hablarlas... Por ahora... -estacionó la camioneta frente a la casa de mamá y me dedicó una hermosa sonrisa-, ella debe saberlo...

Tocamos el timbre, Ralph nos abrió un minuto después. Al vernos juntos sonrió sin poder esconder su agrado.

-¡No puede ser! Esto sí que es una sorpresa. -Lo saludamos afectuosamente. Cerró la puerta una vez que estuvimos dentro observando nuestras manos entrelazadas-. No sé cómo lo conseguiste, Liam... pero... ¡Diablos! Los felicito -giré hacia el aludido, confusa, me guiñó un ojo orgulloso.

-Ralph, debemos hablar con mamá, me gustaría que estuvieras presente -arrugó la frente al notar que se trataba de algo serio.

-Sí, por supuesto. La ayudaré a bajar, regreso en un minuto.

-¿Necesitas una mano? -se ofreció Liam. El esposo de mi madre negó sereno. Al quedarnos solos sus ojos se perdieron en el sofá que solíamos usar, caminó hasta él tomándome de la mano para que lo siguiera, se sentó y me acomodó sobre sus piernas. Meneó mi cabello hacia atrás acariciándome el cuello sensualmente.

-Soñé años con volver a tenerte así -Me acerqué a sus labios y lo besé, rodeó mi cintura pegándome más. Cuando escuchamos pasos ya en las escaleras nos separamos sonriendo. Me sentía nuevamente de dieciocho.

-¿Kyana? Hija -Al verla descender los últimos dos peldaños con el brazo pegado a su pecho y los moretones que ya se veían más tenues en su rostro, sentí ganas de llorar. Me levanté de inmediato con una necesidad enorme de abrazarla, de besarla. Caminé hasta ella, Ralph se me dio paso y la ayudé a llegar a uno de los sillones-. Liam... Dios... qué bueno es verte -Se acercó a ella ya que se había acomodado y le dio un beso cariñoso en la mejilla.

-Igual, Irina, te ves mejor que el otro día, te recuperas rápido.

-Gracias, creo que tuve suerte...

-Irina, cielo. Necesitan hablar contigo -anunció su marido. Nos observó expectante frunciendo sus delicadas cejas.

-¿Están... juntos de nuevo? -Liam rodeó mi cintura mientras los dos asentíamos. Se llevó las manos a la boca asombrada y con lágrimas en los ojos-. ¡Oh por Dios!, no lo puedo creer... -Me acerqué a ella y le di un beso en la frente.

-Mamá... no es eso lo que venimos a decirte -arrugó la frente ahora realmente confusa.

-Siéntense. ¿Qué sucede? -Me acomodé a su lado tomándole la mano que no tenía lastimada. Liam y Ralph lo hicieron en el otro sillón, en el que hacía unos segundos nos besamos.

-Mamá... debes saber la verdad -giró hacia los dos hombres.

-¿A qué te refieres? -tragué saliva afligida. La adoraba, siempre fue así, no había nada que no hiciera por ella, nada.

-Desde que me fui, supiste que algo te ocultaba, siempre me lo dijiste y... bueno, me conocías y aún me conoces tan bien que no te equivocaste; tenías razón -abrió los ojos de par en par comprendiendo que iba a saber al fin lo que durante años le atormentó desconocer-. Escucha, lo que te diré no te gustará nada, así que te suplico no te exaltes, ¿sí? -asintió completamente intrigada, atenta-. Bien... ¿Recuerdas aquel... accidente que tuve? -apretó mi mano aceptando con la mirada-. P-pues, no sé cómo decírtelo. Eso que sucedió fue... provocado-. Dio un pequeño grito de asombro mirándome perpleja, atónita-. Mamá... los... -Dios, qué difícil era decirlo después de tantos años de callarlo. Giré el rostro hacia él sintiendo que necesitaba su aprobación, asintió con ternura. Resoplé-, fueron... las padres de Liam -Mamá no se movió por varios segundos, parecía no lograr acomodar aquello que le narraba, aquello que le confesaba, ni siquiera parpadeó.

-¿Qué-qué quieres decir hija? ¿A qué te refieres? ¿Por qué? Kyana, explícate... -Sus manos temblaban al igual que su labio inferior.

-Mamá, ellos... no me querían junto a él. Una semana después del accidente, aquí se presentó su madre; Samantha... -Su puro nombre aún me daba escalofríos. Comencé a narrarle todo mientras los tres me escuchaban atentos. Noté que Liam apretaba los puños hasta que los nudillos se tornaron blancos. Él no había oído mi versión de las cosas y yo aún no sabía lo que Robert le dijo. Mamá lloraba impactada e indignada mientras Ralph apretaba su hombro para consolarla, aunque también se encontraba anonadado-. Es por eso que me fui... no podía arriesgarte, no me lo perdonaría jamás. Yo... lo siento.

-Pero ¡¿Por qué?! ¡¿Cómo pudieron?!... ¿Cómo? ¡Eras una niña, mi niña! Te vi sufrir, callar. ¿Cómo no me di cuenta? Siempre supe que algo muy malo ocurrió, llegué a pensar mil cosas, esto jamás cruzó por mi cabeza, es que es abominable... -La abracé con cuidado al verla tan mal, tan frágil y tan increíblemente descompuesta, furiosa.

-No tenías modo de saberlo, yo no iba a permitir que eso ocurriera... -Se separó de mí acariciándome el rostro comprensiva después de limpiarse las lágrimas molesta, frustrada.

-Te vi mal, aún puedo recordar aquellos días... -Liam nos observaba interactuar sin moverse-. Te sobrepasó... Dios, te vi todos estos años no volver a ser la misma. Te esforzabas tanto por hacernos creer que todo estaba bien, que eras feliz y... todo por ellos... ¡Cómo se atrevieron! -bramó con ira, roja por el coraje que todo eso le producía. Miré a Liam, permanecía tranquilo, entendiendo muy bien su reacción.

-Mamá, no te exaltes. Escucha, si estoy aquí, contándote esto, es porque Liam terminó con todo. Puso en mis manos pruebas muy graves que podrían hundirlos, ellos lo saben y... jamás volverán a acercarse a mí -Ella giró hacia él con expresión fría.

-¿No tuviste idea de esta infamia todos estos años? -quiso saber estudiándolo con gesto indescifrable. Liam negó con seriedad sin perder el contacto visual.

-Sabes bien que de haberlo sabido, tu hija estaría a mi lado desde hace mucho tiempo, Irina... -Algo se decían sin hablar, algo compartían que yo desconocía. Mamá aceptó asintiendo sin dejar de observarlo, ahora con... tristeza, compasión y... admiración.

-¿Cómo fue qué te enteraste de la verdad? -lo cuestionó.

-Robert lo dijo la otra noche. Es por eso que Kya huyó y es por eso mismo que vine a rogarte por su dirección... -Guou, ¿Rogarle? Definitivamente me perdía de mucho. Mi madre se relajó de inmediato, de pronto lo observó tiernamente aunque abatida.

-Dios, Liam... No sé qué decir, te vi todo este tiempo y... jamás lo sospechamos... Es realmente lamentable que sean tus padres y nunca comprenderé cómo es que tuvieron un hijo como tú.

-Lo que soy ahora se lo debo a ella -Y me miró con devoción-. Sin Kyana jamás hubiera regresado esa parte de mí que enterré... que evadí. Así que no te preocupes, Irina, a mí lo único que siempre me ha importado es tu hija y por ella soy capaz de eso y mucho más... -Mi madre absorbió eso como si lo supiera de siempre, aun así, seguía dolida. Unos minutos de silencio transcurrieron, parecía sopesar lo que a continuación diría, de pronto viró hacia mí con una ceja arqueada y la quijada tensa; deseaba saber qué haría.

-No voy a actuar en su contra, ya no quiero más odio, más rencor. Necesito empezar de nuevo, mamá. Quiero recuperar el tiempo que perdí, sobre todo contigo, no sabes cuánto te necesité, cuanto te extrañé -Sus ojos ya enrojecidos se aguaron de inmediato, su molestia se alejó y me acercó a ella sollozando con dolor acumulado. Unos minutos después en los que el desahogo nos embargó, tomó mi barbilla limpiándome las mejillas con su pulgar.

-Mi niña, mi Kya. Dios, Dios... Pero cómo pudieron. ¿Cómo tuvo esa mujer el corazón para hacer algo tan despreciable, tan bajo? Fuiste muy valiente, no puedo siquiera imaginar lo que fue pasar por algo semejante, tan monstruoso, el miedo que sentiste, mi cielo... Te amo tanto, te juro que te amo muchísimo.

-Yo también... -susurré llorando aún.

-Odio a esa mujer con toda mi alma, quisiera que... Dios, quisiera verla en prisión... Desearía verla sufrir lo que tú sufriste, que pagara por cada lágrima tuya, por todo el tiempo perdido, por tu dolor, por tu temor -Liam mantenía la mirada gacha con sus manos entrelazadas sobre sus rodillas. Pobre, nada era fácil ya, menos para él, después de todo yo estaba recuperando todo y la luz de mi alma. Él, estaba perdiendo una parte elemental de la vida de cualquier persona: sus padres-. Pero ¿Sabes? Te admiro y... estoy muy orgullosa de ti. Enfrentar todo de la forma en la que lo hiciste habla de una mujer fuerte, Kyana, eras una adolescente y aunque comprendo el miedo que te sembró esa mujer y me duele no haber logrado llegar a la verdad; tú, mi niña, saliste adelante a pesar de toda esa abominación.

-No tenía opción... -Ella sonrió con profunda tristeza clavando sus ojos marrones en los míos con decisión.

-Sí, siempre las hay, pero elegiste a tu familia y la felicidad de Liam por encima de ti siendo aún una pequeña -giró hacia él extendiendo su mano sana aún temblorosa. Liam se acercó y la tocó culpable, el dolor que vi en esos pozos, ahora más verdes, que tanto amaba, lo pude incluso tocar-. No imagino lo que estás sintiendo, te vi tanas veces aquí... que... Dios, este dolor tú tampoco lo merecías. No sé cómo agradecerte que me devolvieras a mi hija, que la liberaras a pesar de que son tus padres. Y te diré algo, Liam; tú también tenías elección y la elegiste a ella, como ella te eligió a ti. Y a pesar de tú familia, sé que mi niña no puede tener un mejor hombre a su lado que tú.

-Gracias, Irina, sabes que aprecio tus palabras, aunque la culpabilidad reside en mi interior... Sin embargo, lo superaremos, mientras Kya esté a mi lado, eso debe suceder y haré todo para que lo logremos porque no viviré una vida sin su presencia.

-Te creo, lo sabes. Pero también debes recordar que eras un chico y si quieren comenzar nuevamente, deben dejar esto atrás por mucha rabia que todos estemos sintiendo -giró hacia mí sonriendo afligida-. Solo quiero verte feliz, mi amor y si no harás nada en su contra, lo respetaré a pesar del rencor que siento. Te entiendo, más odio no tiene sentido, ya no, lo hecho, hecho está y ahora están aquí, juntos y sé que ambos estarán bien... que lo que sienten y siempre sintieron los ayudará a superar esta atrocidad -Ralph no hablaba, solo observaba. Mi madre le tendió la mano para que se acercara. El hombre reaccionó al fin.

-Los admiro, muchachos -expresó sin poder siquiera pestañear ubicándose en la bracera a un lado de ella-. Solo porque ustedes lo dicen lo creo. De verdad me apena mucho esto que ocurrió, jamás debieron pasar por algo semejante y... gracias, Kyana, porque ahora soy consciente de que sin ti jamás hubiera podido vivir mi vida al lado de tu madre... aunque ese fue un precio demasiado alto -sonreí llorosa mientras él me guiñaba un ojo maravillado y agradecido.

-¿Qué piensan hacer? -preguntó mamá con sus mejillas húmedas. Me mordí el labio y miré a Liam. De inmediato tomó mi mano.

-Aún nos falta mucho por hablar Irina. Esto ha sido una locura, en pocas horas todo cambió... Lo que sí te aseguro es que lo haremos juntos, eso es un hecho -mientras le contestaba mantenía sus ojos fijos en los míos-. La amo, sabes que siempre fue así y no volveré a perderla, la encadenaré a mí si es preciso -sonreí al escucharlo-. No te irás de mi lado... nunca, eso es un juramento -Se llevó mis dedos a sus labios, al tiempo que me levantaba para sentarme a su lado, de inmediato me recibió entre sus brazos soltando un suspiro de alegría. El camino por recorrer aún no terminaba y yo todavía tenía que solucionar algo delicado, algo que me partía el alma concluir, pero que ya no tenía cabida en mi vida y que rogaba lo pudiera entender algún día.

Conversamos unos minutos más sobre la convalecencia de mamá sin tocar en lo absoluto ese doloroso tema, no pensaba vivir de aquel tormentoso momento. Si iba a construir nuevamente mi futuro, no sería sobre fango esta vez, si no sobre la paz y la seguridad que me daba saberme adulta, apoyada por quienes amaba y capaz de enfrentarla si era necesario. Haría lo que tuviera que hacer.

Dos horas después de llegar, gracias a los analgésicos, la mujer que adoraba, lucía fatigada. Los cuatro nos pusimos de pie de inmediato. Ralph la tomó de un brazo con esa ternura que lo caracterizaba.

-Mamá... me quedaré... Siento tanto haberme ido así el otro día, quiero recuperar el tiempo que tuve que estar lejos de ti -sonrió cansada. Acunó mi barbilla con esfuerzo.

-Claro que no jovencita, irás a solucionar tu vida, eso es lo único que quiero que hagas. ¿De acuerdo?, yo aquí estuve y estaré siempre, mi amor, además Ralph se las está arreglando solo. ¿No es cierto? -enarcó una ceja amenazante. Sonrió sacudiendo la cabeza.

-Sí, por supuesto -respondió de inmediato ante la presión. Me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla, de inmediato pegó su frente a la mía.

-Hay tantas cosas que ahora tienen sentido, mi Kya. Eres extraordinaria, hija, jamás lo dudes, siempre lo he creído, mi amor, pero ahora lo corroboro. Ve y vive, mi cielo, te lo mereces y es lo único que quiero que hagas de ahora en adelante. Vivir.

-Gracias, mamá -Me separé cuando me dio un dulce beso de despedida-. Vendré mañana -era jueves, al día siguiente cumplía una semana de haber llegado y habían pasado tantas cosas, que mi cabeza era un torbellino. Se acercó a Liam de pronto.

-Cuídala, sabes bien que es lo que más quiero en el mundo.

-Esta vez sí lo haré, Irina... Te lo juro -Mamá besó su frente cariñosa.

-Te creo y... no te responsabilices, tú eres un maravilloso ser humano y un buen hombre, te conozco y es una pena que ellos no lo sepan valorar, pero yo sí y aquí tienes también una familia -Le guiñó un ojo y caminó con la ayuda de su marido escaleras arriba. En cuanto estuvimos solos me abracé a él elevando mi cabeza para poder verlo.

-Llego el momento de hablar... -susurró besando mi cabello. Pegué mi mejilla a su pecho absorbiendo su inigualable olor. Disfrutaba de tenerlo así, para mí; sintiendo su tensa espalda bajo mis palmas y más aún sus brazos envolviéndome como solía hacer hacía nueve años.

-Ya sabes que te amo -musité en un suspiro. Elevó mi barbilla con su dedo índice torciendo su asombrosa boca en una preciosa sonrisa sensual.

-Y me mata que me lo digas... Pasé noches enteras rogando porque algo así sucediera y ve... estás aquí, conmigo y es por eso que debemos hablar... -tenía razón, después de la rabia que dejé salir por la mañana me sentía un poco mejor, aun así, todavía existía mucho más en mi interior removiéndose, me encontraba llena de recuerdos dolorosos y momentos interminables de angustia y sobre todo; yo deseaba saber qué fue de él todo ese tiempo, por no mencionar, que debía romper un corazón para terminar de sanar el mío y eso era lo único que no me dejaba ser completamente feliz.

-Está bien... pero me dirás tu parte.

-Lo prometo -Ralph bajó a despedirse un instante después y salimos de la casa con nuestros cuerpos bien entrelazados.

No podía creer todo lo que ocurría, ni siquiera podía creer que fuera real, que de verdad me estuviera ocurriendo a mí, eso era mejor que un sueño, era mi futuro.

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