10. Nuestros planes.



Hablé con papá, como cada domingo. Nuestra relación en general, y más los últimos años, se limitó a llamadas por teléfono. Mantenía una excelente comunicación con mamá, siempre se hizo cargo de mí, pero no nos veíamos con frecuencia. Me informó que pasaría por el condado. Iría a Florida por algo de trabajo, deseaba desviarse para saludarme.

Llegaría el viernes siguiente a la casa para poder pasar unas horas conmigo y darme mis presentes navideños. Sabía que yo en esas fechas no me despegaba de mi madre. Mis abuelos a veces iban a California o si no, pasábamos las festividades con amigos. Para mamá su trabajo esos días era muy pesado y no podía alejarse de la agencia. Tenía que verificar que sus proyectos salieran perfectamente. Por lo mismo Nochebuena la pasaríamos en casa junto con Ralph.

La semana pasó sin darme cuenta, los exámenes me mantuvieron entretenida, ocupada y atareada. Ya saben, por muy enamorada que estuviera la obligación era vital para mí, así que estudiábamos juntos. Sus entrenamientos fueron cortos debido a las pruebas. Emma y Annie pasaban cada vez más tiempo con Kellan y Luck, independientemente de nosotros. A veces los seis nos sentábamos en la cafetería juntos, y otras ellas se iban con Max y el resto. En las clases ya todos me hablaban como antes, pero cuando estaba con Liam era diferente, nos ignorábamos.

Viernes, mi novio me llevó a casa al terminar las clases. Me ayudó a hacer de cenar como siempre que tenía tiempo y conversamos en la terraza exhaustos por la semana.

—¿Te quedas?

—Tu padre va a llegar, ¿no prefieres estar sola con él? —¡Maldición! no recordaba que iría ese día.

—De verdad —sonrió divertido ante mi falta de memoria, eso no era común en mí—. Pero no sé a qué hora llegue... —señalé indiferente.

Acarició mi cabello acomodándolo.

—Sabes que no tengo problema en quedarme aquí, eso es lo que siempre quiero, pero mejor me voy y más tarde regreso, ¿te parece? —hice un pequeño mohín. Se levantó y me arrastró a regañadientes hasta la puerta—. Kya, es lo mejor...

—Quiero que te conozca —le rogué con la mirada, no quería ceder aun sabiendo que iba a perder.

Me dio un beso sonriendo.

—Kyana, deja de hacer esa carita, me haces reír y menos quiero irme. Llego a las ocho, ¿de acuerdo? —asentí todavía con mi puchero. Tomó mi barbilla, contento—. Si sigues me vas a convencer, sabes que no me resisto a ti —me dio un beso que me dejó mareada por la intensidad, aprovechó mi aturdimiento y desapareció.

Al segundo me llegó un mensaje.

«Te amo... suerte. Háblale bien de tu novio a mi suegro».

Iba a responder cuando el teléfono sonó, dejé el móvil sobre la mesa y contesté. Era papá, venía junto con mi madre rumbo a la casa.

—Kyana, hija —bajé de prisa y en cuanto me vio, me cargó feliz. Era un tipo grande, guapo y con figura atlética, ya tenía unas cuantas canas más. Se veía feliz de estar ahí.

—¡Qué gusto verte! —me depositó en el suelo y saludé a mi madre mientras ella me abrazaba con orgullo—. Kyana, estás hermosa, cómo pasa el tiempo... —sonreí sin poder evitarlo. Siempre fue muy afectuoso conmigo, debido a la distancia y nuestras vidas tan diferentes, no sabíamos mucho el uno del otro.

—Verdad que sí, es una jovencita preciosa, hicimos un buen trabajo, Leonardo —ambos me veían embelesados. Pestañeé arrugando la nariz. ¿Qué era todo eso?

—¿Quieren ir a cenar? —soltó mi padre de pronto. Siempre nos incluía a las dos, ellos eran una especie de buenos amigos, me costaba trabajo imaginarlos casados y enamorados.

—Mejor aquí, hice la cena —me mordí el labio. Mamá me observó riendo al darse cuenta de que olvidé su visita.

—Me parece una mejor idea —le quitó a mi papá su pequeña maleta y su portafolios, para acomodarlos junto a las escaleras.

—Está muy bonita la casa, Irina —veía todo aprobándolo mientras rodeaba mis hombros. Nos dirigimos al comedor y él ayudó a mamá a servir la cena. Yo los veía sentada desde mi lugar, ideando la mejor manera de hablarle sobre Liam.

—Y dime, Kyana, ¿cómo te has sentido aquí? Sé que no son tan fáciles y debió ser muy duro el cambio.

—Bien, papá... La verdad todo ha ido genial...

—Es agradable Myrtle Beach, aunque no tan grande como Los Ángeles y obviamente con menos movimiento.

—Sí, es diferente —Mamá me lanzó miradas divertida. Soy de pocas palabras, ¿lo recuerdan?, pero además estaba el hecho de que sabía que llegaríamos al punto «novio» en algún momento y eso entumía mi lengua.

La conocía, no podría aguantarse mucho tiempo más en hablar sobre mi relación con Liam, así que tendría que hacerlo pronto. Por otro lado, sentía una enorme necesidad de que se conocieran, aunque la pura idea me ponía bastante nerviosa.

El resto de la cena hablamos de muchas cosas; su esposa, mi media hermana Carla que ya tenía trece años, el trabajo de mi madre, su trabajo, mis estudios y mis amigos. Mi madre preparó café y continuamos ahí haciendo sobremesa.

—Y dime, Kyana, ¿sigues sin... novio? —¡Ahí estaba al fin la pregunta esperada por mi madre! Sorbió de su café evaluando mi reacción. Mis mejillas se enrojecieron de inmediato y la miré buscando su ayuda, por supuesto no me hizo caso. ¡Maldición!

—Pues... no... —tartamudeé. Miró a mamá asombrado. Ella solo alzó las cejas asintiendo.

—¿De verdad?, ¿desde cuándo? —comencé a jugar con el asa de mi taza, el café no era mi bebida preferida, pero en ese momento sabía que lo necesitaba.

—Hace unos meses... —me moría de vergüenza.

—Rápido, ¿no? —parecía desconcertado.

—No le digas nada, Leonardo, no ves que parece una cereza —¡Qué simpática! Tuve que contener el impulso de sacarle la lengua como una niña de tres años. Él asintió y tomó mi mano sonriendo.

—Lo siento, hija, me pongo un poco... celoso. Tú siempre vas a ser mi «chiquita». Kyana, solo quiero lo mejor para ti y ahora que te veo después de tanto tiempo, así, tan grande, tan... mujer, bueno... me pongo un tanto aprensivo.

—Lo sé, papá, por eso quiero que lo conozcas —me miró sorprendido.

—¿Va venir?

—Sí, casi no te veo y él es muy importante para mí —volvió a ver a mamá sin saber qué más decir.

—Te va a caer bien, Leo. Es un muy buen muchacho, estudian juntos y no pueden despegarse... —entorné los ojos dedicándole una mortífera mirada, se estaba luciendo y disfrutando mucho de la situación— ¿Qué, Kya? Es la verdad. Ya lo verás, Leonardo, sabrás que no miento y a lo qué me refiero —quería matarla, de hecho así lo haría cuando estuviéramos solas.

—¿Y a qué hora conoceremos a este novio tuyo? —se hallaba recargado en el respaldo de su silla con la pierna cruzada, evaluándome.

—Pues... —ojeé el reloj: las ocho.

El timbre sonó como si lo hubiese invocado.

—Apuesto a que es él —dedujo mi madre divertida. Mi padre se irguió en ese instante adoptando una postura más formal, como la de un padre de principio de siglo, casi suelto la carcajada. Corrí, prácticamente, a abrirle, dejándolos en el comedor.

—Hola... —iba recién duchado, traía un jean que le quedaba de maravilla, junto con una playera color miel de manga larga y un chaleco grueso café oscuro. Me quitaba el aliento. Curioseó hacia dentro ansioso.

—¿Ya llegó? —asentí mordiéndome el labio. Acunó mi barbilla y rozó mis labios—. Por favor, por favor, hoy no hagas eso, sabes que no logro resistirme, Kya —afirmé de nuevo muda—. ¿Le hablaste de mí?

—Un poco.

—Y, ¿sabe que vendría? —enarqué una ceja divertida al darme cuenta de que estaba tan nervioso como yo.

—Sí y te está esperando... —le dije con un tono muy solemne.

—Estás gozando, ¿no es cierto? —le importó poco que mis padres estuvieran a unos metros tras las escaleras en el comedor, rodeó mi cintura pegándome a su cuerpo enorme y cálido.

—Solo un poco... —acepté riendo, bajito. Me besó sacudiendo la cabeza. Sus ojos chispeaban y con lo que traía puesto se veían más verdes que grises.

—Eres malvada —sujetó mi mano aspirando dramáticamente, un segundo después llenó de aire sus pulmones y avanzamos.

Al verlo, se levantaron de inmediato.

—¡Hola, Liam! —lo saludó mamá, dándole un beso de bienvenida.

—Buenas noches, Irina —apoyé mis manos en el respaldo de la silla que estaba ocupando apenas hacía unos minutos.

—Liam, él es mi padre: Leonardo... —Papá hablaba inglés con fluidez, por lo que de inmediato lo usó. Se dieron un apretón de mano con mucha formalidad. Mi padre parecía asombrado, supuse que el tamaño de mi novio lo logró descolocar un poco; era grande, fuerte, uno noventa y cuerpo bien torneado a causa de tanta ejercitación, definitivamente un chico que ha practicado mucho fútbol americano.

—Hola, Liam, ya había escuchado de ti...

—Mucho gusto, señor, espero que cosas buenas... —mi papá lo invitó a sentarse con parsimonia. Yo me sentía un tanto incómoda. Presentar a mi novio no era algo que figuraba en mis planes de hacía unos meses; sin embargo, ahí estábamos, mi familia y él, sentados en la misma mesa, representando lo que nunca había tenido ni la menor intención de hacer.

—Y que lo digas, creo que te has ganado a las dos... —Mamá le guiñó un ojo con complicidad.

—Gracias —Liam tomó mi silla, la hizo hacia atrás para que yo me acomodara primero y luego se sentó a mi lado, sujetando con ternura mi mano; gesto que no pasó desapercibido para mi padre. Me mordí la lengua y continué con mi talante formal.

—¿Sabes, Leonardo? Liam es el capitán de fútbol americano de la escuela —Mamá intentó romper el hielo, sabía que con eso lo lograría. Él era aficionado a ese deporte, aunque no comprendía muy bien el porqué, ya que en México el fútbol es lo que suele seguir la gente, de lo que se conversa todo el tiempo.

Pronto se enfrascaron en el tema. Ambos parecían muy cómodos y relajados. Mi madre opinaba de vez en cuando, ambos la escuchaban atentos y luego continuaban.

—Y dime, Liam, ¿qué piensas estudiar? Digo, con el fútbol tienes beca donde quieras... más siendo el capitán y con los números que tienen —y era cierto, pero ninguno de los dos habíamos tocado ese tema, ya que iba implícito demasiado sufrimiento con el simple hecho de pensar separarnos.

—Algo que tenga que ver con economía, estoy decidiéndolo —lo miré confusa. Sabía que sus padres querían que estudiara ciencias políticas, igual que su hermano.

—Sí, ya tienen el tiempo encima. Kyana irá a la universidad de California ¿no es cierto? —y era verdad, pero antes de conocerlo. En ese momento no quería pensar en eso. Liam me dio un leve apretón de mano al ver que no sabía qué contestar—. ¿A ti a dónde te gustaría ir? —La silla comenzaba a incomodarme, por lo que sin poder evitarlo me moví de posición una y otra vez.

—Tengo muchas opciones, señor, pero si ella va ahí, probablemente yo también. Lo que quiero estudiar puede ser en cualquier sitio y ya he investigado, no tendré problemas para ingresar si elijo esa —Papá abrió la boca desconcertado. Eso no se lo esperaba. Bueno, ni él, ni yo, así que al escucharlo me perdí por un segundo en sus ojos sintiendo la certeza de que lo haría. Liam me seguiría.

—Bueno... Leonardo... no los agobies —mi padre la observó perplejo, mudo—, mejor dinos, ¿saldrán estas vacaciones a algún lado? —solté lentamente el aire dedicándole especial atención a su posible respuesta. La venganza contra mamá desapareció justo en ese instante.

El resto de la noche fue más fluida. Aunque papá nos veía una y otra vez de una manera extraña. Prácticamente no nos tocábamos, nos estábamos comportando a la altura, eso sí Liam me miraba una y otra vez sonriendo y no me soltó la mano ni un segundo, pero eso no tenía nada de raro, ni de malo ¿no?

Al final todo salió mejor de lo que imaginé. Me sentí aliviada.

—Ya es tarde, creo que lo mejor será que me vaya... —mi novio se levantó sonriente—. De verdad fue un placer conocerlo... —ambos se dieron de nuevo la mano.

—Lo mismo digo, Liam —se despidió de mamá y huimos de ahí.

—Todo salió muy bien...

—Sí, aunque casi le da algo cuando dijiste lo de la universidad.

—Mañana hablamos sobre eso, pero debes saber que es totalmente cierto, yo a ti te seguiré al fin del mundo, Kyana Prados... —lo tomé por el chaleco y lo besé ansiosa—. Me encantas y tus padres también... Ahora siento que te conozco completa... —no supe qué responder, yo aún no conocía a los suyos y sabía que pasaría mucho tiempo antes de que eso sucediera. Notó la sombra que rondó por mi mente inmediatamente—. ¡Ey! Créeme cuando te digo que no te pierdes de nada. Yo soy todo lo que tienes enfrente y me conoces mejor que yo a mí mismo. Así que... no me veas de esa forma, no voy a permitir que te lastimen... —asentí intentando sonreír— Te amo...

—Te amo, Liam.

—Lo sé, nos vemos mañana, ¿de acuerdo? —me atrajo a su pecho soltando un suspiro.

Cuando se fue cerré la puerta despacio, recargué mi cabeza en ella un minuto permitiendo que su aroma se fuera diluyendo. Un minuto después regresé al comedor más relajada. Escuchar mi nombre en la voz de papá, con un tinte de angustia, logró que me detuviera en seco justo poco antes de que me vieran.

—Irina, no es normal, no me gusta que todo esté tan... formal. Aún son muy jóvenes... llevan muy poco tiempo, es su primer novio. ¡Por Dios! —mi padre sonaba ansioso. Me mordí el labio, pestañeando. ¿Por qué tanto alboroto?, ¿qué el amor no era así?

—Lo sé, a mí también me asombra. Con el tiempo lo he ido entendiendo, ahora creo que si tú y yo hubiéramos sentido una cuarta parte de la intensidad de ese sentimiento probablemente todavía estaríamos juntos, Leonardo... —ella sonaba conciliadora, aun así, no pude acercarme, no sabía que mamá también lo creía. ¿Tenía algo de malo lo que estaba viviendo, lo que sentíamos?

—Es justo lo que me preocupa, es su primer amor, la primera ilusión y... parece que será el último. La mira de una forma, ¿viste cómo sujetaba su mano? No sé, es como si ese chico supiera que es la indicada. Me desconcertó mucho...

—Leo, tranquilo, no te preocupes. Te prometo que sé muy bien de lo que hablas... pero ellos son felices. Él hace todo porque ella esté bien. No tengo ninguna queja sobre su conducta. Además, nuestra hija siempre ha demostrado ser madura, mesurada, juiciosa, algo así tenía que suceder... Creo que de verdad... «se aman», eso es todo. A pesar de su corta edad su sentimiento es muy profundo. No hay nada más qué hacer, debemos apoyarla, confiar en ella —Las manos me sudaban. ¿Cómo entraría de nuevo ahí?, ¿por qué lo que sentía por mi novio era tema de conversación entre ellos, peor aún, por qué los preocupaba?

—Tienes razón, soy un poco protector. Es solo que estoy seguro la seguirá, irá a donde Kyana vaya, bastó ver cómo la miró para asegurarlo...

—Leonardo, Liam la seguirá y si no ella a él —decidí que ya era momento de interrumpirlos, no quería seguir escuchando su debate sobre lo que sentían por mi novio, no era cómodo. Cuando entré los dos se miraron fingiendo no estar hablando de nada serio. Embusteros.

—Ya se fue Liam, ¿Kya? —Asentí intentando sonreír, sin embargo, sus palabras daban vueltas en mi cabeza—. Se ve un buen chico, hija, me da gusto verte contenta... —no estaba muy segura de eso, sabía que no quería verme infeliz, pero lo oí muy preocupado—. Voy por tu regalo, bueno... por nuestro regalo —desapareció, aproveché para observar a mi madre entornando los ojos, sonreía feliz. Papá entró con un sobre en la mano.

—Toma, hija —lo agarré desconcertada y estudiándolos.

—¿Qué es esto?

—Ábrelo y sabrás... —despegué el extremo superior y saqué unos papeles que venían dentro. Al leerlo me quedé pasmada.

—No puede ser... ¡me compraron un auto! —Mamá aplaudió emocionada. Me levanté de la silla y los abracé a los dos—. ¡Gracias, guau, no lo puedo creer!

—Creemos que eres muy responsable y que te has adaptado a todo sin chistar, así que... es una forma de reconocértelo —estudiaba la factura del coche una y otra vez.

—Te va a encantar, mañana nos lo traen. No es del año, pero está impecable.

—No podré ver tu rostro, hija, espero que lo disfrutes mucho —rodeé de nuevo con mis brazos a mi padre agradeciéndole mil veces. Luego me dirigí a mamá e hice lo mismo.

—¡Muchas gracias a los dos! —elevé una mano solemne—. Prometo que no tendrán ni una queja —Ambos rieron divertidos.

Mi padre durmió en un hotel cercano y partió temprano. Liam me habló alrededor de las diez y por supuesto le informé sobre mi fabuloso regalo, emocionada.

—Es una noticia genial, Kya.

—Lo sé, no lo puedo creer, lo trajeron hace un rato, ya lo manejé... me encantó...

—Cuando vaya me tendrás que mostrar tus habilidades para conducir —no pude ignorar el tono de reto con el que hablaba.

—Te sorprenderás, después ya no querrás subirte con nadie más...

—Eso te lo garantizo sin verte hacerlo, no quiero volver a subirme con nadie más, nunca... —mis pies de nuevo se despegaron del suelo. Era tan tierno, su voz se tornaba diferente cuando me decía cosas así, empleaba un tono muy peculiar que hacía las mariposas dentro de mí se pusieran más frenéticas.

—Ni yo...

—Más te vale... Te amo...

—No es justo que siempre lo digas primero... —me quejé caprichosa. Dejé de observar mi coche por la ventana, de pronto ya no era tan importante. Caminé hacia mi recámara, me acerqué a la mesa de noche y tomé una foto en la que salíamos juntos en Georgetown en algún museo; nos mirábamos perdidos uno en el otro. La conversación de mis padres regresó a mi cabeza. De verdad nos amábamos y el sentimiento era maravilloso.

—Me gusta que así sea... Pero ¡Ey!, hay que celebrar, vamos a cenar, comida italiana, tu preferida... —La idea me pareció estupenda. Cualquier pretexto para estar con él era magnifico.

—Sí, me encanta la idea...

—Perfecto, paso por ti a las cinco, recuerda que me tienes que mostrar lo bien que conduces... —ahora reía burlón.

—Te dejaré helado. Aquí te espero, hoy irás de copiloto.

—Tú mandas como siempre. Te veo al rato, Kya —cuando colgué, hablé con Jane, estaba con Raúl y ambos se pusieron felices con la noticia. Mantenía contacto con ellos cada vez que podía, si no hablábamos por teléfono, nos escribíamos mails o mensajes. Ya planeábamos que pasaran unos días de vacaciones aquí para que conocieran mi nuevo hogar.

Liam llegó a la hora estipulada. Lo arrastré hasta el auto, le abrí la puerta del copiloto y con un ademán le pedí que subiera. Hizo una mueca no muy convencido, lo fulminé con la mirada.

—Liam... ¡Sube ya! si no juro... —no dejó que continuara, me besó.

—Está bien, pero antes, ¿puedes prometerme algo?... —puse los ojos en blanco.

—¿Qué? —me sujetó por la cintura suavemente y pegó su rostro al mío, sentía su aliento sobre mí.

—Serás precavida... —asentí molesta por su falta de confianza—. Sé que puedo sonar exagerado, pero debes recordar que mi corazón lo dejo contigo siempre, solo cuídalo, no soportaría que te sucediera algo, se rompería en mil pedazos y para ser sincero, lo quiero bien sano en mi pecho —Okey, hiperventilaría. Ese chico era poeta lo juro y yo que no lograba pasar del típico «yo también». Frustrante... No bromeaba, lo veía en sus ojos, sonreí olvidando mi enojo y rocé sus labios.

—Lo prometo, sabes que el mío es tuyo, no lo olvides... así que lo mismo te pido.

—Lo juro... —le demostré que sabía perfectamente lo que hacía. Él brincaba de estación de radio en estación, distraído, y cuando encontraba una buena canción me miraba sonriendo.

—Es increíble, pero te ves muy sensual también al volante... —¿En serio?, para él todo lo que hacía era «sensual o hermoso». Le di un pequeño golpe en el pecho.

—Basta, deja de fantasear y decir embustes, me distraes —alzó las manos riendo a carcajadas.

—Ya, de acuerdo, aunque no fantaseo, es la verdad, tenía que decirlo... —acarició mi nuca mientras veía por la ventana.

La última semana de clases fue mucho más relajada que la anterior. Las cosas seguían igual; Annie pasaba por mí unos días, los mismo que Liam me regresaba. Y el resto, yo por ella y Robert.

Todo era perfecto, por lo menos para mí. Jane llegaría el sábado junto con Raúl. Mi madre con la ayuda de Ralph, que para esas alturas no se separaba de ella, acondicionaron el cuarto de «triques» para que mi amigo durmiera ahí las dos noches que se quedarían.

Esa semana supimos que Luck y Kellan habían aprobado el examen de literatura. Al parecer sí obtuvieron su recompensa tras la ayuda extra. Liam, después de lo sucedido con Roger, se tornó protector y aunque no siempre permanecía a mi lado, estaba vigilante todo el tiempo. Sin embargo, no me sentía hostigada, me gustaba estar con él, era como si nunca me saciara de sus besos, de sus caricias, de su persona embriagadora en general. De hecho, a veces le faltaba horas al día para estar juntos, él era la mejor parte de cada cosa que hacía.

Mamá y yo fuimos por Jane y Raúl el sábado por la mañana. Cuando nos vimos, gritamos brincando de la emoción. Al llegar a casa los ayudamos a instalarse y mi madre se excusó para dejarnos solos. Los tres en mi recámara, hablamos sobre nuestras vidas esos meses, era irreal y maravilloso.

Hasta que los volví a ver, ahí, sentados en mi cama, recordé lo mucho que los extrañé y lo mucho que me hicieron falta. Para mí, ellos eran como mis hermanos, mi familia.

Después de varias horas de conversación, risas y bromas, mamá entró.

—Kya... Liam está abajo —ojeé el reloj, el tiempo se fue volando, ni siquiera escuché el timbre, teníamos la música prendida y no parábamos de reír a carcajadas. Enseguida un coro de burla llenó mis tímpanos, los fulminé con la mirada.

Bajé, como siempre corriendo cuando se trataba de él. En cuanto lo tuve enfrente volví a sentirme perdida. Rodeó mi cuerpo con sus brazos y me besó ansioso, como si no lo hubiese hecho en años.

—Dios, te extrañé tanto... no quise hablarte, imaginé que estarías muy ocupada, pero ya no podía más...

—Yo también te echaba de menos...

—Mentirosa... pero no importa, sé que me amas y eso es lo único que importa... —unos segundos después escuchamos que bajaban las escaleras, nos separamos de inmediato.

—Aquí vamos... —susurró contra mi oído, parecía más nervioso que cuando conoció a papá. Después de las presentaciones y de que casi tuve que cerrar la boca de Jane con un dedo, decidimos ir a cenar con nuestros amigos que ya se habían organizado con él.

En el trayecto Liam rompió el hielo sin dificultad, esa era una asombrosa capacidad que tenía y que me dejaba aún más atontada. Yo, respuestas concisas. Él, casi un poeta.

Después de una agradable cena, y un ambiente por demás relajado, decidimos ir al downtown. Hablamos y anduvimos por varias calles donde había movimiento. Esa noche fue increíble; mis dos mundos de pronto en uno solo, ahí, frente a mis ojos y yo sentía que no podía pedir más. Al regresar a casa se despidieron de Liam amigablemente y me dejaron un momento a solas con él.

—¿Qué tal? —lo rodeé por el cuello, hablando en voz baja.

—Te quieren mucho y son muy fáciles, a diferencia de ti «K» —me reí al escucharlo decirme así, pues ellos así me nombraban desde que recordaba.

—¿Qué yo? —pregunté haciendo una mueca caprichosa.

—Acéptalo, conmigo sí lo fuiste. ¿No lo recuerdas?...

—Eres muy exagerado, en dos semanas ya estábamos juntos y si intenté evitarte fue porque tenía miedo... —confesé serena. Frunció las cejas incrédulo.

—¿Miedo? Lo dudo, eso fue lo último que demostraste...

—Liam, me hacías sentir cosas que nunca había experimentado, me asustaba tenerte cerca... —me dio un beso en la punta de la nariz.

—¿Fue por eso que te resististe tanto?

—No me «resistí», ya te lo dije, admítelo. En fin, la verdad es que aún siento todo eso, solo que ahora me gusta. No tienes idea de todo lo que provocas en mí...

—Creo saberlo, ¿no ves cómo te amo? Y créeme, a mí también me diste miedo... —fui yo la que lo miró desconcertada—. No me veas así, me haces sentir... «invencible» y estoy muy lejos de serlo. Mucho menos cuando se trata de ti, Kyana... —acomodó un rulo suelto detrás de mi oreja y rozó mis labios tiernamente—. Eres lo único que quiero, lo que realmente me importa. Ni siquiera te había tocado y ya sentía todo esto dentro de mí. Nunca dudé, ni siquiera lo pensé. Te quería a mi lado, pensaba en ti en una forma un poco obsesiva, bueno, aún lo hago —confesó avergonzado—. Ya no salías de mi pensamiento, así que me dejé llevar vencido —sus palabras penetraban en mí, como solía suceder—. Kya, debes saber algo, algo vital para mí; te quiero en mi futuro, te quiero en mi vida para siempre, esto no va a terminar, sé muy bien qué es lo que quiero... —mis amigos estaban arriba y yo ni siquiera podía acordarme en dónde me hallaba—. Sí, sé muy bien lo que digo; nunca, nada, ha estado tan claro ante mí. Lo que siento por ti jamás lo volveré a sentir. Quiero tenerte conmigo para la eternidad y haré todo para que eso suceda... todo ¿comprendes? —tomó mi barbilla y me acercó tanto a su rostro que sentía su aliento sobre mis labios dejándome su estela cálida, única—. Eres la mujer con la que voy a compartir mi vida, eso te lo juro —¡Guau! después de esas palabras, cualquier cosa sonaría hueca, absurda. Su intensidad me dejaban perpleja y amándolo aún más. Liam era demasiado perfecto, demasiado ideal, pero sobre todo era demasiado real y era mío, solo mío.

Indudablemente él también era mi vida y por supuesto que también haría todo lo necesario para estar juntos, pero la experiencia me había demostrado que las cosas cambian y nada era seguro. Sin embargo, lucharía para que así fuera, ambos lo deseábamos, ¿qué podía obstaculizar nuestro sueño?

—Me voy, no quiero que me odien... —y miró hacia la planta alta de mi casa. Abrí los ojos recordando de pronto que Jane y Raúl me esperaban. Sonrió al darse cuenta de mi olvido—. Te amo, Kya... mañana nos vemos en el partido...

—Sí... —ya se iba, no pude evitar agarrarlo por la chamarra y hacer que bajara de nuevo su rostro hasta el mío—. Liam, yo también quiero estar siempre contigo, mi vida entera, eres el hombre que eligió mi mente y mi alma —Me besó satisfecho.

—Con eso no me dejarás dormir. Puedes jurar que no te dejaré ir jamás. Mañana te hablo, diviértete —me dio un beso en la frente y se fue.

Subí envuelta en esa nube que solo se conoce cuando se está completa y absolutamente enamorada, cuando lo que los demás llaman cursilerías, son las luces más brillantes en tu mundo, en el universo. Sin embargo, en cuanto los vi y comenzó una guerra de almohadas, lo dejé de lado. La conversación y juegos continuaron hasta la madrugada. Por supuesto al día siguiente no pudimos levantarnos tan temprano. Era genial tenerlos cerca, hablando y peleando de todo, como antes, como siempre.

Llegamos al partido con tiempo de sobra, ya estaban todos ahí. Me dirigí hacia donde se encontraba Max con los demás y se los presenté. El juego comenzó a las cuatro treinta en punto. Después de casi tres horas ganaron. Fuimos a cenar y él llegó ahí junto con Kellan y Luck un poco más tarde. Comenzaban a hacerse inseparables de Emma y Annie, que también ahí se encontraban.

El fin de semana fue perfecto.

El lunes por la mañana los llevamos al aeropuerto. Solté varias lágrimas al igual que Jane. Odiaba tener que dejarlos una vez más, sin embargo, ahora me daba cuenta de que mi vida estaba ahí, en Myrtle Beach.

Era asombroso que en tan pocos meses mi interior cambiara de tal forma que ya no me imaginaba lejos de aquel sitio, o mejor dicho, lejos de él. Liam ya era inherente a mi alma.

Mi madre estuvo muy ocupada esas vacaciones y viajaba a lugares cercanos con Ralph. Él y yo todo el día permanecimos juntos. Salíamos solos o con sus amigos. Para Nochebuena, mamá y su ahora novio, o por lo menos eso suponía, organizaron una cena deliciosa, típica de la fecha.

Liam tuvo que trasladarse a Washington con sus padres de último momento, por lo que no pudimos estar juntos dos días. En los meses que llevábamos juntos nunca nos separábamos, a lo mucho veinticuatro horas y no nos gustó en lo absoluto la sensación; fue una tortura en todos los sentidos.

Esa fue la razón por la que cuando regresó, hicimos nuestros planes y decidimos que estudiaríamos definitivamente en la misma universidad. Yo tenía un promedio impecable y él todo para elegir. Así que invertimos horas en la web eligiendo dónde estudiaríamos. Mamá solo nos observaba, no decía nada, sabía que eso era inevitable, la fuerza de lo nuestro se notaba a kilómetros de distancia. Elegimos tres opciones; Oregón, Boston y otra en Seattle. Comenzamos a llenar los formularios. Fueron días increíbles.

Nuestros momentos a solas eran mágicos y aunque seguíamos sin pasar de encuentros intensos, nos sentíamos tranquilos con la decisión. No teníamos prisa, estábamos decididos a que fuera cuando ambos sintiéramos el momento adecuado.

Al regresar a clases todo permaneció igual que antes. Mis compañeros se acostumbraron a vernos juntos. Roger y Liam rompieron por completo cualquier especie de amistad y ahora contaba también con Kellan, Luck y otros del equipo que me saludaban cada vez que nos veían.

Equilibraba los tiempos con mis amigos, aunque me parecía muy difícil, nunca me cansaba de estar con él. Sin embargo, Liam me alentaba argumentando que eso me hacía feliz, cuestión muy cierta. Aun así, me molestaba un poco la situación, pero entendía que no podían estar en el mismo espacio y que su pasado era el culpable, no yo.

Así... envuelta en unmatiz de colores, presa de millones de sensaciones inigualables eincomparables, fluyeron las semanas.    



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