Capítulo N° 31

Dedicado a _Archer02_
Que tengas un feliz cumpleaños <3

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Cuando el dolor de su cuerpo fue menor, Erica volvió a entrenar. Aún le dolían sus costillas, también sus piernas y otras partes de su cuerpo que nunca creyó que podían llegar a dolerle. Sus moretones habían cambiado de color, pasaron de ser púrpuras y rojizos a volverse café y amarillentos, pues ya estaba sanando.

El Loco iba y venía de la casa los últimos días, a veces regresaba horas después, y tanto Erica como Jack quedaban ese tiempo solos allí. Por ese motivo, Erica se esforzó en enseñarle su nombre a Jack, y trataba de pasar tiempo de calidad con él, pues a veces lloraba y rompía cosas en sus momentos de crisis.

Cuando el Loco regresó de la calle, se encontró con un libro roto en el suelo y a Jack llorando mientras Erica intentaba consolarlo.

—Si vuelve a romper algo... —comenzó a decir el Loco, bastante enojado.

—Si vuelve a romper algo te callás y lo abrazás —gruñó Erica—, perdió a su mamá y está viviendo en una casa desconocida con una mujer desconocida porque no estás nunca, y solo conoce a Hund y a vos. No debe entender nada de lo que está pasando.

—Erica...

—Erica las pelotas, este chiquito vio a su madre ser atacada y llora todos los días, prestale más atención, para él vos sos su papá, sos lo único que tiene.

Él no dijo nada, solo suspiró para luego agacharse en el suelo y apoyar con suavidad su mano en la cabecita con ondas rubias de Jack. El pequeño soltó a Erica y se aferró a él para poder acurrucarse en su pecho, con sus sollozos tristes.

Erica aprovechó ese momento para poder ir a la cocina, se recogió el cabello en una colita y comenzó a calentar un poco de leche para Jack, la cual colocó en un vasito. Debido a que la alimentación de Jack era saludable y libre de azúcares, Erica había horneado unos muffins de calabaza para que pudiera merendar. Acomodó todo en la mesa y luego fue en busca de Jack, que ya había logrado tranquilizarse junto al Loco.

—Damelo, tiene que merendar —dijo Erica al estirar sus brazos.

Con cuidado él le pasó al pequeño, que fue sin queja alguna a los brazos de Erica y se sentó en su regazo a la mesa. Jack era bastante independiente, tomaba su vasito solo e intercalaba los mordiscos al muffin, sin embargo, pese a ser independiente, era muy apegado a ambos.

—En unos días debo ir a Mörder con Aaron —comenzó a decir Erica cuando el Loco se sentó frente a ella con dos tazas de café, una se la extendió a ella—, vas a necesitar ayuda con Jackie en esos días que yo no esté. Pedile ayuda a la Babu, ella fue madre y sabe cómo tratar con niños.

—Lo siento, no sé tratar con niños, apenas un par de veces vi al hijo de Rata, y solo los domingos veía a Jack —dijo en un suspiro y bebió un sorbo de café—, hago mi mejor esfuerzo.

—Lo sé, por eso trato de hacerlo todo yo, pero no voy a estar por unos días y vas a necesitar que alguien te ayude —dijo Erica y le dio un beso en la cabeza rubia a Jack—. Igual bastante bien lo hacés para no tener experiencia.

Cuando Jack finalizó de tomar su leche y comer su muffin, pidió bajar, y ya en el suelo fue corriendo hacia los sillones para buscar a Hund. Erica lo siguió con la mirada, y solo después de que él bajó fue que comenzó a beber su café.

El Loco la miró en silencio, las heridas en ella habían sanado notablemente, aunque aún parecía que le costaba hacer fuerza. Él sabía que de por sí era bastante esfuerzo para Erica alzar todo el tiempo a Jack.

—No es necesario que lo cuides, es mi responsabilidad —dijo con su rostro serio—, puedo pagarle a una niñera cuando no estoy.

—No me molesta cuidarlo, me gusta estar con él, es muy cariñoso y me ayuda bastante a superar lo de mi familia —dijo Erica con la mirada baja y un tono de voz triste—, pero él te necesita a vos. Sos su papá, yo solo soy la chica que vive en la casa.

—¿Te seguís sintiendo incómoda acá?

—No, a veces se siente raro despertarme y no escuchar disparos o gritos —dijo con una risita—, y también es raro prepararme el desayuno y que estés tomando café frente a mí, pero de a poco me acostumbro.

—Hoy va a venir el Gusano —dijo el Loco con un suspiro—, estuvo bastante ocupado, pero hoy va a venir a verte.

Erica levantó la mirada con sus ojos bien abiertos y una mueca torcida.

—Me va a hacer mierda cuando me vea así de herida.

—Te vio en cama —explicó con una sonrisa—, él ayudó a que sanaras. Probablemente se enoje y te diga algo, pero no creo que te lastime, al menos no conmigo en la casa.

Erica apoyó la cabeza en su puño para poder observar a Jack, estaba sentado en el sillón junto a Hund, y miraba un dibujo animado en la televisión. Ella había logrado convencer al Loco de contratar algún servicio, para que Jack no se aburriera tanto durante el día.

—Es raro verte en modo hogareño y tranquilo, luego de verte en Mörder y Naemniki como asesino —dijo Erica sin mirar al Loco, continuaba observando a Jack—. Es... tierno.

—Aunque no lo creas soy alguien tranquilo, en Mörder me dedicaba a lo mío, solía estar solo o con mis compañeros locos... Tuve la mala suerte de que justo la primera vez que me viste maté a alguien.

Erica comenzó a reírse y dirigió su mirada hacia él.

—¿Por qué lo hiciste?

—Ya ni me acuerdo, estaba herido por una misión y de muy mal humor —admitió con una risita—, solo me acuerdo que quería comer en paz y dijo algo que me ofendió mucho, aunque no recuerdo qué, debió ser algo muy molesto para que me enojara así con un compañero.

Él la miró a los ojos grises por un instante, antes de correr la mirada, concentrado en ver a Jack que abrazaba con cariño a Hund.

—Aunque sí recuerdo que te crucé en la enfermería y me mandaste a la mierda no bien te dirigí la palabra.

—Estaba asustada —dijo Erica al encogerse de hombros.

—Mucho no se notó, mandaste a la mierda al mejor asesino de Mörder en tu primer día —Se rió con ganas y luego sonrió sin dejar de mirarla de forma intensa—, tremendos ovarios, mein engel, cómo no ibas a gustarme...

Erica comenzó a sentir sus mejillas ardiendo, por lo cual se puso de pie para alejarse un poco y que él no la viera así, se acercó a Jack, se había quedado dormido contra Hund. Erica acarició el pelaje negro de Hund y luego tomó en sus brazos a Jack, quería llevarlo a recostar a la cama para que durmiera más cómodo. Lo recostó con cuidado de no despertarlo, para luego recostarse junto a él por unos minutos. Le hacía caricias en el cabello ondulado, no estaba segura de cómo se comportaba Moira con él, pero estaba dispuesta a poner todo de sí para hacer que el pequeño se sintiera mejor. Por ello le había dado un tierno beso en la frente, para después acomodar junto a él su peluche de koala con el que siempre dormía.

Cuando Erica regresó a la cocina descubrió que el Loco ya había lavado las tazas y las cosas de Jack, y se encontraba sentado en la alfombra del living, donde estaba armando el tobogán que había comprado para él. Tenía un cigarrillo en la boca y a su lado Hund prestaba suma atención a sus movimientos.

—Jack —dijo Erica para llamar su atención, y él pareció sorprenderse por ello, aún no se acostumbraba a oír su nombre—, quiero hablar con vos de algo.

Él sonrió al dirigir su mirada hacia ella y asintió para que comenzara a hablar, mientras él finalizaba de armar el tobogán que quedaría allí en el living en un rincón de juego especial para el pequeño.

—Sé que el plan es seducir a Aaron y que no debo atacar ni nada así —dijo ella en un susurro y se sentó en el sillón—, supongo que no puedo ir armada tampoco.

—Si vas armada es probable que sospeche, o que te quite las armas que lleves.

—¿Cómo voy a defenderme en caso de que algo suceda? —inquirió con un resoplido.

Él le dio una palmada orgullosa al tobogán ya listo y levantó la mirada para verla, la veía un poco asustada y con muchas dudas, entonces suspiró y se puso de pie.

—Puedo enseñarte, pero hoy viene el Gusano y seguro él te enseñe —dijo y sopló el humo de su cigarrillo—. Lo principal que debés entender es que todo es un arma.

—¿Todo?

Él asintió y se acercó para sentarse junto a ella, aunque un poco alejado para no hacerla sentir incómoda. Rebuscó en el bolsillo para poder tomar su teléfono, quería buscar en la galería un vídeo para mostrarle, sin embargo se detuvo un instante con dudas y la miró fijo, pues no estaba seguro de cómo Erica podría tomarlo.

—Cuando me viste matar a alguien con un tenedor te asustaste mucho, y eso influyó en el miedo y odio que sentiste por mí —dijo al mirarla fijo con su rostro serio—, ahora que me conocés un poco, ¿ver algo así otra vez... podría afectar negativamente en tu percepción de mí? Porque me costó mucho que...

—Mostrame.

—Erica, no quiero que...

—Mostrame —insistió al extender su mano para poder tomar el teléfono.

Con un suspiro le dio el teléfono, Erica lo desbloqueó con su huella dactilar. Un vídeo grabado con un celular se veía ahí, sin embargo antes de iniciarlo él aclaró:

—Solo para que sepas, yo no sabía que Rata estaba filmando.

—No me sorprende de Rata.

Erica inició el vídeo, se veía a Rata con una sonrisa egocéntrica y divertida mientras señalaba tras él al Loco y otros más bebiendo tragos en lo que parecía ser un bar. Luego Rata cambió la cámara, se oía su risa al ver que en ese grupo de personas habían comenzado a discutir. Un hombre golpeó en el rostro al Loco y a otro muchacho a su lado, Erica estaba segura de haberlo visto en Naemniki, estaba muy segura de que era el mismo que él tenía en un chat de Telegram. Levantó la mirada para verlo, tenía mucha curiosidad, pero no dijo nada al respecto porque en el vídeo, con las risas de Rata como fondo, se pudo ver al Loco golpeando a su atacante con el vaso de whisky en su mano, luego tomó la botella y la partió en su cabeza, sin embargo el atacante también había aprovechado para lastimarlo. El Loco frenó cada uno de sus ataques y lo tomó de la nuca para estrellarla contra la mesa, un instante después había tomado los trozos de vidrio roto y los lanzaba como si fueran dagas a otro fuera de cámara al que Erica no pudo ver, y no conforme con eso tomó luego una lapicera de la mesa y lo clavó en el ojo de uno de ellos.

Y ahí los tienen, Wolffcito querido y Mishi Mishi —Había dicho Rata a la cámara con una risa.

Erica alzó sus cejas para ver al Loco a su lado.

—Un vaso, una botella, vidrios y una lapicera —dijo, con un gesto torcido.

—Volvelo a poner, no me mires a mí esta vez, mirá a Misha —señaló con su dedo al muchacho que estaba a su lado—, es uno de los mejores locos de Naemniki, no es el mejor solo porque existe la rusa.

Erica volvió a reproducir el video, pero esa vez concentrada en ver a ese atractivo muchacho que parecía más concentrado en su teléfono y su bebida que en la conversación de los demás. Era difícil no dirigir su mirada hacia el Loco, pero intentó enfocarse en ese chico. Cuando lo atacaron tomó su vaso y al igual que había hecho el Loco se lo partió a su atacante, solo que se lo puso en el cuello y con un fuerte golpe se lo clavó en la yugular. Al ponerse de pie no tardó en quitarse el cinturón y con él comenzó a estrangular al siguiente atacante, y cuando uno más se acercó a él, lo tomó de la nuca y lo impulsó contra la esquina de la mesa para clavarle el ojo allí, le dio un fuerte golpe en la nuca y acomodó en sus manos las llaves de su vehículo como si fuese un arma, no tardó en clavárselo en el cuello varias veces a otro que quiso atacarlo.

—Fua —fue lo único que dijo Erica.

—Y esa noche fue dentro de todo bastante tranquila, junto a Rata siempre pasa algo porque no sabe mantenerse callado —dijo con un chasquido de lengua—. Lo importante es que entiendas que cualquier cosa que tengas a mano sirve como arma.

Erica pausó el vídeo para ver al chico, tenía el cabello oscuro, no estaba segura de si era negro o castaño, y era bastante atractivo, incluso muy seductor. Se veía delgado pero fuerte, con brazos tonificados.

—Creo que el último día en Naemniki, antes del fuego, me transfieron con él —dijo Erica en un susurro—, no me acuerdo mucho pero estoy casi segura de que es el loco de la habitación.

—Puede ser, Gretchen transfirió a todos los problemáticos con los locos, es probable que te haya puesto en la habitación de Misha por ser el segundo mejor —explicó y guardó el teléfono en su bolsillo—, él es muy peligroso, engel, más que la rusa porque ella al menos es amable. Él no lo es, así que me alegra que no hayas compartido habitación con él.

Ella levantó la mirada para verlo, con curiosidad y una ceja levantada.

—Si es tan peligroso, ¿qué hacías en un bar con él y Rata?

—En realidad éramos varios de distintas sedes —dijo y luego sonrió con picardía—, y no creo que quieras saber.

—Si pregunto es porque quiero saber.

—Lo conocí el primer día en Naemniki, me gustó, cogimos en un trío, lo invité a salir unos días después, bebimos unos tragos, peleamos contra esos tipos y volvimos a coger fumando un buen porro. ¿Es suficiente explicación o debo ser más específico? —dijo con una sonrisa lasciva.

Erica abrió los ojos con sorpresa, con sus mejillas algo encendidas, lo que lo hizo reír con ánimo.

—Es suficiente explicación...

Él la miró en silencio por un instante con sus labios apretados al ver su gesto sorprendido.

—¿Eso... cambia algo, te incomoda?

—No, solo no lo esperaba —dijo con una risita y apoyó la cabeza en el respaldo del sillón para poder mirarlo con comodidad—, tranquilo, solo me sorprendió un poco.

Él apoyó su cabeza en el respaldo también, para poder mirarla. Se animó a llevar su mano hacia el rostro de ella, rozó con sus dedos los moretones que ya estaban sanando, luego le miró los labios por un instante y dejó ir un suspiro, para después concentrarse en mirar el techo de madera. Se sentía extraño conviviendo con ella, la tenía ahí a su lado cada día, cuando antes debía conformarse con verla de vez en cuando.

Un rato después Erica comenzó a preparar la cena, mientras que el Loco entrenaba un poco en el sótano. Erica se detuvo un instante mirando la salsa cocinarse, de repente había comenzado a respirar más rápido, a veces le pasaba ante algún recuerdo, y en ese momento se había acordado de Aaron. Los vellos de su piel se erizaban, aunque ya no por la atracción hacia él, y su respiración se aceleraba un poco produciéndole ansiedad. Tapó la olla y se sentó a la mesa para poder servirse un poco de cerveza en un vaso. Sus manos temblaban levemente, pero no quería molestar al Loco con sus pequeñeces, sabía que él ya de por sí estaba lidiando con sus propias emociones por lo de Moira.

Cuando sintió una mano apoyarse en su hombro giró rápidamente con sus ojos abiertos llenos de lágrimas, y el miedo expresado en cada parte de su rostro, sin embargo también había tomado el cuchillo de cocina en su mano.

Engel, tranquila —le dijo el Loco con suavidad—, soy yo.

—Perdón —dijo, le costaba respirar un poco—, no me siento bien.

—¿Querés que suspenda lo del Gusano? Se va a enojar pero puedo lidiar con él.

Ella negó con un movimiento de cabeza y observó sus manos temblar. Trató de respirar despacio, con pequeñas bocanadas de aire y sus ojos cerrados. Se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta que daba el patio, estaba mareada pero necesitaba salir. No tardó en sentarse en el suelo para respirar el aire fresco. Podía sentir sus propias palpitaciones, por lo que cerró los ojos para tratar de tranquilizarse poco a poco. No giró cuando oyó los pasos del Loco tras ella.

Engel...

—¡No me toques!

Él se ubicó cerca de ella, no quería dejarla sola, pero respetó su espacio para no tocarla. Entendía que no era con él el asunto, no era a propósito ni tampoco un desprecio hacia él.

Unos minutos después Erica inspiró un poco más tranquila y dejó ir el aire, y solo luego de eso fue que abrió los ojos para ver el cielo estrellado.

—Ya estoy mejor... —dijo en un susurro—, perdón, no quise atacarte ni gritarte...

—Lo sé, tranquila —dijo con una sonrisa pero con una mirada preocupada—. ¿Necesitás hablar?

Erica apretó sus labios con fuerza, con sus ojos que empezaban a llenarse de lágrimas.

—Tengo miedo.

—Podemos hacer la extracción sin que te acerques al pollito, engel, yo puedo hacerlo sin que te involucres.

—No, no es justo que todos trabajen menos yo —dijo con un tono de voz triste y dirigió su mirada hacia él—. Tengo que hacerlo.

—Erica, no te obligues a enfrentarlo si te da miedo.

—No me da miedo él —susurró—, sé que es fuerte, es un buen asesino, pero también sé que yo soy fuerte y que puedo contra él, es solo que... Lo que me hizo...

—Creeme, se va a arrepentir de haberte tocado —gruñó el Loco con asco, entre dientes.

Erica se irguió un poco solo para apoyar su cabeza en el hombro de él, eso lo sorprendió un poco, pero luego sonrió al notar que ella confiaba en él.

—Ya estoy mejor, tengo que ir a ver la comida.

Volvió a respirar hondo y se puso de pie con ayuda de él para poder ir a la cocina, donde revolvió enseguida la salsa para que no se quemara y apagó el fuego. Luego se sentó a la mesa, se sentía muy agotada de repente.

El Loco se sentó frente a ella y encendió un cigarrillo, aunque se la veía un poco más tranquila sabía que sus preocupaciones y miedos seguían ahí. No superaría fácilmente todo lo que le pasó, porque había sido mucho de golpe en un mismo momento.

Él se puso de pie soplando el humo de su cigarrillo y tomó de la heladera la cerveza que ella había abierto, se sirvió un poco para él y rellenó el vaso de ella. Bebieron juntos y en silencio, solo con el ruido del agua hirviendo en una olla, donde un rato después él puso ravioles, para que ella no se moviera y estuviese tranquila por un rato.

Jack apareció un rato después con su peluche en una mano, estaba un poco angustiado, y por ello el Loco lo alzó en sus brazos para consolarlo mientras que Erica servía la comida.

Cenaron los tres juntos, Jack comía sentado sobre el regazo del Loco, quien intentaba no enfadarse ante el desastre de salsa que hacía Jack en la mesa, tenía sus manos y rostro naranja, y luego de cenar Erica fue a bañarlo.

Mientras que Erica se encargaba del pequeño, el Loco finalizó de acomodar la cocina y dejar todo limpio, o lo suficiente limpio para no tener que soportar las quejas de Fosa. Luego fue a ver a Erica, estaba de rodillas frente a la bañera, jugaba con Jack con unos juguetes de agua, quien se reía con alegría. El Loco no pudo evitar sonreír al verlo, porque hacia bastante que no lo escuchaba reírse así, de forma tan alegre y natural.

Erica lo sacó del agua envuelto en una toalla para poder llevarlo a la habitación, donde lo secó con cuidado y le puso un bonito pijama. El clima se estaba haciendo un poco más fresco por el otoño, así que lo cubrió con su mantita y se recostó junto a él para leerle un cuento.

El Loco los miró desde la puerta, recordó a Erica decir que le gustaría tener hijos algún día, y sonrió porque, claramente, sería una buena madre en el futuro si era capaz de cuidar con tanto amor a un niño que no era nada de ella.


Erica estaba en el sótano, sentada en el sillón rojo de esquina, allí recibirían a Rata y Fosa para evitar el contacto con Jack y Hund.

Cuando oyó los pasos y voces comenzó a retorcer la tela de su ropa, se había puesto ropa deportiva para evitar las críticas de Fosa por usar faldas o vestidos. Los vio bajar por las escaleras y sonrió al notar la admiración de ambos por la colección de armamentos que tenía el Loco allí en una pared.

Se puso de pie para poder recibirlos, y el primero de ellos en acercarse había sido Rata, se acercó rápidamente con las quejas del Loco por detrás cuando la tomó en sus brazos y la levantó en el aire como si fuera una niña pequeña.

—¡Mi Bombita! —le dijo con una gran sonrisa—. ¡Estás viva! ¡Mi preciosa Bombita!

Erica sonrió ampliamente, nunca creyó que podría alegrarle tanto ver a ese hombre.

—También te extrañé, Ratita.

—Voy un paso por delante tuyo, Wolff, ya soy «Ratita» —dijo al abrazarla y luego giró para ver a ese furioso hombre detrás que parecía querer asesinarlo—. Mi esposita.

—Rata, correte.

Rata soltó a Erica ante la dura voz de Fosa, quien parecía incluso más enfadado que el Loco, aunque no por los mismos motivos.

—Controlate —dijo Rata con su ceño fruncido—, si te vas a poner insoportable ponete Chopin.

Fosa dio un par de pasos con su cigarrillo en la boca, apoyó su mano en el pecho de Rata para darle un empujón y que se hiciera a un lado, a la vez que quedaba frente a Erica. La miró con esa mirada intimidante y fría tan similar a Jonathan Moms, a Erica se le heló la sangre.

—¿Qué hablamos de quedar así de herida? —dijo con dureza.

—Fue...

—¿Fue qué? ¿Debilidad tuya? Claramente.

—Gusano, o te controlás o te vas —escupió el Loco con odio.

—Ustedes dos no se metan —les gruñó a ambos—, esto es entre Fosa y la Bombita.

Dirigió su mirada nuevamente hacia Erica y la tomó del mentón con fuerza, de la forma en que siempre hacía con ella.

—Explicame por qué alguien de tu nivel quedó así de malherida, ¿me hiciste perder el tiempo, Bombita? —dijo, mirándola fijo a los ojos.

—Tenía de rehén a alguien muy importante para mí —explicó Erica con un nudo en su garganta—, lo intenté, pero le disparaba ante cada movimiento que hacía y... Si volvía a moverme lo hubiese matado.

Fosa la escrutó entera, los moretones que empezaban a sanar, sus heridas que estaban cicatrizando de a poco, sus ojos grises con una mirada triste pero también decepcionada de sí misma.

—¿Lo heriste?

—Sí, y no le gustó ver mis movimientos —dijo casi en un susurro—, creo que eso lo asustó.

Fosa la soltó e hizo un sonido cargado de ironía, muy habitual en él, para luego estirar su mano hacia la cabeza de Erica y darle una palmadita.

—Bien hecho.

—Nahuel, es una mujer, no un puto perro —le dijo Rata con fastidio.

—Nada les viene bien a ustedes —se quejó Fosa con un chasquido de lengua.

Un poco más relajado, aunque con sus expresiones aún algo enojadas, el Loco los invitó a sentarse allí en los sillones y mullidos asientos. Les ofreció vino, cerveza y otras bebidas alcohólicas, Fosa y Erica tomarían vino, mientras que el Loco y Rata cerveza.

Comenzaron a hablar seriamente sobre Aaron y los barrenderos, Rata les explicó que los últimos días Aaron los llamaba bastante seguido, pero hubo un instante donde se separaron de a dos, y Erica junto a Fosa quedaron apartados bebiendo sus copas de vino.

—Entonces vas a ser la distracción —dijo él con el rostro serio, para después beber un sorbo de su vino—. Eso suponiendo que le gustes a Sabatini, porque si todo fue fingido, es improbable que logres seducirlo.

—Quiere que sea su reina, la que le dé hijos, no lo veo improbable.

Él comenzó a rebuscar en su abrigo un paquete envuelto en papel madera, el cual le extendió a ella.

—Te va a servir.

Erica lo miró con dudas, porque Fosa nunca era amable con ella y eso era realmente sospechoso. Sin embargo, también le producía mucha curiosidad y abrió el paquete cuando el Loco se acercó un poco. Se encontró con un cinturón negro con hebilla plateada. Erica no pudo evitar su gesto completamente desentendido.

—Mirá la hebilla, Bombita.

Erica observó con cuidado la hebilla del cinturón, había una pequeña ranura y, al tironear la hebilla, se separaba del cinto con una daga corta. Levantó enseguida su mirada llena de sorpresa hacia él, quien estaba con el rostro serio.

—Si me decís «gracias» me voy a enojar mucho —dijo Fosa con su rostro impasible—, todos tenemos algo personal con Sabatini. Más te vale no morir, y si vas a morir, te llevás su sucia alma con vos hasta el infierno.

Erica sonrió ampliamente y se sirvió un poco más de vino, para luego rellenar la copa de él, pero se sorprendió cuando volvió a sentir la mano de Fosa en su cabeza dándole palmaditas, y cuando levantó la mirada lo vio sonreír.

—Sería un desperdicio de talento que te convirtieras en una simple reproductora.

Ninguno de los dos dijo nada más, especialmente porque Rata y el Loco se habían acercado más con sus rostros serios, no dejaban de mirarlo de esa forma amenazante, pero a Fosa no parecía molestarle, pues bebía su vino en paz.

Terminaron por cambiar puestos, Erica conversó con Rata, quien le daba consejos para cuando regresara con Aaron, le explicó los puntos en el cuerpo donde más dolor se podía producir con un golpe, las zonas donde una puñalada era letal e incluso dónde podía golpear si solo quería dormir la zona. Erica estaba sorprendida, a veces olvidaba que Rata además de barrendero había sido el mejor profesional de Assassin, y fue de los preferidos de Jonathan.

—Haceme caso a mí, Bombita —dijo Rata con el rostro serio—, yo ya hacía misiones cuando estos dos niños aprendían a caminar.

—Pero... ¿cuántos años tenés? —preguntó Erica con sorpresa.

—Cuarenta y tres, empecé a tener misiones a los diez años, igual que Gretchen. A los doce ya era el mejor de los novatos, a los quince me volvieron profesional y nació ese llorón de ahí —dijo Rata al señalar al Loco.

—Llorón serás vos —gruñó el Loco con molestia.

—Ay, por favor. Los dos eran unos llorones insoportables que llamaban a sus madres —se rió Rata.

Fosa no dijo nada, su mirada lo decía todo, parecía asesinarlo a puñaladas solo con sus ojos.

Durante un rato más, entre Fosa, el Loco y Rata le explicaron a Erica diferentes cosas, a veces discutían entre sí para contradecir algo que dijo el otro, pues tenían diferentes estilos y diferentes técnicas.

Erica fue luego de un rato a asegurarse de que Jack estuviese bien, lo vio dormido y a Hund acurrucado a su lado. Le dio un beso en la frente a Jack, y cuando se acercó a las escaleras para bajar, el olor a marihuana llegó hasta sus fosas nasales. No estuvo segura de si bajar o no, porque quizá habían esperado a que se fuera para poder fumar sin molestarla.

Los escuchó reírse a carcajadas de algo que dijo Rata, la risa de Fosa era muy estruendosa y bastante contagiosa. Decidió bajar de todas formas solo para buscar su teléfono que había quedado ahí abajo, así los dejaba disfrutar en paz. Los vio reírse juntos, el Loco secaba las lágrimas de sus ojos, completamente tentado, mientras que Fosa apretaba el cuello de Rata con su brazo en una llave de sumisión.

Ella caminó hasta la mesita y tomó de allí su teléfono, pero cuando les dio la espalda para irse el Loco la retuvo con su voz.

—¿Te vas, engel?

—No los quiero molestar.

—No molestás, Bombita —dijo Rata con una sonrisa cuando Fosa lo soltó—. Acabo de convencer de fumar a Nahui que es casi un santo, ¿te lo vas a perder?

Erica se ubicó junto a ellos y tomó en su mano la copa de vino que había quedado allí para poder darle un sorbo. Los observó a los tres, Fosa y el Loco hablaban en alemán en medio de risas, por lo que Erica no entendía nada de la conversación.

—Están recordando cuando pelearon entre sí —explicó Rata y le dio una pitada más—, es una anécdota divertida.

—Tenemos conceptos diferentes de lo que es diversión —dijo Erica con una mueca torcida.

Rata le ofreció para fumar, Erica dudó un poco al principio, luego de su experiencia con Akihiko no estaba segura de aceptar o no.

—Solo son flores, buenas flores.

Erica aceptó y fumó solo una seca, había estado muy nerviosa los últimos días y eso ayudaría a relajarse un poco. Apoyó la cabeza en el respaldo del sillón y observó a los tres hombres interactuar, pese a ser tan diferentes entre sí se llevaban bien, y se percató de que el afecto que Rata le tenía a ambos era casi fraternal, pues era bastante protector con ellos.

Era extraño ver a Fosa reírse, estaba acostumbrada a ver reír a Rata e incluso al Loco, pero ver a Fosa era inusual, su sonrisa era blanca y radiante, y su risa muy contagiosa y divertida.

Continuaron hablando de trabajo, de muertes, de Gretchen y de Aaron. Erica solo los miraba en silencio, estaba muy relajada y hasta hablar le daba pereza, se sentía realmente bien. Observó los gestos de cada uno, los rasgos duros de Rata que lo hacían verse tan intimidante, con su rostro lleno de cicatrices. Luego miró a Fosa con sus cicatrices de quemaduras, pero incluso con ellas seguía siendo atractivo, luego miró al Loco, con su cabello rapado y las cicatrices que tenía en su rostro, eran menos que las que tenía Rata, y sus ojos celestes eran más bonitos que los de Fosa.

Bebió otro trago de vino y apoyó su cabeza en el hombro de la persona que tenía al lado, que en ese momento era Fosa. Él la miró con una ceja levantada y un gesto algo asqueado por esa cercanía tan molesta, pero no le dijo nada.

Erica se quedó apoyada en el hombro de Fosa hasta que le empezó a dar sueño, era el efecto usual en ella luego de fumar, su cuerpo se relajaba tanto que terminaba por dormirse. Como empezó a resbalar por su hombro, Fosa la sujetó para hacerse a un lado y dejarle el lugar suficiente para que se acostara allí.

—Rata, vamos —le dijo con una sonrisa al señalar a Erica—, ya es hora de volver.

Rata se puso de pie y se acercó a Erica, pero cuando quiso tocarle la cabeza el Loco le lanzó un cuchillo que se clavó en la pared, cerca de él.

—Sin tocar —le dijo.

Rata soltó una carcajada y arrancó el cuchillo de la pared para lanzarlo a otro lado, lejos de ellos. Saludó con un movimiento de mano divertido a Erica mientras dormía y luego corrió para poder subir las escaleras.

—Manteneme al tanto sobre Sabatini —le dijo Fosa al Loco en la puerta.

Él asintió y los despidió ahí afuera, para luego regresar a la casa. Cerró bien todas las aberturas de la casa antes de bajar al sótano otra vez, Erica seguía dormida allí. Se acercó despacio y juntó el desastre de botellas y latas de cerveza que se encontraban allí, por lo que subió y bajó un par de veces.

En la última bajada al sótano se acercó a Erica dormida, estaba con su ceño fruncido y parecía preocupada incluso al dormir. La cubrió con una manta abrigada para que no tuviese frío allí abajo, evitando tocarla sin querer para no molestarla.

La miró unos instantes con una sonrisa antes de apagar todas las luces excepto la de la escalera, para que le diera algo de seguridad, y luego se fue de allí para dejarla dormir tranquila y en paz.


Publico hoy como regalo para _Archer02_

Nos leemos el sábado <3

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Los espero por esos lares <3

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