Capítulo N° 23

Despertó gritando, los últimos tiempos tenía muchas pesadillas, veía la muerte de Aaron y otras tantas veces soñaba con su propia muerte.

A su lado, Sveta se acercó para darle un tierno beso en la frente antes de irse a una misión, Erica solo le dirigió una sonrisa. Le dolía el costado del cuerpo, grandes moretones se veían ahí por las patadas de Fosa, y en la enfermería le habían dicho que tenía una costilla rota.

—Debí cortarle la puta arteria —gruñó con dolor.

Con cuidado se puso de pie y comenzó a vestirse. Podía respirar bien, podía andar y caminar, pero las costillas le dolían bastante, en especial ante los roces. Tomaba analgésicos para el dolor y solía colocarse frío en la zona.

Desde que había descubierto la identidad de Fosa, él no la había llamado, no cuando los Moms se encontraban histéricos por la muerte de Jonathan. Buscaban culpables, habían interrogado a varios asesinos y sirvientes, e incluso habían impuesto un toque de queda y mayor seguridad, pero no llegaban a ningún lado, y Gretchen no pensaba pedirle ayuda a Julio.

Gretchen nunca siquiera pensó en tomar a Erica como sospechosa, el único momento en que la interrogó fue cuando llegó herida, y la excusa de haber cometido un error y ser castigada por Fosa fue muy creíble para ella, quien pese a los talentos de Erica la seguía considerando una inútil.

Y, también, desde que supo que su cuchillo había pertenecido a la madre del Loco, y que él le había pedido ayuda a Fosa para entrenarla, no se lo hacía cruzado en ningún momento. No cuando se encontraba a cada instante junto a Gretchen para poder protegerla, y eso para Erica había sido un alivio.

Sumergida en sus pensamientos, no se percató de ese gran torso con el que estaba por chocar sino hasta que el impacto fue inevitable. Con pereza levantó la vista para reconocer esos ojos celestes que la escrutaba con curiosidad. El curvó sus labios en una sonrisa egocéntrica y, con su voz grave habitual, se rió de forma irónica.

—Sabía que te arrojarías a mis brazos, aunque no creí que de esta forma tan apasionada —dijo el Loco con una sonrisa de lado, pero Erica lo empujó con fastidio.

—¡Correte!

—Epa, epa... —La tomó del mentón para que lo mirase al rostro, donde tenía un moretón—. ¿Qué le pasó al angelito?

—¡¿Qué te importa?!

—¿Quién fue? —preguntó entre dientes.

—No te importa.

—¡¿Quién mierda fue?!

—¡Fue Fosa! ¡¿Algún problema?! —le gritó y volvió a empujarlo para hacerlo a un lado—. Si cometo errores es normal un castigo.

—¿Y qué clase de error amerita esto, engel? —preguntó con su rostro serio.

Ella sonrió de lado.

—Apuñalarlo, quizá.

Él la miró con sorpresa, con sus ojos bien grandes y entonces comenzó a reírse, quizá creyendo que era una broma, pero al notar que el rostro de Erica se volvió más serio y molesto, sus gestos mutaron de la diversión a preocupación, y luego a desesperación.

—No vuelvas a hacerlo.

—Ya aprendí mi lección, ahora dejame en paz —chasqueó la lengua con fastidio y lo esquivó para poder alejarse.

Erica sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal mientras se alejaba, no estaba segura de si se debía a la cercanía del otoño o si era por el Loco, porque pese a que intentaba mostrarse valiente frente a él, la verdad era que le daba miedo.

Estaba a punto de entrar a la biblioteca para hablar con Serge, ese era su lugar especial, pero al entrar lo oyó discutir con alguien por teléfono, sus gritos eran muy fuertes, pero como hablaba en francés solo Erica podía llegar a entenderle de todos los asesinos del lugar, y quizá Celeste.

—¡No! ¡Ya estoy cansado! ¡Si te importo algo entonces demuéstralo! Porque ya no estaré para calentar tu cama, ¿has oído? ¡No estaré! —Serge caminaba de un lado a otro con su teléfono sobre su oreja—. ¡No! ¡Escúchame tú! ¿Creíste acaso que siempre estaría para ti? ¡Pues no! ¡No! He conocido a alguien más, Julio, así que ¡déjame en paz! ¡Si quieres sexo ve y búscate otro! Yo ya no seré más tu puta...

Se sentó en el sillón rojo y tupido de allí y arrojó con furia el teléfono, sin importarle si se dañaba o no. Luego con desesperación llevó sus manos hacia el cabello y comenzó a llorar. Erica dudaba si acercarse o no, pero no podía irse y dejarlo así.

—¿Serge...?

—Princesse! ¿Desde... cuándo estás ahí? —dijo e intentó secar disimuladamente sus lágrimas.

—Recién, no quise asustarte, lo siento.

—¿Escuchaste... algo?

—Algo, nada importante —le sonrió con cariño—. Si lo deseás, puedo olvidar lo que escuché...

Se acercó despacio para poder agacharse ahí frente a él, y con cariño tomó una de sus manos en busca de reconfortarlo un poco.

—¿Querés contarme qué pasó? —preguntó con un suave tono de voz—, ¿o preferís que busquemos algo para tomar?

Serge se quedó en silencio un instante mientras se mordía los labios, como forma de forzarse a no llorar.

—Un vino me haría muy bien —dijo luego de un buen rato en silencio—. Él siempre me sonrió ¡y él no le sonríe a nadie! A su manera era cariñoso conmigo de una forma que no lo era con el resto —sus ojos se llenaron de lágrimas nuevamente—. Sé que lo odias por lo de Sabatini, pero... yo lo amo.

—¿Y él?

—Solo soy su puta, me da autos caros, ropa fina, teléfonos, vinos, todo lo que yo desee... —se mordió los labios nuevamente—, pero solo eso, como un pago por mi servicio...

—Serge, sos más que eso —le susurró con cariño.

—Lo sé —admitió con una voz llena de angustia—, soy el mejor Profesional de Naemniki, con la capacidad de derrotar fácilmente a Sabatini. Puedo infiltrarme en cualquier lugar sin ser notado, puedo robar información con mi computadora muy fácilmente. No he tenido fallas ni errores nunca, soy muy capaz incluso de satisfacerlo —Se quedó en silencio un instante—, pero no puedo hacer que me ame, no puedo, no lo consigo...

Ella le hizo caricias para consolar el destrozado corazón de su amigo y se quedó ahí a su lado para demostrarle que no estaba solo. Si Serge quería estar en silencio, Erica lo respetaba, pero se quedaba allí, a su lado.

—¿Cómo está tu costilla? —le preguntó él luego de un rato, ya más tranquilo—. ¿Y tu hombro?

—La costilla duele, el hombro no duele más pero me cuesta levantar peso en algunas ocasiones —respondió Erica con una sonrisa—. Naemniki es un caos, no nos van a permitir salir, pero capaz podamos conseguir que en la cocina nos den una cerveza. ¿Querés intentar?

Serge asintió de forma sumisa y ambos se pusieron de pie, allí Erica le dio un abrazo que él no tardó en responder, la aferró a sí con cariño, porque se sentía realmente solo.

Caminaron tomados del brazo, porque para Erica, Serge en ese momento se encontraba frágil y roto, y cualquier soplido podría desarmarlo por completo. Y ella podía entenderlo, por eso estaba dispuesta a ayudarle a sentirse mejor, de la misma forma que él lo había hecho con ella.

En la cocina, Erica logró convencer a uno de los cocineros de que le diera un vino, con beboteos, voz seductora y pestañeos insinuantes. Serge terminó por reírse al verla salir con una botella de vino.

—Putita mi amiga —bromeó él con una risita, por lo que Erica le dio un golpe.

—¿Pero funcionó o no?

Ambos se dirigieron hacia otra parte, fueron específicamente a la habitación de Serge, era el único además del Loco que no compartía habitación con otro, por ese motivo podían tomar el vino con tranquilidad, sin miedo a reprimendas o interrupciones.

Se sentaron en el suelo con la espalda apoyada en la cama, y mientras que Serge abría el vino, Erica revisaba su teléfono. Tenía algunas fotos viejas allí que le gustaban mucho, junto a sus padres y hermana, también tenía fotos con Lucas.

—Uhm, qué sexy —dijo Serge con una sonrisa torcida al ver la foto de Lucas.

—Ey, no lo mires así.

—¿Por qué no? Es precioso —Se rió al ver el rostro enfadado de Erica—, ¿es tu novio acaso? ¿No eras la novia de Sabatini?

—Es mi amigo, un amigo que me gusta muchísimo, así que no lo mires.

Serge solo se rió y bebió un trago de vino mientras alzaba sus cejas.

—Dime que te acostaste con él, por favor.

Erica no respondió pero sus mejillas se encendieron levemente, no tardó en correr la mirada hacia otro lado.

—No me hagas pensar en eso, sigo de luto...

—¿Y qué tal? Con esa mirada que tiene...

Erica comenzó a reírse y le arrebató el vino para beber un trago.

—No voy a decirte eso.

Serge no insistió, aunque se mantuvo de buen ánimo luego de haber visto las fotos de Lucas, pese a su dolor por haber dejado a Julio, la idea de poder disfrutar de otros le parecía interesante.

Se mantuvieron conversando en medio de risas, bromas y anécdotas divertidas del pasado, Serge incluso le contó sobre una vez en que sin querer se había caído sobre el Loco al suelo.

—¡¿Eso cómo puede ser sin querer?! —chilló Erica con una risotada—. Lo hiciste a propósito seguro, no me mientas.

—Fue sin querer, estaba mirando a un tipo que me gustaba y por no dejar de mirarlo me tropecé con algo y caí sobre Wolff —se rió Serge—, me quedé pegado a su cara. Tiene una carita toda preciosa.

—Debió haberte dado un cachetazo tremendo.

—No, me sonrió de forma lasciva —se rió Serge—, no se enojó, creo que le gusté.

En los parlantes de todo Naemniki se oyó el nombre de Erica, Gretchen la estaba buscando, y no parecía de buen humor.

—Ve, princesse, o se va a enojar más —susurró Serge y le extendió la botella.

—Está bien, pero me debés esa anécdota.

Luego de beber un último trago de vino, se despidió de su amigo con un beso en la mejilla antes de salir corriendo hacia donde estaba Gretchen. Recorrió los pasillos hasta poder llegar a los ascensores y así ir hacia la oficina.

Luego del permiso de entrada, Erica entró a la oficina, donde Gretchen revisaba unos papeles. Miró por instinto hacia donde antes había estado el violín, en su lugar solo había una caja de cristal vacía.

—¿Me llamaste?

—Vas a ser transferida —dijo Gretchen con el rostro serio mientras firmaba varios papeles—, prepará tus bolsos.

—Tengo todo en bolsos —explicó Erica—, puedo transferirme ahora, ¿dónde dormiré?

—Con los locos... —Gretchen levantó la mirada y sonrió con malicia.

—¡¿Qué?! —Retrocedió un paso, aterrada ante la sola idea.

—Sí, últimamente estás un poco extraña, princesita, no creo que hagas nada raro durmiendo con los locos, ¿verdad? —dijo con esa sonrisa—. Por orden mía, todos los problemáticos serán transferidos a las habitaciones de los locos, y entre todos ellos la más problemática sos vos.

Gretchen se puso de pie y la miró de una forma sombría y llena de odio.

—No sé por qué, pero donde vos estás, hay caos, así que te quedarás con los locos donde vas a estar muy tranquila y bien portada.

—Creo que es normal que esté extraña, viendo que mi novio falleció —respondió Erica sin miedo a la reprimenda.

—Y está muerto por tu culpa.

Gretchen dio la orden a un hombre inmenso de escoltar a Erica en busca de los bolsos, para luego guiarla hacia la nueva habitación. Este hombre la tomó del brazo con fuerza, de una forma posesiva y dominante, para poder mantenerla controlada.

—Princesita —dijo Gretchen con una sonrisa—, él era amigo de Schulz, no intentes nada raro.

Erica abrió los ojos, consternada, y sin decir una sola palabra miró a ese hombre para que le permitiera caminar. Él no la soltaba, y la tentación de tomar su cuchillo y clavárselo era muy grande, pero también muy peligroso. Caminó en silencio y una vez en su habitación tomó sus bolsos. Lanzó un suspiro triste por tener que alejarse de Sveta, ya la habían separado de Chris, y ahora le tocaba con Sveta.

Con un suspiro resignado siguió a ese hombre que se veía realmente peligroso, no recordaba haberlo visto en Mörder, por lo cual estaba segura de que sería de Naemniki.

Él la empujó dentro de una habitación, tres camas estaban ocupadas, eran dos hombres y una mujer. Los tres escrutaron con curiosidad a Erica, pero un instante después ya la estaban ignorando.

—Vigílenla, orden de Gretchen —dijo él con un acento ruso muy marcado.

Erica se sentó en su nueva cama, la que estaba, otra vez, frente a la puerta. Arrojó los bolsos a los pies y se refregó el rostro con fastidio. El silencio allí era realmente incómodo, porque ninguno hablaba, el único sonido que podía oírse era el de un cuchillo ser afilado. Dirigió su mirada hacia allí, con curiosidad, y pudo ver a un muchacho muy atractivo de cabello negro que estaba afilando su cuchillo. Estaba segura de haberlo visto antes, aunque no recordaba de dónde.

Tomó su teléfono y decidió escribirle a Chris, le avisó que la habían transferido de habitación. Él no respondió, rara vez lo hacía. Decidió quedarse recostada allí solo mirando el techo, al menos hasta que la voz de la mujer se escuchó.

—Es hora de cenar, ¿vienen? —preguntó al mirar a sus compañeros, uno le enseñó el dedo de en medio y el otro respondió en ruso, por lo que se dirigió hacia Erica—. Nuevita, nos ordenaron vigilarte. ¿Te quedás con estos dos o venís al comedor conmigo?

Solo bastó de mirar a esos dos hombres allí, uno se veía más peligroso y loco que el otro, por eso tragó saliva y decidió seguir a esa mujer. Estaba segura de que no sería como Sveta, no haría amigos allí, pero prefería quedarse al lado de una loca que de cualquier loco de ahí.

Erica quería caminar tras la mujer, pero ella la tomó del brazo con agresividad y la empujó hacia adelante. Entonces recordó las palabras de Fosa respecto a dar la espalda, supuso que los locos tal vez se manejarían de la misma forma.

En el comedor tomó su bandeja, pero al no ver a la mujer por ningún lado supuso que quizá se había ido. Con un suspiro se sentó a comer sola, se sentía extraña aunque no estaba segura de por qué. Comió unas ramas de brócoli y trozos de pollo con otras verduras, aunque bastante desanimada.

Buscó con la mirada a esa mujer, la vio discutir con alguien allí. Comenzaron a atacarse mutuamente con cuchillos, la sangre salpicaba para todos lados y, poco a poco, la pelea comenzó a hacerse más grande, y más grande aún. Varios en el comedor terminaron participando en una batalla campal que cada vez se acercaba más a Erica.

Dejó la bandeja ahí pero tomó una última rama de brócoli que introdujo en su boca antes de salir corriendo de allí, pero no era la única. Por todos lados los locos estaban peleando contra otras personas.

Erica comenzó a correr en dirección a las habitaciones, buscó a su hermana en los lugares donde solía estar, porque Naemniki se había vuelto un caos, había fuego y peleas por doquier, se oían disparos y el roce de los cuchillos. Los gritos y alaridos de dolor resonaban por todas partes.

Entró en la habitación donde se quedaba Martín, era su última opción, estaba en la zona de profesionales desde que lo habían cambiado de categoría. En una cama contra la pared estaban él y Celeste besándose en pocas ropas.

—¡No es momento para coger, estúpidos! —les gritó Erica.

Celeste se cubrió enseguida con una sábana mientras que Martín se levantó rápidamente, con su rostro serio.

—¿Qué sucede? ¿Cuál es la situación?

Erica levantó una ceja al verlo de arriba hacia abajo, porque los músculos de Martín eran marcados y se veía realmente bien, pero lo que se notaba también en él era su erección apretada en su ropa interior mientras se vestía a gran velocidad. No se lo veía avergonzado, más bien actuaba con profesionalidad.

—Todos están peleando, hay fuego por todas partes y aún no marcan un alerta —explicó Erica, tratando de ser lo más concisa posible—. ¡Salgan de una vez!

Celeste se vistió también muy rápido, justo cuando la alarma comenzó a sonar. Se pedía evacuar las instalaciones y ubicarse en un lugar seguro.

Cuando atravesaron la puerta, el fuego y el humo estaba por todos lados. Martín no tardó en mojar unos pañuelos con una botella de agua y se los extendió a ambas para que cubrieran su boca y nariz.

Sin embargo, en el caos que eran los pasillos, Erica comenzó a ir a hacia otra dirección.

—¡Erica! —le gritó Celeste—. ¡Para allá no!

—Tengo dólares guardados, los vamos a necesitar —explicó rápidamente y tomó del rostro a su hermana—. Llevate mi moto.

—Erica, no podemos desertar —dijo Martín con su rostro serio—, es peligroso, nuestras familias...

—¡Todos están desertando, solo váyanse! —chilló y abrazó con fuerza a su hermana—. Llevate mi moto, andá a donde te comenté la otra vez.

—Te amo, Eri, vení rápido —lloriqueó Cele.

—También te amo —sonrió y luego miró a Martín, a quien le lanzó la llave de la moto—, váyanse, y cuidala bien.

Él solo asintió y tomó de la mano a Celeste para salir corriendo de allí, Erica apenas si los vio alejarse antes de reanudar su corrida.

Esquivar las llamas no era la parte difícil en realidad, la parte difícil era esquivar a todos los asesinos que estaban peleando entre sí. Debió luchar un par de veces contra otros para escapar, con su cuchillo cubierto de sangre.

En la nueva habitación donde la habían transferido abrió uno de los bolsos y se aseguró de que todo estuviese allí, lo colocó a su espalda y salió corriendo nuevamente. El otro bolso, lleno de ropa, lo dejó por no considerarlo importa, solo tomó de allí el vestido blanco que Chris le había regalado.

Corrió tratando de omitir esos gritos desesperados por ayuda, los alaridos de dolor o el olor a quemado que había por todo el lugar. Todo estaba cubierto de llamas, y encontrar pasillos que no lo estuvieran era casi imposible. El hedor era nauseabundo, Erica podía olfatear cabello y carne ardiendo. Vio sangre por todos lados, pero nada la detuvo, llegó hasta un lugar en donde se encontraba Gretchen, cerca de las escaleras y ascensores.

Ella dirigió su mirada llena de furia hacia Erica.

—¡Sabía que no debía confiar en vos, princesa! —le gritó.

Sujetó con fuerza a Erica del brazo derecho, el que más le molestaba, y Gretchen lo sabía bien.

—¡Soltame! —Erica se sacudió, tratando de liberarse de los brazos de esa fuerte mujer.

—¡Lo sabía! ¡Sabía que debía vigilarte!

Las llamas comenzaron a rodearlas, el calor era insoportable, Erica entonces tomó su cuchillo y se lo clavó en el brazo a Gretchen para que la soltase, para luego darle un fuerte cabezazo, pero Gretchen era demasiado fuerte. Se rió y la tomó del cuello al empujarla contra el suelo, donde no tardó en patearla.

—¡¿Qué hiciste, princesita?! —le gritó Gretchen con sus ojos llenos de locura mientras la estrangulaba con fuerza.

—No hice... nada...

Erica intentó liberarse, pero el calor y el humo le dificultaba respirar bien, era casi imposible luchar o pensar correctamente en esas condiciones. Sin embargo, con su cuchillo en mano, le hizo un corte en el rostro a Gretchen y la sangre cayó sobre su propio rostro, pero había funcionado. Gretchen la soltó.

Su idea no era pelear contra ella, era escapar, por eso intentó correr por las escaleras, sin embargo Gretchen la tomó del tobillo y con eso la hizo caer. Erica se golpeó la frente contra un escalón y aunque el dolor que sentía era muy grande, y estaba segura de que estaba sangrando, comenzó a patear a Gretchen para que la soltara, pero cuando la vio tomar su magnum calibre 50 con el que le había dicho el lema de los obligados, Erica supo que iba a morir.

No había posibilidad de escape, Gretchen la tenía sujeta y apuntada con su Magnum, y cuando estaba por disparar, una patada la arrojó a un costado y la bala impactó en la pierna de Erica, a quien le escocía el dolor.

—Du schlampe!

Erica miró hacia allí, el Loco se encontraba tras Gretchen con una mirada llena de odio y locura, se veía sombrío y tenebroso con la luz del fuego sobre él.

Gretchen se puso de pie para pelear contra él, le gritó que era un traidor, y Erica quiso aprovechar ese momento para correr, intentó ponerse de pie para subir las escaleras, pero al intentarlo el dolor era más fuerte. Su pierna sangraba bastante.

—¡Mierda! —chilló Erica al caer nuevamente sobre las escaleras—. Va te faire enculé, Gretchen!

Comenzó a tocer, respirar era casi un martirio, era insoportable, sus ojos ardían y lagrimeaban. Comenzó a subir con mucha dificultad por los escalones, todo su cuerpo le dolía y estaba mareada. La sangre de su frente había comenzado a caer por sus ojos, y ver se le dificultaba mucho más.

La luz roja y naranja iluminaba las siluetas de Gretchen y el Loco peleando allí, se revolcaban por el suelo y no parecían temer caer en las llamas. Erica no quería verlos, solo quería irse de allí, y con dificultad logró subir hasta el primer descanso de la escalera.

—¡Carajo! —chilló al ver que arriba era incluso peor, que las llamas allí eran más fuertes incluso, y que el calor era más intenso.

Sintió sus ojos llenarse de lágrimas que poco a poco comenzaron a caer por sus mejillas, estaba asustada, realmente aterrada. Sus extremidades temblaban de forma incontrolable, y sus rodillas varias veces quisieron flaquear. Se preguntó si así se sintió Fosa al quedar atrapado en el fuego, y cómo hizo para seguir luchando en busca de vivir. Ella se sentía tan débil e inútil en comparación, ¿cómo podría llegar a la mansión si todo allí estaba ardiendo?

La ronca voz del Loco la hizo reaccionar, lo vio parado tras ella, con los músculos trabados, su rostro herido y cubierto de sangre. El fuego lo iluminaba de una forma en que se veía incluso más tenebroso e intimidante que nunca.

—¿Por qué tan triste, engel...? ¡Deberías estar feliz! ¡Mañana ya no estarás manchada en pecado ni sufrirás la culpa! ¡Deberías agradecérmelo!

Erica lo miró aterrada, aterrada porque no había escapatoria, porque iba a morir en el fuego, y porque iba a morir con el Loco ahí, con su extraña mirada y su sonrisa que no lograba comprender.

Él le sonrió y se quitó su campera de cuero para poder colocarla sobre ella, cubriéndola hasta la cabeza. Le extendió la mano, ella no sabía qué hacer, aunque decidió aceptarla de todas formas. De un tirón el Loco la levantó en el aire y la subió sobre su hombro para salir corriendo de ahí, pero Erica llegó a ver a Gretchen en el suelo, inconsciente o muerta, rodeada de fuego.

—¡Bajame! —le gritó mientras le golpeaba la espalda.

—¡Callate! ¡¿O querés arder en vida?!

Erica cerró los ojos, clavando las uñas en la espalda del Loco. No quería ver cómo se encontraba todo el lugar, aún se oían gritos y ruegos que la hacían sentir muy mal. Estaba angustiada y temerosa, y terminó por llorar ahí sobre el hombro del Loco, con quien dejó de luchar.

Solo abrió los ojos cuando él la lanzó contra algo, descubrió así estar dentro de una camioneta negra con los vidrios espejados. El Loco no tardó en colocarse en el asiento del conductor y comenzó a manejar a gran velocidad, saliendo del estacionamiento y de los alrededores de la mansión. Aumentó cada vez más la velocidad, eso hizo que Erica temiese por su vida.

—¡Dejame salir! —gritó, con lágrimas en sus ojos mientras intentaba abrir la puerta—. ¡Tengo que ir con mi hermana!

—¡No queda nadie ahí, engel! —gritó él con fastidio—. ¡Todos se fueron, y los que no se fueron están muertos!

—Cele... Mi hermana... —lloriqueó.

Se aferró al cinturón de seguridad mientras que el Loco doblaba de golpe, varias veces Erica estuvo a punto de golpearse la cabeza por su forma de manejar. Cerró los ojos y rogó en su mente salir con vida de esa situación.

El Loco comenzó a bajar la velocidad y conducir ya un poco más tranquilo, pero aún así Erica se mantenía con sus ojos cerrados.

—No salgas —ordenó el Loco.

Abrió los ojos solo para verlo cerrar la puerta de la camioneta. Erica intentó abrirla pero era en vano, entonces lo siguió con la mirada, parecía alejarse hacia otro lugar, momento donde aprovechó para tomar su teléfono, estaba dañado y golpeado, pero buscó el chat de su hermana, la vio en línea y sintió que el alma le regresaba al cuerpo, pero no le escribió. Se fijó del chat de Chris, también estaba en línea. Lo vio escribir y borrar varias veces, como si no se decidiera por qué decirle.

Chris: ¿Sos vos? ¿Cómo sé que sos vos?

Erica sonrió y comenzó a llorar nuevamente mientras mordía sus labios. Se alegraba tanto de que él estuviese bien.

Erica: Olés rico.

Chris: Sí, sos vos. Cuidate, voy a desechar este teléfono. Si necesitás comunicarte hacelo a este número.

Bajo ese mensaje había un número distinto que Erica anotó rápidamente en su mano con un marcador que le quitó al Loco de la camioneta. Pocos segundos después, Chris borró todos los mensajes y dejó de estar en línea.

Erica creyó que tal vez debía hacer lo mismo, por eso solo le escribió a su hermana que la amaba mucho y que se desharía de ese teléfono.

Cuando el Loco regresó con un par de bolsas en sus manos, Erica parecía estar en shock. Estaba quieta, seria y miraba la nada, pero sin mirar algo en especial.

—Abrí la ventanilla —le dijo al Loco con seriedad, sin mirarlo.

—No.

—¡Abrí la maldita ventanilla o deshacete vos mismo de esto! —le gritó y le lanzó el teléfono con fuerza, con su rostro completamente transformado.

Él abrió su ventanilla y fue arrojando distintas partes del teléfono roto a la calle, mientras manejaba. El teléfono, desarmado, fue quedando por el camino.

Erica se recostó en el asiento con sus ojos cerrados, abrazaba sus piernas tratando de no llorar más. Sentía aún el olor a carne y cabello chamuscado en su nariz, seguía sintiendo el calor en su cuerpo que parecía quemarla, y el humo por todos lados que le impedía respirar. Aún oía los gritos y los ruegos por ayuda, oía los alaridos desesperados de dolor.

No supo cuánto tiempo pasó hasta que abrió los ojos cuando la camioneta se detuvo otra vez. La puerta a su lado se abrió y el Loco no tardó en levantarla sobre su hombro, mientras que ella pataleaba y gritaba que la soltara, sin que él le prestase atención alguna. Estaban entrando en una casa que ella desconocía, pero continuó golpeándolo en la espalda para que la bajase de una vez.

Él la arrojó en una cama, donde Erica rebotó levemente, y se colocó junto a ella, la sujetó de una pierna.

—¡Soltame! ¡Quiero irme! ¡Soltame! —se sacudió.

—¡Callate! ¡Salvé tu maldita vida!

—Yo... no te pedí ayuda...

Con sus dedos recorrió su piel, pero ella le lanzó una patada al rostro.

—¡Que me sueltes dije!

Él la ignoró y la acercó más hacia sí, pasó sus dedos por la frente herida de Erica y acarició una de sus mejillas.

—Du bist so schön... —le dijo mientras la miraba con intensidad.

—Por favor... —murmuró con tristeza—, por favor...

—Mein engel —le acarició el rostro y bajó por su cuello, sintiendo su piel, pero vio los ojos aterrados de Erica—. ¿Tanto... miedo te doy?

Ella no respondió, pero las lágrimas en sus ojos eran suficiente respuesta para él.

—Entiendo —susurró al ponerse de pie, y desde allí la miró con sus ojos celestes que en ese momento tenían la mirada más triste del mundo—. Creí que... Salvé tu vida en más de una ocasión, ¿por qué seguís temiéndome?

Erica no respondió, se acomodó mejor de tal forma que pudiese estar sentada, pero lejos de él.

El Loco se fue de allí, y aunque antes ella habría intentado huir, en ese momento se sentía realmente agotada, sentía que no le quedaban fuerzas para pelear. Miró sus manos con sangre seca, sucias y llenas de hollín, sintió nuevamente el deseo de llorar, y el deseo de que todo fuese solo una pesadilla. Solo una mala pesadilla, como esas que solía tener.

El Loco regresó poco después con un par de objetos en sus manos, los cuales apoyó en la cama, Erica quiso esquivarlo cuando él se acercó, pero él levantó sus manos en modo de paz.

—Solo quiero ayudarte...

—¿Qué es eso? —preguntó ella con desconfianza.

Él enseñó una fuente con agua y paños, agua oxigenada, gasas y cinta, entre otros objetos. Con un suspiro Erica terminó por rendirse y asentir, y solo luego de ello fue que el Loco se acercó a ella para sentarse a su lado. Empapó un paño en agua y lo exprimió un poco antes de comenzar a pasarlo por el rostro de Erica, especialmente por su frente herida. Luego limpió la pierna que aún sangraba, era una herida bastante superficial, pero que había desgarrado su carne.

No se dirigieron ninguna palabra, ninguno dijo nada y ni siquiera se miraron a los ojos. Él estaba ocupado en atender las heridas de Erica, por eso se fue y regresó luego con otros objetos.

—Debo coserlo... —susurró él.

—¿Sabés hacerlo?

—Sí —La miró directo a los ojos que le esquivaban la mirada—, te pido que solo por este momento confíes en mí, luego podés desconfiar todo lo que quieras. Necesito coserlo.

Erica lo miró fijo a los ojos, la preocupación en él era real, así que suspiró y terminó por asentir.

Una vez finalizó de sanar todas sus heridas, él estaba por irse, pero Erica lo detuvo con su voz.

—También estás herido...

—Puedo curarme solo —dijo él casi en un susurro—, no necesitás obligarte a ser amable conmigo.

Se fue de ahí y se llevó con él todos los elementos que había llevado. Erica se dejó caer en la cama, le dolía la frente, donde sujetaba una lata de cerveza para bajar la hinchazón por el golpe. Seguía sintiendo mucha angustia, seguía con el fuerte deseo de llorar, pero se acurrucó y mordió sus labios para evitar hacerlo.

No tardó mucho en quedarse dormida, a causa de todo el cansancio y de sus tristezas.


Buenas, gente, espero les haya gustado.

Tengo un pedido especial para los viejos lectores y es que por favor no hagan spoiler, hay gente nueva leyendo y no quiero que su experiencia se viera arruinada.

Los quiero, no olviden dejar sus opiniones <3

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