Capítulo N° 22 | parte 2
Dedicado a TricciFavaloro
~ • ~
—¿Realmente creés que podés contra mí? —se rió Fosa mientras desabrochaba su traje para poder atarlo a la cintura—. Debo haberte asfixiado demasiado, la falta de aire te afectó, porque vas a morir hoy y acá mismo.
—¿Qué te hace creer que mi intención es vivir?
Tan rápido como terminó de pronunciar esas palabras, él se abalanzó sobre ella y la sujetó con fuerza del cabello cuando Erica intentó escapar, con su cuchillo le hizo cortes en el pecho y trató de patearlo para que soltara su cabello que se desarmaba de su rodete, sin embargo Fosa le dio un fuerte puñetazo en el estómago.
Erica entonces giró en su lugar, el cuero cabelludo le dolía de sobremanera, pero de esa forma logró quedar tras él para poder aplicarle una llave de sumisión al torcerle la muñeca.
—Eso no funciona conmigo.
Fosa dislocó los huesos de su mano para liberarse, y los acomodó rápidamente otra vez, como si el dolor no existiera para él.
—Para intentar esconderte, no hiciste esfuerzo alguno —dijo Erica al alejarse con una voltereta, se colocó en posición con el cuchillo en mano—. No vas a volver a estrangularme más, insoportable de mierda.
Erica solo observó a ese hombre allí, que improvisaba una venda para su brazo.
—¿Qué te hace creer que estás en lo cierto sobre mí? —dijo Fosa, concentrado en el nudo de su venda.
—Chopin —dijo Erica con una sonrisa torcida.
Él comenzó a reírse, peinó con tranquilidad su cabello hacia atrás y clavó en ella una mirada dura en compañía de una sonrisa intimidante, que pudo haberle helado la sangre de no ser porque Erica estaba llena de adrenalina.
—La vez que luché contra Wolff, él terminó con un brazo roto, una pierna inmovilizada y múltiples heridas que le tomó semanas sanar —dijo con esa sonrisa—, vos no sos ni la mitad de fuerte que él.
—¿Y cómo te dejó el Loco ese día? Bastante hecho mierda, me imagino —dijo con una sonrisa provocadora.
Las cejas de Fosa cayeron de forma dura sobre sus ojos, y su mandíbula se apretó con fuerza ante la sonrisa molesta de Erica. Ella aprovechó ese pequeño instante para atacarlo, cambió el cuchillo de mano porque el brazo derecho comenzaba a molestarle bastante. Logró hacerle un corte en el pecho, pero él la tomó del brazo y la hizo girar en el aire, hasta caer en el suelo, donde no dudó en pisarla con fuerza. Erica lanzó un grito de dolor, e incluso así su mirada seguía dura y fija en él.
No soltó el cuchillo por nada del mundo, pero cuando quiso clavarlo en su pierna, él volvió a pisarla y luego le dio una patada fuerte en las costillas.
Él estaba tranquilo, caminó lentamente a su alrededor para verla levantarse, y Erica no tardó en hacerlo, se impulsó con los brazos y se puso de pie con su pose de defensa y ataque simultáneo, aunque respirar le costaba un poco debido a la patada.
Fosa se acercó con lentitud hacia el modular donde había dejado el vino, bebió tranquilamente un trago, como si todo fuera un simple juego. Ese acto hizo que Erica se enojara más.
—¿Tan poco aprendiste? —dijo él y meneó la copa de vino en su mano—. Me hiciste perder el maldito tiempo entonces.
Erica apretó su mandíbula con fastidio y dio unos pasos lentos al costado para poder analizar los movimientos de ese hombre. Sabía que no podía contra él, ni en ese momento ni nunca, pero estaba apostando en grande a una pequeña teoría que llevaba días formulando.
Fosa dio otro trago de vino hasta terminar la copa, la cual dejó apoyada en su lugar, sin dejar de mirar fijo a Erica. Cuando ella volvió a moverse él llevó su mano hacia la cadera, pero Erica dio una voltereta por el suelo para patearle las piernas y hacerlo caer. Fosa, sin embargo, apoyó su palma en el suelo y le dio una fuerte patada al rostro que la hizo sangrar.
Erica ignoró el sangrado de su nariz, se concentró en respirar lento, despacio, para no ahogarse con la sangre, sin dejar de mirarlo fijo. Volvió a hacer el intento de atacarlo y cuando él intentó tomarla del cuello, Erica saltó y enredó sus piernas al cuello de él, para aplicarle una llave de sumisión.
—Nada mal, Bombita —dijo Fosa.
Seguido de eso le lanzó un fuerte puñetazo a las costillas nuevamente, pero Erica no lo soltó. Se impulsó entonces hacia el suelo para caer sobre ella y que se golpeara con el peso de ambos, pero incluso así Erica no lo soltó. Fosa llevó una de sus manos hacia el cuello de ella y comenzó a presionar con fuerza para asfixiarla.
Ambos tenían poco oxígeno, pero ninguno estaba dispuesto a soltar al otro.
Fosa entonces tomó su pistola y rápidamente la colocó bajo el cuello de Erica, sin embargo ella tenía a su vez su cuchillo bajo la axila de él, justo sobre su arteria.
—Aprendiste... bien —dijo él con su voz algo cortada—. Tengo muchos deseos... en este momento... de matarte.
—Y hacelo, siempre... amenazás con hacerlo.
—Intentá liberarte.
Masculló él y quitó el arma del cuello de Erica, y pese a la falta de aire, parecía estar bien. Erica supuso que podría estar varios minutos sin respirar, pero ella también tenía bastante resistencia aguantando la respiración, aunque no estaba segura de poder resistir tanto como él.
Erica alejó su cuchillo de la arteria de Fosa y lo dejó a un costado, en el suelo. Soltó por primera vez, y por voluntad propia, el cuchillo. Solo con sus manos y tratando de resistir lo más posible con la mano de él en su cuello, aflojó el agarre de sus piernas debido a la falta de oxígeno, pero no dejó de atacar. Le lanzó una fuerte patada al rostro que lo obligó a soltarla, y solo así pudo alejarse un poco por el suelo. No tardó en sujetarse el cuello intentando respirar, de forzar a que el aire llegase a sus pulmones.
Fosa la miró, sentado en el suelo, respiró con tranquilidad y llevó una de sus manos al cuello.
—Aprendiste bien —dijo él, luego se puso de pie, aunque algo mareado, y volvió a servirse vino en la copa.
—Este no es... tu nivel —dijo Erica, jadeante—, es imposible que alguien de mi nivel te tuviera así. ¿Realmente sos... Nahuel Pietrzak? ¿No vas a matarme?
Él bebió un trago de vino, como si la presencia de Erica o sus palabras le fueran insignificantes.
—Podría hacerlo —escupió con asco—, pero aún debo ese maldito favor y mientras tanto no puedo matarte.
Giró para verla, Erica seguía en el suelo, agitada y agotada.
—Bajé mi nivel porque pude haberte matado antes de que siquiera pudieras reaccionar —dijo él con seriedad—, quería ver qué tanto aprendiste.
—¿Y qué tanto aprendí? —toció un poco, le molestaba su garganta.
—Bastante, diría que estás al nivel profesional —dijo y bebió otro trago de vino—, pero claramente, no a mi nivel ni al de Wolff.
—¿Y al nivel de quién?
—No sé cuál es el nivel actual de muchos —explicó—. Diría que sos más fuerte y habilidosa que el inútil y debilucho Sabatini que yo conocí hace años.
Erica gruñó con odio al oírlo, pero sabía que no era seguro seguir peleando.
—Ow, cierto que tu inútil se murió, qué tristeza.
Lo pronunció de una forma tan falsa y divertida, que Erica sintió su sangre burbujear.
—Y si vos sos tan bueno y tan fuerte, ¿por qué quedaste así de herido? ¿Eh? —dijo y señaló su rostro con quemaduras.
Fosa frunció el ceño enseguida.
—Estás abusando de tu suerte, Bombita, no van a estar cuidándote siempre —dijo con una mirada dura—, y cuando nadie esté ahí no vas a poder seguir jugando conmigo.
Erica no dijo nada más, intentó tranquilizarse y relajar su pulso, también su respiración. Se dejó caer recostada en el suelo mientras miraba la sangre que había salpicado por todos lados.
—Voy a tener que volver a limpiarlo...
—Dejáselo a Rata, vamos —dijo Fosa y con su mano la instó a ponerse de pie.
Erica se levantó con algo de dificultad, estaba cansada, pero no dudó en tomar el cuchillo del suelo. No lo guardó en la funda, lo dejó en su mano solo por si las dudas.
—¿Por qué fingiste tu muerte? —preguntó, de pie tras él.
—Yo no fingí nada —escupió con odio y giró para verla—, estuve peleando por mi vida durante un mes, para cuando abrí los ojos ya me habían dado por muerto semanas atrás. Nahuel Pietrzak ya no existe, solo queda Fosa o Gusano.
Erica solo lo miró fijo a los ojos, y por verlo hacia allí es que no vio la mano rápida de él que se dirigió a su rostro, el cual apretó con fuerza.
—Que sea la última vez que me atacás —le dijo con odio.
—Que sea la última vez que me estrangulás —dijo ella con asco.
—No estás en posición de hacer solicitudes estúpidas —se rió él.
—Sí lo estoy —le dirigió una sonrisa torcida—, porque necesitás una vocecita nueva. ¿Verdad? Necesitás que observé a tu querida Gretchen porque vos no podés hacerlo.
Él no respondió, solo apretó su rostro con más fuerza.
—Cambio de planes, no te quiero como vocecita —dijo entre dientes y presionó un poco más su rostro, hasta ver un gesto de dolor en ella. Acercó su rostro al de ella hasta estar solo a milímetros de distancia—: Vas a traerme mi violín.
—El violín está en la oficina de Gretchen, tiene código y hay cámaras en toda la mansión —se excusó ella—. Si sos tan bueno, ¿por qué no lo recuperás vos mismo?
Él sonrió de una forma que a Erica le dio miedo, era una sonrisa distinta y tenebrosa, ni siquiera al Loco lo había visto sonreír de esa forma.
—Tenés razón, Bombita —dijo y la soltó con agresividad—. Vas a acompañarme, vas a observar todo lo que hago, y te vas a dar cuenta por qué aún a cinco años de mi supuesta muerte, todos siguen admirándome.
—«Todos», no creo que todos te admiren.
—Es verdad —Se acercó al modular y tomó la copa y el vino en sus manos—. Los únicos que no lo hacen son aquellos que son de mi nivel.
Giró para verla con su rostro serio.
—Wolff, Kolzova y los Tanaka. El resto es basura a la que solo le queda temernos o admirarnos.
Sin decir nada más, Fosa quitó la traba de la puerta y salió de allí. Erica salió tras él, pero se dirigieron a distintos lugares, él a lavarse al baño, y ella a lavarse el rostro y las manos en la bacha de la cocina.
Su nariz había dejado de sangrar, pero le dolía bastante. Se miró el torso, donde él la pateó con fuerza, y solo al apoyar sus dedos sintió mucho dolor.
—No estaba seguro de si estaban peleando o cogiendo —dijo Rata, cruzado de brazos frente a la isla donde Erica se estaba lavando—. Sigo en duda de qué opción fue.
—Ese tipo me excita menos que vos, y eso es mucho decir —dijo Erica y apoyó con cuidado su mano húmeda y fría sobre las costillas.
Rata la miró con curiosidad, ella estaba con su sostén deportivo que ajustaba sus senos. Erica creyó que estaría mirando eso, sin embargo se llevó una sorpresa cuando lo vio acercarse a la heladera y tomar de allí un vino blanco, que no tardó en apoyar sobre el golpe en las costillas.
—Gracias... —dijo Erica en un susurro, mientras sujetaba la botella de vino.
—¿Qué hiciste para hacerlo enojar?
—Lo apuñalé.
Rata alzó sus cejas con sorpresa y luego comenzó a reírse. Corrió una silla alta para poder sentarse frente a ella, no dejó de mirarla con curiosidad en ningún momento.
—Eso explica muchas cosas —dijo con una risita.
Erica tomó su cuchillo y comenzó a limpiarlo con un trapo.
—Dejame verlo —dijo y estiró su mano para que Erica pudiera darle el cuchillo, pero como vio la mirada de ella, no tardó en agregar—: Si no lo cuidás bien, se va a arruinar. Dámelo.
Con un resoplido fastidiado le extendió el cuchillo y Rata lo limpió correctamente, se concentró en analizar su peso, en ver la hoja y pasó su dedo por la empuñadura grabada.
—«Eres todo para mí» —dijo y levantó la mirada para verla—. ¿De dónde lo sacaste?
—¿Eso es lo que significa? —preguntó Erica con sus ojos bien abiertos.
—Sí, «du bist mein Ein und Alles» —le devolvió el cuchillo—. «Eres todo para mí», «eres mi todo», algo así.
Erica apretó la mandíbula con una mezcla de vergüenza y molestia, tratando de no pensar en el motivo por el cual el Loco le dio ese cuchillo.
—¿Te lo dio Wolff o se lo robaste? —preguntó Rata con una ceja levantada.
—Fue un regalo.
—Él no le hace regalos a nadie —dijo con seriedad—, y menos si se trata de ese cuchillo. Solo te voy a decir que lo cuides mucho.
Erica masculló un par de insultos en francés, con fastidio, y se concentró en poner frío sobre los golpes que le dolían bastante. No pudo evitar toser un par de veces por la molestia en su garganta. Su voz de a ratos se oía ronca, y de a ratos volvía a la normalidad, producto del haber sido estrangulada.
Fosa tardó un poco en salir del baño, aunque no tanto como otras veces. Apareció en la cocina junto a Rata y Erica, ya limpio pero con ropa negra y casual.
—Rata, te dejo el resto a vos. La Bombita y yo tenemos algo que hacer.
Rata apoyó sus manos sobre la isla para dejar su rostro frente al enmascarado de Fosa.
—Si le hacés algo a la Bombita, te las vas a ver conmigo —dijo entre dientes—. Mirá cómo me la dejaste
—No me jodas, Rata —dijo Fosa de manera fría—, no estoy de humor.
—Nunca estás de humor, te hace falta una buena cogida.
Fosa se dirigió hacia Erica y con un movimiento de mano le ordenó levantarse. Ella entonces dejó el vino blanco en la isla y comenzó a quitarse el traje para poder irse junto a él, no sin antes colocarse su remera básica.
—Rata —Se acercó un poco a él y le dio un tierno beso en la mejilla que lo tomó por sorpresa—. Gracias, voy a estar bien.
Aunque el rostro sorprendido de Rata le parecía muy divertido, se dio la vuelta para poder seguir a Fosa, a sabiendas de que hacerlo esperar más tiempo era incluso peor que apuñalarlo. Dejaron ambos su celular, por si Gretchen decidía revisar la ubicación de ambos.
Cuando pasó junto al sillón donde estaba durmiendo el pequeño hijito de Rata, le hizo una caricia en la cabeza antes de salir de allí. Fosa la había observado un instante, y aunque Erica no podía ver su rostro, estaba segura de que la había mirado con repulsión.
Salieron de la casa y Fosa quitó la alarma de su auto, y luego de que ambos se acomodaron en los asientos, comenzó a manejar rumbo a su destino. Erica lo miraba de reojo, especialmente cuando él se quitó la máscara para manejar más cómodo.
—Dejá de mirarme —se quejó él.
—Difícil, estoy junto al tan nombrado Nahuel —bromeó Erica y dirigió su mirada hacia el frente—. ¿Puedo saber qué pasó?
—¿Qué pasó con qué?
—En esa misión.
Fosa apenas si la miró de reojo, con su ceño fruncido y un gesto de odio muy notorio, aunque Erica no estaba segura de que ese odio estuviese dirigido hacia ella.
—Fui traicionado —escupió con asco—, no suelo darle la espalda a nadie, porque no suelo confiar en nadie. Mi error fue hacerlo.
—A mí me das la espalda...
—Porque confío en vos, y tendrías que ser realmente estúpida para atacarme —dijo y luego comenzó a reírse—, oh, esperá, ¡sí lo hiciste! Un digno ejemplo de la evolución e inteligencia humana.
—No creí que fueras capaz de hacer bromas —dijo Erica con una sonrisa torcida.
—No te acostumbres —Su rostro se oscureció nuevamente—. Como sabía que no podía contra mí en un enfrentamiento, me disparó en una pierna mientras hacía mi trabajo, para que no pudiera huir, y con una molotov prendió fuego el lugar. Me disparó en la espalda y se fue dejándome encerrado, todo en cuestión se segundos. —Miró de reojo a Erica, quien se esforzaba por no mirarlo directo al rostro—. Ni siquiera se lo puede considerar un asesino, solo fue un cobarde que debió atacarme por la espalda y encerrarme en el fuego porque no podía contra mí.
—¿Y... cómo hiciste...?
—No por nada soy el mejor —dijo con una sonrisa egocéntrica—. Cerré todas las aberturas para que la corriente de aire no avivara las llamas, traté de buscar una salida mientras cubría mi boca y nariz con un pañuelo húmedo. No pude evitar mis heridas por el fuego, pero pude disminuir el daño. Debido a mis heridas y el humo terminé por desmayarme.
—Y te encontraron los barrenderos... ¿verdad?
—Sí, Rata me reconoció y llamó a un aliado. Supuestamente había muerto en la misión, pero estaba vivo, malherido pero vivo.
Erica vio que se estaban acercando a esa guarida de Fosa donde varias veces la había llevado, un galpón enorme.
—A falta de tiempo para tomar decisiones, y a mi inconsciencia, Rata y ese aliado se encargaron de cubrirme hasta sanar. El resto ya debe serte obvio —Estacionó el auto dentro y miró a Erica directo a los ojos grises—, Rata me aceptó con ellos cuando pude ponerme de pie, y desde entonces solo soy un barrendero.
Bajaron del auto, y aunque ella tenía demasiadas preguntas, estaba segura de que no era buena idea presionarlo. Debía permitir que fuera él mismo quien confiara en ella para contarle el resto de la historia.
Erica se sentó en el sillón y observó los movimientos de Fosa, había comenzado a desvestirse frente a ella como si no le importara en lo absoluto su presencia o su mirada. Él tenía el cuerpo realmente trabajado, y pese a las quemaduras que se notaban en su piel, sus músculos resaltaban allí.
Se había puesto un pantalón táctico y camisa, todo negro, con botas a cordones que no tardó en atar, y comenzó a colocarse arneses en el pecho y piernas. Erica no pudo disimular su rostro impactado al verlo correr una cortina y ver todas las armas que él tenía allí. Acomodó cada una en los arneses, y también un par de cuchillos en sus piernas.
—A pesar de todo es lindo... —dijo en voz baja.
Fosa dirigió su mirada hacia ella, Erica tragó saliva porque estaba segura de que no pudo haberla escuchado, solo se relajó un poco cuando él habló.
—¿Estás cómoda con ese cuchillo o te doy una pistola? Pero si te doy una y llegás a apuntarme a mí...
—Estoy cómoda con mi cuchillo.
Él solo asintió y terminó de preparar todo, Erica se acercó solo un poco para observar un rifle que había allí, era enorme, más que el rifle que usaba Martín, supuso que el de Fosa sería de mayor calibre.
—Oí que no solés tomar aprendices —dijo Erica, sin dejar de mirar ese rifle.
—Todos son unos malditos inútiles que no merecen mi tiempo, incluyéndote.
—¿Y por qué me enseñás? —inquirió Erica con fastidio.
—Te tomé como barrendera porque tenés mucho talento, y te enseño a pelear para que no te mueras y nos dejes en ridículo.
—No te lo creés ni vos —dijo ella y se paró firme—. Decime la verdad.
—El único aprendiz que tomé por voluntad propia fue hace ya varios años —escupió con asco—, un inútil también, pero menos inútil que el resto porque al menos logró apuñalarme.
—Martín, sí. Conozco la historia.
—¿Lo conocés? —Levantó una ceja, con desconfianza.
—Es mi cuñado —dijo Erica y levantó la barbilla con orgullo—, y es el mejor francotirador de todo D.E.A.T.H.
—Quizá lo era, antes de que llegaran los Tanaka —Fosa la miró con seriedad y terminó por sonreír con soberbia—. Es bueno saber que aprendió algo. Ahora basta de charla y vamos, quiero mi violín de vuelta.
—¿Qué tiene de especial ese violín?
Fosa giró para verla, con una mirada de odio muy notoria, se veía intimidante.
—¿Leíste mi archivo? —preguntó, con esa mirada clavada en ella—. Si lo leíste sabrás que soy violinista, una clara obviedad.
—Me salteé el noventa por ciento de las hojas, sinceramente.
—Mi destino era ser un gran violinista —dijo, con seriedad—, destino que fue afectado por la intervención de Jonathan al asesinar a mis padres, aunque se suponía que yo debía morir también. No seré el mejor violinista del mundo como era mi destino, pero soy el mejor elemento que ha tenido Mörder desde la muerte de Kasch Wolff.
Fosa le arrojó una bolsa a Erica, tenía ropa negra dentro.
—Ponete eso, si vas a ser un testigo, tenés que ser irreconocible.
Erica comenzó a desvestirse ahí frente a él, pues había comprobado tiempo atrás que Fosa ni siquiera le dirigía una mirada, y en caso de hacerlo era solo para apurarla. Él no tenía interés alguno en Erica o en su cuerpo.
Debió recogerse el cabello en una colita, y solo cuando estuvo lista fue que se subió al asiento del acompañante de un auto negro, muy diferente al anterior. Fosa se sentó a su lado y al encender el auto puso música suave de piano y violín para el viaje.
De no ser por la música, el viaje habría sido muy silencioso porque ninguno decía nada, aunque Erica tenía demasiadas preguntas.
—¿Puedo preguntarte algo? —susurró ella.
—Solo dos preguntas.
—¿Por qué pelearon el Loco y vos en el pasado? Leí que rompieron la mansión...
Fosa hizo silencio por unos instantes, concentrado en el frente y en manejar, pero también la miró de reojo.
—En esa época él se había interesado en otra chica y habían comenzado a salir, Gretchen la mandó a matar —dijo con un suspiro molesto—. Yo no estuve involucrado, ella es muy impulsiva a veces, pero me involucré cuando él intentó matar a Gretchen.
Erica lo miró con sorpresa, su gesto era bastante divertido para él, que solo sonrió de costado.
—Digamos que luego de eso ella no volvió a intentar atacar otra vez a las parejas de él, ni él intentó matarla nuevamente —La miró de reojo y dejó ir un sonido cargado de ironía—. Y Wolff hizo todo eso solo porque la muertita le gustaba, imaginate lo que sería capaz de hacer por quien ama.
El silencio volvió a dominar ahí en el auto, estaban cerca de la mansión Moms, y por ese motivo Fosa le extendió a Erica una máscara y se puso la propia. Estacionaron cerca de la mansión, pero no dentro como ella hubiese esperado.
—Aún te queda una pregunta, pensala muy bien y luego de terminar, responderé.
Diciendo eso Fosa salió del auto y Erica lo imitó, él estaba colocando el silenciador a su pistola, con ella siguiéndolo por detrás. Apenas si se asomó por los arbustos, observó rápidamente todo el jardín de los Moms.
—Las cámaras están en el mismo lugar, vení.
Entró por un hueco entre los arbustos mientras se habría paso por la oscuridad del jardín, hasta llegar a los autos y cubrirse con ellos cuando pasaron algunos asesinos. Erica sintió paralizarse cuando reconoció a una persona allí que encendía un cigarrillo.
Fosa tomó su pistola, dispuesto a dejar un par de cadáveres por allí, pero Erica colocó su mano sobre el cañón.
—No —le dijo en voz baja y con una mirada dura—. Si lo matás, voy a gritar y que se forme un alerta.
—¿Y creés que me importa?
—La primera en salir en un alerta es Gretchen, sí te va a importar.
Fosa la miró con frialdad y bajó el arma mascullando insultos en francés que Erica podía entender perfectamente. Sin embargo, en ese momento, para Erica era más importante evitar que Fosa matase a Chris, que evitar su enojo y posible castigo.
—¿Quién es? —preguntó con curiosidad al observar los movimientos de Chris, parecía solo fumar en el jardín, pero Fosa notó mucho más.
—Mi amigo.
—¿Rango?
—Líder de los obligados —respondió Erica mientras llevaba su mano hacia el cuchillo de su cadera.
—No es un obligado —dijo Fosa con seriedad—, es un profesional. —Con sus dedos le enseñó a Erica la forma en que Chris, con disimulo, miraba a su alrededor—. Sintió algo extraño y está en alerta, un obligado no podría haberlo sentido. Tiene talento.
Erica no dijo nada, pero sonrió con orgullo, porque era consciente de las capacidades de su amigo. Sabía que en la prueba para convertirse en líder de los obligados había derrotado a Martín y luchado de igual a igual con Aaron, pero no pudo contra el Loco.
Chris solo se alejó cuando alguien de adentro lo llamó, ni Fosa ni Erica pudieron ver quién era, pero sirvió para que él se alejara. Solo luego de que él ingresara fue que ambos se pusieron en movimiento. Erica caminaba lento tras él, observando todo lo que él hacía.
Fosa se pegó a la pared de la mansión y con el cañón de su pistola movió la cámara hacia otro lugar, y así ambos ingresaron. Al entrar él disparó a un par de cámaras en el hall principal y avanzaron sin hacer ruido por allí. Se podía oír el piano de Gretchen ser tocado, y ante eso Fosa se quedó quieto por un instante.
Erica, pese a que él podría herirla, le dio un golpe en la espalda para que reaccionase y pudieran avanzar. Él no dijo nada al respecto, pero asintió como agradecimiento.
La confianza y tranquilidad con la que él caminaba sorprendía a Erica, todo el sigilo del jardín había desaparecido. Fosa era en ese momento el amo y señor del lugar, su caminata demostraba eso. Disparó a las cámaras y a un par de asesinos que se cruzaron y habían intentado levantar sus armas. Él no les dio tiempo ni a pensar.
En el pasillo de la oficina de Gretchen, con una seña Fosa le pidió a Erica que vigilara mientras que él colocaba el código en el panel.
—No creo que... —comenzó a decir Erica, pero él le cubrió la boca con la mano.
La puerta se abrió y así ambos entraron. Erica pudo ver que la caminata de él se había vuelto más lenta cuando se dirigía hacia el violín. Abrió el cristal con sumo cuidado y lo sacó de ahí como si fuese la cosa más delicada y valiosa del mundo. Observó el violín en sus manos, trataba de asegurarse de que no tenía daños y que todo estaba en orden.
—Gretchy debió cuidarlo mucho... —susurró él con un tono de voz triste.
—Ya lo tenés, vámonos —dijo Erica, muy nerviosa.
—No, esto aún no termina. —Colocó el violín contra el pecho de Erica—. Lo vas a llevar vos, y creo que no necesito decirte lo que voy a hacerte si algo le pasa a mi violín.
Diciendo eso abrió la puerta nuevamente y salió con ella siguiéndolo por detrás, no tuvo ni tiempo a pensar cuando vio a Fosa moverse tan rápido, acababa de matar a un asesino sin que este se diera cuenta. Le quebró el cuello desde atrás de un rápido movimiento, para luego avanzar por dentro.
Fosa parecía enojado, porque su paso fue más acelerado y no dudaba en matar a todo aquel que se cruzara en su camino, sin importar si eran asesinos o solo sirvientes.
Subieron por las escaleras de la mansión en una rápida corrida por los escalones, y en el pasillo dorado y elegante su paso se volvió un poco más lento. Con una seña le indicó a Erica que no hiciera sonido alguno.
Ella intentó no hacer ruido con sus pasos, como hacía Serge, ser casi imperceptible.
Cuando Fosa se acercó a una puerta, Erica oyó ruido a su lado y no tardó en girar hacia allí y clavar en el cuello de esa persona su cuchillo. Tomó al asesino con sus brazos y lentamente lo fue bajando hacia el piso, para evitar ruido alguno.
Con una seña, Fosa le indicó que se colocara del otro lado de la puerta, contra la pared. Cargó nuevamente su pistola y con lentitud apoyó la mano sobre el picaporte. Apenas si llegó a abrir un poco la puerta cuando esta se rompió por un disparo de revolver desde adentro.
—El que quiera morir, que entre.
Erica se paralizó al oír la voz de Jonathan Moms, y comenzó a respirar más rápido. Miró casi con desesperación a Fosa allí, todo vestido de negro y con su máscara que le cubría el rostro. Lo veía tranquilo, por eso fue que lo vio agacharse en el suelo y abrir la puerta para ingresar con una voltereta.
Se oían disparos y la voz de Jonathan hablar con tranquilidad, Erica sintió que podría morir de un infarto ahí mismo, pero decidió entrar tras Fosa, quien cerró la puerta tras ella.
—Una pareja, qué original —dijo Jonathan.
Con una mano apuntaba su revólver, con la otra se servía whisky en un vaso para dar un largo trago.
—Sabías que un día vendría —dijo Fosa y se quitó la máscara.
Erica vio el rostro transformado de Jonathan, toda la confianza que tenía había desaparecido al ver allí, en su oficina, frente a él a Nahuel Pietrzak.
—¿Nahuel?
Jonathan se puso de pie con ayuda de su bastón, pero ante cualquier movimiento Fosa lo apuntaba.
—Se supone que habías muerto...
—Sí, bueno, debieron hacerle un estudio de ADN al cadáver que enterraron —dijo con seriedad—. Dos disparos y un incendio no bastan para matarme.
—¿Y ella quién es? —preguntó, mirando con curiosidad a Erica.
—Mi aprendiz, va a ser testigo de todo lo que pase acá.
—¿Vas a matarme? —Jonathan volvió a sentarse y dejó el revólver apoyado en la mesa, para poder tomar su trago con comodidad.
—Siempre supiste que algún día lo haría —dijo Fosa, sin una pizca de afecto en su tono de voz.
—¿Por haber matado a tus padres? —inquirió Jonathan y meneó en su mano el vaso, con una sonrisa que a Erica le heló la sangre—. Me pagaron muy bien ese día, aunque debo decir que la paga por matarte era incluso mayor.
—La que debía matarme era Gretchen, la paga habría sido para ella —dijo Fosa y se acercó un poco hacia allí—. Y mis vocecitas me dijeron que estuviste maltratando y torturando a Gretchen todos estos años por mi muerte, ¿qué se siente haber torturado a tu hija emocionalmente por algo que nunca pasó?
—Sigue siendo culpa de ella —se rió Jonathan—, mandar al mejor junto a ese novato a una misión de esa clase, es simple estupidez.
Un disparo se impregnó en el hombro de Jonathan, y Erica vio el rostro transformado en locura en Fosa.
Jonathan apenas si apoyó su mano sobre la herida, como si no le molestara en lo absoluto, como si todo se tratase de un simple juego de niños.
—Debiste haberte casado con ella —dijo Jonathan con sus cejas caídas de forma intimidante sobre sus ojos—, habrían sido invencibles juntos.
—Casarme equivalía a tener monstruos corriendo y ensuciando todo como las criaturas asquerosas que son —escupió Fosa con asco.
—Solo son bebés... —susurró Erica.
Él la miró de reojo.
—Podés sacarte la máscara, va a ser divertido ver la cara de Jon al verte.
Erica obedeció y se quitó la máscara con cuidado, sonrió con satisfacción por poder respirar bien, y esa sonrisa aumentó al ver el gesto de desprecio de Jonathan.
—¿La obligada del teatro? —dijo con asco—. Ya entiendo por qué me recordó a vos ese día, le enseñaste a hacerlo.
La miró de arriba hacia abajo con curiosidad, el cuerpo de Erica era fuerte y eso se notaba en un simple vistazo.
—La putita de Sabatini, ¿verdad? —dijo y levantó la barbilla—. ¿O debo decir de Wolff?
—Terminá tu trago, luego de eso tenés dos opciones: suicidio o mi bala en tu frente —dijo Fosa con asco—, pero antes de eso vas a dejar asentado que todo le pertenece a Gretchen.
—No puedo hacerlo, tengo tres hijos.
—Dos en realidad, el llorón insoportable de Héctor no cuenta —se rió Fosa y peinó su cabello hacia atrás, con elegancia—. Todo D.E.A.T.H. le pertenece a Gretchen, Héctor puede quedarse con los restaurantes y Julio con los boliches, como hasta ahora.
—Si hago eso, Julio va a matarla de verdad y no como un juego como hasta ahora —se quejó Jonathan—, y si algo le pasa será tu culpa.
—Si Julio intenta hacerle daño —curvó sus labios en una sonrisa siniestra—, ya no vas a estar para protegerlo de mí.
Jonathan volvió a servirse whisky otra vez, meneó el vaso en su mano algo pensativo, y luego levantó la mirada para ver a ambos allí.
—Tocá para mí una última vez, luego de eso moriré con honor y orgulloso de que mi mejor hijo se deshaga de mí —dijo con una sonrisa—, el único que no salió siendo un cobarde inútil como los otros.
—¡Tu mejor hija es Gretchen! —gritó él con asco—, porque yo no soy tu hijo, ¡yo soy hijo de músicos!
Diciendo eso le dio una pistola cargada a Erica y tomó el violín en sus manos.
—Apuntalo, a cualquier movimiento extraño que haga lo matás, Bombita.
Erica tragó en seco y apuntó con sus dos manos a Jonathan Moms, mientras que Fosa se aseguraba de que el violín estuviese en condiciones y afinado. Hizo algunos ajustes y luego lo colocó en su hombro izquierdo.
—¿Algún pedido en especial?
—Pregunta estúpida, Nahuel. Sabés que me gusta Paganini.
Él entonces comenzó a tocar lo que más le pedía Jonathan que le tocara siempre, y el motivo por el cual no fue asesinado en su infancia: Caprisce n° 24.
Erica sintió su piel erizarse al oír ese violín, y aunque quiso evitarlo miró de reojo a Fosa, era muy rápido y habilidoso, su música se oía realmente increíble, pero dirigió nuevamente su mirada hacia Jonathan.
Erica nunca había sido realmente fan de la música clásica más allá del ballet, pero debía admitir que le llegaba hasta el alma esos sonidos perfectos, le hacían vibrar el corazón, y estaba sorprendida de lo bueno que era él tocando.
Cuando finalizó, Fosa bajó el violín y se lo extendió a Erica sin dejar de mirar a Jonathan. Entonces tomó una pistola de su arnés y lo apuntó.
—¿Algún lugar en especial? —preguntó, mirándolo con seriedad.
—Lo dejo a tu criterio, hijo.
Jonathan bajó su vaso hacia el escritorio y tomó unos papeles del cajón, firmó un par de hojas y luego volvió a guardarlos allí. Sin dejar de mirarlos a ambos cruzó sus manos sobre la mesa con una sonrisa.
—Me casé con Ingrid por su dinero e influencias en la mafia para poder quedarme con D.E.A.T.H. luego de matar a mis hermanos —dijo con esa sonrisa torcida—, tuvimos a Gretchen que es lo mejor de esa asquerosa unión. Me deshice de Ingrid no bien pude para casarme con mi amada Ornella, quien me dio a Julio y a Héctor, a quien aprendí a amar como a uno de mi sangre. Ornella murió hace un año, creés que me estás castigando, pero en realidad me llevás hacia mi amada.
—Dejarte morir por tu esposa muerta—dijo Fosa con una risotada—, creí que eras fuerte e inteligente, veo que me equivoqué.
—Yo te creé, te volví el ser frío e insensible que sos, imposible de seducir para sacarle información, incapaz de amar a nadie —Jonathan sonrió—. Yo te hice así de fuerte.
—Y te salió mal —agregó Fosa—, porque creíste que te sería leal a vos, y mi lealtad está con Gretchen. Si ella me ordenara morir, me suicidaría sin dudar, porque pese a todos tus esfuerzos por volverme un sociópata, ella me dio todo lo que vos no.
—Una vagina húmeda y estrecha —dijo Jonathan con una risotada.
Fosa le disparó en el otro hombro, con su rostro transformado por completo en odio y locura.
—Cariño.
Apuntó nuevamente a su frente y se dirigió con la voz hacia Erica.
—Bombita —dijo Fosa con dureza—, vas a ver la muerte de Jonathan Moms, el que manda por sobre todos estos hijos de puta. Van a buscar a los responsables, y van a interrogar a todo aquel que consideren sospechoso. ¿Querés esperar afuera y no ver?
—No —dijo Erica con tranquilidad—, quiero verlo.
Sin decir más, Jonathan le sonrió con orgullo a su hijo preferido, y Fosa le disparó en la frente, entre medio de sus cejas, sin una pizca de tristeza, dudas o nostalgia. Solo luego de eso fue que se acercó al escritorio, donde ahora Jonathan Moms se encontraba muerto, y tomó un vino de la barra a un costado, para luego colocarse nuevamente la máscara y acercarse a la ventana tras el escritorio.
Erica volvió a cubrirse el rostro y se acercó a Fosa, no sin antes girar a ver a ese hombre muerto sobre el escritorio.
—Vas a volver conmigo, hay que buscar nuestros teléfonos que demuestran, por su ubicación, que nunca estuvimos acá.
Dijo él y abrió la ventana de par en par, luego tomó de su espalda una pistola diferente a las otras y llamó a Erica con su mano, a quien no tardó en tomar de la cintura y pegarla contra él.
Erica se sintió algo nerviosa, porque era como estar abrazada a Fosa, aún cuando entendía lo que estaba por hacer. Se lanzó de la ventana y disparó un garfio para poder ir bajando lentamente hacia el suelo.
Una vez allí corrieron antes de que alguien descubriera los cadáveres y marcara un alerta. Salieron a través de los arbustos y regresaron al auto, donde Fosa no tardó en encenderlo para poder manejar hacia la ubicación de los barrenderos.
—Bien, Bombita. Creí que no querrías mirar —dijo Fosa con un tono de voz alegre, luego palmeó los arneses de sus piernas—. Al final no necesité los cuchillos.
Erica no dijo nada, seguía pensando en cuál podría ser la pregunta correcta para hacerle. Tenía muchas dudas respecto a él, por ello pensó preguntarle algo más personal, algo que no pudiese leer en su archivo.
Cuando llegaron a la casa donde habían estado trabajando, solo Rata se encontraba allí. Su hijo ya se había ido, y él parecía entretenerse con una copa de vino.
Fosa se quitó la máscara levantó frente a Rata el vino que le quitó a Jonathan, y también su violín. Los ojos de Rata se abrieron con pánico y casi se atragantó con su vino.
—¡¿Estás loco?! —chilló Rata.
—Fuiste el mejor Profesional de Assassin, Omar, ¿y te da miedo esto?
—No debemos decir nuestros nombres, Nahuel —gruñó Rata.
—La Bombita lo sabe.
Rata miró con curiosidad a Erica y levantó una ceja.
—¿Y cuál es tu nombre, Bombita?
—Erica.
—Nombre de puta, me encanta —se rió Rata con mucho ánimo.
—Puta será tu madre —gruñó con odio.
—Sí, era bastante puta mi vieja —se rió al decirlo.
Fosa descorchó el vino y sirvió en tres copas, ofreció una a Erica y dio un largo trago, era su festejo.
—Maté a Jonathan —confesó sin darle mucha importancia.
Rata escupió su vino y le lanzó una cachetada al rostro.
—¡Vas a tener a Gretchen persiguiéndote!
—Lo sé —dijo con una sonrisa y meneó la copa de vino en su mano—, ansío verla otra vez.
—Bombita, ¿vos participaste de eso? —preguntó Rata y la miró fijo—, porque Gretchen es lo menos peligroso en este problema.
—Julio no puede matarme —dijo Erica y bebió un trago de vino.
—No le gustan las mujeres, Bombita, no vas a poder seducirlo —dijo Rata—. Y no me mires así, todos en Assassin sabemos a quienes lleva a su cama.
—No puede matarme —insistió Erica con una sonrisa—. Ustedes tampoco pueden, ¿verdad?
Ambos se quedaron en silencio un instante y bebieron sus copas, Erica los miró a ambos, eran muy diferentes. Fosa, pese a sus cicatrices de quemaduras, era muy atractivo, y Rata no le parecía nada atractivo pese a su gran musculatura.
—Tengo mi última pregunta, y esa pregunta es: ¿quién te ordenó entrenarme? —dijo y miró fijo a Fosa.
—Nahui, vas a tener problemas si hablás... —susurró Rata.
—Nadie me ordenó nada, es un favor —dijo Fosa y tomó del rostro a Erica para poder observarla mejor de distintos ángulos—. No entiendo qué te vio.
—¿Es broma? Está bien buena la Bombita —dijo Rata con una risotada—. Y está re loca, lo suficiente como para apuñalarte. Ya la amo.
Los tres bebieron un trago de vino y Rata sirvió nuevamente en cada copa, mientras que Erica y Fosa se miraban fijo a los ojos, de forma intensa.
—Cuando ese imbécil me traicionó, Rata llamó a un aliado suyo —comenzó a decir Fosa—, él me llevó con médicos especializados y pagó todo mi tratamiento. Le debo la vida, y él me pidió que te enseñara a defenderte para ser tan buena que nadie nunca pueda hacerte daño.
—Amigo, tenés que callarte —lo regañó Rata.
—¿Tiene algo que ver con este cuchillo? —diciendo eso Erica dejó sobre el mármol de la isla su cuchillo.
Fosa lo tomó con curiosidad y lo inspeccionó, leyó el grabado en la empuñadura y solo luego de eso fue que levantó la mirada.
—No te ilusiones, no fue mandado a grabar por vos —dijo y devolvió el cuchillo—, era de Valeria Godoy, un regalo de Kasch Wolff a su esposa.
—¿Era... de su madre...?
—Te dije que lo cuidaras bien —susurró Rata.
—Wolff, alias «el Loco» es quien salvó mi vida junto a este salvaje delante mío —dijo Fosa con seriedad—, Wolff me pidió que no te hiciera daño y te entrenara cuando supo que te tomé como aprendiz de barrendera.

No olviden dejar sus votos y comentarios <3
Dejo acá lo que tocó Fosa en el violín, también luego de los puntos una imagen de Nahuel Pietrzak antes de convertirse en Fosa:
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top