Capítulo XXV (Final)
Después de su salida de la presentación, Viktor regresó y el público en general se había marchado. A diferencia de lo que creyó en un principio, no recibió una reprimenda por parte de ninguno de sus compañeros, en su lugar, bastó una mirada apenada y ellos salieron en silencio.
Yuri se encontraba junto a Otabek y Mila, ellos habían estado esperando su regreso. Al verlo solo Mila sonrió, intentando darle ánimos. El rubio posó una mano en su hombro, sin decir palabra alguna, pero regalándole una leve sonrisa. Respondió de la misma manera, y en una silenciosa despedida, vio a los adolescentes marcharse del lugar.
La única persona que quedó ahí, fue Yakov. La culpa lo embargó, él había cuidado de su persona durante muchos años, y dejó ir una oportunidad muy valiosa. El rostro del hombre se mantenía impávido, incluso en toda esa falta de expresión tenía demasiado que decir.
Viktor no supo cómo actuaría un padre en esa situación, si lo apoyaría o si le reclamaría por no pensar en las consecuencias de sus actos, no obstante, se sorprendió al sentir una palmada en su hombro.
—Habrán más oportunidades.
Un nudo se formó en su garganta. Esperaba la reprimenda más que cualquier otra opción, pero obtuvo una expresión triste y considerada.
—Sí, lo sé.
—Entonces, tienes que trabajar más duro.
—Eso haré —respondió.
El escenario y el lugar fueron vaciados. Más tarde, Viktor supo que se las arreglaron para tocar las demás piezas para no dejar el público a medias, y que los oyentes importantes que irían ese día, se marcharon en cuanto lo vieron correr detrás de Yuuri.
En el conservatorio, al día siguiente, Viktor escuchó más de una vez que los estudiantes hablaban de él. No era una sorpresa que todos supieran de su enamoramiento por un muchacho extranjero, después de todo, cuando se cometía un acto de esa magnitud frente a tantas personas, era imposible que los rumores no se extendieran.
Se encargó de reestructurar todas las melodías que había compuesto para Yuuri, en especial, aquellas que llevaban su nombre y le recordaban a determinados momentos. Y siguió tocando, con su inspiración siempre renovada e ideas en su cabeza que parecían no querer desaparecer nunca más.
Febrero fue el mes más frío del año. Tuvo que cubrirse mucho mejor y hubo un par de fuertes ventiscas que ameritaban quedarse en casa.
Cuando Marzo llegó, hacía demasiado frío y la nieve aun cubría las calles. En ese mes, celebraron el cumpleaños de Yuri en el conservatorio.
En abril, el hielo del Río Nevá comenzó a descongelarse, al igual que el resto del a ciudad. Y para mayo, disfrutaban de un verano con cielos despejados y temperatura templada. Poco después, las noches blancas tan conocidas se hicieron presentes, el sol no se escondía sino hasta por sobre las diez de la noche. Nunca se lograba completar la oscuridad. Incluso a las doce de la noche, tenía la apariencia de una madrugada con un sol naciente que no aparecía en el horizonte.
Viktor deseó que Yuuri hubiera estado presente para ver el espectáculo.
Las semanas se convirtieron en meses. Mayo, junio y julio pasaron tan rápido como agua entre sus dedos. El verano fue agradable y junto con Yuri, Mila, Otabek y Chris, fueron a pasar unos días en la playa para distraerse. Los puentes de la ciudad fueron abiertos y pudo observar muchas embarcaciones zarpar desde los muelles y desaparecer por el gran azul de las olas del mar.
Yuri llevó su violín, y en un par de ocasiones tocó para ellos en las noches. Chris les sirvió una copa de un excelente vino que trajo y tenían una buena vista del océano.
Mientras escuchaba la música, veía una y otra vez los pocos mensajes que recibía de Yuuri. La mayor parte eran fotos de su estadía en Japón, las costas de una playa de su ciudad natal y la imagen de una familia amorosa que estaban pendiente de él.
Cuando miraba las fotos, y seguido, a las personas que estaban con él, supo que tenía algo muy cercano a una extraña familia.
Quizá a un no estaba del todo completa.
Viktor sabía que mientras él llegaba del conservatorio en las noches, Yuuri debía estar dormido y en Japón era de madrugada. Y que cuando él despertaba, allá debía ser el medio día y Yuuri probablemente trabajaba.
Las semanas se convirtieron en meses, y a finales de agosto, Viktor notó que habían pasado más de medio año.
Sentado, en su usual escritorio, revisó una partitura que había compuesto Yuri. El rubio estaba a su lado, guardando su instrumento su estuche.. El primer mes que estuvo sin Yuuri, sus amigos estuvieron cerca de él, después de eso notaron que su humor, en realidad, nunca decaía.
—Creo que está muy bien —comentó Viktor, devolviendo las partituras al menor. El las recibió, tratando con cuidado las hojas antes de guardarlas con cuidado dentro de un plástico.
—Eso ya lo sabía, Yakov fue quien me mandó a mostrarte.
—Otra opción no hace mal —dijo sonriente—. Por otra parte, tenemos esa presentación en unos días. ¿No ibas a ser primer violín interpretando a Mozart?
—Lo practicaba mucho antes de estar en los primeros violines —respondió—. Me sé todo a la perfección, mejor preocúpate por ti.
El mayor guardó sus cosas, mirando el reloj en la pared. Era tarde y no tenía ninguna otra actividad pensada para ese día. Una vez que todo estuvo en orden se dispuso a salir junto a Yuri. Una vez afuera el viento frío golpeó en sus rostros, el viento otoñal de septiembre. Los arboles tenían tonalidades anaranjadas, amarillas y rojizas.
—¿Has hablado con él? —preguntó Yuri. Él no era alguien que tuviera mucho tacto en sus palabras, por eso, Viktor se sorprendió que el menor estuviera siendo condescendiente al momento de hablar. La extraña relación que tenía con Yuuri, jamás pudo entenderla, y no pudo terminar de entender si le simpatizaba u o no le agradaba el japonés.
—No, no mucho —respondió. Eso lo entristecía, apenas tenía tiempo para hablar con él. Unos pocos minutos porque ambos tenían obligaciones y horarios diferentes.
Supo que se había acostumbrado demasiado a l presencia de Yuuri. El verlo todos los días, el poder estar a su lado, el abrazarlo y sentir su calor. E incluso esas pocas noches que podían ser contadas con los dedos, en las cuales durmió con él y le brindó calor en el invierno. En realidad, él extrañaba mucho a Yuuri.
—Ha pasado tanto... —murmuró Yuri. De febrero a septiembre eran muchos meses. El tiempo que tardaba en regresar era mayor al que estuvo en San Petersburgo. Pero de esa manera estaba bien, Viktor quería que Yuuri se tomara el tiempo que él quisiera. Tenían una promesa, Yuuri prometió que iba a volver, y así fuera en uno, dos, tres o más años, él iba a esperar paciente a que regresara su amado bailarín.
—Él volverá, yo lo sé.
En octubre, la temperatura comenzó a descender, avisando que estaban próximos a un invierno. Sin saber muy bien porque, pasó por los mismos lugares a los cuales iba cuando le faltaba inspiración. Tal vez buscando que Yuuri estuviera en la vuelta de la esquina, bailando debajo de un gran manto de estrellas brillantes.
Pero el parque estaba vació, la iluminación pública opaca y los transeúntes lo observaban parado en medio del lugar, observando el firmamento, esperando que tal vez su encuentro pudiera ser más rápido y menos tardío.
Viktor había estado contando los días desde que Yuuri se marchó. Las estaciones del año, las experiencias e hizo una lista de todo aquellos que le hubiera gustado mostrarle cuando él todavía se encontraba en San Petersburgo.
Así, una noche más de octubre, se había evaporado.
Tuvo un viaje a Moscú el día siguiente para encargarse de una presentación. Ni Chris ni Otabek se pudieron presentar, ambos dijeron que tenían labores importantes para esos dos días y no podían acompañar a la orquesta.
Moscú seguía igual, y la presentación que dieron fue una de las mejores. Al finalizar, pasaron la noche en Moscú. Viktor decidió pasear esa noche por la ciudad como medio de distracción. Por alguna razón, Mila y Yuri estuvieron demasiado pegados a él, se encontraban de buen humor, supuso que era por la presentación, ya que desempeñaron un papel importante.
Incluso se sorprendió de que Yuri terminara hablando tan amenamente pese a que su amigo no se encontraba con él.
—¿Por qué tal felices? —preguntó Viktor, sentado en una de las mesas de un restaurante.
—¡Todo salió perfecto! —contestó Mila—. Hace tiempo que no se sentía esa vibra en las canciones, ¿no lo crees, Yuri?
—Fue una buena presentación.
Los miró extrañado, cada vez se sorprendía más de la forma de actuar de ambos. Tal vez buenas noticias. Mila seguían mesajeándose a menudo con Phichit y el tailandés mandaba fotos de Alemania, con el grupo entero feliz. En los mensajes también decían que extrañaban al japonés, que las cosas no eran las mismas sin él.
—¿Saben si mañana regresaremos temprano?
—Creo que el avión sale al medio día —respondió Mila, pensante—. Yakov dijo que quería hablarnos de algo al regresar, así que dejamos las cosas en casa y regresamos al conservatorio.
—Pero será tarde —habló Yuri—. ¿Qué estará pensando?
El mayor se encogió de hombros, obedecer no era su fuerte. Planeaba llegar a San Petersburgo y quedarse en su departamento. Al día siguiente podía inventar una excusa del porqué no pudo asistir como le dijeron.
La conversación se volvió trivial mientras comían. Comieron más de lo que pensó en un principio y más tarde regresaron a sus habitaciones de hotel. Una vez que estuvo en paz y silencio, pudo dormir. Se preguntó si Makkachin estaban bien, pero a cuidado de Chris era seguro que estuviera comiendo y durmiendo bien.
Miró la pantalla de su celular y sonrió. Tenía una foto de Yuuri en la pantalla. Supuso que no tenía nada de malo tener una imagen de su bailarín, así podía verlo siempre. Era tarde, y removiéndose un par de veces por fin pudo concebir el sueño.
A la mañana siguiente despertó más tarde que de costumbre. Guardó sus cosas con calma y almorzó antes de tomar un taxi al aeropuerto. Una vez que llegó ahí, encontró al resto de la orquesta esperando. El vuelo se retrasó y el regreso a San Petersburgo fue cansado.
Al llegar, vio a Yurio alejarse cuanto antes mientras hablaba por teléfono. Se marchó de regreso a su departamento.
Una vez que estuvo dentro dejó las maletas de lado, tomó el teléfono de la sala de estar y llamó a Chris para poder tener de regreso a Makkachin. Sin embargo, no contestó, supuso que salió a pasearlo o tenía algo importante que hacer. No lo tomó en cuenta. Se sentía cansado y no quería ir al conservatorio.
Sin nada más que hacer, desempacó el equipaje con tranquilidad y posteriormente, tomó una ducha para relajarse. Al salir, se sorprendió cuando encontró su celular con varias llamadas perdidas. Todas eran de Yuri y de Mila, incluso una de Yakov. Decidió devolver la llamada pese a saber que era por decidir no asistir al conservatorio esa noche.
Marcó a Yuri, y el teléfono fue respondido casi de inmediato.
—¿Dónde estás?
—Lo quiero ir, estoy cansado —respondió—. ¿Sucedió algo importante?
—Yakov está molesto porque no apareces —dijo irritado el menor—. Si no vienes, no nos podremos ir rápido. Así que trae tu viejo trasero y llega de una buena vez.
—Está bien, iré —contestó desanimado.
No recibió una respuesta, la comunicación fue cortada y botó el celular sobre su cama. En el exterior debía hacer mucho frío, y con su cabello húmedo no iba a ser cómodo. Con la toalla secó lo máximo que pudo y se vistió para salir.
Sin prisa alguna, volvió a llamar a Chris. Si estaba afuera podía aprovechar para recoger a su querido caniche, el teléfono, nuevamente no fue contestado. Lo dejó de lado, guardó su celular y tomó un taxi para llegar más rápido puesto que sus cabellos parecían querer congelarse por el frío viento.
Al cabo de unos minutos llegó, pagó el taxi y entró al conservatorio.
Se sorprendió que hubieran tantos estudiantes aun, varios caminaban y más de una mirada acabó sobre él. No entendió que sucedía, por un momento creyó que tal vez su cabello estaban muy despeinado o congelado en alguna parte para que fuera tan llamativo. No obstante, quitó las ideas de su cabeza y siguió caminando.
Primero, fue a su oficina, la cual estaba vacía, por lo tanto, debían estar en el salón principal, esperando que llegara.
—Viktor —habló alguien a sus espaldas.
—¿Sucede algo, Georgi? —preguntó confuso—. Creí que estarían en el salón princiál.
—Oh, sí, acabo de pasar por ahí, pero creí que tú estabas dentro —respondió, llamando la atención de Viktor con su respuesta. Yuri y Mila le dijeron que se iban a reunir, pero Georgi no parecía estar enterado. Por otra parte, sería muy de ellos jugarle una mala broma para divertirse.
—Teníamos una reunión con Yakov —comentó, encogiéndose de hombros—. ¿Por qué pensaste que estaba dentro?
—Bueno, alguien tocaba el piano y los estudiantes no suelen tocar el piano del salón principal —respondió.
—Voy a investigar.
La respuesta no tenía sentido, Viktor comenzó a creer que la broma era para él. Suspiró, negando con la cabeza un par de veces y apresuró sus pasos. Si era una broma quería que terminara cuanto antes y regresar a casa.
Una vez que llegó a las puertas del salón principal se encontró con unos cuantos estudiantes, observando a hurtadillas por una pequeña abertura de la puerta. Afectivamente, pudo escuchar con claridad el eco del piano dentro del salón, una melodía algo lenta y que le pareció un poco torpe.
Aclaró su garganta y los jóvenes se hicieron a un lado. Al abrir la puerta por completo el sonido se hizo más claro y se dispuso a entrar. El salón tenía unas luces muy bajas, no habían personas en los asientos o al menos, no podía distinguir a nadie excepto por una silueta frent al piano.
Se quedó quieto en cuando creyó reconocer la figura, observando atentamente. Las suaves teclas del piano, al ser más claras, lo envolvió en la melodía y el leve movimiento de aquella persona que interpretaba para él.
Se acercó con lentitud, como si fuera a escapar como la primera vez que lo vio. Como si con un mal pasó fuera a levantarse y correr lejos para tener que buscarlo una vez más. No era su deseo correr y desesperarse buscando, pero si él hubiera tenido que hacerlo, lo hubiese hecho las veces necesarias hasta encontrarlo.
Subió al escenario por un costado, notó un leve temblor de miedo e impaciencia en sus dedos. En noches anteriores había tenido sueños similares que terminaban con él despierto, frío y solo en su lecho.
El escenario lograba iluminar lo suficiente, y pudo distinguir mejor. Los mechones estaban más largos de lo que recordaba, los marcos azules permanecían en su lugar y los ojos chocolate resplandecían de igual manera.
—Yuuri...
La melodía se detuvo.
Los zafiros se volvieron a encontrar con los oscuros y contuvo el aire. Una tímida sonrisa se formó en los labios de Yuuri mientras Viktor se mantuvo. Lo vio separarse de abrupto del asiento y correr, pero a diferencia de su primer encuentro, Yuuri corría de regresó a sus brazos.
Extendió, esperando que llegara hasta sentir el calor ajeno. Lo envolvió en sus brazos y volvió a respirar. Se aferró a él, sin poder soltarlo y con el corazón latiendo. El tacto suave de los cabellos oscuros en sus dedos no podía ser una mentira, se encontraba ahí.
—Lo siento, me tardé —escuchó en un murmullo, sonaba arrepentido, pero no le importó. Su voz sonaba tan melodiosa como la última vez que lo escuchó.
—Volviste —respondió, sin importarle las palabras anteriormente dichas.
Se separaron un poco para mirarse. Los ojos oscuros eran brillantes y sus pestañas estaban apenas húmedas por un par de lágrimas que quisieron escapar.
—Bueno, tenía una promesa que cumplir —respondió, las manos ajenas acunaron su rostro—. Volví Viktor, nunca te dejaré solo.
El ruso afirmó.
—¿Sólo regresaste por eso? —habló, intentando bromear.
Las mejillas de Yuuri se tiñeron de rojo. El semblante decidido y seguro llamó su atención.
—De hecho, hay algo que me olvidé decir antes de irme.
Se mantuvo en silencio, decidiendo que era mejor permanecer callado hasta que Yuuri encontrara la valentía dentro de él. Su pecho se infló cuando aspiró profundo, los brazos encima de sus hombros se movieron casi imperceptibles y la expectativa llenó el lugar de manera casi abrumadora.
—Te amo, Viktor.
Sonrió. El rechinido de la puerta lo hizo percatarse de los ojos que observaban desde la misma, y la luz que entró le hizo ver que había más personas. Sus amigos permanecían en silencio, con unas grandes sonrisas adornando rostros orgullosos.
Viktor entendió porque todo había estado extraño desde su estadía en Moscú. Soltó una pequeña risa, más tarde podría hablar con ellos, su principal prioridad se encontraba frente a él.
Se acercó para depositar un beso en la frente ajena.
—Bienvenido, Yuuri.
Volvió a abrazarlo cuando el japonés sonrió. Su amado bailarín había regresado a casa.
El resto de sus amigos salieron de los lugares en los cuales se escondían, alegres, y se acercaron para saludar al recién llegado después de unos largos meses de separación.
Viktor lo supo cuando vio aquella escena que llenaba su corazón. La calidez de aquel momento que no podía ser arrebatada nunca más. Su familia y hogar estaban completos con Yuuri a su lado.
❄ FIN ❄
Hola
Pues... que puedo decir. Esto terminó (Aunque falta el epílogo).
¿Qué les pareció?
La verdad no sé qué decir, me da melancolía terminar. Mi hermano me estuvo preguntando varios días por el final, porque sabía que no lo terminaba aún, pero se me ha hecho difícil dejar ir a Moondance.
MUCHAS GRACIAS POR LEER Y SEGUIR ESTE FIC DE PRINCIPIO A FIN. SI HAN LLEGADO HASTA AQUÍ, QUIERO QUE SEPAN QUE EN VERDAD AGRADEZCO TODO EL APOYO.
🌺 GRACIAS 🌺
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