Capítulo XV

a música se escuchaba por el salón mientras intentaba mantener una postura correcta. La sonrisa de la pelirroja frente a él era una comprensiva, lo animaba a dar varios pasos para moverse por el lugar.

Viktor nunca se había sentido tan inexperto en un tema hasta que comenzó a aprender a bailar. Al parecer, nació sin dotes artísticos en la danza y estaba mucho más que lejos de perfeccionarse.

—No, lo haces mal—dijo Phichit—. Deja de mirar los pies, debes mirar a tu pareja de baile.

Viktor levantó la mirada, intentando guiar sin regresar a echar un vistazo para asegurarse de no pisar a Mila. Sentía la rigidez de sus músculos cuando intentaba dar vueltas y mover sus piernas. No sabía si era correcto moverse más, o por el contrario, moverse menos y ser pausado.

A pesar de escuchar la música de fondo no lograba encajar los movimientos de su cuerpo con el tono de la melodía. Pensaba en cómo hacer una cosa, en como creía que debía ser y al final hacía algo completamente diferente a todo lo demás.

—Una tabla tuviera más gracia...—comentó Yurio. El tiempo libre que tenían era algo valioso, y aunque pudiera hacer algo más, prefería entretenerse con el sufrimiento personal del mayor.

—Olvídalo, vuelve a intentarlo.

Phichit reinició la música, presionando un botón de la grabadora para hacer que la música sonara desde cero. Viktor se dispuso a continuar, luchando por sentirse cómodo mientras guiaba a su amiga.

—Intenta calmarte—dijo Mila.

Aunque dijera eso, no se sentía cómodo. No era lo mismo bailar en la soledad con Yuuri que estar en un salón con un par de ojos observándolo y hallando cada defecto que había en sus pasos.

— ¿Sabes qué? Olvídalo, creo que esa no es la forma en cual debes aprender a bailar—dijo Phichit con calma. Por un instante Viktor pensó que el tailandés se iba a dar por vencido en su enseñanza, dado que a pesar de estar por una semana viéndose para las clases, no lograba mucho.

—Lo siento...

—Está bien—sonrió sincero—. He enseñado a personas de diferentes edades, sexos y nacionalidades, Viktor. Si algo he aprendido de cada una de esas clases es que cada persona tiene su propio tiempo de aprendizaje y una manera diferente de entender. No cualquiera puede enseñar si no tiene la paciencia suficiente para ello. Y para tu suerte,  tengo mucha paciencia.

Lo vio dar vueltas por el lugar, pensando detenidamente ante la atenta mirada de los presentes.

—La danza y la música van ligados de manera muy profunda—comenzó a hablar Phichit—. Bailar es hacer música con el cuerpo. Es como si tocaras un instrumento, ¿entiendes?

—...

—A un instrumento lo tratas con cuidado y dedicación. Lo tocas con pasión y un sentimiento específico, luego, envías un mensaje de cualquier tipo a la persona que lo está escuchando. Bailar es lo mismo, cuando estás con alguien tienes que tratar a esa persona con cuidado, dedicarle tu tiempo entero en la pieza. Tienes que tocar a esa persona con sentimientos. Tu cuerpo debe trasmitir un mensaje. Cada parte del cuerpo hace un sonido diferente y forma una melodía, si los sonidos no combinan, es un desastre.

Viktor afirmó con la cabeza, escuchando las comparaciones del chico. En cada palabra podía notar el amor que tenía a lo que hacía. Otro bailarín que tenía su propia percepción de las cosas y tal vez no era tan diferente a la de Yuuri.

Después de todo, cada artista veía la vida de una manera diferente al resto, pero a pesar de eso, esa distinción hacía que fuera bello en toda clase de ámbitos.

—Si no te sientes cómodo no sirve de nada—siguió hablando—. No tienes que bailar por presión, sino porque quieres, porque sientas el deseo de hacerlo. Piensa en algo que te guste de bailar, por alguna razón has querido clases.

Sonó un suspiro y respiró profundo. Tenía una gran razón para no darse por vencido e intentar superar su falta de gracia. Yuuri era la excusa perfecta para intentar perfeccionar algo que había creído, nunca sería para él.

Se posicionó de nuevo, asegurándose de pensar en algo que lo embriagara en una sensación de calma.

Esa vez se sintió más cómodo con el baile, dejó que las miradas sobre él no fueran sino otra parte de la decoración vistosa de su salón en el conservatorio. Pensó en Yuuri, en tener la confianza y destreza suficiente para algún día invitarlo a bailar y que no fuera un desastre completo.

La melodía terminó en unos pocos segundos antes de detenerse. Mila le sonrió antes de inclinarse en una reverencia amistosa y Viktor volteó para observar a Phichit con una sonrisa y a Yuri con una expresión neutra que indicaba algo positivo.

—No eres un experto, ni mucho menos un profesional, pero estás mejorando—soltó el tailandés, orgulloso del avance que tuvieron ese día.

No pudo evitar sentirse emocionado por las palabras. Significaba mucho tener un avance por más pequeño que fuera.

Sabía que no podía llegar a ser un experto en poco tiempo. Era imposible que pudiera adquirir toda clase de conocimientos en distintos bailes, pero no le importa realmente.

No buscaba ser un profesional, sólo quería guiar por una vez correctamente a Yuuri y compartir un pedacito de algo tan importante para él.

¿Qué perdía con intentarlo?

—Creo que si sigues así puedo tener a un bailarín decente.

—Intentaré hacer todo lo posible.

—Lo sé—respondió—. Si no hubiera creído que hablabas en serio e ibas a dar de tu parte para aprender no me hubiera molestado en regalar parte de mi tiempo para ayudarte.

— ¿Regalar? —Retó Yuri—. Estás cobrando.

—La comida y la renta no se pagan solas—repuso alegre.

Yuri murmuró un par de cosas en ruso para después terminar dando la razón al tailandés. Él también hubiera cobrado por sus enseñanzas.

—En todo caso Vitya está mejorando—dijo Mila.

—Veamos qué tal está para la próxima semana—. Phichit tomó un par de cosas para marcharse del lugar—. Si muestra más fluidez en los próximos siete días, voy a enseñarle un baile muy especial.

Los tres miraron curiosos al tailandés, quien mantenía una resplandeciente sonrisa en su rostro antes de despedirse y marcharse.

Viktor se preguntó qué clase de baile podía enseñarle para que estuviera tan divertido.

—El amigo de tu novio es un raro...—dijo Yuri, terminando su funda de papas fritas.

—Creo que no entiendo a los bailarines en general—comentó Viktor.

—Deberías aprovechar la oportunidad de hablar con él para preguntar cosas de tu bailarín—dijo Mila—. Es su mejor amigo, ¿no? Algo interesante debe saber.

—Creo que ha dicho mucho—respondió Viktor—. Además, no tendría caso aprender muchas cosas de terceras personas. Quisiera saberlo desde su punto de vista.

Yuri comenzó a murmurar en voz baja, irritado por la conversación que se estaba comenzando a tornar con una temática amorosa. No podía asimilar las palabras tan cursis de Viktor, la sola idea de seguir escuchándolo se hacía sentir diabético.

— ¿No crees que ya has ido muy lejos? —Cuestionó Yuri—. Digo, ya compones canciones para él y su nombre está en todos lados como si fueras un acosador. Y ahora sales con que quieres aprender a bailar... ¿No es demasiado?

—Tú no lo puedes entender Yura—respondió Mila—. Viktor es un hombre enamorado. Las personas enamoradas hacen todo tipo de cosas que no imaginaban arriesgarse a hacer.

—Agh... ese tipo de cosas que hacen los idiotas enamorados...

—Lo entenderás cuando te enamores—rió Viktor.

— ¿Yo? Nunca—articuló cada silaba con seriedad—. ¿Para que esté emocionado como niño sólo por hablar con alguien? No, es imposible. No quisiera que mis problemas llevaran nombre.

—Eso dicen todos—replicó Mila.

Yuri lanzó un bufido, exasperado. Deseaba que Viktor se declarara a ese chico para dejar los temas románticos a un lado. Ya no soportaba escucharlos hablar.

Se acercó al japonés mientras éste se encontraba distraído en la pantalla de su celular. En sus lentes de reflejaba las imágenes que estaba mirando con una sonrisa animada y notablemente feliz.  Llevaba los auriculares colocados y escuchaba el ligero sonido por lo alto que estaba el volumen de la música que escuchaba.

—Hola—saludó, esperando que el muchacho de cabellos oscuros pudiera escucharlo. Al no recibir una respuesta optó por sentarse a su lado para llamar su atención.

Yuuri dio un pequeño respingo antes de mirarlo, sus labios se curvaron e hizo a un lado los auriculares. 

—Hola, Viktor.

— ¿Qué haces? —Preguntó curioso. Vio un par de fotos en la pantalla y Yuuri acercó la pantalla para que pudiera observar con atención el contenido.

—Mi hermana y mi mamá suelen mandarme fotos de Japón—respondió, deslizando sus dedos en la pantalla para descubrir varias fotos—. De esta manera puedo estar al tanto de cómo se encuentran las cosas allá.

Viktor vio varias de las fotos. Vio varias de ellas que mostraban un claro ambiente oriental. Habitaciones que sin duda eran de otro país y personas con rasgos similares a los de Yuuri. Sin duda alguna pudo distinguir a la perfección quienes eran los padres de Yuuri. La madre del japonés tenía una mirada paciente y amable como la de Yuuri y su padre parecía estar lleno de felicidad y calma. Ellos llevaban unas vestimentas tradicionales japonesas mientras observaban a la cámara.

—Se ve muy bonito y colorido.

— ¿Qué cosa?

—Las vestimentas que usan...—respondió. Los tonos que usaban le parecían brillantes y lucían ser de un material cómodo y ligero.

—Ellos suelen llevar sus yukatas seguidos por estar en las aguas termales—habló Yuuri, más para él que para su acompañante. Vio la mirada azulina atenta en él y siguió hablando—. Mis padres tienen un negocio de aguas termales, es común ver que las personas utilicen esa vestimenta...

— ¿Tú también las usabas?

—No mucho...—respondió—. Pero amaba pasar mi tiempo en las aguas termales. Era muy reconfortante al terminar un día agotador.

Viktor vio los ojos de Yuuri, se encontraba algo e melancolía en ellos. Se notaba que estaba recordando cosas buenas, y también, que en parte, extrañaba su hogar aunque no lo dijera.

—Me gustan—dijo Viktor—. Quisiera verte algún día usando uno de esos.

Yuuri acomodó sus lentes con un ligero sonrojo, desviando la mirada cuando la insistencia de los zafiros fue demasiada.

Se fijó en Yuuri, se veía nervioso. Jugaba ligeramente con sus manos como si no supiera que hacer o donde colocarla, un gesto que le pareció lindo. Lo vio observar los mechones de su frente y luego hacía un lado, tocando las llenas de sus dedos y esquivando sus ojos como si esperara que llegara una idea sobre algo que decir.

—Había algo que quería preguntarte, Yuuri.

Los ojos chocolate dejaron de moverse en diferentes direcciones, decidiendo finalmente enfocarse en el ruso.

— ¿Por qué entraste a esta academia si eres tan buen bailarín? Creí que tal vez desearías entrar a un lugar más... no sé, prestigioso tal vez...

—Me gustaba más esta—respondió con una sonrisa—. Tuve otras opciones a elegir, pero está me gustaba más. No sé cómo explicarlo, pero cuando entré a esta academia supe que era para mí, que estaba tomando la decisión correcta. No necesitaba un nombre de prestigio para poder dedicarme a lo que amo, creo que todos los que estamos dentro bastamos para llevar su nombre. Además, agradezco haber elegido ésta en lugar de otra.

— ¿Por qué?

—Si hubiera elegido una de mis otras opciones me hubiera quedado en el lugar que era, e ido a otros lugares diferentes en caso de viajar. Es decir que yo nunca...—. Yuuri guardó silencio, sus mejillas seguían teñidas de un sutil tono rojizo—. Eso hubiera significado que no nos hubiéramos conocido...

Viktor se entusiasmó al escucharlo. Con esas palabras podía asegurar que el japonés no se arrepentía de haberlo conocido pese a sus políticas de no hacer amistades muy fuertes en sus viajes. Yuuri estaba feliz de que se hubieran encontrado.

—Si nos hubiésemos conocido de alguna manera.

— ¿Por qué dices eso?

—No lo sé—respondió sonriendo—, tengo la impresión de que nos hubiéramos terminado por encontrar en algún momento...

Esperó alguna reacción, pero en su lugar sólo obtuvo silencio mientras sentía la mirada oscura analizarlo con cuidado. Se preguntó si había dicho algo que pudiera incomodar al japonés, dada la distancia que le gustaba poner en ciertas ocasiones.

—Puede que tengas razón... o que hayas estado leyendo muchas novelas.

— ¿No puedes creer que lo nuestro haya sido destino? —Comenzó a hablar Viktor, sabiendo que era el momento adecuado para borrar el ambiente a uno más relajado.

—Depende de cuantas coincidencias existan en el mundo—respondió—. Aunque era más que probable que alguien me viera bailando en la noche, porque estaba en un lugar público.

—Pero te vi yo, no otro—contestó—. Dime, ¿sigues bailando en el parque las noches que no nos vemos?

—Después de lo que pasó ese día a duras penas me quise acercar al parque...

—No puede ser—habló Viktor—. Y yo que podía apostar con Yuri a que no estabas huyendo de mí—terminó de hablar con un tono fingido. Aunque por dentro se sintió preocupado de que el japonés en realidad hubiera pensado en él como un acosador del cual tener cuidado.

— ¡No estaba huyendo de ti! —Contestó Yuuri con un tono elevado en su voz—. ¿Por qué haces eso?

— ¿Hacer qué?

— ¡Eso que siempre haces para hacerme sentir avergonzado! —Exclamó, escondiendo su rostro entre sus manos—. No me había sentido así desde la preparatoria...

Viktor sintió su corazón latir, Yuuri se veía realmente indefenso mientras ocultaba su rostro entre las manos para que no pudiera notar su rubor. Era algo inútil, porque lograba ver incluso sus orejas con el característico tono rojo.

No pudo evitar sonreír con complacencia. Sabía que debía preocuparse porque Yuuri aparentaba tener intenciones de quedarse escondido en sus manos el resto del día—o lo que tomara de tiempo para que su rostro volviera a tomar su tono natural—. Sin embargo, era grato saber que Yuuri no se había comportado así en mucho tiempo y él era el único que podía lograr verlo así.

—Está bien, está bien—dijo—, lo siento. No tienes que ocultarte.

Yuuri no respondía.

Está vez Viktor tuvo miedo de haberlo molestado. Deseaba que no fuera verdad, porque a esas alturas arruinar algo de lo poco que tenía con su bailarín podía ser desastroso.

— ¿Yuuri?

Nada, ni una sola palabra.

—Lo siento—se disculpó, colocando una mano en el hombro ajeno, esperando recibir alguna frase por parte de Yuuri. No pudo evitar que los nervios llegaran a él.

En su ensoñación no notó cuando una mano se posó encima de la suya con cuidado. No pudo sentir el contacto de la piel, porque los guantes que llevaban ambos se lo impedían. Vio a Yuuri mirarlo con una sonrisa muy extraña y atrayente.

—Invítame algo de comer.

— ¿Qué?

—Sí, tengo hambre—respondió—. Y ya que quieres disculparte no me importaría comer algo.

Guardó silencio, observado que se trataba de una broma. Se sintió como un tonto por haberse asustado sin razones y sonrió.

—Me has engañado...

—Eso no es verdad—respondió—. Yo no dije nada, tú asumiste algo.

Viktor negó con la cabeza varias veces, sin borrar la sonrisa que permanecía en su rostro. Yuuri se levantó del lugar, escondiendo su celular en el bolsillo de su chaqueta antes de estirar su cuerpo y mirarlo nuevamente.

El ruso se levantó para quedar a su lado y vio cómo el rostro de Yuuri se tornaba pacifico.

Cada día sabía un poco más de él, pero lo entendía menos.

Debo admitir que tengo algo de Yurio en mi alma. En realidad yo era de esas personas que no podían ver algo dulce ni de lejos. Y ahora estoy aquí, haciendo cada capítulo más suave y dulce que el anterior. 

Este fanfic llegó al #61 en fanfics. ¡OMG! Estoy tan emocionada por esto como no tiene idea, salté de felicidad porque no me imaginé que fuera a subir de esa manera :3 

Gracias por todo el apoyo *-*

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